Conductores abusivos de aplicación

Posted by Adán Salgado Andrade on sábado, septiembre 26, 2026

 

Conductores abusivos de aplicación

Por Adán Salgado Andrade

 

Cuando hace más de 13 años la aplicación Uber llegó a México, todo era maravilloso. Los conductores, sobre todo, eran muy amables, ofrecían hasta agua, sus autos estaban muy limpios. Y, además, se tenía la certeza de que, sin problemas y sin preocupaciones, llegaría uno a su destino sin contratiempos.

Los pagos, en ese entonces eran obligatoriamente con tarjeta. Uno, al registrarse, debía de referenciar también una tarjeta, ya fuera de crédito o débito, para que la aplicación permitiera el registro del nuevo usuario.

Justamente esa aplicación y todas las que le siguieron (Didi, Cabify, inDrive, BlaBlaCar, Mi Taxi, Uber taxista) fueron sustituyendo a los taxis tradicionales, quienes antes de las aplicaciones actuaban como querían, con cobros excesivos, negando el servicio, con unidades en mal estado, con taxímetros adulterados, para cobrar de más, conducidos algunas veces por delincuentes que asaltaban y hasta mataban a los desafortunados pasajeros que caían en sus garras.

Y hay que decir que muchas décadas atrás, tomar taxis, por ejemplo, de los llamados “cocodrilos” o, más recientemente, los rosas o los amarillos de los años 1970’s, era muy seguro. Se salía tarde de una fiesta y uno esperaba un taxi, que con toda seguridad y honradez, lo trasladaba al domicilio indicado (además, eran maestros esos taxistas de la ubicación exacta de las direcciones que se les indicaban). Pero se degeneraron.

Y por eso los taxis de aplicación los fueron sustituyendo. En la actualidad han disminuido mucho los taxis tradicionales, sostenidos solamente por los que no quieren todavía emplear la tecnología digital, digamos.

Pero como todo se va degradando, desafortunadamente, ya muchos conductores de aplicación están cometiendo los mismos errores que los taxistas tradicionales, adquiriendo las mismas mañas, incluso, delinquiendo.

Y recientemente tuve una experiencia, la más bizarra, digamos, que he sufrido con un conductor de Didi.

Justamente la platiqué a otro conductor de Didi la experiencia, quien me confirmó que, desgraciadamente, se están generalizando prácticas deleznables que están desacreditando mucho a los taxis de aplicación. De hecho, ya antes había escrito sobre eso, por ejemplo, de cuando tardan en tomar un viaje y cuando lo hacen, no se mueven de su sitio, esperando a que el usuario sea el que lo cancele, por la tardanza, cancelación que es cargada a éste y entregada al mañoso conductor que lo hace. O de los que aceptan un viaje, pero ya casi cuando están por llegar, pasados diez minutos, cancelan y otras anomalías similares (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2021/01/de-aplicacion-desprestigiada-pandemia.html).

Le comenté a este conductor, Guillermo, que nos llevó a Ixtapaluca, desde el metro Gómez Farías (quien, por ciento, como vivía muy cerca del sitio a donde nos dirigíamos, por eso tomó el viaje, algo común entre esos conductores, que se “redireccionan” para tomar viajes que sean cercanos al sitio en donde ellos vivan y que no tiene nada de malo, pues además de ahorrar gasolina, consiguen algunos viajes extras ya para terminar su jornada), la trastada que, el día anterior, nos hizo el ya mencionado tramposo conductor, supuestamente llamado Carlos. Resulta que regresábamos de una reunión que mi compañera Viri había tenido para entrevistar a los protagonistas de una nueva serie que lanzará Amazon, llamada “Prefiero la muerte”, sobre un zombi. Fue en el lujoso hotel, de a $27,000 pesos la noche, “Four Seasons”, ubicado en Reforma, cerca del Metro Sevilla, en donde, al llegar en auto, hay empleados que le abren a uno la puerta, así, como si fuera uno magnate.

Como era hora pico, casi las seis de la tarde, nadie nos tomaba el viaje. La aplicación insistía en que incrementáramos veintinueve pesos “para un más rápido servicio”. Si ya de por sí era caro, $245 pesos, no estaba dispuesto yo a dar esos veintinueve pesos extras, cuando, de todos modos, ni así asegura uno que le hagan “el favor” de recogerlo (ya lo he hecho, dar esos pesos extras dos o tres veces y ni así). Bien, luego de más de veinte minutos de esperar, por fin se presentó el tal “Carlos”, en un auto distinto al que la aplicación había señalado, un JAC, y ni tampoco eran las placas. Desde allí debimos de haber sospechado, pero como ya teníamos rato esperando, no quise darme el lujo de decirle que no y nos subimos. Fue nuestro primer error, como nos indicó el conductor Guillermo, al que esto yo contaba.

Como dije, había demasiado tráfico, supuestamente incrementado porque nos dijo “Carlos” que el “Circuito está cerrado, por eso se están viniendo por aquí”. Esa ruta es una alternativa para evitar el tráfico de ese tramo de la avenida Reforma.

Y sólo vean la alevosía con que actuó. En pleno tráfico, habiendo pasado más de veinte minutos de que lo habíamos abordado, me salió con la estupidez de que si “¿su viaje es en efectivo?”. Obviamente le dije que no, pues yo siempre he pagado con la tarjeta, y él lo sabía, pues se los indica la aplicación. Y que me sale con que “es que como casi no traigo gasolina… bueno, sí me alcanza para llevarlo, pero ya luego, no voy a tener, y yo voy hasta Neza (Ciudad Netzahualcóyotl) y para allá, ya no me alcanzaría y por eso, necesito efectivo, para cargar”.

Como lo dijo de una forma muy convincente, le dije que no tenía efectivo, pero que podría hacerle una transferencia, siempre y cuando me regresara la aplicación el dinero que ya me había retenido, los $245 pesos, por el viaje (que así procede Didi, al inicio del viaje, cobrando por adelantado). Le dije que cancelara, pero que me sale con que “¡Huy, no, así ya no le van a regresar su dinero y como yo le digo, les voy a poner ya casi llegando que se me ponchó una llanta, o a ver qué les invento, y luego luego le van a regresar su dinero”.

Ya saben, como suelo ser muy blando y confiado, al igual que Viri, dirigiéndonos una mirada, que indicaba que aceptara yo, consentí en hacerle la transferencia. De inmediato, como si ya la tuviera preparada (de lo que también debí desconfiar), sacó una tarjeta que, segundo error, ni siquiera estaba a su nombre, sino al de un tal Mario… algo. Y, nada más vean si es ser uno generoso o ser uno estúpido, le deposité no sólo los $245 pesos, sino diez pesos más. “Ahí le di su propinita, diez pesos, $255 pesos”, le dije yo, en mi papel de usuario benevolente. “Muchas gracias”, respondió, muy agradecido. Claro, ya sabía lo que nos iba a hacer al terminar el viaje.

-No, pues es que no le debió de transferir, porque eso de que él iba a poner cosas para que le cancelara la aplicación y que le regresaran el dinero, no se puede – me dice Guillermo.

-Pues sí, pero uno confía en la gente, ¿no? – le respondo.

Y continué con la narración.

Resulta que cuando ya estábamos por llegar, le pregunté que si ya iba a hacer su “magia”. Se estacionó en la esquina indicada y dijo, “sí, mire, ya estoy con su cuenta”, haciendo la pantomima de que estaba trabajando para justificar la “cancelación” del viaje para que Didi me regresara el dinero. En nuestra ingenuidad, le creímos, bajamos seguros, pensando que, en efecto, Didi reembolsaría el dinero gracias a la supuesta “cancelación”…

-Eso no se puede hacer – dice Guillermo, la aplicación le toma el dinero una vez que está aceptado el viaje…

-Así es… pero, mire, uno confía…

Y no, no hubo nada de devolución…

La aplicación confirmó que el viajes estaba completado y que había costado $245 pesos.

Ese fue, dice Guillermo, el segundo error, haberle transferido.

-No, mejor le hubiera dicho que no tenía y que, si el quería, que él cancelara el viaje, porque cuando el conductor cancela iniciado el viaje, a usted no le descuentan nada.

Pero no lo hice. Todo estuvo mal desde que aceptamos al conductor de un auto que no era, ni que tampoco correspondía con las placas. Y ya, recordando mejor, me parece que ni siquiera era la persona indicada.

De hecho, Guillermo dice que se podría haber cancelado si yo le hubiera pagado en efectivo.

-Nada más le hubieran descontado a usted como veinte pesos, pero se los hubiera descontado usted del efectivo que le hubiera dado.

Claro, pero por eso, justamente, yo registré la aplicación con tarjeta, pues siempre cargo poco efectivo, por aquello de los asaltos. Es lo que le digo a Guillermo.

-Pues sí, pero, mire, yo creo mucho en lo del karma. Yo trato de hacer bien mi trabajo, porque siempre me ha ido bien. Luego, me va mal, pero son más las veces que me ha ido bien, que las que mal. La otra vez, que llevé a una chica desde Polanco hasta Ixtapaluca. Me iba a pagar en efectivo, eran $350 pesos. Pero ya, cuando llegamos, que me sale con que nada más tenía ¡cincuenta pesos! Y que le digo, “pues baja y pídele a tu papá o a tu mamá o a tus hermanos”, pero me insistió en que no, que era lo único que tenía. Y pues qué iba a hacer yo, ¿no?, sí me molesté, pero luego sale peor hacer algo y ya mejor lo dejé así. Pero ya, luego, salí otra vez en la noche y que me piden viaje unos chavos, eran cuatro, iban medio tomados, pero en buena onda. Y ya, cuando llegamos, que uno me dice “son cien pesos, ¿no, jefe?”. Y que le digo que sí. Entonces, que les dice a los otros chavos, “a ver, compas, denme cien pesos cada uno”. ¡Y que me da $400 pesos!, que me dice “mire, jefe, para que cene unos tacos, gracias”. Entonces, pues ya con eso me repuse de lo que me hizo la chava. Porque, además, yo tengo una hija en la prepa y a mi esposa, y no me gustaría que las trataran mal, ¿no?

En efecto, y le refiero que, ante todo, deben de tratar bien a su pasaje. Le refiero la mala acción que cotó la vida de una chica estadounidense de 23 años, Emily, de cuando una amiga y ella salieron de una fiesta y Emily pidió un Uber. Como iban tomadas, la amiga se vomitó y fue suficiente para que el insensible conductor reaccionara como energúmeno. Se detuvo en una zona prohibida, en una autopista, y les exigió que bajaran. Al hacerlo, Emily fue aventada por un auto y murió. Eso fue en el 2023, y el caso ha sido muy sonado, pues Uber se jacta de que “si estás tomado, no manejes, mejor usa Uber”. Lo más sensible habría sido que el conductor terminara el viaje y les exigiera que le pagaran la limpieza del auto. Uber tiene que indemnizar con cuarenta millones de dólares a los padres de Emily, como sentenció el juez que llevó el caso. Le salió cara la insensibilidad del conductor (ver: https://apnews.com/article/uber-california-death-emily-normandin-parker-7cee8b2071c5ecc4414391b8fb6004a0).

-Sí, eso se hace, aunque lo molesto es que uno pierde el día llevando a lavar el carro, y esperar, en lo que se secan las vestiduras, pero es lo correcto. Como le digo, es el karma, hay que hacer bien las cosas.

Tiene razón, si obramos bien, al menos, cuando nos hacen algo malo, debemos de pensar que no tuvimos la culpa, que de nosotros, no quedó.

Y como dice el vox populi, “al que obra mal, se le pudre el cu…”.

Ya, habiéndonos desahogado con Guillermo de la mala acción de “Carlos”, seguimos platicando de las “transas” que hacen otros conductores.

-Sí, por ejemplo, conozco a un señor que tiene cincuenta taxis de Uber y cada uno de esos taxistas tiene ¡diez aplicaciones, como si fueran usuarios. Entonces, luego se juntan todos, allá por San Buenaventura, y comienzan a pedir viajes ellos y con eso, hacen como si fuera tarifa dinámica, por la alta demanda, ¿no? Entonces, ya cuando está alta, no sé, de treinta pesos sube a, póngale, 120 pesos, hacen como que ellos piden los viajes, pero no los hacen y, de todos modos, Uber se los paga, pues aparecen como viajes hechos… ahí le roban a la aplicación. Se desquitan. Es que nos quita un montón. Por ejemplo, un viaje de $350 pesos, luego me dan nada más $180, se quedan con $170, es mucho.

Realmente es una injusticia, pues esas plataformas lo único que les proporcionan es el software que coordina a usuarios y conductores, nada más. “Ustedes ponen el auto, los seguros, la gasolina y el trabajo y ellos, nada más el software y cobran”, le comento.

-Por eso, a veces yo lo hago, les digo al principio que si mejor me podrían pagar en efectivo o con transferencia, que les cancelo el viaje. Y sí se puede hacer, a usted no le cargan el viaje.

Le comento que sí, que yo lo he aceptado algunas veces y que lo hago porque comprendo que es una forma de que ellos obtengan algo más de dinero, pues la plataforma no lo detecta y, en consecuencia, no les cobra ni la comisión, ni da lugar al obligado impuesto sobre la renta que el gobierno cobra. Pero así, nadie pierde, no sacan ventaja, como el aludido “Carlos”…

Y le cuento de otras trampas que me han hecho para cobrar más, como cambiar la ruta, hacer una parada para “reparar” una llanta y así…

Nos platica que tiene dos autos y que uno lo da a rentar, en el que viajamos, que es un Nissan, algo maltratado y sucio. El otro es un Toyota Yaris, pero que como perdió la placa delantera por las inundaciones, por eso está parado, hasta que le den las nuevas. Le digo que he sabido de que se les pierden las placas en las inundaciones y le pregunto que porqué:

-No lo sé, pero a mí se me fue con todo y la facia, me la arrancó la inundación…

Pues vaya con las inundaciones, tan frecuentes en la Ciudad de México y su periferia, sobre todo, en la zonas más precarias, al oriente o al norte. De no hacerse zonas de absorción, como suelos porosos o pozos, las inundaciones en la época de lluvia, seguirán siendo la constante (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2022/10/deben-de-habilitarse-mas-areas-de.html).

También nos confía que él tuvo un chofer al que le rentaba justamente el auto en el que viajamos:

-Pero ese cuate sí se pasaba. Fíjese, sabía cuando había conciertos allí en el Foro Sol (ahora GNP), y ya cuando terminaban, se ponía en la fila, con los taxis y les decía a la gente que era Uber. Y les preguntaba que si querían Uber y si sí, que cuánto les cobraba. Y ya, si le decían que $400 pesos, pues él se los ofrecía en $300. Luego, les decía que tenía que cargar gasolina, pero que ellos se tenían que bajar, porque tenía prohibido cargar con pasaje. Entonces, se bajaban, y él, según, se iba a cargar la gasolina, pero no, se iba por otra entrada y ¡ahí los dejaba a los pobres! Eso sí, no me fallaba con las cuentas, pero cuando me platicó eso, yo me saqué de onda y que le digo que no, que no estaba bien. Y un día que no me entregó la cuenta a tiempo, tomé eso de pretexto para quitarle el carro, pues no estaba bien lo que hacía y un día hasta me iba a embarcar a mí, ¿no?

Muy grave acción, pero le pregunto que porqué la gente no lo reportaba. Y me responde que como era por fuera, sin la aplicación, la gente ni pone atención a las placas y no hay forma de reclamar.

Así que, de ser cierto, hasta a ese colmo han llegado.

Y el peor nivel es cuando roban a la gente o hasta violan y asesinan a mujeres, como se ha sabido de varios casos (ver: https://www.jornada.com.mx/2024/07/14/estados/021n1est).

Dice que para nada volvamos a aceptar que no sea ni el carro y ni las placas, porque “los pueden asaltar y como no son las placas ni el carro, no hay forma de que ustedes reclamen, pues no corresponden con los datos que a ustedes les salieron en la aplicación”.

Bueno, de los males, el menor, como también dice el vox populi.

Así que de esa forma se ha ido corrompiendo el servicio, que antes era tan bueno, como también sucedió con los antiguos taxis…

La platica deriva en lo que Guillermo hacía antes, pues lo de conductor de Didi, lo tiene desde mayo del 2025. Platica que trabajó 25 años en la línea de autobuses “Pullman de Morelos”, que comunican con todo el estado de Morelos y salen de la Terminal del Sur, la que está en Taxqueña, la obligada cuando uno va a Acapulco, por ejemplo.

-Yo me encargaba de reparar o limpiar las vestiduras de los autobuses. No entiendo cómo la gente no cuida las cosas, pintaban los asientos, los rayaban, los rompían, pero yo los dejaba rebien, bien limpios, si les tenía que cambiar toda la funda, se las cambiaba. Pero me gustaba, la verdad. Las únicas veces que sí me arrepentí de haber trabajado en eso fue cuando dejaban ¡los asientos con popo!... ¡Eso me daba un asco!. Imagínense, y los tenía que limpiar, ni modo. Yo no sé cómo la gente podía hacer eso, en serio, si los autobuses llevaban baño…

“Es que así es la gente, no cuida las cosas, como que tienen un odio que no se entiende” le comento.

Y en verdad es inconcebible. Particularmente, he visto excremento fresco en vagones del Metro, por ejemplo. Y sólo puedo pensar que se trate de gente drogada, fuera de sus facultades mentales o… ¡que les ganó! Sí, alguna diarrea “explosiva”, y ya no tuvieron tiempo de llegar a la seguridad de un baño y, venciendo vergüenzas, reticencias, prejuicios… se defecan en el vagón, en la calle o… en el asiento del autobús del Pullman de Morelos, que Guillermo debe de limpiar. Muy desagradable tarea.

-Pero eso no era lo peor, no que se hicieran del baño adentro. No, lo peor era… y no sé porqué haya gente así, que desde los puentes, aventaban rocas, pero no crea que una piedrita, no, rocones. Y provocaban accidentes. A un chofer, lo mató la roca, porque se rompió el parabrisas y le entro y le destrozó la cabeza, por la velocidad. Y a otros dos, uno, le levantó la tapa de los sesos, pero quedó mal porque como su cerebro había estado a la intemperie, le entró aire y ya nunca quedó bien. Y otro, también, y son los que conocí. Porque a diario se daban esas cosas…

Terrible que sucedan cuestiones así, hechas por gente que no tiene nada que hacer, que alimenta su ocio y su psicopatía haciendo ese tipo de maldades. Como en la cinta The Good Son, de 1993, estelarizada por  Macaulay Culkin, quien en una dramática escena, el niño tira un muñeco desde un puente, lo que ocasiona que un camión pierda el control y provoque una carambola de varios autos. Él, sólo sonríe por su diabólica acción (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/The_Good_Son_(film)).

Una muestra de qué tan deshumanizados y perversos somos ya. Así, como los genocidas negando que lo que hicieron en Gaza es genocidio y que es la “peor mentira”, como afirmó el genocida y prófugo de la justicia Benjamín Netanyahu (ver: https://apnews.com/article/israel-palestinians-abbas-netanyahu-848e9bb0bb2c7a2a05f04be2dc4cb845).

Dice que antes de la pandemia le iba muy bien, que llegaba a sacar hasta cuarenta mil pesos por semana, sobre todo, cuando reparaba completas las vestiduras de un autobús, pues le pagaba veinte mil pesos la empresa por cada uno, porque trabajaba a destajo. Y si hacía dos, eran cuarenta mil pesos. Le iba tan bien, que hasta él mismo compraba sus herramientas. “Sí, la máquina Carcher, para lavar las vestiduras, ésa, costaba treinta mil pesos en ese tiempo. Y yo tenía todo, mi caja de herramientas, desarmadores, pinzas, dados, llaves…”.

Pero llegó la pandemia y cuando terminó, las cosas le cambiaron bastante:

-Sí, la pandemia cambió muchas cosas. Yo estaba muy bien antes, pero después, ya no…

Dice que dejó la empresa de pagar a destajo, y quedaron a puro sueldo fijo. Que eran cuatro mil pesos a la semana, pero con descuentos y otras deducciones, ya nada más le quedaban $2,800 pesos:

-No me convenía ya, pues me iba desde Ixtapaluca a Taxqueña. Me salía a las seis y media de la mañana, para llegar a las nueve. Y salía a las seis de la tarde, doce horas, y ya llegaba a su casa a las ocho y media o nueve de la noche…

Sí, el desgaste por tan largos recorridos, que se incrementan por el intenso tráfico, es excesivo. Muchas personas deben de sufrirlo a diario, perder cuatro o cinco horas o más, transportándose. Es terrible. Y es que en la Ciudad de México y alrededores, cada año se incorporan 125 mil vehículos, a los más de 5.5 millones que circulan a diario (ver: https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/09/23/capital/se-incorporan-120-mil-vehiculos-a-la-cdmx-y-la-zona-metropolitana-al-ano).

Sus reclamos hacia la empresa incrementaron, pues ya le exigían más, le daban más camiones para arreglar y con un bajo sueldo:

-Y no me daban herramientas. Antes, como a destajo ganaba muy bien, yo me compraba mis propias herramientas, sin problema, como la limpiadura de vestiduras que le dije. Pero luego, con un sueldo tan bajo, querían que siguiera llevando mis herramientas y que les digo que no, que ya no las iba a llevar porque otros las iban a usar y eran mías y si se descomponían, luego quién me las iba a pagar y que las saco… como les reclamé mucho, porque ya también lo hacía yo a propósito para que me liquidaran, que me liquidan. Y como, la verdad, me dieron buena liquidación, con eso me pude comprar el otro carro y ya mejor me dediqué a esto del Didi… y también tengo Uber.

Pues sí, estamos en una época postpandemia en que todo ha cambiado demasiado, el empleo, las tecnologías, empresas que desaparecieron, otras, aprovechando el nuevo ambiente, fueron creadas o se reforzaron. Como en el caso de las empresas de streaming (Netflix, Disney, HBO, Amazon, Apple…), el que se arraigó más en los hogares y que desplazó a los DVD’s o al muy efímero Blu-ray. Pero con esa tecnología, el problema es que aunque uno adquiera la copia digital de una película, por ejemplo, se corre el riesgo de que la empresa que la vendió, cierre sus servidores y nos quedemos sin nada, como acaba de hacer Sony, por ejemplo (ver: https://www.youtube.com/shorts/Ck7sPaoPLEY).

Por eso, no hay como pasadas tecnologías que aún conservamos físicamente, como casetes, VHS’s, vinilos, CD’s, libros, revistas… esos, ahí están (ver: https://www.youtube.com/watch?v=VR3R5ixDa8U&t=41s).

Así como que antes eran mejores los taxis tradicionales o que antes eran mejores los taxis de aplicación.

Sí, todo era mejor antes

Pero cuando el elemento humano actúa en su propio beneficio, más que en el de la colectividad, allí es cuando todo lo echa a perder.

Como ya también ha sucedido con los taxis de aplicación.

¿Será que por eso los chinos quieren robotizar a todos sus taxis de aplicación?

¿Pero no será también que hasta los robots se degeneren, como ya está sucediendo con los agentes de la IA de empresas como OpenAI o Google, que están actuando por cuenta propia y hackeando a otras empresas?

No lo sé. Pero por lo pronto, les recomiendo que no suban a un taxi de aplicación que no corresponda con las placas o con el vehículo, ni sean tan generosos que le hagan una transferencia al conductor, ya cuando se haya iniciado el viaje. Será un cobro doble.

Preferible que queden como “los malos”.

 

 

Contacto: studillac@hotmail.com

 

 

 

 

  

 

   

 

 

Mercados de la CDMX en decadencia y víctimas de corrupción

Posted by Adán Salgado Andrade on domingo, septiembre 20, 2026

 

Mercados de la CDMX en decadencia y víctimas de corrupción

Por Adán Salgado Andrade

 

Los tradicionales mercados de la Ciudad de México, son entidades comerciales que existen desde hace décadas, con algunos tan viejos como el Abelardo Rodríguez, en el Centro Histórico, que fue construido en 1934, pero se caracteriza no sólo por su antigüedad, sino por los murales que cubren parte de techos y paredes, pintados por discípulos del muralista Diego Rivera (1886-1957), quien los dirigió, plasmando en ellos temas “socialistas, como la explotación de los trabajadores, campesinos y mineros, la lucha contra el nazismo y el fascismo, y la discriminación racial. Los terremotos, el tiempo, la humedad y el vandalismo han hecho mella en los murales desde la época en que fueron pintados hasta su restauración que comenzó en enero de 2009” (ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Mercado_Abelardo_L._Rodr%C3%ADguez).

En sus mejores tiempos, esos mercados eran muy buscados por la gente, pues había la sección de alimentos y la de ropa y productos varios. Los complementaban las tiendas de abarrotes (también muy tradicionales), pero de ninguna manera constituían competencia, pues las tiendas eran más buscadas cuando los mercados cerraban, generalmente a las seis de la tarde. Como señalé, se complementaban.

Pero desde que comenzaron a surgir los grandes almacenes, los mercados, no de inmediato, comenzaron a sufrir una lenta crisis que los ha ido afectando bastante (yo recuerdo que la primera tienda departamental que surgió en la ciudad de México, del tipo de Soriana, se llamó “Mas”, pero de su existencia, ni siquiera da fe la IA de Google).

Los mercados han ido decayendo por dos razones. La primera, que su infraestructura ha ido envejeciendo, lo que genera problemas de instalaciones eléctricas, hidráulicas y sanitarias, en mal estado, que se agrava por la falta de mantenimiento (que depende de las autoridades de la Ciudad de México, pero que por negligencia o falta de presupuesto, no se realizan). Y la segunda razón, que hay una fuerte competencia que crece, por las cadenas de súper mercados (Wal-Mart, Soriana, Comercial Mexicana, Superama, Bodegas Aurrerá, que son también de Wal-Mart, Tiendas BBB…), de restaurantes (Vips, Toks, Sanborns…) , de cadenas de comida rápida (McDonald’s, Burger King, Subway, Domino’s Pizza, Pizza Hut…),  de tiendas de conveniencia (Oxxos, SevenEleven’s, KMart’s…), muchas más tiendas de abarrotes, y negocios de todo tipo que han mermado las ventas en esas entidades, muchas de las cuales trabajan a menos del cincuenta por ciento de su capacidad (ver: https://www.posta.com.mx/cdmx/que-esta-pasando-con-los-mercados-de-cdmx-comerciantes-enfrentan-una-crisis-silenciosa-/vl2251230).

Es un problema real, que se conoce más de cerca cuando se platica con personas que son locatarios o lo han sido, que aunque hayan estado o estén en mercados que todavía tengan cierta demanda, de todos modos, la decadencia se nota.

Por ejemplo, recientemente tuve una plática con un conductor de Didi, Roberto, quien me contó que él tenía mes y medio de conducir en la plataforma, “y, la verdad, todavía me confunde mucho, me hace dar vueltas, cuando era mejor irse derecho”. Claro, le dije que así pasaba con los que comenzaban con la plataforma, “en lo que se acostumbran”. A la pregunta de a qué se había dedicado antes, me platicó que por varios años fue carnicero en un mercado, por la colonia Gertrudis Sánchez, “y me iba muy bien, la verdad, me hice mi casa, les di educación a mis hijos, hasta la prepa, pero, de allí, ya las ventas fueron bajando y los impuestos, los gastos, fueron subiendo y, la verdad, ya no pude seguir. Traspasé el local y mejor me dedico a esto. Pero fíjese que los mercados comenzaron a caerse desde hace veinte años”. El carro es rentado. Dice que, por fortuna, sus hijos trabajan y se pagan sus carreras, “y lo que saco es para mantenerme a mi esposa y a mí”.

Cuenta que ya sólo podía comprar media res, “me costaba veintitrés mil pesos y tenía que salir en una semana. Si no, pues se debe de congelar, pero mucha gente ya no quiere carne congeladas, se da cuenta, y por eso también las ventas bajaban más. Por eso lo dejé, ya no me salía, me salía más barato cerrar y dedicarme a otra cosa. Y esto fue lo que pude encontrar”, dice, resignado. Una penas, le comento.

La otra plática que tuve fue con Jesús, quien tiene una cremería, en el mercado Ignacio Zaragoza (ubicado en la Avenida Ocho, esquina con calle 39), que le pertenece a la familia desde que era de su abuelo. “Huy, sí, las ventas han bajado mucho. Me acuerdo que cuando vivía mi abuelo, teníamos dos bodegas, y siempre estaban bien llenas. Sobre todo, cuando era diciembre, con la Navidad y eso, estaban hasta el tope, en serio. Y ahora, ya nada más tenemos una y siempre está a medio llenar, menos, yo creo que un tercio, no ya no son los tiempos como antes”. Y eso que, desde mi punto de vista, que soy su cliente, todavía su negocio es muy buscado, bueno, no tanto, pero sí llegan clientes, sobre todo, en sábados y domingos. Pero si eso dice uno de los que más venden, la cosa es seria.

Otro más es un buen amigo que vende abarrotes en un pequeño local, de ese mismo mercado, el señor Samuel. Ya en otras ocasiones he platicado con él. A pesar de que sólo ve con un ojo (pues por haber trabajado en una tortillería por muchos años, el calor, el humo y los vapores se lo dañaron y perdió la vista. Es el derecho), a sus 74 años, es un hombre muy animoso y platicador. Vende arroz, frijol, aceite, sopas de pasta, jabón, cloro, veladoras, condimentos, sal, leche, chocolate, dulces… y algunas otras cosas. Ya he escrito sobre él en otra ocasión (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2025/09/ya-me-acostumbre-ver-con-un-ojo.html).

Él también está de acuerdo con que los mercados están en plena decadencia, tanto por la competencia, así como porque hay mucha corrupción en los manejos que hacen las “autoridades” con algunas cosas, como más adelante señalo.

Dice que antes, en los buenos tiempos, cuando ser comerciante dejaba buen dinero y se tenía un nivel de vida más alto que el promedio, “a las cuatro cerraba, pues vendía todo lo que tenía que vender. Fácil me quedaban tres mil pesos, ya libres. Y ahora, me voy a las seis y a veces, ni 500 pesos saco, porque en esto, se le gana nada más el veinte por ciento. Entonces, si vendo tres mil pesos, me quedan seiscientos de ganancia, y con eso me mantengo, pago mis gastos y lo de la comida, y la renta, ¿no? Y lo otro es para comprar mercancía, pero como no se vende mucho, pues nada más compro lo mismo que vendo siempre, porque no conviene comprar más, no sale, se puede quedar. Y, por ejemplo, en la sopa de pasta, la damos todos a nueve pesos, nos hemos puesto de acuerdo con ese precio, porque en Wal-Mart la dan a diez o en otros lados a once, para que podamos competir en el precio, ¿no?”.

Claro, es lo que deben de hacer los locatarios, si tratan de competir con las cadenas comerciales, dar las cosas un poco más baratas. Pero hay que decir que ahí mismo, en los mercados, no hay precios uniformes. En las frutas y verduras, por ejemplo, hay que buscar en dónde den más barato, pues en muchos puestos son más caras. De todos modos, son más baratas algunas que en sitios como Wal-Mart (que por eso hace su llamado “Martes de frescura”, cuando baja algunos de los precios de verduras y frutas, con tal de competir). Pero, en mi experiencia, aún así, todavía es más barato comprar esos productos en el mercado, claro, buscando los precios más bajos. O, incluso, como mucha gente hace, acudir al mercado de la “Merced”, en donde todavía son más baratas las cosas (pero el problema allí es que en las frutas o verduras, como no permiten escoger, en algunos puestos, un tercio de lo que despachan está ya pasado, así que a veces sale más caro).

Tendrían los mercados que buscar estrategias para, realmente, ser una alternativa más económica y conveniente que las cadenas comerciales (por ejemplo, ponerse de acuerdo y comprar por mayoreo todo, en conjunto, pero se requeriría de una verdadera unión, lo cual veo muy difícil). Pero la mayoría no lo hace, venden cosas caducadas, si uno no se da cuenta, dan sus precios más caros, los productos a veces ya están pasados (como las verduras o frutas)… y por eso es que mucha gente prefiere los supermercados.

Otro inconveniente que tienen es que pocos son los que cobran con tarjetas o transferencias. Es lo que he comentado con don Samuel, que quizá si cobrara con tarjetas, podría tener más clientes. Pero me ha dicho que no se le da la tecnología, además de que por las comisiones que cobran los bancos por ese servicio, bajarían las magras ganancias que obtiene. Estoy de acuerdo.

Me dice que cuando alguien quiere traspasar un local (pues no son de ellos, son del gobierno y son como una concesión), “le cobran a usted el quince por ciento. O sea, que si yo traspaso en doscientos mil pesos mi local, a fuerza le tengo que dar a Hacienda treinta mil pesos. Entonces, ya nada más me quedan ciento setenta mil pesos y pues si quería comprar algo en ese precio, ya no me va a alcanzar”.

Como siempre, el forzado socio en todo es el gobierno, con sus impuestos (ya saben, la ecuación social que yo siempre he propuesto es la de: trabajar – para percibir un magro salario –, obedecer – a autoridades, patrones, jefes, leyes, reglamentos –, consumir – comida, ropa, medicinas, autos… para lo que nos alcance y necesitemos – y pagar – impuestos, infracciones, cuotas, servicios…). Y, claro, el Estado se sostiene con impuestos, pero no es parejo, y pagamos más los que menos ganamos y tenemos. En cambio, los ricos, hasta tienen sus paraísos fiscales y pagan un mínimo, si es que le pagan impuestos a aquél.

Otro problema es justamente el pago de impuestos. Dice que ya están, por así decirlo, “arreglados” con dos o tres contadores que cada dos semestres pasan para hacerles las declaraciones anuales, clasificándolos como “pequeños comerciantes”. Eso, dice don Samuel, les conviene a todos, porque es una tasa fija de impuesto, baja, “pero si pasara Hacienda, si pasaran inspectores, verían que muchos ganan mucho, no quedarían como pequeños comerciantes. Y muchos, ni pagan impuestos”.

Dice que él piensa que los que venden abarrotes, como él, son los que más pagan impuestos. “Los de las verduras, muchos, ni pagan. Y ellos le ganan cincuenta por ciento a la fruta y la verdura. Y los que venden comida, ¡el cien por ciento! Entonces, pues no está bien que no paguen, ¿no? Yo le digo al contador eso, que muchos no pagan. Y me dice que ‘van a venir los de Hacienda, ya verá, y les va a salir más caro a que si hubieran pagado impuestos, como usted’, me dice”. Muy seguramente se harán revisiones de ese tipo, pues estos gobiernos morenistas tratan de exprimirnos lo más que se pueda de impuestos, con tal de sostener todos sus programas sociales (y su corrupción, por supuesto), sin afectar a los ricos, claro, que son quienes más deberían de contribuir, como señalé antes.

Por el servicio de contabilidad, paga doscientos cincuenta pesos. Y como es catalogado como pequeño comerciante, es poco lo que debe de cubrir como impuestos. Pero lo que sí debe de cubrir es la cuota anual que cubre el uso del local, de más de cuatro mil pesos. “Sí, tengo que ahorrar para todo eso. Aunque no pago mucho de la declaración anual, pero esa cuota y otras que nos van cobrando, las tengo que pagar”.

En su opinión, cuando antes estaba el PRI, la corrupción era menor. Me explicó, por ejemplo, que a partir del 20 de octubre, cuando es la temporada navideña, muchos sacan puestos callejeros, que colocan frente al mercado. Deben de pagar, en este año, cuatrocientos pesos, y lo deben de hacer, pues si dejan pasar dos años sin poner los puestos, pierden el derecho. Él, pone uno en donde vende veladoras. “Cuando estaba el PRI, supongamos que si usted no podía atender el puesto y otra persona se lo pedía, pues usted le decía que le diera lo del permiso y algo de dinero cada semana, ¿no?, porque usted le decía que era como un cobro por dejárselo que lo usara. Y venían los inspectores y veían que no era el dueño el que lo estaba atendiendo, pero uno le decía que como no podía atenderlo, por eso lo prestaba y no le decían nada. Y ahora, no, se ponen bien estrictos, revisan que sea uno el que lo atienda o un familiar. Y si ven que no, lo multan y se lo quitan. Y hay que darles una mordida para que se lo dejen y de allí sacan dinero extra. Y yo les digo que ¿no que (Andrés) López Obrador dijo que ya no quería corrupción? Y nada más me dicen que eso ya es desde antes, que qué se le va a hacer. Pero hasta me enojo y les digo que ellos deberían de poner el ejemplo, pero no dicen nada”. También comenta que los puestos ambulantes que están frente al mercado, deben de pagar permisos y que se supondría que con eso ya está arreglado todo. “Pero no, diario pasan los de Servicios Públicos por su cuota… les cobran de a veinte pesos por puesto. ¡Imagínese, de diez puestos, son doscientos pesos diarios, nada más de aquí, y cuando es Navidad, sacan más!”.

Desgraciadamente lo que dice es cierto, MORENA es un partido “de izquierda” que lo ha dejado de ser, ya es el Nuevo PRI y hasta peor, pues no sólo repite, sino que empeora los vicios de ese partido, como el que prácticas corruptas, como las descritas, sean peores, como dice don Samuel. MORENA está siguiendo el camino del PRD, que comenzó en la izquierda y terminó en la derecha (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2025/09/ya-me-acostumbre-ver-con-un-ojo.html).

Pero simulan ser muy estrictos. Por ejemplo, dos veces por año le revisan la balanza. Llevan sus pesos de medio kilo, un kilo y dos kilos. La de él, es de las tradicionales, de contrapesos. “Siempre la cuido muy bien, la limpio, bien exacta. Llevo treinta y cinco años con ella y nunca me han multado, porque siempre marca muy bien. Pero una vez, una inspectora, me la hizo. Yo no sabía que era inspectora. Que llega y me pide un kilo de azúcar, que en ese entonces estaba en uno setenta y cinco el kilo. Pero como yo no tenía cambio de los cinco centavos, que le digo que le iba a vender el kilo más treinta gramos. Pero que me dice que no, que ella nada más quería el kilo y ¡qué me saca la credencial!, que era inspectora y que me iba a multar porque yo quería venderle más azúcar, que la quería forzar a gastar más dinero y que me multa, en ese tiempo, con cuatrocientos pesos. y que le digo que no, que me diera chance y que mejor nos arregláramos y que me dijo que peor, que la quería extorsionar y que ni le siguiera. Me salió más caro no tener los cinco centavos. Y no me la perdonó”.

¡Vaya con la estricta y correcta inspectora! Seguro era nueva y todavía no estaba maleada, como me han comentado en otras ocasiones, personas que se dedican a eso y que, con el tiempo, aseguran que “le entras o le entras, es lo mejor”.

Claro, es algo estructural la corrupción, uno  de los males que la herencia colonial maldita nos legó, pues en los tiempos coloniales todo se arreglaba con dinero, incluso los puestos oficiales se compraban. O a la iglesia, que se le debía de pagar el famoso diezmo que también, con el tiempo, se convirtió en la “cuota” que debe de cubrirse para que el gobierno asigne una obra pública o algún trabajo específico. Así que la mordida, así llamada, es el sobresueldo de mucha gente (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2010/11/de-corrupcion-y-diezmos.html).

En lo que platiqué con él, sólo cuatro personas se acercaron a comprar, sopa de pasta una, de nueve pesos, diez pesos de arroz, otra, una cátsup de 18 pesos, una más, medio kilo de frijol, otra… compras no mayores a veinte pesos. Se ve también la precariedad entre los consumidores.

“Pues sí, por eso le digo que antes, cuando estaba el PRI, no estaba tan mal”, dice, mientras me cobra mi compra de un kilo de arroz, uno de frijol, un kilo de huevo, medio litro de aceite y un “knor suiza”, que asciende a ciento setenta y tres pesos, que quizá sea la más alta que haya tenido ese día.

Y quizá porque, en opinión de don Samuel, era mejor el PRI, sea que por tal razón MORENA le quiera seguir los pasos.

Pero tendrá que igualar o mejorar al PRI, si quiere lograrlo. O sea, que tendrá que bajar sus cuotas de corrupción, si quiere convertirse en el Nuevo PRI.

Como dice don Samuel “antes eran menos corruptos”.

Sí, probablemente eran menos hambreados.

 

Contacto: studillac@hotmail.com            

     

 

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