Mercados de la CDMX en decadencia y víctimas de corrupción
Por Adán Salgado Andrade
Los tradicionales mercados de la Ciudad de México, son entidades comerciales que existen desde hace décadas, con algunos tan viejos como el Abelardo Rodríguez, en el Centro Histórico, que fue construido en 1934, pero se caracteriza no sólo por su antigüedad, sino por los murales que cubren parte de techos y paredes, pintados por discípulos del muralista Diego Rivera (1886-1957), quien los dirigió, plasmando en ellos temas “socialistas, como la explotación de los trabajadores, campesinos y mineros, la lucha contra el nazismo y el fascismo, y la discriminación racial. Los terremotos, el tiempo, la humedad y el vandalismo han hecho mella en los murales desde la época en que fueron pintados hasta su restauración que comenzó en enero de 2009” (ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Mercado_Abelardo_L._Rodr%C3%ADguez).
En sus mejores tiempos, esos mercados eran muy buscados por la gente, pues había la sección de alimentos y la de ropa y productos varios. Los complementaban las tiendas de abarrotes (también muy tradicionales), pero de ninguna manera constituían competencia, pues las tiendas eran más buscadas cuando los mercados cerraban, generalmente a las seis de la tarde. Como señalé, se complementaban.
Pero desde que comenzaron a surgir los grandes almacenes, los mercados, no de inmediato, comenzaron a sufrir una lenta crisis que los ha ido afectando bastante (yo recuerdo que la primera tienda departamental que surgió en la ciudad de México, del tipo de Soriana, se llamó “Mas”, pero de su existencia, ni siquiera da fe la IA de Google).
Los mercados han ido decayendo por dos razones. La primera, que su infraestructura ha ido envejeciendo, lo que genera problemas de instalaciones eléctricas, hidráulicas y sanitarias, en mal estado, que se agrava por la falta de mantenimiento (que depende de las autoridades de la Ciudad de México, pero que por negligencia o falta de presupuesto, no se realizan). Y la segunda razón, que hay una fuerte competencia que crece, por las cadenas de súper mercados (Wal-Mart, Soriana, Comercial Mexicana, Superama, Bodegas Aurrerá, que son también de Wal-Mart, Tiendas BBB…), de restaurantes (Vips, Toks, Sanborns…) , de cadenas de comida rápida (McDonald’s, Burger King, Subway, Domino’s Pizza, Pizza Hut…), de tiendas de conveniencia (Oxxos, SevenEleven’s, KMart’s…), muchas más tiendas de abarrotes, y negocios de todo tipo que han mermado las ventas en esas entidades, muchas de las cuales trabajan a menos del cincuenta por ciento de su capacidad (ver: https://www.posta.com.mx/cdmx/que-esta-pasando-con-los-mercados-de-cdmx-comerciantes-enfrentan-una-crisis-silenciosa-/vl2251230).
Es un problema real, que se conoce más de cerca cuando se platica con personas que son locatarios o lo han sido, que aunque hayan estado o estén en mercados que todavía tengan cierta demanda, de todos modos, la decadencia se nota.
Por ejemplo, recientemente tuve una plática con un conductor de Didi, Roberto, quien me contó que él tenía mes y medio de conducir en la plataforma, “y, la verdad, todavía me confunde mucho, me hace dar vueltas, cuando era mejor irse derecho”. Claro, le dije que así pasaba con los que comenzaban con la plataforma, “en lo que se acostumbran”. A la pregunta de a qué se había dedicado antes, me platicó que por varios años fue carnicero en un mercado, por la colonia Gertrudis Sánchez, “y me iba muy bien, la verdad, me hice mi casa, les di educación a mis hijos, hasta la prepa, pero, de allí, ya las ventas fueron bajando y los impuestos, los gastos, fueron subiendo y, la verdad, ya no pude seguir. Traspasé el local y mejor me dedico a esto. Pero fíjese que los mercados comenzaron a caerse desde hace veinte años”. El carro es rentado. Dice que, por fortuna, sus hijos trabajan y se pagan sus carreras, “y lo que saco es para mantenerme a mi esposa y a mí”.
Cuenta que ya sólo podía comprar media res, “me costaba veintitrés mil pesos y tenía que salir en una semana. Si no, pues se debe de congelar, pero mucha gente ya no quiere carne congeladas, se da cuenta, y por eso también las ventas bajaban más. Por eso lo dejé, ya no me salía, me salía más barato cerrar y dedicarme a otra cosa. Y esto fue lo que pude encontrar”, dice, resignado. Una penas, le comento.
La otra plática que tuve fue con Jesús, quien tiene una cremería, en el mercado Ignacio Zaragoza (ubicado en la Avenida Ocho, esquina con calle 39), que le pertenece a la familia desde que era de su abuelo. “Huy, sí, las ventas han bajado mucho. Me acuerdo que cuando vivía mi abuelo, teníamos dos bodegas, y siempre estaban bien llenas. Sobre todo, cuando era diciembre, con la Navidad y eso, estaban hasta el tope, en serio. Y ahora, ya nada más tenemos una y siempre está a medio llenar, menos, yo creo que un tercio, no ya no son los tiempos como antes”. Y eso que, desde mi punto de vista, que soy su cliente, todavía su negocio es muy buscado, bueno, no tanto, pero sí llegan clientes, sobre todo, en sábados y domingos. Pero si eso dice uno de los que más venden, la cosa es seria.
Otro más es un buen amigo que vende abarrotes en un pequeño local, de ese mismo mercado, el señor Samuel. Ya en otras ocasiones he platicado con él. A pesar de que sólo ve con un ojo (pues por haber trabajado en una tortillería por muchos años, el calor, el humo y los vapores se lo dañaron y perdió la vista. Es el derecho), a sus 74 años, es un hombre muy animoso y platicador. Vende arroz, frijol, aceite, sopas de pasta, jabón, cloro, veladoras, condimentos, sal, leche, chocolate, dulces… y algunas otras cosas. Ya he escrito sobre él en otra ocasión (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2025/09/ya-me-acostumbre-ver-con-un-ojo.html).
Él también está de acuerdo con que los mercados están en plena decadencia, tanto por la competencia, así como porque hay mucha corrupción en los manejos que hacen las “autoridades” con algunas cosas, como más adelante señalo.
Dice que antes, en los buenos tiempos, cuando ser comerciante dejaba buen dinero y se tenía un nivel de vida más alto que el promedio, “a las cuatro cerraba, pues vendía todo lo que tenía que vender. Fácil me quedaban tres mil pesos, ya libres. Y ahora, me voy a las seis y a veces, ni 500 pesos saco, porque en esto, se le gana nada más el veinte por ciento. Entonces, si vendo tres mil pesos, me quedan seiscientos de ganancia, y con eso me mantengo, pago mis gastos y lo de la comida, y la renta, ¿no? Y lo otro es para comprar mercancía, pero como no se vende mucho, pues nada más compro lo mismo que vendo siempre, porque no conviene comprar más, no sale, se puede quedar. Y, por ejemplo, en la sopa de pasta, la damos todos a nueve pesos, nos hemos puesto de acuerdo con ese precio, porque en Wal-Mart la dan a diez o en otros lados a once, para que podamos competir en el precio, ¿no?”.
Claro, es lo que deben de hacer los locatarios, si tratan de competir con las cadenas comerciales, dar las cosas un poco más baratas. Pero hay que decir que ahí mismo, en los mercados, no hay precios uniformes. En las frutas y verduras, por ejemplo, hay que buscar en dónde den más barato, pues en muchos puestos son más caras. De todos modos, son más baratas algunas que en sitios como Wal-Mart (que por eso hace su llamado “Martes de frescura”, cuando baja algunos de los precios de verduras y frutas, con tal de competir). Pero, en mi experiencia, aún así, todavía es más barato comprar esos productos en el mercado, claro, buscando los precios más bajos. O, incluso, como mucha gente hace, acudir al mercado de la “Merced”, en donde todavía son más baratas las cosas (pero el problema allí es que en las frutas o verduras, como no permiten escoger, en algunos puestos, un tercio de lo que despachan está ya pasado, así que a veces sale más caro).
Tendrían los mercados que buscar estrategias para, realmente, ser una alternativa más económica y conveniente que las cadenas comerciales (por ejemplo, ponerse de acuerdo y comprar por mayoreo todo, en conjunto, pero se requeriría de una verdadera unión, lo cual veo muy difícil). Pero la mayoría no lo hace, venden cosas caducadas, si uno no se da cuenta, dan sus precios más caros, los productos a veces ya están pasados (como las verduras o frutas)… y por eso es que mucha gente prefiere los supermercados.
Otro inconveniente que tienen es que pocos son los que cobran con tarjetas o transferencias. Es lo que he comentado con don Samuel, que quizá si cobrara con tarjetas, podría tener más clientes. Pero me ha dicho que no se le da la tecnología, además de que por las comisiones que cobran los bancos por ese servicio, bajarían las magras ganancias que obtiene. Estoy de acuerdo.
Me dice que cuando alguien quiere traspasar un local (pues no son de ellos, son del gobierno y son como una concesión), “le cobran a usted el quince por ciento. O sea, que si yo traspaso en doscientos mil pesos mi local, a fuerza le tengo que dar a Hacienda treinta mil pesos. Entonces, ya nada más me quedan ciento setenta mil pesos y pues si quería comprar algo en ese precio, ya no me va a alcanzar”.
Como siempre, el forzado socio en todo es el gobierno, con sus impuestos (ya saben, la ecuación social que yo siempre he propuesto es la de: trabajar – para percibir un magro salario –, obedecer – a autoridades, patrones, jefes, leyes, reglamentos –, consumir – comida, ropa, medicinas, autos… para lo que nos alcance y necesitemos – y pagar – impuestos, infracciones, cuotas, servicios…). Y, claro, el Estado se sostiene con impuestos, pero no es parejo, y pagamos más los que menos ganamos y tenemos. En cambio, los ricos, hasta tienen sus paraísos fiscales y pagan un mínimo, si es que le pagan impuestos a aquél.
Otro problema es justamente el pago de impuestos. Dice que ya están, por así decirlo, “arreglados” con dos o tres contadores que cada dos semestres pasan para hacerles las declaraciones anuales, clasificándolos como “pequeños comerciantes”. Eso, dice don Samuel, les conviene a todos, porque es una tasa fija de impuesto, baja, “pero si pasara Hacienda, si pasaran inspectores, verían que muchos ganan mucho, no quedarían como pequeños comerciantes. Y muchos, ni pagan impuestos”.
Dice que él piensa que los que venden abarrotes, como él, son los que más pagan impuestos. “Los de las verduras, muchos, ni pagan. Y ellos le ganan cincuenta por ciento a la fruta y la verdura. Y los que venden comida, ¡el cien por ciento! Entonces, pues no está bien que no paguen, ¿no? Yo le digo al contador eso, que muchos no pagan. Y me dice que ‘van a venir los de Hacienda, ya verá, y les va a salir más caro a que si hubieran pagado impuestos, como usted’, me dice”. Muy seguramente se harán revisiones de ese tipo, pues estos gobiernos morenistas tratan de exprimirnos lo más que se pueda de impuestos, con tal de sostener todos sus programas sociales (y su corrupción, por supuesto), sin afectar a los ricos, claro, que son quienes más deberían de contribuir, como señalé antes.
Por el servicio de contabilidad, paga doscientos cincuenta pesos. Y como es catalogado como pequeño comerciante, es poco lo que debe de cubrir como impuestos. Pero lo que sí debe de cubrir es la cuota anual que cubre el uso del local, de más de cuatro mil pesos. “Sí, tengo que ahorrar para todo eso. Aunque no pago mucho de la declaración anual, pero esa cuota y otras que nos van cobrando, las tengo que pagar”.
En su opinión, cuando antes estaba el PRI, la corrupción era menor. Me explicó, por ejemplo, que a partir del 20 de octubre, cuando es la temporada navideña, muchos sacan puestos callejeros, que colocan frente al mercado. Deben de pagar, en este año, cuatrocientos pesos, y lo deben de hacer, pues si dejan pasar dos años sin poner los puestos, pierden el derecho. Él, pone uno en donde vende veladoras. “Cuando estaba el PRI, supongamos que si usted no podía atender el puesto y otra persona se lo pedía, pues usted le decía que le diera lo del permiso y algo de dinero cada semana, ¿no?, porque usted le decía que era como un cobro por dejárselo que lo usara. Y venían los inspectores y veían que no era el dueño el que lo estaba atendiendo, pero uno le decía que como no podía atenderlo, por eso lo prestaba y no le decían nada. Y ahora, no, se ponen bien estrictos, revisan que sea uno el que lo atienda o un familiar. Y si ven que no, lo multan y se lo quitan. Y hay que darles una mordida para que se lo dejen y de allí sacan dinero extra. Y yo les digo que ¿no que (Andrés) López Obrador dijo que ya no quería corrupción? Y nada más me dicen que eso ya es desde antes, que qué se le va a hacer. Pero hasta me enojo y les digo que ellos deberían de poner el ejemplo, pero no dicen nada”. También comenta que los puestos ambulantes que están frente al mercado, deben de pagar permisos y que se supondría que con eso ya está arreglado todo. “Pero no, diario pasan los de Servicios Públicos por su cuota… les cobran de a veinte pesos por puesto. ¡Imagínese, de diez puestos, son doscientos pesos diarios, nada más de aquí, y cuando es Navidad, sacan más!”.
Desgraciadamente lo que dice es cierto, MORENA es un partido “de izquierda” que lo ha dejado de ser, ya es el Nuevo PRI y hasta peor, pues no sólo repite, sino que empeora los vicios de ese partido, como el que prácticas corruptas, como las descritas, sean peores, como dice don Samuel. MORENA está siguiendo el camino del PRD, que comenzó en la izquierda y terminó en la derecha (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2025/09/ya-me-acostumbre-ver-con-un-ojo.html).
Pero simulan ser muy estrictos. Por ejemplo, dos veces por año le revisan la balanza. Llevan sus pesos de medio kilo, un kilo y dos kilos. La de él, es de las tradicionales, de contrapesos. “Siempre la cuido muy bien, la limpio, bien exacta. Llevo treinta y cinco años con ella y nunca me han multado, porque siempre marca muy bien. Pero una vez, una inspectora, me la hizo. Yo no sabía que era inspectora. Que llega y me pide un kilo de azúcar, que en ese entonces estaba en uno setenta y cinco el kilo. Pero como yo no tenía cambio de los cinco centavos, que le digo que le iba a vender el kilo más treinta gramos. Pero que me dice que no, que ella nada más quería el kilo y ¡qué me saca la credencial!, que era inspectora y que me iba a multar porque yo quería venderle más azúcar, que la quería forzar a gastar más dinero y que me multa, en ese tiempo, con cuatrocientos pesos. y que le digo que no, que me diera chance y que mejor nos arregláramos y que me dijo que peor, que la quería extorsionar y que ni le siguiera. Me salió más caro no tener los cinco centavos. Y no me la perdonó”.
¡Vaya con la estricta y correcta inspectora! Seguro era nueva y todavía no estaba maleada, como me han comentado en otras ocasiones, personas que se dedican a eso y que, con el tiempo, aseguran que “le entras o le entras, es lo mejor”.
Claro, es algo estructural la corrupción, uno de los males que la herencia colonial maldita nos legó, pues en los tiempos coloniales todo se arreglaba con dinero, incluso los puestos oficiales se compraban. O a la iglesia, que se le debía de pagar el famoso diezmo que también, con el tiempo, se convirtió en la “cuota” que debe de cubrirse para que el gobierno asigne una obra pública o algún trabajo específico. Así que la mordida, así llamada, es el sobresueldo de mucha gente (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2010/11/de-corrupcion-y-diezmos.html).
En lo que platiqué con él, sólo cuatro personas se acercaron a comprar, sopa de pasta una, de nueve pesos, diez pesos de arroz, otra, una cátsup de 18 pesos, una más, medio kilo de frijol, otra… compras no mayores a veinte pesos. Se ve también la precariedad entre los consumidores.
“Pues sí, por eso le digo que antes, cuando estaba el PRI, no estaba tan mal”, dice, mientras me cobra mi compra de un kilo de arroz, uno de frijol, un kilo de huevo, medio litro de aceite y un “knor suiza”, que asciende a ciento setenta y tres pesos, que quizá sea la más alta que haya tenido ese día.
Y quizá porque, en opinión de don Samuel, era mejor el PRI, sea que por tal razón MORENA le quiera seguir los pasos.
Pero tendrá que igualar o mejorar al PRI, si quiere lograrlo. O sea, que tendrá que bajar sus cuotas de corrupción, si quiere convertirse en el Nuevo PRI.
Como dice don Samuel “antes eran menos corruptos”.
Sí, probablemente eran menos hambreados.
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