Conversando con un conductor de Didi cubano
Por Adán Salgado Andrade
Es admirable el poder de adaptación que tienen algunas personas o nacionalidades. Por ejemplo, los chinos andan por todo el mundo, estableciendo negocios de restaurantes, de tiendas de sus baratijas, de todo lo imaginable, y se les ve como si nada caminando por las calles de la Ciudad de México, sobre todo, en el centro, en donde tienen muchos negocios, tantos, que hasta están desplazando a los comerciantes locales (ver: https://www.jornada.com.mx/noticia/2024/12/08/capital/hay-201cinvasion-de-negocios-chinos201d-en-el-centro-historico-concomercio-5436).
Otra nacionalidad que es también muy adaptable es la de los cubanos. Andan también en muchos países, a decir de ellos mismos. Se les ve en Estados Unidos (sobre todo, los anticastristas), en España, en Francia, en Italia, en México…
Justo el que me lleva a un destino en ese momento, en un taxi de aplicación de Didi, es un cubano. Su nombre es Rolando. Antes de saber que es cubano, al entrar al auto, lo siento muy fresco. Y ya me comienza a decir que sí, que es porque se siente algo de calor y que aunque “gasto más gasolina, pero estoy cómodo”.
Noto su acento y cuando le pregunto que de qué país es, antes de concluir la frase, me dice que es cubano, “de Santa Clara, en el centro de Cuba”.
Y eso abre la conversación, que dio para varios temas, pues el recorrido es de casi una hora.
“Yo salí de Cuba hace diez años, cuando tenía 22 y ya voy a cumplir 33”, me dice. Pero, la verdad, se ve mayor. Su pelo está entrecano y tiene su rostro blanco, varias arrugas, quizá por la vida tan, digamos, activa que me platica que ha tenido desde que salió de su país.
Dice que lo hizo porque “yo no estaba de acuerdo con lo que hacían mis jefes, que violaban leyes que el ciudadano común no puede violar, como hacer cosas hasta ilegales”. ¿Qué cosas?, le pregunto. “Ah, pues no respetan reglamentos, no respetan la constitución, no cumplen con sus obligaciones y son corruptos muchos. Por eso me salí. Un día, me enviaron de vacaciones a Guyana, por diez días. Y fue cuando aproveché para ya no regresar, deserté”. Dice que trabajaba como agente de inmigración, encargado de la cuestión aduanal, del ingreso de turistas y cosas relacionadas. “Yo estudié para eso, Oficial Primero de Inmigración, de eso tengo mi diploma”.
Por lo mismo de que desertó de un puesto clasificado como militar, ya no puede regresar por ningún motivo a Cuba. “Me arrestarían, por eso ya no regreso, ni regresaré, hasta que no se caiga el actual gobierno socialista”.
Le cuestiono que, más bien, sería de planificación central, administrada la economía como se hacía en la desaparecida Unión Soviética. “No, no, somos socialistas, todo es de todos, sí”.
No quiero contrariarlo, pero es obvio que en educación política, no está muy al tanto, pues, en realidad, el socialismo como tal, nunca ha existido. Se ha tratado, como dije, de una economía de planificación central, en donde el Estado es el que toma las decisiones absolutamente de todo, desde la forma de gobernar, el tipo de educación, hasta la economía, qué fabricar, qué producir, que cultivar, que minar…
He viajado a Cuba y entendido perfectamente que nunca ha sido el socialismo que proclama. Lo cual no quiere decir que en todo esté mal. Hay cosas buenas y hay cosas malas. Y por la conversación que sostengo en ese momento con Rolando, creo que es de los que ven mal todo.
De Guam se fue a Quito, Ecuador, en donde se quedó a trabajar, “también en las aplicaciones. Allí, alquilé un carro y las carreras (así le llama a los viajes), son como aquí, muy similares”. De allí, se pasó a Perú. “Estuve en Lima y allí, sí, compre un carro, un Renault Logan. No andaba muy bien, pero como sé mecánica, lo arreglé. Luego, compré un JAC, de esos carros chinitos. Me salió muy bueno, la verdad, nunca se me descompuso. Pero como mi objetivo era irme a los Estados Unidos, pues que lo vendo, vendí todo lo que tenía, para irme. Pero ya cuando estaba listo, que entra (Donald) Trump y, ni modo, me tuve que quedar aquí, en México. Pero no me quejo, me va bien”.
Dice que estuvo algunos meses en Tapachula, hasta que le dieron sus papeles y su carta de residencia. Luego, se vino para la ciudad y aquí ha hecho de todo. “Sí, trabajé en la Merced, vendiendo cosas de ocasión, que si la Navidad, pues focos, series, esferas o que el catorce de febrero, flores, chocolates, regalos… así, lo que me cayera”.
Luego, buscó también trabajar en la aplicación, no sólo en la de Didi, sino la de Uber o la de In-Drive. “Sí, yo ando conectado a las tres y cuando me sale una carrera, agarro la que más me conviene”.
Eso está muy bien, pues me he encontrado con varios conductores que casi, casi, me hicieron el favor de tomar mi viaje, pues dicen que se los pagan las aplicaciones “muy baratos” y que no les conviene. Muchos, solamente me los toman porque hacia donde voy, les queda de paso hacia su domicilio. La otra vez, le comento a Rolando, uno me dijo que no tomaba viajes de menos de seis pesos el kilómetro. A ese conductor le pregunté que si la aplicación le decía cuánto era el costo por kilómetro. Y me dijo que no, pero que él, hacía el cálculo. “Por eso mi índice de aceptación es de treinta por ciento”, me dijo dicho conductor. “Pues entonces, mejor que no trabaje”, me comenta Rolando. “Pues sí, eso mismo pienso”, le digo, porque si van a estar calculando el precio de los viajes, a ver si les conviene, mejor que se pongan a trabajar de otra cosa.
Rolando es de los que van a donde la aplicación los lleve, a pesar de que vive cerca de la Basílica de Gudalupe, por la Plaza Tepeyac. “Tu viaje lo tomé porque me gusta, como a esta hora (casi las tres de la tarde), salir a la periferia de la ciudad, pues no hay tanto tráfico y es más tranquilo”, me dice.
Muy positiva su forma de pensar. Además, dice que también, para obtener más dinero, prefiere trabajar por las noches o las madrugadas. Pues los viajes se pagan el doble. “Gastas la misma gasolina, pero ganas el doble”.
Y trabajando así, ocho horas diarias (no necesita más, dice), le sale para pagar su renta del cuarto en donde vive, tres mil pesos, su comida, sus gastos, la renta del auto (un Chevrolet Beat), dos mil quinientos pesos semanales (que es la cuota) e incluso le sobra dinero para enviarles a su familia mil pesos mensuales, que lo hace mediante un cubano, vecino de sus padres, al que le envía el dinero, él los convierte a pesos cubanos, y se los entrega.
“Sí, mis papás son médicos jubilados, los dos”, dice. ”La pensión de mi padre es de catorce mil pesos cubanos. Y también, la de mi madre”. La cotización del peso cubano, respecto al dólar, es de $350 por dólar. Serían unos cuarenta dólares, que a la cotización actual, con respecto al peso, serían apenas $690 pesos, muy bajas pensiones. “Con los mil pesos que yo les mando, más lo de sus pensiones, apenas si les ajusta. Todo está muy caro”.
En efecto, varios influencers cubanos que he visto, se quejan de la carestía y de que los pensionados, con cuarenta dólares, por ejemplo, como lo que ganan los padres de Rolando, difícilmente podrían comprar cosas en algún supermercado, que los precios están señalados en dólares. Por ejemplo, es surrealista que un kilogramo de carne de res cueste en las tiendas MLC (Moneda Libremente Convertible) ¡entre 40 y 50 dólares!. Eso significaría que los padres de Rolando sólo podrían comprar eso con su pensión y nada más. Y de todos modos, si compran en moneda nacional, ese mismo kilogramo, costaría entre 4,000 y 5,000 pesos cubanos. Un verdadero absurdo.
Por eso, muchos cubanos, los que todavía permanecen en Cuba, tratan de hacer algún negocio propio. Algunos venden todo tipo de cosas, chinas, sobre todo, verduras, frutas, pollo… o tienen salones de belleza o negocios de restaurantes o carros clásicos de alquiler.
Y hago un paréntesis para explicar porqué Cuba se encuentra así en la actualidad. Es un problema histórico, del nefasto colonialismo, la herencia maldita, como la llamo, legado de España (quizá por eso, muchos cubanos ven como salvación huir a España, sería una forma de que éste país les retribuya algo, por el daño que les ha hecho). Todavía era Cuba colonia española, cuando en 1898, Estados Unidos la invadió, proclamando que la “liberaba de España” (se puso de pretexto para iniciar la guerra, la explosión y hundimiento del USS Maine, acorazado estadounidense, el que falsamente, se atribuyó a España. Ese conflicto, estuvo perfectamente manipulado por la prensa amarillista de William Randolph Hearst (1863-1951), cuyo periódico, el Morning Journal, dio una intensa cobertura amarillista del conflicto, pensándose, incluso, que fue quien dio inicio a la guerra que, de todos modos, fue muy conveniente para Estados Unidos, que así se hizo de Puerto Rico, Filipinas y Guam. Ver: https://www.youtube.com/watch?v=Wh4j_CkjJXI&t=62s).
Fue una falsa independencia de España, pues Cuba pasó a ser posesión de Estados Unidos, que hasta estableció la base de Guantánamo. La posición geográfica de Cuba es vital para dominar todo el Caribe. Y desde que Estados Unidos tomó el sitio de España, la isla simplemente fue un lugar en donde se hicieron grandes negocios, sobre todo, de los capos (como Meyer Lansky – 1902-1983 –, que controlaba un casino en el Hotel Nacional, en La Habana), quienes establecían allí casinos, cabarets y otros giros, incluso, ilegales, como tráfico de drogas. Se dice de Cuba que fue el cabaret de Estados Unidos.
Y, si de por sí, el subdesarrollo cubano se impuso durante la colonia española, con Estados Unidos como nuevo amo, no lo superó por mucho. Su industria azucarera, siguió siendo la principal fuente económica y el turismo, que cuando estaba bajo el poder de los sumisos “gobiernos” proestadounidenses – el último, el de Fulgencio Batista (1901-1973), el que ejerció una brutal represión cuando se comenzaron a detectar los primeros movimientos insurreccionistas para liberarse de la influencia estadounidense, por parte de los castristas –, era principalmente de estadounidenses, los que iban a Cuba, como si fueran a un burdel.
Luego, cuando la revolución castrista terminó con el domino estadounidense, pasó a ser la nueva influencia la Unión Soviética, la que llegó también llegó a dominarla, tanto, que hasta instaló misiles nucleares. Esa situación dio lugar al conflicto llamado de “Los trece días”, durante los cuales, el presidente John F Kennedy (1917-1962) y el premier soviético Nikita Krushchev (1984-1971), negociaron tensamente, tratando de evitar una guerra nuclear que hubiera acabado con el mundo (de haberse dado, probablemente, lo único que existiría en la actualidad serían cucarachas y ratas radioactivas, cruzándose entre sí).
De todos modos, una vez que el conflicto se evitó y la URSS removió sus ojivas nucleares de Cuba, ésta, estuvo bajo la égida de aquélla. Le proporcionaba todos los productos manufacturados que requería, como vehículos, maquinaria, cámaras, televisores, refrigeradores… así. Y Cuba le entregaba azúcar, puros y algunos otros productos agropecuarios.
Pero cuando la URSS desapareció, en 1991, Cuba se quedó huérfana, desamparada. Y combinado con el embargo estadounidense que se le impuso desde 1962 (que le ha impedido, desde entonces, importar productos necesarios para su desarrollo y que debe de adquirir más caros de países que no rindan pleitesía a Estados Unidos), su limitada actividad económica, basada, como dije, en su industria azucarera, principalmente, fue decayendo. Entre 1990 y 1999, sufrió un fuerte periodo de crisis que llamaron “Periodo especial”, durante el cual, tuvo que sobrevivir como pudo (por ejemplo, los turistas hombres eran abordados por mujeres que les pedían que las sacaran del país o que les entregaban sus “encantos” a cambio de que las mantuvieran por todos los días que ellos fueran a estar en la isla). Tuvieron que explotar el poco petróleo que tienen (que es sumamente pesado, difícil de procesar y refinar) y hacer otras difíciles adaptaciones y sacrificios. Su principal fuente de ingresos, la producción azucarera mermó, pues los pedidos de la ahora Rusia bajaron mucho. Y el turismo, ahora ya el principal ingreso, fue el que la sostuvo un poco.
Por eso su economía es tan vulnerable, pues nunca hubo, en realidad, planes para crear industrias vitales (la producción de energías, por ejemplo, o de maquinaria vital), reforzar con tecnologías propias el sector eléctrico (de hecho, se debió de haber realizado, durante el periodo del dominio soviético, una transferencia tecnológica que le hubiera permitido ser autosuficiente en tecnologías vitales, pero no fue así).
Y ahora, a raíz del secuestro venezolano (y la captura del presidente legítimo Nicolás Maduro – 1962) por parte del desequilibrado mental Donald Trump (1946), está mucho más indefensa y sujeta a sus propias fuerzas porque, para empezar, Venezuela ya no le entregará petróleo, como lo hacía desde hace años, ya que los dos países eran aliados. Y México, que era otro país que le vendía petróleo y le brindaba mucha ayuda (generadores eléctricos, por ejemplo), ya también, por órdenes de Trump (que ya parece nuestro vicepresidente), y aunque lo niegue Claudia Sheinbaum (1962), Pemex tampoco podrá venderle petróleo. Seguramente es un plan para asfixiar a Cuba y que se den protestas y movilizaciones, que hagan caer al actual régimen y se imponga un cambio… claro, favorable justo a Estados Unidos.
“Pero ahora dicen que están peor que en el periodo especial”, dice Rolando, y con esto, regreso a la conversación que tenemos.
Comenta que ya les dijo a sus padres que vayan surtiéndose de todo lo necesario, “que compren carbón, pasta, arroz, frijoles, para que se vayan preparando para lo que venga que, de corazón, quiero que ya caiga ese gobierno, de verdad. Le digo a mi madre que no vamos a estar ni mejor, ni peor, porque siempre hemos estado así”.
Y eso lo dice, que caiga el gobierno, con mucha rabia, firme. Para ser sincero, siento que no está bien, que es como los venezolanos que celebraron la caída de Maduro. Independientemente de todo, es una idea apátrida pensar que sólo con la invasión por parte de Estados Unidos, nación invasora, imperialista represora, depredador, saqueador histórico… se puedan resolver los problemas cubanos (o los venezolanos, que Rolando, seguramente alimentado por la prensa mediática, dice que Trump sí está ayudando a Venezuela, lo cual es falso, pues son meros negocios para él y para las petroleras estadounidenses, lo que está haciendo ese demente).
Más bien, los países europeos (también responsables del saqueo histórico que se ha hecho por siglos de países como Cuba) Rusia y China, tendrían que apoyar tecnológica y financieramente a Cuba para que comenzara a establecer industrias vitales, como las energéticas, las siderúrgicas, maquiladoras, agroindustrias, electrónicas… y otras imprescindibles para que la isla alcanzara un desarrollo medio que permitiera mejorar totalmente la economía nacional e individual.
Eso, detendría el éxodo de la isla que ya está envejeciendo, según me dice Rolando. “Si, los jóvenes se están yendo y son los viejos los que se quedan. Y como muchos ya no quieren tener hijos, pues la población se está encogiendo y envejeciendo”.
Tiene una hermana viviendo en un pueblo cerca de Santa Clara. “Mi cuñado cría chanchos y los mata para vender su carne, que allá, se usa mucho”.
Dice que canaliza casi toda su ayuda a sus padres. “Sí, yo soy casi el único que les ayuda, porque mi hermana, no, ella tiene sus hijos y apenas si la libra para vivir”.
Se ve que idolatra al capitalismo. “Mira, aquí, en el capitalismo, si quieres, la haces. Le echas ganas y te haces de dinero. Pero si no, si eres flojo, pues allá tú. Pero de que se puede, se puede”.
Su mentalidad es la típica de los extranjeros que se obnubilan con el sistema estadounidense. Justo lo que le ocurrió a la escritora Ayn Rand (1905-1982), quien huyó de la Rusia zarista en los 1920’s, su país natal, y cuando llegó a Estados Unidos, por el puerto de Nueva York, la Estatua de La Libertad y sus altos edificios, la deslumbraron y se dijo que “el capitalismo es el mejor sistema del mundo”. En su supuesta “obra cumbre”, Atlas Shrugged, una novela que le llevó ocho años en escribir, encumbra al capitalismo y señala que el Estado no debería de intervenir en absoluto en la economía y dejar a los capitalistas ser, como a su personaje principal, Hank Rearden, industrial de la metalurgia, “quien inventó un súper metal, gracias a que tenía libertad creativa y sin interferencia gubernamental” (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2015/01/cero-tolerancia-o-de-represivas-leyes.html).
Esa es justamente la mentalidad de Rolando.
Pero no lo culpo. Como dije, eso se da por falta de una verdadera educación política, una amplia cultura. El joven se ha preocupado más por salir adelante individualmente, ser un self made, ante la vida tan difícil que ha tenido, desde que salió de Cuba.
De hecho, dice que si no se hubiera salido, “ya me habrían dado una casa. Y me pagaban muy bien. Sí, a los militares, nos pagan muy bien”. Claro, pues son la, digamos, columna vertebral de la defensa del país. Aunque ambos estamos de acuerdo en que no resistiría una invasión estadounidense, que seguramente se podría realizar desde Guantánamo y con algunos acorazados, como se hizo con Venezuela (por cierto, que los sistemas defensivos y de prevención venezolanos son algunos rusos y la mayoría, chinos, sin ser peyorativo. Ver: https://ipdefenseforum.com/2026/01/chinese-russian-air-defenses-in-venezuela-no-match-for-u-s-capabilities-analysts-say/).
Dice que se va a dar dos años de tiempo, cuando cumpla 35, “para ver si puedo irme a Estados Unidos, porque tengo allí varias amistades y es en donde realmente quiero estar”.
Y eso, a pesar de todo lo que está sucediendo, como le comento, con las diarias razias y redadas que hacen los asesinos del ICE, que hasta ya mataron a dos estadounidenses, Renee Nicole Good y Alex Pretti (ver: https://elpais.com/videos/2026-01-27/de-renee-good-a-alex-pretti-cronologia-visual-de-veinte-dias-de-protestas-represion-asesinatos-e-impunidad-del-ice-en-minneapolis.html).
“Hasta gente que conozco, que tiene 30 años de vivir allí, ya están regresando”, le digo. Insiste en que alguien con más de diez años, puede pedir naturalización. “Es muy difícil, te ponen muchas trabas, el idioma y que demuestres que tienes trabajo y pagas impuestos”, insisto, y sólo se encoge de hombros.
Llegamos a mi destino. Le doy una propina, como siempre hago (prefiero dárselas físicamente, que por la aplicación) y le deseo mucha suerte.
Cuba, la necesitará, pues su futuro es ahora más incierto que nunca.
Y Rolando también la necesitará, si sigue empeñado en entrar al infierno trumpiano que hoy es Estados Unidos.
Contacto: studillac@hotmail.com