La humillante, indigna condición de las mujeres afganas

Posted by Adán Salgado Andrade on jueves, agosto 20, 2026

 

La humillante, indigna condición de las mujeres afganas

Por Adán Salgado Andrade

 

Hace cinco años, la fallida estrategia estadounidense de “democratizar a Afganistán, luego de veinte años de ocupación, mostró el fiasco que fue. Tantos millones de dólares gastados, tratando de “occidentalizar” a ese país, con un gobierno que impuso Estados Unidos, instituciones gubernamentales “modernas”, además de que se trató de que contara con un ejército que defendiera su “soberanía”, sobre todo de los nefastos talibanes, de nada sirvió, pues en cuanto los militares estadounidenses, que eran quienes, de alguna manera, resguardaban a ese país, se retiraron, la derrota del “ejército” afgano fue casi inmediata (ver: ). https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2021/08/el-glorioso-regreso-del-taliban.html ).

El atraso en que han dejado a Afganistán esos  ineptos machos es caótico. El comercio exterior se ha desplomado,  lo que ha incrementado el déficit. El presupuesto anual más reciente es de sólo $2,440 millones de dólares, mdd, menos de la mitad del que tenía el gobierno previo en el 2021, que fue de $6,000  mdd  En el 2024, de plano suspendieron las pensiones, para tratar de balancear ese déficit. Su población está creciendo más que su precario “crecimiento” económico (presionada también porque seis  millones de afganos que estaban refugiados en Irán y Pakistán, están siendo obligados a regresar a ese caótico país). La inflación está en 7.6 por ciento. El desempleo se ha duplicado desde el 2021, pues más de medio millón de empleos se perdieron desde entonces. La ayuda internacional ha bajado, justamente porque muchas de las naciones que se la daban, dejaron de hacerlo cuando los  talibanes  tomaron de nuevo el poder. Y los altos precios de los alimentos, que son esenciales, en una economía deprimida (al menos, la gente trata de comer), han subido demasiado. Trece millones de personas enfrentan “inseguridad alimentaria aguda”, o sea, que padecen hambre y se están muriendo por falta de alimentos (ver: https://www.theguardian.com/global-development/2026/aug/15/five-years-taliban-rule-afghanistan-collapse-visualised?CMP=GTUK_email ).

Y además, la catástrofe humanitaria que están sufriendo millones de afganas, es otro grave problema, pues viven peor que en los más obscuros tiempos de la Edad Media, que ya es mucho decir.

Porque hay que señalar que en esos veinte años hubieron algunas cosas buenas, tal como la libertad que las mujeres, sobre todo, comenzaron a disfrutar, luego de estar sometidas por los talibanes, simples guerreros machos que las tenían totalmente controladas. Llegaron a ocupar, incluso, puestos de policías, los que ejercían con total responsabilidad y patriotismo (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2021/01/valerosas-mujeres-policias-afganas.html).

Una vez que regresaron esos machos bárbaros, la condición de las afganas incluso ha empeorado, con respecto a como estaban antes de la invasión. Ahora, bajo el yugo talibán, las pobres ya ni siquiera tienen permitido hablar en público o incluso salir solas.. Viven, realmente, un infierno (ver:  https://www.youtube.com/watch?v=bUAcZV2eY8E).

Y son, en verdad, lastimosos los testimonios de mujeres afganas que han logrado hablar. El periódico inglés The Guardian logró mediante una red clandestina de mujeres periodistas afganas (que, incluso, arriesgan sus vidas al tener esa red de periodismo), recopilar doce testimonios, muy tristes y desoladores todos, que nos logran representar una idea aproximada de cómo esas pobres mujeres están tratando de sobrevivir actualmente (ver:  https://www.theguardian.com/global-development/ng-interactive/2026/aug/11/day-in-the-life-of-12-afghanistan-women-taliban?CMP=GTUK_email ).

Una de ellas es Parasto (que no es su verdadero nombre, como casi todas las que accedieron a dar sus testimonios, prefieren usar pseudónimos) . Ella sirvió como soldado, junto con su marido. Tienen dos hijos  varones. “Nada más entraron los talibanes, y nos obligaron a regresar los uniformes, que con tanto orgullo habíamos usado otras compañeras y yo, dando todo nuestro esfuerzo por proteger a nuestro país. Pero no les importó. A mi esposo, cada rato lo citan para saber a cuántos talibanes mató, mientras servía a los ‘infieles’. Que me hayan quitado mi uniforme, es como si me hubieran quitado un pedazo de mi vida. Y tenemos nuestras cosas empacadas, para cuando haya una oportunidad de irnos de este infierno. Ojalá sea pronto”.

Otra mujer es una de las periodistas que trabajan clandestinamente. Prefiere estar anónima, ni con pseudónimo. Dice que cada que alguien toca la puerta, se pone a temblar, pues piensa que los talibanes, por fin, la descubrieron. Ya, antes, dos veces han allanado su casa, pero, por fortuna, nada han hallado comprometedor . Trabaja con una laptop y una conexión a un precario internet, diariamente, revisando notas para ver qué va a publicar ese día o los siguientes. “El trabajo es difícil, nunca sabes cómo o quién te vaya a traicionar. La semana pasada fui a entrevistar a una mujer discapacitada y, la verdad, siempre tengo miedo, pues no sabes si vaya a ser un engaño. Pero sigo así, porque es lo que me da ánimos para continuar viviendo en estas condiciones tan humillantes, de verdad. Es algo que no le deseo a nadie, estar así. Y sólo cuando tomo mi café y miro por la ventana, es que logro reconfortarme en algo”.

Otra es Faterma (tampoco es su verdadero nombre). Ella tiene cuatro hijos y dos hijas (a pesar de la adversidad, tienen muchos hijos). Se dedica, junto con una amiga, Marzia, a preparar el pan y hornearlo, con la harina que a diario les llevan sus clientas. “Es un trabajo duro, desde las cuatro de la mañana, hay que despertar, para preparar todo, el horno, los trastes… y todo lo necesario. Yo tenía la esperanza de que mis hijas pudieran prepararse, no ser lo que yo soy, pero desde que regresaron los talibanes, he perdido la esperanza. Por la tarde, desde la siete, vuelvo a prender el horno y llegan las clientas. No nos quejamos, ganamos ,entre las dos,  unos 1,000 afganis por día ($15 dólares diarios, $450 mensuales, $9,000 pesos, que repartidos  entre las dos, son $4,500 pesos al mes  cada una, ni un salario mínimo mexicano, pero para ellas no es tan mal dinero). Es difícil labor, más ahora que por la madera tan cara, tenemos que usar cáscaras de almendras. El humo es amargo y más irritante, se me queda su olor en mis ropas. Pero teneos que hacerlo, no queda de otra. Al menos, tenemos una ocupación a qué dedicarnos, para no morir de hambre” .

Otro testimonio es de una chica de sólo doce años, que comenta en un blog todo lo que piensa del sistema opresivo de los  talibanes. Va a entrar a sexto año de primaria, lo más que pueden estudiar las mujeres. Sus dos hermanas mayores, una estaba en séptimo grado y otra en onceavo, “pero llegó el talibán y terminaron sus sueños. Mi hermana, la mayor, se la pasa buscando en redes becas o formas de estudiar en el extranjero. Mi padre es muy bueno con nosotras. Y el cuarto de mi hermana mayor es en donde diario nos  reunimos, sin mascada ni nada. Por eso, nunca abrimos las cortinas, ni aunque haga calor, ni tampoco en la noche, para que no descubran nuestro pequeño rincón de libertad. De todos modos, aquí seguimos las tres, no sabemos hasta cuándo” .

Otra chica es modista. Ella tuvo una niñez difícil, pues contrajo polio a los once años. “Mis piernas estaban dobladas de las rodillas hacia abajo. Me puse, como distracción, a coser pedazos de plástico y a hacer vestidos para muñecas. Pero luego, le hice a mi papá una camisa y un pantalón y quedó muy contento. Mi hermana mayor me dijo que si yo aprendía bien el oficio, me compraría una máquina de coser y es en la que ahora realizo mis trabajos. Cuando los clientes vienen y no me conocen, preguntan por la modista y les digo que soy yo. No me creen y me ven con escepticismo cuando les tomo las medidas. Dicen que si sé leer y escribir. Y les digo que sí, que aprendí con mis estudiantes de costura, yo les enseñaba a diseñar modas y ellas me enseñaban a leer y a escribir. Gano unos siete mil afganis al mes (unos  $2,160 pesos mensuales), con los cuales, ayudo a mi familia para irla pasando. Pero, además, no me ven mis clientes con lástima porque sea discapacitada, al contrario, me ven como su preferida y confiable modista”.

Como ven, hasta aquí, la gente realmente sobrevive. Se ha vuelto Afganistán un país de pobres, en donde una camarilla de corruptos señores de la guerra lo domina todo. Incluso, seguramente como suele suceder con las clases en el poder, ellos han de vivir muy bien, con lujos, sin limitaciones, no como sus conciudadanos, quienes todos los días buscan formas para sobrevivir, no vivir.

Otra es una chica de 25 años que escribe sobre todo lo que ve. Además lee mucho y va con miedo a comprar algún nuevo libro a la librería, pues hasta eso, los bárbaros, ignorantes talibanes, les han prohibido, que lean. Lo único que pueden hacer esas pobres mujeres es rezar en casa y hacer todas las labores domésticas. “Me gusta escribir lo que veo, quiero plasmar lo que es este país, para que cuando alguien lea mis escritos, sepa que aquí estamos las mujeres y que, a pesar de la adversidad, queremos que el mundo nos conozca”.

Una más trabaja como afanadora en un hotel, de las 8 de la mañana a las ocho o nueve de la noche. Es un trabajo pesado, pero además tiene unas chivas, a las que también cuida. Tiene 33 años , tres hijas y un hijo. En el 2021, su esposo fue atropellado y desde entonces, quedó imposibilitado para trabajar. “En el hotel, lavo los manteles y todo lo que sea requerido. Cuando se hacen fiestas, también limpio todo. Gano nada más doscientos afganis diarios  (unos 50 pesos), pero, de todos modos, me sirven. Quiero lo mejor para mis hijos, sobre todo, para mis  tres hijas, pero no sé si vayan a lograrlo. Por lo pronto, soy el sostén de la casa y debo de seguir, mientras tenga fuerzas y salud para hacerlo”.

Como ven, todo es drama, combinado con fuerza de voluntad para seguir adelante”.

Una más es una maestra de primaria de mujeres, de quinto grado. Se casó y tuvo un hijo, pero cuando los talibanes regresaron al poder, su esposo se fue del país. “Comienzo la mañana preparando el desayuno para mi hijo y para mí, luego, salimos y tomamos caminos distintos. Yo voy a la escuela, en donde ya tenemos edificio, aulas , bancos y pupitres, pero nada más pueden estudiar las cicas hasta sexto año. Es una lástima, porque cuando entran, están muy entusiasmadas y no les pesa cargar su atuendo, el pesado velo, incluso desde pequeñas, desde los seis años. Y ese entusiasmo, es lo que me hace seguir como maestra, luego de 18 años de haberlo hecho”.

Otra es una chica de 24 años que, cuando el Talibán regreso en el 2021, estaba en séptimo semestre de ingeniería de sistemas. Fue terrible para ella que, de repente, se le prohibiera seguir estudiando y se cerraran muchas universidades, entre ellas, en la que ella estudiaba. “Me siento muy mal, no tengo consuelo. Incluso, cuando cocino, se me ruedan las lágrimas. Vivo una existencia obscura, vacía. A veces, cuando veo mis maquillajes, recuerdo cómo me polveaba la cara, me teñía mi cabello, me lo peinaba como yo quería. Ya eso está en el pasado, condenada a vivir como una esclava, portando un maldito velo que nada más nos estorba. Por eso, luego me pongo perfume. Y recuerdo esos días de libertad que ya no existen para nada”.

Un testimonio más es el de una afgana que hace prótesis para mujeres discapacitadas, con las cuales pueden volver a caminar. Tiene dos hijos y dos hijas. La mayor, de 13 años, ya no pudo seguir estudiando. La menor, va en segundo. “Me pregunto, cuánto más podrá soportar mi hija haciendo el quehacer de la casa, dándoles de comer a sus hermanos y a mi esposo. Le cortaron su futuro estos tipos. No es justo. Pero pienso también en cómo mi trabajo en el hospital es muy necesario. Hace poco, le hice una prótesis a una mujer del campo que antes tenía que arrastrarse para trabajar sus tierras. Ahora, ya puede caminar y está muy agradecida. Y eso es lo que me reconforta. Compensa el dolor que siento por mi hija”.

Marwa (tampoco es su nombre real) es técnica dental, tiene 23 años. Cuando tenía 17 años, había hecho su examen para entrar a la universidad, pues quería estudiar medicina, pero fue cuando regresaron los  talibanes y su futuro se vino abajo. En la clínica ayuda en todo lo que puede al dentista, un hombre, claro. Pero teme que en alguna de las frecuentes inspecciones que el Ministerio de la Propagación de la Virtud y la Prevención del Vicio  (¡vaya nombre tan estúpido!) cierre la clínica porque ella esté allí, trabajando. “El otro día vinieron dos  vigilantes. Uno de ellos se extrajo una muela, y su acompañante dijo al doctor que ‘no le ponga anestesia, doctor, que sufra, que sangre’, y rio por la broma. Me pregunté en ese momento a cuántas personas ese tipo pudo haber matado, a cuantas familias separó o dejó sin algún miembro, cuánta sangre traería en sus manos. Todavía tengo esperanzas de que esto vuelva a ser como antes, que pueda yo estudiar medicina algún día. Es una esperanza que me mantienen viva y me hace seguir adelante”.

Fatana (tampoco su nombre real), tiene 25 años, quien también truncó sus estudios superiores cuando los talibanes asumieron el poder. Trabaja en una primaria y por la mañana, su hermana de seis años y ella van a esa escuela. “Yo veo con dolor cuando mis alumnas terminan el sexto grado, sus caras tristes, desanimadas por el futuro que les espera, que quizá las fuercen a casarse, que las vendan, como muchas familias muy pobres hacen, con tal de salir de sus deudas y tener algo de dinero para seguir sobreviviendo. Dando clase gano 4,000 afganis ($1,070 pesos ) mensuales, poco, pero de algo me sirven. Realmente quisiera que esto cambiara, no pierdo las esperanzas”.

Como pudieron ver, todos los testimonios son bastante dramáticos, de futuros truncados, sueños frustrados por una camarilla de salvajes, ignorantes machos que aplican el Corán a sus particulares intenciones de control, pues al someter a las mujeres, que son el cincuenta por ciento de la población afgana, se abocan a controlar al otro cincuenta por ciento, que son los hombres, quienes también son castigados , pero viven con menos rigor. De hecho hasta los protegen y los alientan incluso a que asesinen a sus esposas si éstas les son “infieles” (que muchas veces es simplemente una invención para cuando quieren deshacerse de ellas). La violencia, justo por el brutal sometimiento estatal, ha crecido y se reporta el incremento de casos que crecen de violencia hacia las mujeres o asesinatos  “justificados” (ver: https://www.theguardian.com/global-development/2026/aug/07/afghanistan-women-taliban-violence-battered-beaten?CMP=GTUK_email).

Pero nadie hace nada. Y en lugar de presionar a los brutos machos para que permitan a las mujeres más libertades, varos países, Alemania entre ellos, están estableciendo de nuevo relaciones diplomáticas, con tal de que los talibanes impidan mayores migraciones a Europa de afganos, deseosos de romper con la miseria económica y social imperante en ese retrógrada país (ver: https://www.theguardian.com/world/2026/aug/15/concern-grow-global-ties-taliban-afghanistan-human-rights).

Así es que si restablecer relaciones “diplomáticas” con ese país, puede reportar algunos buenos negocios (pues, finalmente, de eso se trata, de negocios), bienvenidas.

Y las mujeres… pues pueden esperar y morir en las sombras, como las esclavas en que las han convertido esos brutos machos.

 

Contacto: studillac@hotmail.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La involuntaria infanticida Lindsay Clancy

Posted by Adán Salgado Andrade on lunes, agosto 10, 2026

 

La involuntaria infanticida Lindsay Clancy

 

Varios casos de mujeres que asesinan a sus hijos, se han dado. En México, el más conocido fue el de Elvira Luz Cruz (1956), quien en 1982 fue acusada de haber asesinado a sus cuatro hijos, pero ella estaba inconsciente cuando la hallaron, junto a los cadáveres. En una película que hizo el director Felipe Cazals (1937-2021), de 1985, Los Motivos de Luz, apenas tres años después de los sucesos, se plantea la hipótesis de que los crímenes pudieron haber sido perpetrados por el hombre con el que Elvira andaba de novia, Sebastián Ramírez, y la madre de éste. Eso, porque Elvira quería que él se fuera a vivir con ella y que le ayudara a mantener a sus hijos, uno de los cuales, el menor, era de él. Pero como Sebastián sólo la quería para “de vez en cuando”, se sentía acosado. Y su madre se sumaba a sus quejas, diciéndole que Elvira sólo lo quería usar para que le mantuviera a los hijos. Y como era “bruja”, se plantea que pudo drogar a Elvira, mientras los dos cómplices asesinaban a los niños, asfixiándolos con cuerdas y simular que ella lo había hecho (ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Los_motivos_de_Luz).

Son casos que, de verdad, sorprenden, pues no podría concebirse que una madre matara a sus hijos.

Otro caso es el de otra estadounidense, Susan Smith (1971), quien en 1994, cuando tenía 23 años, amarró a sus hijos, Michael, de 3 años, y Alexander, de sólo 14 meses, a los sillones de su auto y lo dejó rodar por una rampa que lo condujo al lago John D. Lake, en Carolina del Sur. Lo peor es que ella sostenía que dos “negros”, la habían abordado en un semáforo y le quitaron el auto, junto con los niños, hasta que se supo la verdad. En ese entonces, se divulgó que era debido a que tenía un amante que la amenazó con dejarla y que sólo seguiría con ella, si se deshacía de sus hijos. El que se “deshiciera”, seguramente no fue literal, sino que el tipo aquel se ha de haber referido a que los abandonara, no que los matara. Pero así actuó esa mujer, impulsada por un ciego amor a un hombre que, de todos modos, sólo le puso pretextos para no seguir con ella. Fue condenada a cadena perpetua, pero en el 2024, por las condiciones de la sentencia, solicitó que se le liberara, pero le fue negado (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Susan_Smith).

Otro caso fue el de Leticia Gonzales. Esta mujer de Michigan, no actuó con alevosía y ventaja, sino que iba conduciendo su SUV bajo efecto de metadona. Perdió el control y se fue a estrellar a un lago congelado. Ella sobrevivió, pero sus tres de sus pequeños hijos, Jerome III, de 4 años, Jeremiah, de 3, y Josiah, de uno, murieron ahogados. Ella, salvó la vida milagrosamente, pero se le hizo un juicio que la sentenció a cinco años. “Estoy condenada de por vida sin mis tres hijos”, dijo, cuando se le dio su sentencia. El severo juez le reprochó que “esa no fue la primera vez que usted tomó drogas, pero ahora, la diferencia es que sus hijos resultaron afectados” (ver: https://news.sky.com/story/michigan-mother-whose-sons-died-after-she-crashed-into-pond-jailed-for-five-years-12970190).

El 9 de abril de 2015, la australiana nativa Akon Goude, también víctima de algún problema mental o familiar, económico, sobre todo, se lanzó en su camioneta a “toda velocidad” hacia el Lago Gladman, resultando en la muerte de su hijo Bol, de un año, y dos mellizos, Hanger y Madit, de 4 años. Sobrevivieron la propia Goude y su hija Alual, de seis años. “¡No iré a ningún lado, pero suéltenme, haré lo que ustedes me digan!”, declaró en el juzgado la trastornada mujer.

Un caso más, igualmente dramático, además de infame, ocurrió en el pueblo de Clinton, cerca de Chicago, Illinois. Allí, el 11 de diciembre, del 2003, Amanda Hamm, de 27 años, y su novio Maurice Lagrone Jr., de 28, hundieron en el Lago Clinton su auto, con los tres hijos de ella, ninguno del hombre, Christopher Hamm, de 6 años, Austin Brown, de 3, y Kyleigh Hamm, de sólo 23 meses. La policía, luego del rescate y de mantener en prisión a la pareja, hundieron varias veces el auto en el lago, para determinar, según consideraba el comisario local, Roger Massey, que no había sido un accidente, como Hamm y Lagrone sostenían, sino que había sido deliberado, a pesar de que cuando atendieron la llamada de la pareja de auxilio, la mujer estaba histérica, llorando y gritando que los salvaran. Haya sido o no premeditado, de todos modos fue terrible, pues pareciera que se querían deshacer de los niños, con tal de emprender una “nueva vida”, porque estaban jóvenes aún (ver: https://www.cbsnews.com/news/mom-charged-with-drowning-3-kids/).

Y eso llevaría a pensar, seriamente, en la capacidad que tienen una mujer y un hombre (pues también hay casos de hombres que asesinan a sus hijos, muchos más) de ser padres, si van a reaccionar violentamente, al grado de asesinar as sus hijos. Eso sí se hace en Estados Unidos, aunque de forma poco ortodoxa, sometiendo a cuestionarios producidos por un algoritmo, a padres para ver si en realidad están aptos de cuidar a sus actuales hijos (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2023/03/en-eeuu-se-usa-algoritmo-para.html).

Y es que en un reciente caso, la salud mental de una madre, fue la causa de que reaccionara criminalmente y matara, ahorcándolos, a sus tres pequeños hijos. Se trata de Lindsay Clancy, quien en enero del 2023, cuando tenía ella 32 años, victima de una supuesta psicosis postparto, estranguló a sus 3 pequeños hijos. Y todo parece indicar que la mujer, en efecto, estaba poseída por una grave psicosis, cuando asesinó a sus tres pequeños. Y a pesar de que pidió ayuda psicológica, dos doctoras le dijeron que se le pasaría. Incluso una de ellas le dijo que se curaría “con aceite de pescado”. Es lo que expone el artículo de The Guardian, titulado “’El juicio estadounidense más triste’: salud mental en el foco de atención en el caso de Lindsay Clancy”, firmado por Edward Helmore, quien nos introduce a su trabajo agregando que “el jurado ha escuchado a varios expertos médicos, mientras la defensa dice que la psicosis postparto provocó que la joven mujer matara a sus hijos” (ver: https://www.theguardian.com/us-news/2026/aug/09/lindsay-clancy-murder-trial).

Aparece una foto de Clancy al inicio del artículo: de pelo negro castaño, nariz respingada, ojos obscuros, boca regular, finas facciones… no puede creerse lo que cometió.

Sus hijos eran Callan, de ocho meses, Cora, de cinco años y Dawson, de 3 años y señalan los fiscales acusadores que pudo haber sido premeditado su asesinato, pues ella mandó a su entonces esposo Patrick a traer alimentos. Pero nuevos testimonios médicos indicarían que la mujer estuvo buscando ayuda psicológica, sin que se la dieran. Como dije, una de las doctoras, Jennifer Tufts, le dijo que “dejara de tomar Zoloft (sertralina), un medicamento empleado para tratar el desorden obsesivo-compulsivo, que probara remedios naturales como acetite de pescado y que tomara Lorazepam, cuando sufriera ‘ansiedad severa’”, dice Helmore.

De hecho, Clancy y el ex esposo están demandando, a su vez, a Tuffs y a otra doctora, Alia Goodheart, quien dijo que Clancy era una paciente de “bajo riesgo”, por “mala práctica médica”, pues señalan que por su incapacidad por no haberle detectado a tiempo síntomas severos de depresión e inestabilidad mental, que se le agravaron con la psicosis postparto, ella cometió los asesinatos.

De hecho, una mente enferma, alucinatoria, es terrible, actúa como si estuviera bajo el efecto de enervantes. Produce imágenes hasta espantosas (sólo recuerden, si la vieron, la cinta “Trainspotting”, de 1996, cuando el protagonista principal, Mark Renton, sometido a una forzada terapia de desintoxicación, alucina que el bebé muerto de su amiga, anda caminando por el techo y le cae encima).

Clansy asegura que una voz le ordenó “mata a los niños, para que puedas matarte” (ver: https://www.nbcnews.com/news/us-news/lindsay-clancys-diary-chronicled-desperation-brain-fog-killed-3-kids-rcna590738).

Porque por su enfermedad mental – y que era lo que les platicaba a los doctores –, tenía ideas suicidas.

“Luego de haber matado a sus hijos, Clancy se cortó las venas de las muñecas y la garganta y después, se aventó por la ventana, desde un segundo piso, lo que le causó parálisis permanente de la cintura para abajo”, señala Helmore.

En efecto, hay “voces” producto de esquizofrenias o psicosis, que “ordenan” hacer cosas absurdas, como el que se asesine a alguien , por ejemplo (Ed Guein – 1906-1984 –, cometió los asesinatos de dos mujeres “ordenado” por su fallecida madre. Los juicios que se le trataron de hacer, se suspendieron pues se halló que, en efecto, el tipo estaba bastante perturbado mentalmente. Ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Ed_Gein).

Justo eso le sucedió a Clancy, quien debido a sus ideas suicidas, su enferma mente le “ordenó” matar a sus hijos, si quería suicidarse. Incluso, pudo haber sido una reacción inconsciente, de que si ella se suicidaba, los niños se quedarían sin su protección.

Su juicio está remitiendo a posible revisión de un juicio de otra mujer, Latarsha Sanders, de Massachusetts, acusada de asesinar, en el 2018, a cuchilladas a sus dos hijos, Marlon Brito, de 8 años, y La’son Brito, de 5. Sanders aseguró a la policía que “gente mala me mensajeó que tenía que llevar a cabo un ritual relacionado con Vudú y con los Iluminatis, y a éstos, yo les tenía mucho miedo”. Aseguró que estaba enferma mentalmente, lo cual fue confirmado por un neuropsicólogo de la defensa que determinó que Sanders padecía de esquizofrenia, entre otras condiciones, y atestiguó que la mujer sufría “fuerte psicosis”, cuando mató a sus hijos. Y de hecho, al revisar el caso, se vio que no se aceptaron durante el juicio pruebas médicas de su grave condición mental y ahora el abogado de Sanders, Robert F. Shaw Jr., está buscando que haya un nuevo juicio, “que el jurado pueda ver con ojos frescos” (ver: https://apnews.com/article/lindsay-clancy-murder-trial-autopsy-photos-757f3d658943cb7a993aeba42f0c7e5d).

La doctora Nicole Kumi, citada por Helmore, experta en salud mental posparto, dice que “el juicio de Clancy exhibe muchos problemas sobre los desórdenes mentales que vienen con el postparto y cómo el sistema de salud los reconoce y responde a ellos, que no lo hace convenientemente”.               

Como dije, si se aplicaran no sólo los ya clásicos exámenes premaritales para determinar que los futuros esposos estén bien de salud física, sino que también se les hicieran pruebas para determinar si realmente están bien mentalmente para tener hijos, se evitarían estas lamentables, tristes y hasta espeluznantes situaciones (sólo imaginen a Elvira, a Clancy o a Sanders, estrangulando o acuchillando a sus pequeños. Muy terrible).

Bueno, y lo hayan hecho bajo perturbaciones mentales o no, de todos modos, el remordimiento de su terrible acción, lo llevarán por siempre con ellas. De hecho, durante el juicio a Clancy, ésta ha llorado copiosamente al ver las fotos de sus hijos, cuando les hicieron las autopsias.

Patrick, el ex esposo, ha declarado que ella era “una buena madre”. Lo mismo ha señalado su ex suegro, Christopher Clancy, que “mi hijo y ella, llevaban una vida normal y feliz, como la de cualquier familia estadounidense”.

De ser hallada culpable, si se prueba que actuó con normalidad, o sea, bajo sus enteras facultades mentales, podría ser condenada a cadena perpetua.

Y si se comprueba, como la defensa está pugnando, que actuó bajo los efectos de su psicosis, podría pasarse el resto de sus días en un hospital psiquiátrico.

Y, de todos modos, nunca se quitará el estigma de haber asesinado a sus hijos.

Probablemente piense que habría sido mejor que muriera en la caída.

Así que debió de lanzarse de cabeza, no de pies.

 

Contacto: studillac@hotmail.com

 

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