NAZA: el genocidio en Gaza contado por los asesinos directos
Por Adán Salgado Andrade
Dice una frase muy significativa que “la historia la hacen los asesinos”.
En efecto, son los asesinos los que han destruido civilizaciones a lo largo de la historia, les han impuesto sus particulares, egoístas, colonialistas intereses, con tal de preservar sus decadentes estilos de vida. Los europeos han sido, a lo largo de los siglos, los mayores perpetradores de latrocinio, apoderamiento de tierras, de voluntades, de recursos, de personas… todo porque siempre ansiaron tener más y más, más tierras, más recursos, más riquezas, aunque provocaran verdaderas calamidades en los sitios que conquistaron, por la simple fuerza de su superioridad armamentista. Fueron y han sido los asesinos que han, en efecto, determinado la historia de otros pueblos, más inteligentes, pero menos armados. Pero, fíjense, ahora son los europeos los que más severamente están sufriendo las consecuencias de la catástrofe ambiental, por las altas temperaturas que tanta contaminación y destrucción ambiental, debidos a sus desperdiciadores y “cómodos” estilos de vida, les están provocando, incluido Estados Unidos, de la misma estirpe maldita (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2024/08/europa-la-saqueadora-y-depredadora.html).
En la pasada onda de calor de este año, por ejemplo, murieron más de 45,000 personas, debido a golpes de calor y otros males causados por temperaturas que en algunos sitios excedieron los 40º C (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/2026_European_heatwaves).
Bien, y de esos saqueadores históricos provienen los judíos, a quienes, luego del término de la Segunda Guerra Mundial, en septiembre de 1947, la colonialista Inglaterra les otorgó la mitad de lo que era su colonia Palestina para que fundaran allí Israel, en donde habrían de vivir y convertirse en la escoria humana que son en la actualidad (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/United_Nations_Partition_Plan_for_Palestine).
Y actualmente, los sionistas están tratando de propagar sus fétidos dominios por todo el mundo. Baste decir que en México, la actual presidenta Claudia Sheinbaum es judía o sus orígenes, y aunque ella diga que es ajena a los designios de esa secta (que no religión, pues los sionistas no se comportan como devotos de una religión, sino de una secta, además de diabólica), de todos modos corre por sus venas sangre sionista. Además, ya en México, además de la colonia judía, hay sitios en donde se están desarrollando sus guetos, como en la Tora, que está cerca de Ixtapan de la Sal y actúan a su entera libertad, y aunque se diga lo contrario es un proyecto pensado en judíos (ver: https://grupoanimal.mx/verificacion-viral/ciudad-tora-proyecto-inmobiliario).
Y a pesar del genocidio que están cometiendo aún en Gaza (los ataques continúan), aquí algunos gobiernos estatales, les han dado autorizaciones para que desarrollen proyectos, como en el caso de Yucatán en donde una empresa israelí quiere encargarse de la red hidráulica (ver: https://www.jornada.com.mx/2026/10/14/estados/027n3est).
Como señalé, el genocidio cometido en Gaza, desde hace tres años por un supuesto ataque perpetrado por Hamas (que, insisto, en mi opinión, fue arreglado y usado como justificación. Ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2023/10/el-drama-palestino-bajo-el-yugo-judio.html), ya llegó a niveles brutales de crueldad y pervertida maldad, que ya no puede clasificarse como guerra entre dos bandos, sino el exterminio de uno, el más poderoso, de los civiles inocentes del otro “bando”.
Y justamente esas matanzas selectivas, analizadas quirúrgica, matemáticamente, es lo que muestra el documental NAZA, dirigido por los israelíes Yuval Abraham (1995) y Rachel Szor (1994), que se atrevieron a filmar los detallados testimonios de 24 soldados y oficiales de inteligencia israelitas, quienes, arrepentidos de lo que habían hecho, contribuir a la destrucción de un país y de miles de asesinatos de inocentes, les platicaron sus tareas específicas para realizar una muy bien planeada carnicería humana que, dijo uno de ellos, “si el sistema lo ordena, es porque lo tiene bien planeado y tiene la razón” (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/NAZA_(film)).
Producido por la publicación inglesa The Guardian, se filmó en Tel Aviv, en la azotea de un edificio. La cámara, enfocando los perfiles obscuros de los entrevistados y el del director, ése, con algo de iluminación. Y se señala al inicio del documental que todos los participantes, sus voces, sus rostros, fueron alterados digitalmente, con tal de que actuaran en total anonimato. Fuera de los protagonistas, la cámara enfoca a la ciudad, a las ventanas de los moradores de un edificio que queda justo enfrente de donde ellos están siendo entrevistados. Katharine Viner, editora en jefe de The Guardian, comenta que “NAZA se basó en una investigación periodística de más de tres años que hemos publicado en sociedad con la revista israelí-palestina +972. El filme se apoya en entrevistas con más de 100 fuentes familiares con los sistemas militares israelitas” (ver: https://outlook.live.com/mail/0/AQMkADAwATE0OTcwLTVhYmEtMWIwYS0wMAItMDAKAC4AAANr%2FBe2CiEAQJjNMclBL8NaAQDR9odzOwNgTLD9vU%2BwSpxeAAAA1ixtPwAAAA%3D%3D/id/AQQkADAwATE0OTcwLTVhYmEtMWIwYS0wMAItMDAKABAA8aB6rabxlE2ejRzDkSVltA%3D%3D).
Es muy importante lo que Viner señala, pues ya hay intentos por parte del genocida mayor y prófugo de la justicia internacional, por crímenes de lesa humanidad, el gerontócrata Benjamín Netanyahu (1949), de desautorizar al documental, porque está “basado en falsedades”. Pero, si así fuera, porqué, entonces, Netanyahu dice que requiere los nombres de los soldados participantes, si todo fueron mentiras (ver: https://www.aljazeera.com/news/2026/10/12/netanyahu-demands-probe-into-sources-for-award-winning-gaza-film-naza).
Como dije, la historia narrada en el documental es hecha por los asesinos directos, los soldados y analistas que, arrepentidos, como señalé, trataron de expiar sus culpas confesando sus terribles crímenes.
Uno comienza diciendo que, luego del sospechoso ataque del 7 de octubre del 2023, los mandos superiores declararon que “todos los palestinos eran culpables”. Como ya, desde hace décadas, existía toda una infraestructura de vigilancia policial, así, tipo Big Brother (en referencia al libro de George Orwell <1903-1950>, 1984, en el que plantea un futuro distópico en donde el Estado vigila a todo mundo totalmente y nadie hace nada, sin que se entere aquél), que tenía hackeados todos los teléfonos y celulares. Un muy dramático testimonio, es el que ofrece un soldado que dice que “yo era analista y tenía hackeado el celular de una chiquilla, que debe de haber tenido unos siete, ocho años. Nuestra clave para avisarnos cuando su padre, miembro de Hamas (esta suposición, sin bases, por supuesto), llegara era ‘Papá ya llegó’ (Daddy’s home). Yo calculaba también los NAZA’s, como así nos referíamos a los daños colaterales (el acrónimo militar hebreo nezek agavi, que significa “daño colateral”), o sea, si estaba en un departamento de un edificio, por ejemplo, el cuarto, y si había tres abajo y dos más arriba, esos iban a ser los daños colaterales”. Abraham le pregunta que entonces, con tal de matar a uno, podían matar a cincuenta. “Sí, así era, pero sólo estaba yo cumpliendo con mi deber. Entonces, daba aviso a los militares para que bombardearan ese departamento y si las otras personas que vivían allí morían, eran simples daños colaterales”. Luego narra, también, que escuchó los gritos de los sobrevivientes, diciendo que habían matado a los niños, a los abuelos… y así, fríamente. “No sentía nada… bueno, un poco, pero estaba cumpliendo con mi deber”. Con esa justificación, fue que varios dijeron que sólo “cumplían órdenes”.
Nada más vean con qué frialdad actuaron todos. Uno señala que iban psicólogos a decirles que eso que hacían “estaba bien, pues era para defender al país, de terroristas”.
Otro soldado dice que bombardeaban cuadrantes enteros, por ejemplo, de cuatro edificios, pues allí vivían “muchos de Hamas”, que tampoco probaban. Les daban supuestamente aviso con volantes tirados desde el aire a los inquilinos, para que desalojaran los edificios. “Sí, se salían un setenta y cinco por ciento, digamos”, dice el soldado. Abraham le pregunta “¿y los otros, el veinticinco por ciento que no quería o no podía desalojar?”. “Ah (silencio de unos treinta segundos)… pues buena suerte para ellos”, fue su seca respuesta.
Y así han actuado los militares sionistas a lo largo del genocidio y de los constantes ataques que, desde siempre, han sufrido los palestinos, quienes han vivido un holocausto moderno a manos de Israel (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2012/04/el-holocausto-palestino-manos-de-israel.html).
Por ejemplo, han bombardeado ambulancias, a pesar de que llevaban claramente inscrito en sus toldos la señal de la Cruz Roja, como el ataque en Rafah, en que bombardearon cinco ambulancias, un carro de bomberos y un vehículo de la ONU, que llevaban ayuda humanitaria. Ese cobarde, miserable ataque, dejó quince trabajadores humanitarios fallecidos, a los que simplemente sepultaron en una fosa común. Y aunque trataron de justificar el ataque diciendo que los vehículos transitaban “sospechosamente” y sin identificación, uno de los trabajadores que sobrevivió demostró, con el video de un celular, que iban perfectamente identificados. Pero como dijo un soldado, es parte de lo mismo, matar al mayor número de palestinos posible (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Rafah_paramedic_massacre).
Como señalé, mientras las entrevistas ocurren, se muestran, por sus respectivas ventanas, a los moradores del edificio opuesto, que están en su cotidianeidad, despreocupados, escuchando “noticias” (más bien, desinformación), sobre lo que ocurría en Gaza, el país “terrorista”, se ven personas sentadas, parejas en sus camas, otros, con sus perros, sus gatos. Sin preocupación alguna.
En alguna parte, suena una alarma de ataque aéreo, pero nada sucede, pues fueron mínimos los cohetes lanzados por Hamas que pudieron evadir las defensas antiaéreas judías.
También participó una mujer, que señala que debían de considerar a todo lo que se moviera un “objetivo legítimo”. Otro, afirma que fue un genocidio y que por eso dejó al ejército. “Sí, sí, eso fue un genocidio”.
Otro dice que mataban en un solo día a 500 personas. “Oye, pero eso equivale a un pueblo pequeño de Israel, ¿no?, le pregunta Abraham. “Sí”, responde el soldado, “pero sólo cumplía con mi deber”, y quedan en silencio los dos, mientras se pasa a otra escena, mostrando la comodidad de los departamentos, las bulliciosas avenidas llenas de autos, las calles con caminantes, una obra en construcción…
Sí, la normalidad.
Esas personas, judíos, quizá unos pocos conscientes, como Abraham o Szor, nada temen, saben que sus militares, en perfecto cumplimiento de su deber, están aniquilando con mortíferos ataques a personas inocentes, así, como ellos, que tenían sueños, esperanzas, vidas, y que se las han arrebatado, no sólo al matarlos, sino al obligarlos a vivir en “tiendas de campaña”, compuestas de plásticos, viviendo entre escombros, basura, ratas, enfermedades, sin agua, sin alimentos, acorralados en tan sólo un tercio del territorio que antes ocupaban, marcado con una “línea amarilla” que nadie ve, pues ni siquiera está indicada, pero que si es traspasada, los soldados tiene órdenes de matar a quien sea, niño, mujer, anciano (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2024/07/las-destrozadas-vidas-de-los-gazaties.html).
Claro era un plan, la limpieza étnica que ya hicieron, pues valoran mucho esas tierras junto a la playa (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2024/11/se-confirma-el-plan-de-los-genocidas-de.html).
Bueno, y no deseo espoilear la cinta, pero la escena final es dramática. Esa sola escena, de un padre desesperado, buscando a sus hijos entre los escombros de lo que fuera una construcción, desgarra el corazón. Sobresalen los pies de toda su familia y el hombre, triste, desesperado, se pone a golpear los escombros con un palo, contemplando los pies de uno de sus hijos, gritando “¡Te dije que cuidaras a tu hermana… ayyyyy!”.
Sí, por eso, a lo largo del documental, se mostró la vida normal y cómoda en Tel Aviv.
Así que por eso los sionistas no quieren que el mundo vea ese documental, pues mostrará la barbarie que han practicado en Gaza y que quizá la presión internacional, ha aminorado (quizá) en algo los perversos, pervertidos ataques.
Pero deben de verlo, sólo así comprenderán la magnitud de la matanza, calculada matemáticamente, porque hasta en los alimentos que han permitido que entren, se limitan, con tal de que tengan las mínimas calorías, para no morir de hambre (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2025/08/los-genocidas-calculan-alimentos.html).
Veamos NAZA o de cómo se planeó y diseñó el genocidio
Contacto: studillac@hotmail.com