Conductores abusivos de aplicación
Por Adán Salgado Andrade
Cuando hace más de 13 años la aplicación Uber llegó a México, todo era maravilloso. Los conductores, sobre todo, eran muy amables, ofrecían hasta agua, sus autos estaban muy limpios. Y, además, se tenía la certeza de que, sin problemas y sin preocupaciones, llegaría uno a su destino sin contratiempos.
Los pagos, en ese entonces eran obligatoriamente con tarjeta. Uno, al registrarse, debía de referenciar también una tarjeta, ya fuera de crédito o débito, para que la aplicación permitiera el registro del nuevo usuario.
Justamente esa aplicación y todas las que le siguieron (Didi, Cabify, inDrive, BlaBlaCar, Mi Taxi, Uber taxista) fueron sustituyendo a los taxis tradicionales, quienes antes de las aplicaciones actuaban como querían, con cobros excesivos, negando el servicio, con unidades en mal estado, con taxímetros adulterados, para cobrar de más, conducidos algunas veces por delincuentes que asaltaban y hasta mataban a los desafortunados pasajeros que caían en sus garras.
Y hay que decir que muchas décadas atrás, tomar taxis, por ejemplo, de los llamados “cocodrilos” o, más recientemente, los rosas o los amarillos de los años 1970’s, era muy seguro. Se salía tarde de una fiesta y uno esperaba un taxi, que con toda seguridad y honradez, lo trasladaba al domicilio indicado (además, eran maestros esos taxistas de la ubicación exacta de las direcciones que se les indicaban). Pero se degeneraron.
Y por eso los taxis de aplicación los fueron sustituyendo. En la actualidad han disminuido mucho los taxis tradicionales, sostenidos solamente por los que no quieren todavía emplear la tecnología digital, digamos.
Pero como todo se va degradando, desafortunadamente, ya muchos conductores de aplicación están cometiendo los mismos errores que los taxistas tradicionales, adquiriendo las mismas mañas, incluso, delinquiendo.
Y recientemente tuve una experiencia, la más bizarra, digamos, que he sufrido con un conductor de Didi.
Justamente la platiqué a otro conductor de Didi la experiencia, quien me confirmó que, desgraciadamente, se están generalizando prácticas deleznables que están desacreditando mucho a los taxis de aplicación. De hecho, ya antes había escrito sobre eso, por ejemplo, de cuando tardan en tomar un viaje y cuando lo hacen, no se mueven de su sitio, esperando a que el usuario sea el que lo cancele, por la tardanza, cancelación que es cargada a éste y entregada al mañoso conductor que lo hace. O de los que aceptan un viaje, pero ya casi cuando están por llegar, pasados diez minutos, cancelan y otras anomalías similares (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2021/01/de-aplicacion-desprestigiada-pandemia.html).
Le comenté a este conductor, Guillermo, que nos llevó a Ixtapaluca, desde el metro Gómez Farías (quien, por ciento, como vivía muy cerca del sitio a donde nos dirigíamos, por eso tomó el viaje, algo común entre esos conductores, que se “redireccionan” para tomar viajes que sean cercanos al sitio en donde ellos vivan y que no tiene nada de malo, pues además de ahorrar gasolina, consiguen algunos viajes extras ya para terminar su jornada), la trastada que, el día anterior, nos hizo el ya mencionado tramposo conductor, supuestamente llamado Carlos. Resulta que regresábamos de una reunión que mi compañera Viri había tenido para entrevistar a los protagonistas de una nueva serie que lanzará Amazon, llamada “Prefiero la muerte”, sobre un zombi. Fue en el lujoso hotel, de a $27,000 pesos la noche, “Four Seasons”, ubicado en Reforma, cerca del Metro Sevilla, en donde, al llegar en auto, hay empleados que le abren a uno la puerta, así, como si fuera uno magnate.
Como era hora pico, casi las seis de la tarde, nadie nos tomaba el viaje. La aplicación insistía en que incrementáramos veintinueve pesos “para un más rápido servicio”. Si ya de por sí era caro, $245 pesos, no estaba dispuesto yo a dar esos veintinueve pesos extras, cuando, de todos modos, ni así asegura uno que le hagan “el favor” de recogerlo (ya lo he hecho, dar esos pesos extras dos o tres veces y ni así). Bien, luego de más de veinte minutos de esperar, por fin se presentó el tal “Carlos”, en un auto distinto al que la aplicación había señalado, un JAC, y ni tampoco eran las placas. Desde allí debimos de haber sospechado, pero como ya teníamos rato esperando, no quise darme el lujo de decirle que no y nos subimos. Fue nuestro primer error, como nos indicó el conductor Guillermo, al que esto yo contaba.
Como dije, había demasiado tráfico, supuestamente incrementado porque nos dijo “Carlos” que el “Circuito está cerrado, por eso se están viniendo por aquí”. Esa ruta es una alternativa para evitar el tráfico de ese tramo de la avenida Reforma.
Y sólo vean la alevosía con que actuó. En pleno tráfico, habiendo pasado más de veinte minutos de que lo habíamos abordado, me salió con la estupidez de que si “¿su viaje es en efectivo?”. Obviamente le dije que no, pues yo siempre he pagado con la tarjeta, y él lo sabía, pues se los indica la aplicación. Y que me sale con que “es que como casi no traigo gasolina… bueno, sí me alcanza para llevarlo, pero ya luego, no voy a tener, y yo voy hasta Neza (Ciudad Netzahualcóyotl) y para allá, ya no me alcanzaría y por eso, necesito efectivo, para cargar”.
Como lo dijo de una forma muy convincente, le dije que no tenía efectivo, pero que podría hacerle una transferencia, siempre y cuando me regresara la aplicación el dinero que ya me había retenido, los $245 pesos, por el viaje (que así procede Didi, al inicio del viaje, cobrando por adelantado). Le dije que cancelara, pero que me sale con que “¡Huy, no, así ya no le van a regresar su dinero y como yo le digo, les voy a poner ya casi llegando que se me ponchó una llanta, o a ver qué les invento, y luego luego le van a regresar su dinero”.
Ya saben, como suelo ser muy blando y confiado, al igual que Viri, dirigiéndonos una mirada, que indicaba que aceptara yo, consentí en hacerle la transferencia. De inmediato, como si ya la tuviera preparada (de lo que también debí desconfiar), sacó una tarjeta que, segundo error, ni siquiera estaba a su nombre, sino al de un tal Mario… algo. Y, nada más vean si es ser uno generoso o ser uno estúpido, le deposité no sólo los $245 pesos, sino diez pesos más. “Ahí le di su propinita, diez pesos, $255 pesos”, le dije yo, en mi papel de usuario benevolente. “Muchas gracias”, respondió, muy agradecido. Claro, ya sabía lo que nos iba a hacer al terminar el viaje.
-No, pues es que no le debió de transferir, porque eso de que él iba a poner cosas para que le cancelara la aplicación y que le regresaran el dinero, no se puede – me dice Guillermo.
-Pues sí, pero uno confía en la gente, ¿no? – le respondo.
Y continué con la narración.
Resulta que cuando ya estábamos por llegar, le pregunté que si ya iba a hacer su “magia”. Se estacionó en la esquina indicada y dijo, “sí, mire, ya estoy con su cuenta”, haciendo la pantomima de que estaba trabajando para justificar la “cancelación” del viaje para que Didi me regresara el dinero. En nuestra ingenuidad, le creímos, bajamos seguros, pensando que, en efecto, Didi reembolsaría el dinero gracias a la supuesta “cancelación”…
-Eso no se puede hacer – dice Guillermo, la aplicación le toma el dinero una vez que está aceptado el viaje…
-Así es… pero, mire, uno confía…
Y no, no hubo nada de devolución…
La aplicación confirmó que el viajes estaba completado y que había costado $245 pesos.
Ese fue, dice Guillermo, el segundo error, haberle transferido.
-No, mejor le hubiera dicho que no tenía y que, si el quería, que él cancelara el viaje, porque cuando el conductor cancela iniciado el viaje, a usted no le descuentan nada.
Pero no lo hice. Todo estuvo mal desde que aceptamos al conductor de un auto que no era, ni que tampoco correspondía con las placas. Y ya, recordando mejor, me parece que ni siquiera era la persona indicada.
De hecho, Guillermo dice que se podría haber cancelado si yo le hubiera pagado en efectivo.
-Nada más le hubieran descontado a usted como veinte pesos, pero se los hubiera descontado usted del efectivo que le hubiera dado.
Claro, pero por eso, justamente, yo registré la aplicación con tarjeta, pues siempre cargo poco efectivo, por aquello de los asaltos. Es lo que le digo a Guillermo.
-Pues sí, pero, mire, yo creo mucho en lo del karma. Yo trato de hacer bien mi trabajo, porque siempre me ha ido bien. Luego, me va mal, pero son más las veces que me ha ido bien, que las que mal. La otra vez, que llevé a una chica desde Polanco hasta Ixtapaluca. Me iba a pagar en efectivo, eran $350 pesos. Pero ya, cuando llegamos, que me sale con que nada más tenía ¡cincuenta pesos! Y que le digo, “pues baja y pídele a tu papá o a tu mamá o a tus hermanos”, pero me insistió en que no, que era lo único que tenía. Y pues qué iba a hacer yo, ¿no?, sí me molesté, pero luego sale peor hacer algo y ya mejor lo dejé así. Pero ya, luego, salí otra vez en la noche y que me piden viaje unos chavos, eran cuatro, iban medio tomados, pero en buena onda. Y ya, cuando llegamos, que uno me dice “son cien pesos, ¿no, jefe?”. Y que le digo que sí. Entonces, que les dice a los otros chavos, “a ver, compas, denme cien pesos cada uno”. ¡Y que me da $400 pesos!, que me dice “mire, jefe, para que cene unos tacos, gracias”. Entonces, pues ya con eso me repuse de lo que me hizo la chava. Porque, además, yo tengo una hija en la prepa y a mi esposa, y no me gustaría que las trataran mal, ¿no?
En efecto, y le refiero que, ante todo, deben de tratar bien a su pasaje. Le refiero la mala acción que cotó la vida de una chica estadounidense de 23 años, Emily, de cuando una amiga y ella salieron de una fiesta y Emily pidió un Uber. Como iban tomadas, la amiga se vomitó y fue suficiente para que el insensible conductor reaccionara como energúmeno. Se detuvo en una zona prohibida, en una autopista, y les exigió que bajaran. Al hacerlo, Emily fue aventada por un auto y murió. Eso fue en el 2023, y el caso ha sido muy sonado, pues Uber se jacta de que “si estás tomado, no manejes, mejor usa Uber”. Lo más sensible habría sido que el conductor terminara el viaje y les exigiera que le pagaran la limpieza del auto. Uber tiene que indemnizar con cuarenta millones de dólares a los padres de Emily, como sentenció el juez que llevó el caso. Le salió cara la insensibilidad del conductor (ver: https://apnews.com/article/uber-california-death-emily-normandin-parker-7cee8b2071c5ecc4414391b8fb6004a0).
-Sí, eso se hace, aunque lo molesto es que uno pierde el día llevando a lavar el carro, y esperar, en lo que se secan las vestiduras, pero es lo correcto. Como le digo, es el karma, hay que hacer bien las cosas.
Tiene razón, si obramos bien, al menos, cuando nos hacen algo malo, debemos de pensar que no tuvimos la culpa, que de nosotros, no quedó.
Y como dice el vox populi, “al que obra mal, se le pudre el cu…”.
Ya, habiéndonos desahogado con Guillermo de la mala acción de “Carlos”, seguimos platicando de las “transas” que hacen otros conductores.
-Sí, por ejemplo, conozco a un señor que tiene cincuenta taxis de Uber y cada uno de esos taxistas tiene ¡diez aplicaciones, como si fueran usuarios. Entonces, luego se juntan todos, allá por San Buenaventura, y comienzan a pedir viajes ellos y con eso, hacen como si fuera tarifa dinámica, por la alta demanda, ¿no? Entonces, ya cuando está alta, no sé, de treinta pesos sube a, póngale, 120 pesos, hacen como que ellos piden los viajes, pero no los hacen y, de todos modos, Uber se los paga, pues aparecen como viajes hechos… ahí le roban a la aplicación. Se desquitan. Es que nos quita un montón. Por ejemplo, un viaje de $350 pesos, luego me dan nada más $180, se quedan con $170, es mucho.
Realmente es una injusticia, pues esas plataformas lo único que les proporcionan es el software que coordina a usuarios y conductores, nada más. “Ustedes ponen el auto, los seguros, la gasolina y el trabajo y ellos, nada más el software y cobran”, le comento.
-Por eso, a veces yo lo hago, les digo al principio que si mejor me podrían pagar en efectivo o con transferencia, que les cancelo el viaje. Y sí se puede hacer, a usted no le cargan el viaje.
Le comento que sí, que yo lo he aceptado algunas veces y que lo hago porque comprendo que es una forma de que ellos obtengan algo más de dinero, pues la plataforma no lo detecta y, en consecuencia, no les cobra ni la comisión, ni da lugar al obligado impuesto sobre la renta que el gobierno cobra. Pero así, nadie pierde, no sacan ventaja, como el aludido “Carlos”…
Y le cuento de otras trampas que me han hecho para cobrar más, como cambiar la ruta, hacer una parada para “reparar” una llanta y así…
Nos platica que tiene dos autos y que uno lo da a rentar, en el que viajamos, que es un Nissan, algo maltratado y sucio. El otro es un Toyota Yaris, pero que como perdió la placa delantera por las inundaciones, por eso está parado, hasta que le den las nuevas. Le digo que he sabido de que se les pierden las placas en las inundaciones y le pregunto que porqué:
-No lo sé, pero a mí se me fue con todo y la facia, me la arrancó la inundación…
Pues vaya con las inundaciones, tan frecuentes en la Ciudad de México y su periferia, sobre todo, en la zonas más precarias, al oriente o al norte. De no hacerse zonas de absorción, como suelos porosos o pozos, las inundaciones en la época de lluvia, seguirán siendo la constante (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2022/10/deben-de-habilitarse-mas-areas-de.html).
También nos confía que él tuvo un chofer al que le rentaba justamente el auto en el que viajamos:
-Pero ese cuate sí se pasaba. Fíjese, sabía cuando había conciertos allí en el Foro Sol (ahora GNP), y ya cuando terminaban, se ponía en la fila, con los taxis y les decía a la gente que era Uber. Y les preguntaba que si querían Uber y si sí, que cuánto les cobraba. Y ya, si le decían que $400 pesos, pues él se los ofrecía en $300. Luego, les decía que tenía que cargar gasolina, pero que ellos se tenían que bajar, porque tenía prohibido cargar con pasaje. Entonces, se bajaban, y él, según, se iba a cargar la gasolina, pero no, se iba por otra entrada y ¡ahí los dejaba a los pobres! Eso sí, no me fallaba con las cuentas, pero cuando me platicó eso, yo me saqué de onda y que le digo que no, que no estaba bien. Y un día que no me entregó la cuenta a tiempo, tomé eso de pretexto para quitarle el carro, pues no estaba bien lo que hacía y un día hasta me iba a embarcar a mí, ¿no?
Muy grave acción, pero le pregunto que porqué la gente no lo reportaba. Y me responde que como era por fuera, sin la aplicación, la gente ni pone atención a las placas y no hay forma de reclamar.
Así que, de ser cierto, hasta a ese colmo han llegado.
Y el peor nivel es cuando roban a la gente o hasta violan y asesinan a mujeres, como se ha sabido de varios casos (ver: https://www.jornada.com.mx/2024/07/14/estados/021n1est).
Dice que para nada volvamos a aceptar que no sea ni el carro y ni las placas, porque “los pueden asaltar y como no son las placas ni el carro, no hay forma de que ustedes reclamen, pues no corresponden con los datos que a ustedes les salieron en la aplicación”.
Bueno, de los males, el menor, como también dice el vox populi.
Así que de esa forma se ha ido corrompiendo el servicio, que antes era tan bueno, como también sucedió con los antiguos taxis…
La platica deriva en lo que Guillermo hacía antes, pues lo de conductor de Didi, lo tiene desde mayo del 2025. Platica que trabajó 25 años en la línea de autobuses “Pullman de Morelos”, que comunican con todo el estado de Morelos y salen de la Terminal del Sur, la que está en Taxqueña, la obligada cuando uno va a Acapulco, por ejemplo.
-Yo me encargaba de reparar o limpiar las vestiduras de los autobuses. No entiendo cómo la gente no cuida las cosas, pintaban los asientos, los rayaban, los rompían, pero yo los dejaba rebien, bien limpios, si les tenía que cambiar toda la funda, se las cambiaba. Pero me gustaba, la verdad. Las únicas veces que sí me arrepentí de haber trabajado en eso fue cuando dejaban ¡los asientos con popo!... ¡Eso me daba un asco!. Imagínense, y los tenía que limpiar, ni modo. Yo no sé cómo la gente podía hacer eso, en serio, si los autobuses llevaban baño…
“Es que así es la gente, no cuida las cosas, como que tienen un odio que no se entiende” le comento.
Y en verdad es inconcebible. Particularmente, he visto excremento fresco en vagones del Metro, por ejemplo. Y sólo puedo pensar que se trate de gente drogada, fuera de sus facultades mentales o… ¡que les ganó! Sí, alguna diarrea “explosiva”, y ya no tuvieron tiempo de llegar a la seguridad de un baño y, venciendo vergüenzas, reticencias, prejuicios… se defecan en el vagón, en la calle o… en el asiento del autobús del Pullman de Morelos, que Guillermo debe de limpiar. Muy desagradable tarea.
-Pero eso no era lo peor, no que se hicieran del baño adentro. No, lo peor era… y no sé porqué haya gente así, que desde los puentes, aventaban rocas, pero no crea que una piedrita, no, rocones. Y provocaban accidentes. A un chofer, lo mató la roca, porque se rompió el parabrisas y le entro y le destrozó la cabeza, por la velocidad. Y a otros dos, uno, le levantó la tapa de los sesos, pero quedó mal porque como su cerebro había estado a la intemperie, le entró aire y ya nunca quedó bien. Y otro, también, y son los que conocí. Porque a diario se daban esas cosas…
Terrible que sucedan cuestiones así, hechas por gente que no tiene nada que hacer, que alimenta su ocio y su psicopatía haciendo ese tipo de maldades. Como en la cinta The Good Son, de 1993, estelarizada por Macaulay Culkin, quien en una dramática escena, el niño tira un muñeco desde un puente, lo que ocasiona que un camión pierda el control y provoque una carambola de varios autos. Él, sólo sonríe por su diabólica acción (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/The_Good_Son_(film)).
Una muestra de qué tan deshumanizados y perversos somos ya. Así, como los genocidas negando que lo que hicieron en Gaza es genocidio y que es la “peor mentira”, como afirmó el genocida y prófugo de la justicia Benjamín Netanyahu (ver: https://apnews.com/article/israel-palestinians-abbas-netanyahu-848e9bb0bb2c7a2a05f04be2dc4cb845).
Dice que antes de la pandemia le iba muy bien, que llegaba a sacar hasta cuarenta mil pesos por semana, sobre todo, cuando reparaba completas las vestiduras de un autobús, pues le pagaba veinte mil pesos la empresa por cada uno, porque trabajaba a destajo. Y si hacía dos, eran cuarenta mil pesos. Le iba tan bien, que hasta él mismo compraba sus herramientas. “Sí, la máquina Carcher, para lavar las vestiduras, ésa, costaba treinta mil pesos en ese tiempo. Y yo tenía todo, mi caja de herramientas, desarmadores, pinzas, dados, llaves…”.
Pero llegó la pandemia y cuando terminó, las cosas le cambiaron bastante:
-Sí, la pandemia cambió muchas cosas. Yo estaba muy bien antes, pero después, ya no…
Dice que dejó la empresa de pagar a destajo, y quedaron a puro sueldo fijo. Que eran cuatro mil pesos a la semana, pero con descuentos y otras deducciones, ya nada más le quedaban $2,800 pesos:
-No me convenía ya, pues me iba desde Ixtapaluca a Taxqueña. Me salía a las seis y media de la mañana, para llegar a las nueve. Y salía a las seis de la tarde, doce horas, y ya llegaba a su casa a las ocho y media o nueve de la noche…
Sí, el desgaste por tan largos recorridos, que se incrementan por el intenso tráfico, es excesivo. Muchas personas deben de sufrirlo a diario, perder cuatro o cinco horas o más, transportándose. Es terrible. Y es que en la Ciudad de México y alrededores, cada año se incorporan 125 mil vehículos, a los más de 5.5 millones que circulan a diario (ver: https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/09/23/capital/se-incorporan-120-mil-vehiculos-a-la-cdmx-y-la-zona-metropolitana-al-ano).
Sus reclamos hacia la empresa incrementaron, pues ya le exigían más, le daban más camiones para arreglar y con un bajo sueldo:
-Y no me daban herramientas. Antes, como a destajo ganaba muy bien, yo me compraba mis propias herramientas, sin problema, como la limpiadura de vestiduras que le dije. Pero luego, con un sueldo tan bajo, querían que siguiera llevando mis herramientas y que les digo que no, que ya no las iba a llevar porque otros las iban a usar y eran mías y si se descomponían, luego quién me las iba a pagar y que las saco… como les reclamé mucho, porque ya también lo hacía yo a propósito para que me liquidaran, que me liquidan. Y como, la verdad, me dieron buena liquidación, con eso me pude comprar el otro carro y ya mejor me dediqué a esto del Didi… y también tengo Uber.
Pues sí, estamos en una época postpandemia en que todo ha cambiado demasiado, el empleo, las tecnologías, empresas que desaparecieron, otras, aprovechando el nuevo ambiente, fueron creadas o se reforzaron. Como en el caso de las empresas de streaming (Netflix, Disney, HBO, Amazon, Apple…), el que se arraigó más en los hogares y que desplazó a los DVD’s o al muy efímero Blu-ray. Pero con esa tecnología, el problema es que aunque uno adquiera la copia digital de una película, por ejemplo, se corre el riesgo de que la empresa que la vendió, cierre sus servidores y nos quedemos sin nada, como acaba de hacer Sony, por ejemplo (ver: https://www.youtube.com/shorts/Ck7sPaoPLEY).
Por eso, no hay como pasadas tecnologías que aún conservamos físicamente, como casetes, VHS’s, vinilos, CD’s, libros, revistas… esos, ahí están (ver: https://www.youtube.com/watch?v=VR3R5ixDa8U&t=41s).
Así como que antes eran mejores los taxis tradicionales o que antes eran mejores los taxis de aplicación.
Sí, todo era mejor antes
Pero cuando el elemento humano actúa en su propio beneficio, más que en el de la colectividad, allí es cuando todo lo echa a perder.
Como ya también ha sucedido con los taxis de aplicación.
¿Será que por eso los chinos quieren robotizar a todos sus taxis de aplicación?
¿Pero no será también que hasta los robots se degeneren, como ya está sucediendo con los agentes de la IA de empresas como OpenAI o Google, que están actuando por cuenta propia y hackeando a otras empresas?
No lo sé. Pero por lo pronto, les recomiendo que no suban a un taxi de aplicación que no corresponda con las placas o con el vehículo, ni sean tan generosos que le hagan una transferencia al conductor, ya cuando se haya iniciado el viaje. Será un cobro doble.
Preferible que queden como “los malos”.
Contacto: studillac@hotmail.com