Siguen los robos de dinero disfrazados de relaciones románticas

Posted by Adán Salgado Andrade on viernes, septiembre 22, 2023

 

Siguen los robos de dinero disfrazados de relaciones románticas

Por Adán Salgado Andrade

 

En la época tan individualista en que vivimos, en que se impone el egoísmo a la solidaridad, la mezquindad a la compasión o el interés material al amor sincero, se entiende que haya personas muy vulnerables que resientan esa falta de valores.

Esas personas solitarias, sin amor, buscan afanosamente alguien a quién querer y que las quieran. Muchas veces, a pesar de pasadas negativas experiencias y fracasos, siguen buscando en cualquier medio que sea posible, ese amor que tanto les hace falta. Quizá acudan a clubes de baile, a fiestas, a lugares concurridos… o a las así llamadas redes “sociales” que se especializan en ese tipo de encuentros, que pueden derivar, si todo sale bien y se trata de algo legítimo, en un gran amor – las menos de las veces, por supuesto.

En la mayoría, actualmente, sólo se trata de embaucamientos para obtener dinero, robarlo, pues la persona que está buscando esa relación – mujeres sobre todo –, puede caer en trampas que resultan en la pérdida de su patrimonio. Son esquemas muy lucrativos, que tan sólo en Inglaterra, en el 2021, dejaron ganancias a los estafadores por unos £100 millones de libras esterlinas (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2022/02/los-lucrativos-romances-fraudulentos.html).

A pesar de que muchas personas que anhelan un amor, saben de esos fraudes, de todos modos, se arriesgan a seguir buscándolo y recurren a las redes.

El artículo del portal Wired, titulado “Amor, pérdida y deleznables fraudes”, firmado por Joel Khalili, expone ese generalizado problema. “Bruce tenía ojos amables y vestía muy bien. Evelyn se enamoró de él a través de Hinge y entonces, él le robó $300,000 dólares. Ahora, ella está buscando su dinero”, escribe como subtítulo Khalili (ver: https://www.wired.com/story/love-loss-and-pig-butchering-scams/).

En este caso, la víctima fue una mujer surcoreana, nacionalizada estadounidense, quien prefirió ser llamada Evelyn, “para no ser blanco de burlas”.

De 50 años, terminó muy tristemente una larga relación de 20 años “y a esta edad, para una mujer, es muy difícil conseguir pareja. Pero a pesar de ese muy lamentable fracaso, me quería dar una nueva oportunidad”, dice Evelyn.

Como no va a fiestas o reuniones, prefirió buscar pareja por Hinge, una red social que se jacta de “estar hecha para que cualquiera que busque amor, lo encuentre. Emplea un algoritmo ganador del premio Nobel, así que le garantizamos que sí tendrá citas, sin que se tenga que permanecer mucho tiempo en la app”. Supuestamente cuenta con investigadores, analistas de comportamiento y expertos en perfiles coincidentes, “que hacen de Hinge, un sitio cada vez mejor para usted” (ver: https://hinge.co/en-gb).

Pero no fue el caso de Evelyn, como veremos.

Su “match” fue un hombre chino, Bruce Zhao, “de ojos amables, muy bien vestido, que tenía una casa en Sunnyvale, cerca de las costa, pero también otra en Los Ángeles, justo en donde vive Evelyn”.

Se deslumbró con ese hombre, al que nunca vio en persona, pero que le decía cosas muy amables, hasta poéticas. Comenzaron a usar WhatsApp, “y los emoticones de guiños y, luego, de besos, enviados por Bruce, se hicieron cotidianos, así como las palabras ‘eres mi novia’ o ‘quiero que seas mía’, que también fueron frecuentes”.

Evelyn estaba convencida de que Bruce sería su “gran amor”.

Y fue cuando, en una conversación casual, platicándole de a qué se dedicaba, el chino le dijo que era ejecutivo de una empresa de capital emprendedor (venture capitalist), pero que, por su cuenta, tenía un negocio de criptomonedas, CEG, en el que le iba muy bien. La mareó con que era una buena inversión y que podía iniciar con cuatro mil dólares, “poco dinero”, sólo para que viera qué buenos resultados daba.

Evelyn, al principio, fue cautelosa, pero como no quería perder a Bruce, decepcionarlo por sus “inseguridades”, se animó a invertir, pero sólo dos mil dólares, sobre todo, porque vio, en una visita al sitio, que EGC estaba muy bien, perfectamente organizado y, casi de inmediato, le comenzó a dar dividendos, de 20 por ciento. “Ay, ya veo porqué esto te hace adicta”, le dijo a Bruce, muy contenta.

La pobre Evelyn, más se entusiasmó con esa primera ganancia y Bruce, quien luego ella se dio cuenta que no existía, la animó a invertir todos sus ahorros para el retiro $300,000 dólares, porque así evitaría riesgos y ganaría más dinero. “Y según le mostraba el sitio, llegó a ganar medio millón de dólares. Todavía seguían hablando, entre tanto, de comida mexicana, fútbol, TikTok, sus películas favoritas y otras cosas de la vida moderna”.

Khalili, antes de seguir con el fraude y la decepción que sufrió Evelyn, describe que los fraudes de dinero siempre han existido, incluso antes del Internet.

Yo recuerdo, por ejemplo, que era muy común antes, que alguien llamaba por teléfono, que decía ser un sacerdote, en nombre de algún pariente (esas estafas telefónicas continúan actualmente, pero ahora dicen que son los “primos” de Estados Unidos o los que engañan que tienen secuestrado a algún pariente. Los números, seguramente, los obtienen de celulares robados).

A mi madre, por ejemplo, le sucedió, por ahí de mediados de los 1970’s. Un hombre que dijo ser el padre José (un común nombre), le llamó, y que era de “su pueblo” (algo que también era común, dado que mucha gente es de provincia. Total, si no era la persona elegida de un pueblo, el estafador simplemente podía colgar. Los números, muy probablemente, los elegían del ya desaparecido directorio telefónico, esos gruesos libros que contenían los números de la gente, que publicaba la entonces empresa estatal Teléfonos de México).

Como mi madre, la profesora María Andrade Barragán (conocida por su nombre artístico en náhuatl, como Macuilxochitl, pues cantaba muy bellamente en ese idioma), era, en efecto, de Huautla Hidalgo, un pueblo enclavado en la Huasteca Hidalguense, no tuvo sospecha alguna. El hombre le dijo que hablaba de parte de su hermana, con la finalidad de solicitarle una donación para la iglesia (también esa parte apelaba a la conciencia católica, asumiendo que el estafado fuera católico. Mi madre, en efecto, lo era). “¡Ah, Francisca!”, se precipitó mi madre en exclamar, porque así es la mente cuando cae en esos engaños, se dan datos por adelantado, pues comienza a darse la confianza). “Sí, señora, su hermana Francisca”, dijo el tipo al otro lado del teléfono. “Sí, sí, me dijo que usted es su hermana, ay, olvidé su nombre…“. “¡María!, se precipitó otra vez mi madre en revelar su nombre. El tipo, hábilmente, iba sacando más y más información, a tal grado que mi madre, sin más dudas, le dio la dirección para que fuera por los doscientos pesos solicitados como “donación” (unos tres mil pesos de ahora).

Y, puntual, a las cinco de la tarde, como había quedado, el “sacerdote” – lo recuerdo muy bien –, de unos cuarenta y cinco años, bonachón, amable, blanco, algo calvo, bien vestido, con chaqueta de pana café y pantalones de casimir, beige, perfectamente rasurado, muy pulcro y oliendo a loción, encarnando a un verdadero padre, se presentó a nuestro domicilio. Mi madre, muy entusiasmada, le abrió y ¡hasta le besó la mano! Pero algo notó en el falso sacerdote, como un nerviosismo, cuando le dijo que no tenía a la mano el dinero, pero que si podía esperar ella iba a conseguirlo con una vecina, pues el banco estaba cerrado a esa hora (en ese entonces, no había cajeros, y los bancos, burocráticamente, cerraban a la una de la tarde, absurdo, pero muy conveniente para el momento narrado). El falso “sacerdote”, quizá pensando en que se trataba de una trampa, se disculpó, diciendo que se le hacía tarde y que lo esperaba un taxi. Ni siquiera aceptó el vaso de agua que mi madre le ofreció. Y se fue, en efecto, en un taxi que lo esperaba, como pudimos comprobar cuando salimos a despedirlo.

Mi madre, entonces, comenzó a sospechar. Le llamó por teléfono a mi tía, al pueblo. Por ese entonces, ya había teléfono, pues antes, era de enviar carta o telegrama, que éste, era más rápido. Pero inicialmente, el servicio estaba sólo en un local, en el centro del pueblo. Así que uno llamaba a la operadora, para que ésta enviara a alguna persona a avisarle a aquélla con quien uno quería comunicarse, que alguien le estaba llamando. La persona solicitada, tenía que acudir a donde estaba el local telefónico, lo antes posible, una media hora, más o menos, y esperar a que quien le llamaba, lo volviera a hacer (las llamadas se cobraban como larga distancia, en el recibo telefónico, desde el teléfono de quien llamaba).

“¿Oye, Francisca –  preguntó mi madre –, que tú le dijiste al padre José, de allá, que me pidiera dinero para la iglesia?”. “¿¡Qué, qué figuraciones dices?!... ¡pero si el padre no se llama José, se llama Agustín!...”, y fue suficiente para que mi madre se diera cuenta de que era un fraude. Y de eso, siguió la conversación.

Volviendo a Evelyn, fue víctima, como dice Khalili, de su vulnerabilidad, antepuso su necesidad de afecto a la lógica inteligente, como señala David Modic, profesor de computación y de ciencia de la información, de la Universidad de Ljubljana, Eslovenia, citado por Khalili, quien afirma que “caen en los hábiles fraudes de los estafadores, que los ciegan con su manipulación”. Gareth Norris, conferencista en la Universidad de Aberystwyth, Gales, también citado por Khalili, dice que se facilita el fraude por internet “porque los estafadores lo hacen sin tener contacto físico, lo que evita que el estafado vea que sudan o se ponen nerviosos”. Como le sucedió al mencionado “sacerdote”.

Evelyn, sin embargo, comenzó a sospechar cuando le pidió a “Bruce” que quería retirar una gran cantidad. “¿¡Ah, sospechas de mí!?”, le espetó el ficticio chino, lo cual la hizo sentirse mal.

Decidió ella hacerlo por su propia cuenta. Cuando lo intentó, CEG le marcó error. “Hizo una busca revertida y se dio cuenta de que el sitio y las imágenes eran de otro sitio, AstroFX, también fraudulento. Todavía pudo hablar con el estafador, quien, cínico, le dijo que para sacar esa gran suma, tenía que depositar el quince por ciento de la cantidad. Ella le dijo que no tenía más dinero, y él, brusco, le replicó que los consiguiera prestados que si ‘no tenía amigos’”.

Allí fue cuando confirmó, por fin, que había caído en un fraude. Ya no pudo tener más comunicación con el falso chino.

Su banco, Wells Fargo, al que solicitó la devolución de su dinero, le dijo que no podía hacer eso, pues ella, voluntariamente, había retirado sus fondos. Lo mismo le replicó Coinbase, la empresa cambiadora de criptomonedas que ella usó porque, recuerden, el dinero lo tenía que invertir en ese dinero digital (es más fácil para los estafadores, pues no es tan fácil rastrear ese criptodinero que, de todos modos, ha bajado mucho. Pero los estafadores, aunque esté muy devaluado, lo cambian por dinero que estafaron, no pierden nada).

Acudió a la policía de Los ángeles, la que le dijo que nada podía hacerse, pues “Bruce” y otros detalles que ella proporcionó, eran falsos. Además, aunque son criptomonedas, es muy difícil rastrearlas, pues los estafadores las reparten en distintas cuentas, a nombres de otras personas que se prestan para el negocio, que es internacional.

“Hinge, sólo comentó que está tratando de evitar que se den esos fraudes, pero que nada podía hacer por Evelyn”, dice Khalili.

“Y los estafadores, son gente que se recluta de países como Tailandia, Myanmar o Nigeria, quienes, con tal de tener trabajo, se prestan a esos fraudes, con libretos preestablecidos, listos para que caigan las víctimas. ‘Es trabajar, trabajar, trabajar’, señala Adrian Cheek, un investigador de seguridad independiente, establecido en Canadá, citado por Khalili, quien dice que al menos unas 439 distintas direcciones de correo han sido usadas para hospedar el falso CEG”.

Chainanalysis, una empresa que rastrea la cadena dejada por las criptomonedas, que coopera con la policía, refiere cómo actúan los estafadores los que, como señalé antes, depositan las criptomonedas en distintas cuentas en varios países, lo que hace extremadamente difícil localizarlas. “Son organizaciones criminales muy bien organizadas, saben cómo hacer su trabajo, además de que estafan a personas, no a empresas y son pequeñas cantidades de dinero, comparativamente hablando, por lo que son muy pocas las víctimas que pueden recuperar su dinero”.

Además, hay otro tipo de estafadores, los que ofrecen “recuperar el dinero”, a cambio de una cantidad que la víctima debe de pagar por adelantado, “sin saber que está cayendo en un nuevo fraude”.

Evelyn casi se ha resignado a su desalentadora suerte. “He pensado hasta en suicidarme, de lo bajo que caí. Por eso, no le he dicho a nadie lo que me sucedió, pues van a decir que fui una idiota. Pero quizá regrese a Hinge. No pierdo la esperanza de hallar al amor de mi vida, pero debo de ser cautelosa, pisar primero con un pie, no con los dos al mismo tiempo”.

Por lo pronto, su búsqueda del “amor de su vida”, acabó, justo, con todos los ahorros de su vida.

Muy lamentable.

 

Contacto: studillac@hotmail.com

 

Altas temperaturas impiden un buen aprovechamiento escolar

Posted by Adán Salgado Andrade on miércoles, septiembre 20, 2023

 

Altas temperaturas impiden un buen aprovechamiento escolar

Por Adán Salgado Andrade

 

Las temperaturas extremas, sea frío o calor, provocan problemas en las actividades que desarrollamos. Un frío extremo, nos entume, por ejemplo, y tenemos que usar ropa gruesa para calentarnos o calefacción, si la tuviéramos. Pero si se tratara de calor, de ese sofocante, podríamos empelar un ventilador o, si se tienen los medios, aire acondicionado (aunque en ciudades como México, que tanto fríos, como calores son, digamos, todavía soportables, no llegamos a los casos en que se deba de usar calefacción o aire acondicionado, como hacen en otros estados del país).

Pero el calentamiento global ya está generalizando a las temperaturas muy elevadas y se van convirtiendo en la norma. En Estados Unidos, por ejemplo, en los meses más calientes del verano, las escuelas hasta cierran, pues no es posible que sus estudiantes acudan con temperaturas de 35º C o mayores. Y se da en lugares en donde, ni habrían pensado que el calor fuera tan extremo. Es el caso de los estados del norte, como Washington, Nueva York o Vermont, en donde, en verano, no pasaban las temperaturas de 15 o 18º C, cuando mucho. Las escuelas de esos estados, las antiguas, se hicieron para esas temperaturas, con poca ventilación y ventanas chicas, así que en la actualidad, son verdaderos “saunas” (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2022/08/en-eeuu-las-escuelas-hasta-cierran-por.html).

Pero el problema es que, a pesar de que el verano ya está llegando a su fin, las ondas de calor, cada vez más frecuentes, debidas a la emergencia climática, combinadas con las sequías y, peor aún, el fenómeno El Niño (que acentúa lluvias, sequías e incrementa el calor), están ocasionando que la estancia de los alumnos dentro de calurosas aulas, sea bastante incómoda.

Es lo que expone el artículo del portal Wired  titulado “Este es el cerebro de su hijo en calor extremo”, firmado por Matt Simon y Pia Ceres, quienes agregan como subtítulo que “es demasiado caliente para la escuela, debido a que salones sofocantes, han llevado a algunos maestros a dar clases por línea o cancelarlas. Y el calor sólo irá empeorando” (ver: https://www.wired.com/story/extreme-heat-kids-schools-learning/).

Y es un problema que se generaliza en todo el mundo, estudiar o trabajar en condiciones muy calurosas.

Comienzan mencionando que en la clase de la maestra Sarah Mueller, en Pittsburgh, Pensilvania (un estado justamente norteño), con tal de que sus alumnos se lo tomen a broma, les dice que “la gente paga mucho por un sauna y, vean, aquí, ustedes lo tienen gratis”. Desde las 7:30, por la mañana, el salón ya experimenta temperaturas de casi 29º C. ¡Sólo imaginen, estar a casi 30 grados, es realmente bochornoso. La maestra ha tenido que gastar unos $1,000 dólares durante los años, de su propio dinero, para comprar ventiladores, con tal de que sus alumnos no se sientan tan mal. “Cuando las clases terminan, mis alumnos están sudando, exhaustos y no pueden concentrarse. Tratar de que alguien que se está derritiendo, aprenda distintas cosas, está en contra de la Convención de Génova”, afirma Mueller.

Esa Convención de Génova a la que se refiere la maestra, establece condiciones dignas “para prisioneros de guerra y para civiles dentro o fuera de las acciones armadas”  (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Geneva_Conventions).

Lo debió de decir en sentido sarcástico, pero, sí, que si los alumnos van a aprender, no se les están ofreciendo las mejores condiciones para hacerlo.

“El inicio del nuevo ciclo escolar se caracterizó por intenso calor y humedad en todo Estados Unidos. Mientras las temperaturas se elevaron a más de 32º C, durante la primera semana de septiembre (2023), estudiantes en Detroit, Michigan y Newark, fueron retirados más temprano. En el distrito donde da clases Mueller, las escuelas sin aire acondicionado, optaron por clases en línea por dos días, lo que recordó la emergencia sanitaria por el Covid. Las escuelas se están calentando más y más y se está volviendo imposible, en consecuencia, enseñar y aprender dentro de ellas”, dicen Simon y Ceres.

Agregan que “el calor afecta al cerebro en aspectos vitales. En primer lugar, demasiado calor, distrae. Si un chico suda demasiado por una onda de calor, no se concentrará en el examen que tiene enfrente. En días cálidos, Mueller dice que sus estudiantes se esfuerzan tan sólo por tener sus cabezas levantadas. Mucho menos van a poner atención en una lección acerca de la seguridad en los laboratorios, por ejemplo”.

Tiene razón la profesora. Sólo recuerden que en la pasada oleada de calor, cuando en la ciudad de México se elevó la temperatura hasta los 34º C, era mucha la dificultad para concentrarse en leer o trabajar en la computadora, por ejemplo. Como mencioné antes, no es fácil hacerlo.

Explican que los jóvenes son más vulnerables al calor extremo, que el cuerpo trata de aliviar con el sudor. Para hacerlo, desvía sangre de todos los órganos, hacia la piel, que es por donde sudamos (por eso, se nos pone roja en calor), lo que ocasiona que haya un déficit de sangre, “Si falta en ciertos tejidos, entonces se produce una deficiencia cognitiva. También le sucede a profesores acalorados, lo que reduce la calidad de la enseñanza en días calurosos”.

Sí, yo mismo, en épocas de calor (que nunca han sido tan extremas como las recientes), mantengo puerta y ventanas abiertas para que el aire circule en el salón de clases (de hecho, fue tan extrema la pasada ola que varios de los estudiantes de la secundaria en donde da clases mi hermano, hasta se desmayaron, por golpes de calor y deshidratación).

Y esa misma situación debe de suceder en el país, en los estados más calurosos, en donde, incluso, se adelantó el término de clases del pasado curso, para evitar que los estudiantes fueran a las escuelas y se expusieran a altas temperaturas, combinadas con altísima radiación solar (ver: https://www.unotv.com/nacional/estados-adelantan-fin-de-clases-por-altas-temperaturas/).

Citan a Tarik Benmarhnia, epidemióloga ambiental, de la Universidad de San Diego, quien afirma que sometidos a calor extremo, “no tenemos tanta sangre con hemoglobina y oxígeno en el cerebro, pues no es una prioridad concentrarse, sino que el cuerpo se enfríe”.

En efecto, cuando sudamos demasiado, no sólo es limpiarnos el sudor con algún pañuelo de tela o desechable, sino que sentimos el sofocamiento, lo que nos impide, incluso, comer, si lo estamos haciendo. Les repito, sólo recuerden el malestar que ocasiona una alta temperatura en cualquier situación.

Y es peor, comentan, para los niños con asma, pues las elevadas temperaturas producen altas concentraciones de ozono, lo que daña sus vías respiratorias, afectadas, de por sí, por la enfermedad.     

También las altas temperaturas afectan el humor, crean ansiedad, además de que tienden a incrementar la violencia. La profesora Mueller señala que cuando hace más calor, se incrementan las peleas entre sus estudiantes. En efecto, un clima caluroso, vuelve más violenta a la gente. Véanlo con los conductores, que por cualquier cosa se pelean cuando hace mucho calor.

Otro problema es  que los niños que no cuentan con aire acondicionado en sus casas (los más pobres), van de una escuela calurosa a un hogar igualmente caluroso, en donde ni dormir bien pueden. Y así se tienen que levantar, y acudir nuevamente a una escuela caliente. De hecho, las noches calurosas, afectan el sueño y no dejan dormir bien (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2022/06/el-calentamiento-global-afecta-el-sueno.html ).

Investigadores han comprobado que en los exámenes que se aplican para ver el rendimiento de los estudiantes, éstos salen más bajos si los realizan cuando hace mucho calor, pues “por cada grado Fahrenheit extra de temperatura, los resultados de esas pruebas bajan 1 por ciento, que cuando se realizan en condiciones normales”.

Y señalan que no es sólo que el día del examen esté caluroso, sino que es un efecto acumulativo, “por tantos días calurosos que sufren los estudiantes y que les impiden estudiar bien”.

Señalan Simon y Ceres  que un estudio internacional indica que es lo mismo en todo el mundo, “pues en 58 países, en años calientes, los estudiantes rinden mucho menos” .

Otro problema es que en ciertos estados – o países –, la gente está más adaptada, “pues no es lo mismo 32º C en Phoenix, en donde la gente ya está más adaptada, que en Boston”. Como señalé antes, son estados, como Boston, que nunca antes habían resentido temperaturas tan altas – que ya serán la norma – en donde sus habitantes, apenas empiezan a acostumbrarse, digamos.

También es una cuestión racial, pues los latinos y los afroestadounidenses, que son los que viven mayoritariamente en zonas marginadas, asisten a escuelas sin aire acondicionado. No así los blancos, que muchos van a escuelas que sí lo tienen. Eso ocasiona que sean aquellos grupos minoritarios los que rindan menos, de acuerdo con el citado estudio.

Además, las altas temperaturas son exacerbadas por el efecto “isla de calor”, debido a que asfalto y concreto lo retienen y no sólo en las ciudades, sino en las escuelas, pues tanto concreto, canchas de tenis, de básquetbol, estacionamientos y edificios muy aglomerados, las calienta más.

Todo eso se resolvería, anotan Simon y Ceres, si se dotara con aire acondicionado a todas las escuelas. “Eso sería caro, pero un estudio muestra que es buena inversión, ya que si una escuela se calienta 5 grados Fahrenheit, pero es dotada de aire acondicionado, se evita que en cada estudiante se pierdan $1,060 dólares de inversión escolar”. Joshua Goodman, economista de la Universidad de Boston, quien colaboró en el estudio, citado por los periodistas, señala que “es mejor dotar de aire acondicionado a las escuelas, plantar más árboles, pues así, se incrementa el rendimiento escolar. No es barato, pero debe de hacerse”.

Como ven, todo en este sistema capitalista salvaje es dinero, pues se pierde si los estudiantes no rinden. No es tanto una cuestión humanitaria, sino de mero eficientismo. Pero, al menos por eso, debería de hacerse.

Y aunque Estados Unidos es un país “rico”, costaría mucho, señalan Simon y Ceres, proveer de aire acondicionado, mejor ventilación y calefacción a todas las escuelas (claro, se prefiere mejor invertir en armas. Tan sólo en el 2022, se gastaron $766,000 millones de dólares. Ver: https://www.pgpf.org/budget-basics/budget-explainer-national-defense).

“Muchas escuelas, muy viejas, requerirían un total reacondicionamiento. Además, los suministros, debido a la pandemia, tardarían en proveerse. Se calcula que una sola escuela de tamaño medio, requiere de $6.7 millones de dólares para instalar esas mejoras”.

También señalan Simon y Ceres que deben de renovarse los bebederos, pues muchos están en malas condiciones y acondicionarse áreas en donde puedan enfriarse los estudiantes. En Arizona, además, cuando hay recesos, que los estudiantes salen de las aulas, se acaloran por el cálido ambiente fuera de los salones. Muchos maestros se quejan de que cuando regresan, pierden tiempo por tomar agua o acudir al baño y preferirían que fueran dentro de los salones tales recesos, pero, considero, ni modo que no salieran, si el ambiente escolar es, finalmente, carcelario (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2023/09/la-escuela-debe-de-ser-liberadora-para.html).  

Todo eso se resolvería si el modelo escolar fuera más libre, menos encerrado, como muchos estudiantes de varios países han sugerido. Sólo imaginen, si tomaran sus clases en jardines, áreas arboladas, que crean microclimas que bajan mucho las temperaturas, no habría los mencionados problemas.

La profesora Mueller finaliza diciendo que no es justo que sus alumnos, que pertenecen a un distrito escolar pobre, no tengan las mismas oportunidades que las de los de distritos ricos que, ellos, sí, tienen aire acondicionado y escuelas modernas, adaptadas al calentamiento global. “Mis estudiantes merecen un mejor futuro”, señala.

Pero, a como están las cosas, con la emergencia climática, cada vez más grave, que está convirtiendo al planeta en un inhóspito infierno global, cabe preguntarse, ¿realmente la humanidad tiene un futuro?

 

Contacto: studillac@hotmail.com

  

Visita nuestra página Werken Rojo

Visita nuestra página Werken Rojo
Hacer click en imagen para visitar página

Visita Nuestra Revista

Visita Nuestra Revista
Hacer click en imagen

Visita nuestra Sección Juventud y Lucha

Visita nuestra Sección Juventud y Lucha
Hacer click en imagen

Visita nuestra sección Atake Verde

Visita nuestra sección Atake Verde
Hacer click en imagen para visitar

Blog de Estudiantes de Postgrado U. de Chile

Blog de Estudiantes de Postgrado U. de Chile
Hacer click en imagen

Visita nuestra Biblioteca Marxista

Visita nuestra Biblioteca Marxista
Hacer click en imagen

Economía Mundial: Análisis y Comentarios

Economía Mundial: Análisis y Comentarios
Hacer click en imagen para leer

Somos integrantes del CIT

Somos integrantes del CIT
Hacer click en imagen para conocernos

Visítanos y únete a nosotros en Facebook

Visítanos y únete a nosotros en Facebook
Hacer click en imagen