El inútil sistema de vigilancia C5
El inútil sistema de vigilancia C5
Por Adán Salgado Andrade
Las “autoridades” de esta Ciudad de México presumen que la urbe está “muy vigilada” con 83,000 cámaras y que para el 2030 habrá 150,000 en total, con lo que será una de las ciudades más monitoreadas visualmente del planeta. Aún así, los índices de criminalidad no bajan, gente es asaltada a diario, secuestrada, asesinada y otras graves anomalías (ver: https://www.wired.com/story/mexico-city-is-the-most-video-surveilled-city-in-the-americas/).
En efecto, sólo hay que indagar a cuántas personas asaltan o asesinan a diario, y son pocas las veces que se logra alguna captura con tales sistemas de videovigilancia.
En meses pasados, a mi hermano le robaron su motocicleta justamente frente a la secundaria oficial en donde él da clases como maestro de música. La motocicleta estaba al lado de uno de los postres en donde había instalada una videocámara. Según le narró una mujer, una vendedora de frutas que vio el robo, los ladrones llegaron en una moto. Uno de ellos, el copiloto, se bajó, subió a la moto de mi hermano y en segundos, conectando y desconectando cables, la puso en marcha (lo peor es que mi hermano, como siempre, tan responsable, tenía en la cajuela de la moto todos los papeles, desde la factura, hasta la tarjeta de circulación, pues todo eso piden los corruptos policías cuando un motociclista es detenido).
“Se las dejé en bandeja de plata”, me dijo ese día, resignado, refiriéndose a que los rateros no tendrían problemas en venderla. Dice que de inmediato apretó el botón de emergencias, que comunica con el 911 y, en efecto, le contestaron, le preguntaron cuál era la emergencia, el robo de la moto, y ya, nada más.
Una patrulla acudió tardíamente. Y esto que le dijeron los policías, luego de hacerle las preguntas de rigor, de cómo a qué hora había sido, las placas de la motocicleta, el modelo… le salieron con la estupidez de que “no la denuncie, jefe, mire, mejor nosotros le vendemos un seguro y en dos meses le paga la aseguradora”.
¡Increíble, los tipos se portaron más como vendedores de seguros que como policías “al servicio de la ciudadanía”!
Obviamente, mi hermano les dijo que no, que prefería esperar a las investigaciones, pero eso les dará una idea del nivel de corrupción al que hemos llegado, mismo que la administración amlista aseguró que ya estaba “bajo control”.
Y a pesar de que el robo fue, como señalé, a un lado de la cámara, nada averiguaron las “autoridades”, cada que mi hermano les llamaba para ver el curso de la denuncia. De plano, se cansó, no preguntó más.
Entonces, ¿de qué sirvió esa cámara? Obviamente que de nada. Pero sí quedó claro, en este caso, que los “policías” tienen algún tipo de asociación clandestina, hasta delictuosa, con aseguradoras o quizá hasta estén de acuerdo con los delincuentes y la “póliza” ofrecida pague una especie de rescate del vehículo que, como mi hermano se negó a pagar (que no era barato, cinco mil pesos, que, surrealismo total, podía pagarles con transferencia, en caso de que no tuviera efectivo, que era el caso), por eso no “prosperaron” las investigaciones.
Primer caso de inutilidad.
Ah, pero para identificar a manifestantes que estén protestando por alguna causa injusta, para eso si se usan, para reprimir a los identificados. Esos sistemas de videovigilancia ya se han instalado en muchos países, como en China o en Irán. En Irán, por ejemplo, que ahorita se encuentra en tregua de una injustificada guerra, usan las cámaras para identificar, por reconocimiento facial, a mujeres que no usen el velo, a las que intimidan que, de no portarlo, las multarán y encarcelarán. Eso era antes de la guerra, pero quizá ahorita se haya inutilizado, pues varios edificios policiacos y militares, encargados de esa vigilancia, fueron bombardeados por Estados Unidos y los genocidas judíos (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2023/01/en-iran-usan-reconocimiento-facial-para.html).
En un segundo caso, fue lo que le ocurrió a mi pareja. Ella sufre de limitada movilidad debido a una enfermedad inmune, por lo que, por ejemplo, no puede correr (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2022/05/conviviendo-con-una-persona-con.html).
Por lo mismo, para cruzar una avenida, espera pacientemente hasta que esté el alto y pueda hacerlo.
Hace unos días, regresaba ella de vacunarse (requiere de varias vacunas para evitar contagios, pues toma medicamentos que mantienen controlado al sistema inmune, que es el que la ataca). Iba a cruzar una avenida. Esperó el alto para los vehículos. El rojo, ya se había puesto. Pues resultó que varios segundos después una mujer, “bastante ruda y vulgar”, como así la describió mi pareja, al volante de una camioneta vieja y maltratada, a toda velocidad, se pasó el alto. “Casi chocó con dos autos que habían avanzado y a mí, por poco me atropella, pues yo iba ya a unos dos metros de la banqueta”.
Y esa cafre al volante, no sólo casi la atropelló, sino que además, la insultó. Y luego hablan de la equidad de género, que ni las propias mujeres respetan.
Cuando llegó a casa, me platicó el problema. Decidimos, entonces, acudir a la central del C5, que está muy cerca del rumbo de la Merced, sobre la avenida Cecilio Robelo, para pedir que nos mostraran las cámaras, identificar las placas de la automovilista y que hubiera algún tipo de denuncia porque había estado a punto de atropellarla. En ese sitio, ya comenzamos a ver la inutilidad, pues no se proporciona información de las cámaras, a menos que se acuda con un “policía de investigación”.
Nos dijeron que debíamos de acudir a otro sitio, la Agencia del Ministerio Público VCA-1, ubicada en plenas calles de la Merced, frente al mercado San Ciprián, atiborradas de puestos, diableros y gente, para solicitar un “policía de investigación”. Allí, luego de larga espera, nos atendió una mujer, a la que expusimos el caso. Como, supuestamente, no era de su incumbencia, nos enviaron a otro departamento, para denunciar. Pero resulta que allí, tampoco pudieron hacer nada, pues como no había un “delito que perseguir”, pues la cafre conductora no atropelló a mi pareja, legalmente “no procedía”. “Mire, lamentablemente, como dice la gente, hasta que hay muertos, es cuando podemos hacer algo o un asalto o que a usted sí la hubiera atropellado la conductora. Aquí, nada más procedería que se pasó el alto”. ¡Así de cínica la mujer!
Su “consejo” fue que se hiciera un escrito, dirigido al C5, para ver si se nos podía proporcionar la filmación de la agresión, y nada más.
Es decir, entonces, cabría preguntarse, ¿para qué sirven los miles de terabytes de filmación que almacenan esas cámaras a diario, si para emplearlos en cuestiones como la narrada es un casi imposible proceso burocrático que desanima a quien haga la petición?
No, de nada sirve que está ciudad esté “tan videovigilada”, si ni en el robo de la moto de mi hermano, ni en la agresión a mi pareja, fueron de utilidad.
Allí, lo que se evidencia es que es un simple negocio para las empresas que prestan el caro servicio que las instala, que las opera, que les da “mantenimiento” (que no lo hacen, como expongo adelante) y que almacena la información. Habría que ahondar en su funcionamiento.
Al consultar en internet, supuestamente, averigüé que es operado totalmente por el gobierno de la Ciudad de México. Claro, en cuanto a operación, pero los equipos con que funciona, la infraestructura y otros, seguramente los proporcionan empresas privadas, con licitaciones y cosas así. Entonces, de entrada, es un buen negocio para alguien. Pero uno muy inútil como “servicio a la comunidad”.
Y el tercer caso de inutilidad es que muchas cámaras no sirven, que, como señalé antes, no reciben mantenimiento (no han de querer gastar en eso las “autoridades”), y hasta emiten las alarmas, sonidos muy molestos.
Es el caso de la que queda frente a mi domicilio, en una esquina, junto a la atestada Calzada Ignacio Zaragoza.
La cámara, hará más de cinco meses que comenzó a emitir molestos ruidos, agudos, como pájaros digitales piando, monótonos, torturadores, ¡insoportables!
Desde entonces, comenzamos a reportarlos. Lo hemos hecho a la alcaldía, la Venustiano Carranza, y lo único que nos dicen es que “no está en nuestras manos”. Lo hemos hecho llamando al 911, que es el número de emergencias (pues aclaro que el botón de la cámara no sirve y no puede uno comunicarse a dicho número, que es la función del botón), y tampoco nos hacen caso, siendo, además, la actitud de los operadores muy déspota, esperando que se denuncie algún asesinato y no una cámara inservible y molesta. Lo denunciamos a la policía. Vino una patrulla, tomó fotos y nuestro nombre y dijo que iba a hacer el reporte. Pero de eso, ya pasaron dos semanas y nadie ha venido a arreglar tal esperpento.
Un vecino sugiere que contratemos a un eléctrico para que traiga una escalera, suba y corte el cable. ¡Ah, pero, entonces, allí si vendrían ipso facto, pues estaríamos cometiendo un delito federal al vandalizar esa cámara inútil!
Y ahí siguen esos molestos ruidos, torturadores, desafiantes.
¿A quién queda llamar, a la mismísima Clara Brugada (1963), a ver si se digna atender nuestra petición?
¿Qué podemos hacer los ciudadanos comunes ante tanta corrupción, indiferencia de las “autoridades”, policías corruptos que venden seguros, en lugar de investigar robos, equipos de videovigilancia inútiles, denuncias que sólo proceden si hay heridos o, peor, muertos?
Estamos indefensos, lamentablemente. Por eso es que muchos vecinos se organizan para hacerse justicia propia, como los cuestionables, extremos linchamientos.
Así que de nada sirve estar tan videovigilados en esta enorme jungla de concreto, en donde, más bien, persiste la ley de que gane el más fuerte.
¡Y sálvese quien pueda!
Contacto: studillac@hotmail.com
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