De libros, discos y Juan Gabriel

Posted by Adán Salgado Andrade on domingo, septiembre 06, 2026

 

De libros, discos y Juan Gabriel

Por Adán Salgado Andrade

 

La gigantesca macrourbe que es la Ciudad de México, enfrenta cada vez más y más problemas, como estresantes embotellamientos (la velocidad promedio es de 4.5 km/h en horas pico), demasiados habitantes (con 17.7 millones de personas, ocupa el sitio número 15 en el mundo. Ver: https://www.visualcapitalist.com/ranked-the-worlds-largest-cities-1950-2100/), falta de infraestructura de drenaje adecuada (son ya una constante las inundaciones en épocas de lluvia, como la actual), falta de agua (se estima que se quedará sin agua gran parte de la ciudad en el 2028. Ver: https://es.wired.com/articulos/ciudad-de-mexico-se-quedara-sin-agua-en-2028-advierten-academicos-de-la-uam), delincuencia, contrastes urbanos (las zonas muy pobres y las en extremo acaudaladas, que hasta se cercan, como se puede ver en la cinta “La Zona”, con tal de aislarse del mundo exterior. Ver: https://es.wikipedia.org/wiki/La_zona_(pel%C3%ADcula))... y tantos otros problemas.

Pero también, por lo mismo de su gigantismo, ofrece sorpresas. Y una de ellas fue a la que, gracias a una invitación que le hicieron a mi compañera, acudimos al restaurante “Tetetlán”, ubicado en Avenida de las Fuentes 180-B, en la colonia Jardines del Pedregal.

Debo de decir que, al principio, imaginé un sitio suntuoso, como los restaurantes de lujo que suele haber en zonas caras de la ciudad, en donde, al menos en su servidor, provoca cierto cohibimiento al ir ingresando (por lo del roce con gente de niveles económicos elevados). Sin embargo, para nuestra sorpresa, no fue así. Para comenzar, el sitio se ubica en lo que debió de haber sido una casona del sitio, hecha de piedra basáltica, que se ha acondicionado actualmente para servir como restaurante. De hecho, no muestra letreros ostentosos para anunciarse. Y la entrada es un discreto arco que, al avanzar, de un lado, comunica a una escalera que baja al restaurante, propiamente (da a un piso por debajo del nivel exterior de banqueta, como si fuera un sótano).

Sin embargo, nosotros habíamos sido invitados a una Noche de Vinil, a un evento dedicado a la memoria del cantante y compositor Alberto Aguilera Valadéz (1950-2016), mejor conocido en el mundo de la farándula como Juan Gabriel, el Divo de Juárez (aunque él nació en Parácuaro, Michoacán), así que al preguntarnos si éramos invitados de ese acto músico-cultural, nos indicaron que subiéramos unas escaleras que daban un nivel superior, no precisamente un primer piso, sino una especie de largo tapanco, de unos diez metros de largo por tres de ancho, estructura que, es evidente, fue parte del reacondicionamiento que se hizo en el lugar.

Y allí, para mayor sorpresa, nos recibió un sitio bordeado por cientos de discos y libros (que al final, nos dijeron que no estaban a la venta, sino que eran de la colección privada del lugar). Antes, una amable chica nos tomó una foto, con una como tableta grande, en la que nos vimos en tiempo real, para acomodarnos con la mejor pose posible. Luego nos entregó una impresión, totalmente gratis.

En ese nivel, libreros llenos de libros cubren todo un lado, en tanto que anaqueles con cientos de discos, se muestran en el lado opuesto. Así que nos rodearon música y literatura. Pude ver distintos artistas, de todo el mundo, de rock clásico (Led Zeppelin, Deep Purple, Black Sabbat…), folclor latinoamericano, cantautores como Óscar Chávez, música clásica, Beatles… en fin, de todo. Y de libros, también bastantes títulos, muchos en inglés, de esoterismo, o eróticos, como el “Kama Sutra”, o el “Siddhartha”, de historia, novelas y otros más (aunque aquí, sin ser pretencioso, debo decirles que mi colección de libros es mucho mayor, pues sumados a los que me legó mi padre, el profesor Froilán Salgado Álvarez – 1910-1982 –, están los míos, que he ido sumando a lo largo de mi vida).

Y sobre un mueble, del lado de los libros, había un tornamesa de los de aquellos tiempos (probablemente un modelo 1980) en perfecto estado, en donde se tocan los discos de los eventos que, nos dijeron, cada quince días se organizan allí. Pero éste, en especial, fue muy relevante, pues se recordó el décimo aniversario luctuoso de Juan Gabriel, un cantante odiado por muchos, pero también muy querido por otros, quien demostró que tenía verdadero talento y que “las más de mil composiciones que dejó, lo comprueban”, como señaló el diyéi que estuvo amenizando el evento.

El sitio se siente muy íntimo, con discretas veladoras alumbrando cada mesa, pocas, colocadas allí para los invitados-comensales.

Justamente estuvimos en el lugar el jueves 27 de agosto, un día antes de que se cumplieran, en efecto, diez años del súbito deceso del cantautor que, en su momento, fue homenajeado a lo grande, pues no había sido un artista menor el que había partido al Mictlan, sino uno que dejó toda una trayectoria, no sólo en el país, sino a nivel mundial, pues sus canciones se hicieron famosas en todo el mundo. “Su obra abarca más de 1800 composiciones que han sido traducidas a idiomas tan diversos como turco, alemán, francés, italiano, tagalo, japonés, griego, papiamento, portugués e inglés e interpretadas por más de 1500 artistas y grupos de todo el mundo, por lo que es el compositor hispano más cantado y versionado a nivel mundial. Fue incluido en el año 2016 de manera póstuma en El Pabellón de la Fama de los Compositores Latinos” (ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Gabriel).

Y para hacerle honor en el homenaje que el Tetetlán le organizó, se tocaron tres de sus discos más memorables, mientras se nos agasajó con cocteles temáticos y antojitos del sitio, como sopecitos de marlín, cecina, pato, tlayudas, tostaditas de chapulín y esquites, todo delicioso y muy recomendable.

Los cocteles que se sirvieron, como señalé, fueron temáticos. El primero servido fue el “Querida”, del álbum “Los Dúo”, el que fue descrito como “suave, tropical y profundamente emotivo, como la intimidad de Los Dúo, donde Juan Gabriel volvió a encontrarse con algunas de las voces más importantes de la música latinoamericana. Gin Armónico, maracuyá, yogurt de coco y agua tónica forman un milk punch sedoso. Un cóctel que transforma la nostalgia en algo fresco, elegante y lleno de cariño”. Estuvo delicioso y muy ligero ese primer cóctel.

Y de ese disco, estuvimos escuchando canciones como “Querida” (de las que llegan al corazón, y llenan de nostálgicos, pasados tiempos a muchos), “Se me olvidó otra vez”, “Hasta que te conocí”, “La diferencia”, “Siempre en mi mente” (otra que casi saca las lágrimas), “Abrázame muy fuerte”… y las otras del laureado álbum.

Bueno, hay que decir también, en favor de Juanga, que siempre, por lo general, se mostró sencillo. No sólo eso, sino que “era conocido también por realizar obras destinadas a ofrecer las oportunidades de desarrollo a la niñez desafortunada, no solamente en México, también en Venezuela y otros países. Fue benefactor directo de más de un centenar de menores albergados en una escuela llamada «Semjase», en Ciudad Juárez, Chihuahua” (ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Gabriel).

Así que digamos que, a pesar de su origen humilde, no se le subió o no tanto.

El segundo temático cóctel, fue el “Me Nace del Corazón”, del álbum “Eterno”, descrito como “este cóctel sabe a una canción que nace directamente del corazón. Tequila de la casa, shrub (jarabe agridulce) de bugambilia (sic) y tuna roja y agua mineral crean un cóctel mexicano delicado y lleno de color que evoca los paisajes de México que siempre estuvieron presentes en la obra de Juan Gabriel, mientras las burbujas aportan una sensación de celebración”. También sabroso, aunque con más alcohol, para mi gusto, más fuerte.

Sí, quizá más subido de alcohol, porque escuchamos canciones como “Cuando te Conocí”, “Dímelo”, “No tengo Dinero”, “Me nace del Corazón”, “Te lo pido por favor”, “Ya no vuelvo a molestarte”, más así como de decepciones amorosas, que requerirían un trago más fuerte.

Ya, a esas alturas, no sólo los cocteles, sino que las bebidas que también gratuitamente se servían, si se solicitaban (tequila, ginebra, whisky, todos en las rocas, cervezas, otros cocteles), ya estaban dejando sentir sus etílicos efectos, así que la animosidad entre los asistentes, se estaba tornando febril, de cantar al unísono las melodías, las amenas pláticas en elevada voz, el llevar el ritmo, primero, sentaditos, y ya, después, más animados, a bailar a ritmo del Noa Noa, y de otros rítmicos, muy bailables éxitos. Sí, el espíritu de Juanga estaba allí, entre nosotros, seguramente alegre de que luego de diez años de su partida, todavía la gente lo venera y lo tiene en el pedestal de los más buenos y talentosos artistas que México haya dado.

Y en el tercer y último cóctel, “El Noa Noa”, inspirado en el álbum “Mis 40 En Bellas Artes”, justamente, la descripción que se da es de “intenso, aromático y sofisticado, inspirado en una de las noches más memorables de la carrera de Juan Gabriel. Mezcal de la casa, reducción de café de olla y cordial de guayaba construyen un trago profundamente mexicano, donde el humo, las especias y la fruta se encuentran. Un cóctel para cerrar este recorrido donde comenzó todo: con Juan Gabriel frente a Bellas Artes, convertido ya en leyenda”. Sí, en efecto, intenso, más fuertecito (debo señalar que quien redactó esa descripción del evento, lo hizo muy bien, perfectamente ligadas las notas de los ingredientes de los cocteles, con las musicales)

En este álbum, Juanga le canta a Parácuaro, su pueblo natal, con “Obertura Parácuaro”, y retoma éxitos como “Querida”, “Me nace del Corazón”, “Tú a mí no me hundes, “Abrázame muy fuerte”, “Por qué me haces llorar” y remata con el “Noa Noa”, para cuyo momento, ya todo mundo estaba bailando muy alegremente, formando una fila en donde uno se preguntaba cuál sería el primero en caer, dado el nivel de intoxicación etílica que ya, a esas horas, casi todos tenían en su cuerpo.

Como buen adicional detalle, obsequiaron al inicio del evento, unas miniaturas perfectas de cada uno de los tres álbumes presentados. Dentro, también un disco miniatura (muy bien hecho, debo decir), tenía un número. El mío, era el 78 y el de mi compañera, el 54. La intención fue que luego del término de cada álbum escuchado, se hizo un intermedio en donde se rifaron tres álbumes como el escuchado, si salía sorteado el número del disco miniatura que todos teníamos. Por desgracia, no tuvimos suerte y ningún álbum nos sacamos.

Como el evento fue financiado por Virgin Music Group, (https://www.virginmusic.com/), filial de Universal Music Group y por Ginebra Armónico (de allí lo de los cocteles), por tal razón hubo recursos para habernos dado todo lo que mencioné, incluidos cocteles, antojitos y las rifas.

“Y para los que llegaron hasta aquí, tan noche, les tenemos otra sorpresa, un cóctel adicional, cortesía de la Casa, que esperamos que sea de su agrado”, dijo el diyéi, ya casi para finalizar. Esa bebida fue la más fuertecita de la noche. El tiro etílico de gracia, digamos.

Y con el “Noa Noa”, se coronó el evento que, como dije, ya casi todos, muy etílicamente alegres, se dispusieron a bailar gustosos, sacando el pasito cruzado con la vuelta desacompasada, pero tratando, en todo momento, de llevar el ritmo.

Como siempre, se dan las amistades espontáneas. Una chica, bastante subida de tono etílico, se nos acercó. Sofi, nos dijo que se llamaba, nos preguntó nuestros nombres y a qué nos dedicábamos. Mi compañera le dijo que ella estudiaba letras y era creadora de contenido (influencer, como se les llama), además de que estudia Letras Hispanas. Yo le dije que daba clases en la UNAM. Y eso bastó para que nos contara, a grandes rasgos, la elocuente historia de su vida. ”Mis padres me mandaron nueve años a estudiar a Austria y me perdí de tener amistades y de conocer más a la sociedad mexicana. Por eso quiero entrar a estudiar a la UNAM, para hacer amigos de aquí, de México, de mi país, de recuperar todo lo que perdí en esos nueve años. Me impusieron eso, estar allí, en ese país que vale madres, de verdad, yo no quería eso, pero me lo impusieron”. Me pareció muy interesante su testimonio, pues eso demuestra lo que ya he comentado en otras parte, que Europa está dejando de ser el lugar de ensueño, lo máximo a lo que se puede aspirar, lo supremo… ya, Europa, está en plena decadencia, económica, social, cultural, incluso climática (es el continente que se está calentando más rápidamente que el resto y su clima, que tradicionalmente era templado, románticamente invernal, ahora se está convirtiendo en uno tropical, un infierno. Ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2024/08/europa-la-saqueadora-y-depredadora.html).

La animamos a que se inscribiera a la UNAM, que hiciera el examen y que recuperara el tiempo perdido, lo que siempre habría querido vivir. Y para despedirnos, como ya se va haciendo costumbre en estos tiempos de las redes sociales, Sofi y mi compañera Viri, intercambiaron sus respectivos TikToks e Instagrams. Viri Pichardo (@vipichardo5), en TikTok, es el de mi compañera, en donde revisa temas de doblaje, música, cine… véanlo, les va a encantar.

En fin, muy satisfechos, salimos del lugar, a eso de las dos de la mañana del ya viernes 28 de agosto, el mero día del décimo aniversario luctuoso de Juanga.

Y de las pocas cosas que hay que agradecer de esta estresante, acelerada modernidad, son los taxis de aplicación, sean Uber o Didi, disponibles a cualquier hora y en cualquier sitio y que van para cualquier sitio, siempre y cuando no sea de los considerados zonas rojas, o sea, chacalonas, en donde los conductores pueden ser asaltados, según indican sus plataformas (antes, en mis juveniles tiempos, había que rogar a Dios que pasara un taxi, libre, además)

Ya, en el Didi, platicamos de la buena experiencia que tuvimos y también del buen sabor de boca que cocteles, antojitos y la música de Juanga nos dejaron.

Sí, muy placentero todo.

 

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La humillante, indigna condición de las mujeres afganas

Posted by Adán Salgado Andrade on jueves, agosto 20, 2026

 

La humillante, indigna condición de las mujeres afganas

Por Adán Salgado Andrade

 

Hace cinco años, la fallida estrategia estadounidense de “democratizar a Afganistán, luego de veinte años de ocupación, mostró el fiasco que fue. Tantos millones de dólares gastados, tratando de “occidentalizar” a ese país, con un gobierno que impuso Estados Unidos, instituciones gubernamentales “modernas”, además de que se trató de que contara con un ejército que defendiera su “soberanía”, sobre todo de los nefastos talibanes, de nada sirvió, pues en cuanto los militares estadounidenses, que eran quienes, de alguna manera, resguardaban a ese país, se retiraron, la derrota del “ejército” afgano fue casi inmediata (ver: ). https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2021/08/el-glorioso-regreso-del-taliban.html ).

El atraso en que han dejado a Afganistán esos  ineptos machos es caótico. El comercio exterior se ha desplomado,  lo que ha incrementado el déficit. El presupuesto anual más reciente es de sólo $2,440 millones de dólares, mdd, menos de la mitad del que tenía el gobierno previo en el 2021, que fue de $6,000  mdd  En el 2024, de plano suspendieron las pensiones, para tratar de balancear ese déficit. Su población está creciendo más que su precario “crecimiento” económico (presionada también porque seis  millones de afganos que estaban refugiados en Irán y Pakistán, están siendo obligados a regresar a ese caótico país). La inflación está en 7.6 por ciento. El desempleo se ha duplicado desde el 2021, pues más de medio millón de empleos se perdieron desde entonces. La ayuda internacional ha bajado, justamente porque muchas de las naciones que se la daban, dejaron de hacerlo cuando los  talibanes  tomaron de nuevo el poder. Y los altos precios de los alimentos, que son esenciales, en una economía deprimida (al menos, la gente trata de comer), han subido demasiado. Trece millones de personas enfrentan “inseguridad alimentaria aguda”, o sea, que padecen hambre y se están muriendo por falta de alimentos (ver: https://www.theguardian.com/global-development/2026/aug/15/five-years-taliban-rule-afghanistan-collapse-visualised?CMP=GTUK_email ).

Y además, la catástrofe humanitaria que están sufriendo millones de afganas, es otro grave problema, pues viven peor que en los más obscuros tiempos de la Edad Media, que ya es mucho decir.

Porque hay que señalar que en esos veinte años hubieron algunas cosas buenas, tal como la libertad que las mujeres, sobre todo, comenzaron a disfrutar, luego de estar sometidas por los talibanes, simples guerreros machos que las tenían totalmente controladas. Llegaron a ocupar, incluso, puestos de policías, los que ejercían con total responsabilidad y patriotismo (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2021/01/valerosas-mujeres-policias-afganas.html).

Una vez que regresaron esos machos bárbaros, la condición de las afganas incluso ha empeorado, con respecto a como estaban antes de la invasión. Ahora, bajo el yugo talibán, las pobres ya ni siquiera tienen permitido hablar en público o incluso salir solas.. Viven, realmente, un infierno (ver:  https://www.youtube.com/watch?v=bUAcZV2eY8E).

Y son, en verdad, lastimosos los testimonios de mujeres afganas que han logrado hablar. El periódico inglés The Guardian logró mediante una red clandestina de mujeres periodistas afganas (que, incluso, arriesgan sus vidas al tener esa red de periodismo), recopilar doce testimonios, muy tristes y desoladores todos, que nos logran representar una idea aproximada de cómo esas pobres mujeres están tratando de sobrevivir actualmente (ver:  https://www.theguardian.com/global-development/ng-interactive/2026/aug/11/day-in-the-life-of-12-afghanistan-women-taliban?CMP=GTUK_email ).

Una de ellas es Parasto (que no es su verdadero nombre, como casi todas las que accedieron a dar sus testimonios, prefieren usar pseudónimos) . Ella sirvió como soldado, junto con su marido. Tienen dos hijos  varones. “Nada más entraron los talibanes, y nos obligaron a regresar los uniformes, que con tanto orgullo habíamos usado otras compañeras y yo, dando todo nuestro esfuerzo por proteger a nuestro país. Pero no les importó. A mi esposo, cada rato lo citan para saber a cuántos talibanes mató, mientras servía a los ‘infieles’. Que me hayan quitado mi uniforme, es como si me hubieran quitado un pedazo de mi vida. Y tenemos nuestras cosas empacadas, para cuando haya una oportunidad de irnos de este infierno. Ojalá sea pronto”.

Otra mujer es una de las periodistas que trabajan clandestinamente. Prefiere estar anónima, ni con pseudónimo. Dice que cada que alguien toca la puerta, se pone a temblar, pues piensa que los talibanes, por fin, la descubrieron. Ya, antes, dos veces han allanado su casa, pero, por fortuna, nada han hallado comprometedor . Trabaja con una laptop y una conexión a un precario internet, diariamente, revisando notas para ver qué va a publicar ese día o los siguientes. “El trabajo es difícil, nunca sabes cómo o quién te vaya a traicionar. La semana pasada fui a entrevistar a una mujer discapacitada y, la verdad, siempre tengo miedo, pues no sabes si vaya a ser un engaño. Pero sigo así, porque es lo que me da ánimos para continuar viviendo en estas condiciones tan humillantes, de verdad. Es algo que no le deseo a nadie, estar así. Y sólo cuando tomo mi café y miro por la ventana, es que logro reconfortarme en algo”.

Otra es Faterma (tampoco es su verdadero nombre). Ella tiene cuatro hijos y dos hijas (a pesar de la adversidad, tienen muchos hijos). Se dedica, junto con una amiga, Marzia, a preparar el pan y hornearlo, con la harina que a diario les llevan sus clientas. “Es un trabajo duro, desde las cuatro de la mañana, hay que despertar, para preparar todo, el horno, los trastes… y todo lo necesario. Yo tenía la esperanza de que mis hijas pudieran prepararse, no ser lo que yo soy, pero desde que regresaron los talibanes, he perdido la esperanza. Por la tarde, desde la siete, vuelvo a prender el horno y llegan las clientas. No nos quejamos, ganamos ,entre las dos,  unos 1,000 afganis por día ($15 dólares diarios, $450 mensuales, $9,000 pesos, que repartidos  entre las dos, son $4,500 pesos al mes  cada una, ni un salario mínimo mexicano, pero para ellas no es tan mal dinero). Es difícil labor, más ahora que por la madera tan cara, tenemos que usar cáscaras de almendras. El humo es amargo y más irritante, se me queda su olor en mis ropas. Pero teneos que hacerlo, no queda de otra. Al menos, tenemos una ocupación a qué dedicarnos, para no morir de hambre” .

Otro testimonio es de una chica de sólo doce años, que comenta en un blog todo lo que piensa del sistema opresivo de los  talibanes. Va a entrar a sexto año de primaria, lo más que pueden estudiar las mujeres. Sus dos hermanas mayores, una estaba en séptimo grado y otra en onceavo, “pero llegó el talibán y terminaron sus sueños. Mi hermana, la mayor, se la pasa buscando en redes becas o formas de estudiar en el extranjero. Mi padre es muy bueno con nosotras. Y el cuarto de mi hermana mayor es en donde diario nos  reunimos, sin mascada ni nada. Por eso, nunca abrimos las cortinas, ni aunque haga calor, ni tampoco en la noche, para que no descubran nuestro pequeño rincón de libertad. De todos modos, aquí seguimos las tres, no sabemos hasta cuándo” .

Otra chica es modista. Ella tuvo una niñez difícil, pues contrajo polio a los once años. “Mis piernas estaban dobladas de las rodillas hacia abajo. Me puse, como distracción, a coser pedazos de plástico y a hacer vestidos para muñecas. Pero luego, le hice a mi papá una camisa y un pantalón y quedó muy contento. Mi hermana mayor me dijo que si yo aprendía bien el oficio, me compraría una máquina de coser y es en la que ahora realizo mis trabajos. Cuando los clientes vienen y no me conocen, preguntan por la modista y les digo que soy yo. No me creen y me ven con escepticismo cuando les tomo las medidas. Dicen que si sé leer y escribir. Y les digo que sí, que aprendí con mis estudiantes de costura, yo les enseñaba a diseñar modas y ellas me enseñaban a leer y a escribir. Gano unos siete mil afganis al mes (unos  $2,160 pesos mensuales), con los cuales, ayudo a mi familia para irla pasando. Pero, además, no me ven mis clientes con lástima porque sea discapacitada, al contrario, me ven como su preferida y confiable modista”.

Como ven, hasta aquí, la gente realmente sobrevive. Se ha vuelto Afganistán un país de pobres, en donde una camarilla de corruptos señores de la guerra lo domina todo. Incluso, seguramente como suele suceder con las clases en el poder, ellos han de vivir muy bien, con lujos, sin limitaciones, no como sus conciudadanos, quienes todos los días buscan formas para sobrevivir, no vivir.

Otra es una chica de 25 años que escribe sobre todo lo que ve. Además lee mucho y va con miedo a comprar algún nuevo libro a la librería, pues hasta eso, los bárbaros, ignorantes talibanes, les han prohibido, que lean. Lo único que pueden hacer esas pobres mujeres es rezar en casa y hacer todas las labores domésticas. “Me gusta escribir lo que veo, quiero plasmar lo que es este país, para que cuando alguien lea mis escritos, sepa que aquí estamos las mujeres y que, a pesar de la adversidad, queremos que el mundo nos conozca”.

Una más trabaja como afanadora en un hotel, de las 8 de la mañana a las ocho o nueve de la noche. Es un trabajo pesado, pero además tiene unas chivas, a las que también cuida. Tiene 33 años , tres hijas y un hijo. En el 2021, su esposo fue atropellado y desde entonces, quedó imposibilitado para trabajar. “En el hotel, lavo los manteles y todo lo que sea requerido. Cuando se hacen fiestas, también limpio todo. Gano nada más doscientos afganis diarios  (unos 50 pesos), pero, de todos modos, me sirven. Quiero lo mejor para mis hijos, sobre todo, para mis  tres hijas, pero no sé si vayan a lograrlo. Por lo pronto, soy el sostén de la casa y debo de seguir, mientras tenga fuerzas y salud para hacerlo”.

Como ven, todo es drama, combinado con fuerza de voluntad para seguir adelante”.

Una más es una maestra de primaria de mujeres, de quinto grado. Se casó y tuvo un hijo, pero cuando los talibanes regresaron al poder, su esposo se fue del país. “Comienzo la mañana preparando el desayuno para mi hijo y para mí, luego, salimos y tomamos caminos distintos. Yo voy a la escuela, en donde ya tenemos edificio, aulas , bancos y pupitres, pero nada más pueden estudiar las cicas hasta sexto año. Es una lástima, porque cuando entran, están muy entusiasmadas y no les pesa cargar su atuendo, el pesado velo, incluso desde pequeñas, desde los seis años. Y ese entusiasmo, es lo que me hace seguir como maestra, luego de 18 años de haberlo hecho”.

Otra es una chica de 24 años que, cuando el Talibán regreso en el 2021, estaba en séptimo semestre de ingeniería de sistemas. Fue terrible para ella que, de repente, se le prohibiera seguir estudiando y se cerraran muchas universidades, entre ellas, en la que ella estudiaba. “Me siento muy mal, no tengo consuelo. Incluso, cuando cocino, se me ruedan las lágrimas. Vivo una existencia obscura, vacía. A veces, cuando veo mis maquillajes, recuerdo cómo me polveaba la cara, me teñía mi cabello, me lo peinaba como yo quería. Ya eso está en el pasado, condenada a vivir como una esclava, portando un maldito velo que nada más nos estorba. Por eso, luego me pongo perfume. Y recuerdo esos días de libertad que ya no existen para nada”.

Un testimonio más es el de una afgana que hace prótesis para mujeres discapacitadas, con las cuales pueden volver a caminar. Tiene dos hijos y dos hijas. La mayor, de 13 años, ya no pudo seguir estudiando. La menor, va en segundo. “Me pregunto, cuánto más podrá soportar mi hija haciendo el quehacer de la casa, dándoles de comer a sus hermanos y a mi esposo. Le cortaron su futuro estos tipos. No es justo. Pero pienso también en cómo mi trabajo en el hospital es muy necesario. Hace poco, le hice una prótesis a una mujer del campo que antes tenía que arrastrarse para trabajar sus tierras. Ahora, ya puede caminar y está muy agradecida. Y eso es lo que me reconforta. Compensa el dolor que siento por mi hija”.

Marwa (tampoco es su nombre real) es técnica dental, tiene 23 años. Cuando tenía 17 años, había hecho su examen para entrar a la universidad, pues quería estudiar medicina, pero fue cuando regresaron los  talibanes y su futuro se vino abajo. En la clínica ayuda en todo lo que puede al dentista, un hombre, claro. Pero teme que en alguna de las frecuentes inspecciones que el Ministerio de la Propagación de la Virtud y la Prevención del Vicio  (¡vaya nombre tan estúpido!) cierre la clínica porque ella esté allí, trabajando. “El otro día vinieron dos  vigilantes. Uno de ellos se extrajo una muela, y su acompañante dijo al doctor que ‘no le ponga anestesia, doctor, que sufra, que sangre’, y rio por la broma. Me pregunté en ese momento a cuántas personas ese tipo pudo haber matado, a cuantas familias separó o dejó sin algún miembro, cuánta sangre traería en sus manos. Todavía tengo esperanzas de que esto vuelva a ser como antes, que pueda yo estudiar medicina algún día. Es una esperanza que me mantienen viva y me hace seguir adelante”.

Fatana (tampoco su nombre real), tiene 25 años, quien también truncó sus estudios superiores cuando los talibanes asumieron el poder. Trabaja en una primaria y por la mañana, su hermana de seis años y ella van a esa escuela. “Yo veo con dolor cuando mis alumnas terminan el sexto grado, sus caras tristes, desanimadas por el futuro que les espera, que quizá las fuercen a casarse, que las vendan, como muchas familias muy pobres hacen, con tal de salir de sus deudas y tener algo de dinero para seguir sobreviviendo. Dando clase gano 4,000 afganis ($1,070 pesos ) mensuales, poco, pero de algo me sirven. Realmente quisiera que esto cambiara, no pierdo las esperanzas”.

Como pudieron ver, todos los testimonios son bastante dramáticos, de futuros truncados, sueños frustrados por una camarilla de salvajes, ignorantes machos que aplican el Corán a sus particulares intenciones de control, pues al someter a las mujeres, que son el cincuenta por ciento de la población afgana, se abocan a controlar al otro cincuenta por ciento, que son los hombres, quienes también son castigados , pero viven con menos rigor. De hecho hasta los protegen y los alientan incluso a que asesinen a sus esposas si éstas les son “infieles” (que muchas veces es simplemente una invención para cuando quieren deshacerse de ellas). La violencia, justo por el brutal sometimiento estatal, ha crecido y se reporta el incremento de casos que crecen de violencia hacia las mujeres o asesinatos  “justificados” (ver: https://www.theguardian.com/global-development/2026/aug/07/afghanistan-women-taliban-violence-battered-beaten?CMP=GTUK_email).

Pero nadie hace nada. Y en lugar de presionar a los brutos machos para que permitan a las mujeres más libertades, varos países, Alemania entre ellos, están estableciendo de nuevo relaciones diplomáticas, con tal de que los talibanes impidan mayores migraciones a Europa de afganos, deseosos de romper con la miseria económica y social imperante en ese retrógrada país (ver: https://www.theguardian.com/world/2026/aug/15/concern-grow-global-ties-taliban-afghanistan-human-rights).

Así es que si restablecer relaciones “diplomáticas” con ese país, puede reportar algunos buenos negocios (pues, finalmente, de eso se trata, de negocios), bienvenidas.

Y las mujeres… pues pueden esperar y morir en las sombras, como las esclavas en que las han convertido esos brutos machos.

 

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