De cómo a un repartidor de app, le robaron su vehículo, con sus hijos dentro

Posted by Adán Salgado Andrade on miércoles, junio 23, 2021

 

De cómo a un repartidor de app, le robaron su vehículo, con sus hijos dentro

Por Adán Salgado Andrade

 

La llamada gig economy, es un término que se refiere a los trabajadores independientes, tales como freelancers, conductores, repartidores, contratistas independientes o a los que se alquilan por un proyecto, temporalmente o por tiempo parcial.

Ese tipo de empleos, se han posibilitado e incrementado últimamente, gracias a las llamadas apps, aplicaciones que pueden ser usadas en computadoras o, más aún, en celulares, permitiendo que las personas puedan trabajar por su cuenta, ser sus “propios jefes”. No sólo implica que dichas personas puedan laborar en su ciudad, sino, incluso, que puedan acceder a trabajos foráneos, de otros países (ver: https://whatis.techtarget.com/definition/gig-economy).

No sólo trabajadores independientes, han sacado provecho de la tecnología, sino que hasta empresas tan explotadoras, como la nefasta Amazon, la que ofrece un portal, denominado Mechanical Turk, “que es un mercado laboral colectivo, que facilita que individuos y negocios, se conecten entre sí, para hallar al empleado idóneo para una empresa o a la empresa idónea, para un empleado” (ver: https://www.mturk.com/).

Cobra una “comisión”, independientemente de si al empleado le pagan o no o lo denigrante que sea tal empleo, pues, por ejemplo, cuando se trata de trabajos de identificación de imágenes, a muchos, los obligan a ver imágenes grotescas de gente decapitada o mutilada, para “mejorar sistemas de Inteligencia Artificial”, con tal de identificar imágenes prohibidas y que sean censuradas. A otros, se les piden encuestas. Cuando las terminan, el demandante (requester) puede decidir, arbitrariamente, que no está bien hecha la encuesta y negar el pago. Pero como ya fue entregada, puede ser que sí le sirva, pero haya puesto el pretexto de que estaba mal, con tal de no pagar. El portal no tiene forma de evitar eso. Ah, pero sí, como dije, cobra, tanto al trabajador que recibió el trabajo, como al demandante (ver: https://gizmodo.com/horror-stories-from-inside-amazons-mechanical-turk-1840878041).

El término gig, fue tomado de la jerga usada por los músicos, cuando se les contrata por una sola vez. Lo que aquí se denomina un hueso (ver: https://dictionary.cambridge.org/us/dictionary/english/gig).

Los empleados que más se han desarrollado en ese tipo de autoempleo, son los repartidores de cosas, sobre todo, durante la pandemia. Pueden entregar de todo, desde paquetes de todo tipo, hasta alimentos.

Uno de tales empleados es el chino-estadounidense Jeffrey Fang, destacado entre sus amigos por su eficiencia. Fang, no trabajaba para una sola plataforma, sino para varias: Lyft, Uber, Amazon Flex, Kango, DoorDash, Instacart y Uber Eats.

Eso, porque tenía que sacar mucho dinero para mantener a su esposa, la que vivía en Beijing, con los padres de ella. Pero, debido a su eficientismo, Fang perdió de vista la seguridad, no sólo de su vehículo, sino hasta de sus hijos, que lo acompañaban, algunas veces, pues no tenía tiempo de estar en casa para atenderlos, debidamente. Es lo que expone el artículo de Wired, titulado “Pensó que podía ser más listo que la economía gig. Pero estaba equivocado”, firmado por Lauren Smiley (ver: https://www.wired.com/story/gig-economy-uber-lyft-doordash-jeffrey-fang/).

Todos lo consideraban una leyenda, incansable, que ganaba lo que quería, pues recurriendo a programas que le permitían ordenar por importancia las entregas más lucrativas, dejaba al último las menos lucrativas.

Nacido en Taiwan, su padre era importante ejecutivo de Cummins’, la empresa multinacional fabricante de motores diésel. A los doce años, toda su familia, se mudó a Estados Unidos, a Washington, pues la empresa requería que su padre estuviera allí. De hecho, el nombre original de Jeffrey era Shao-yu, “pero prefirió el de Jeffrey, para simplificarlo”. Dede allí, quedó fascinado con ese país.

Pero cuando Jeffrey cumplió 15 años, que apenas se iba acostumbrando a vivir en Estados Unidos, de nuevo, a su padre, lo cambiaron de residencia y lo enviaron a trabajar a China. Claro que era un muy buen puesto, así que la familia de Fang era acomodada. Incluso, su madre, adquirió una casa en Estados Unidos “como inversión”, cuando vivieron.

A Fang, le fue ofrecido que estudiara en la universidad de Beijing, pero, para decepción de sus padres, “dejó los estudios, seguro de que eso, no era lo suyo”,

Y regresó a Estados Unidos, dejando a quien fuera su novia, una chica china, en China, con tal de hacer fama y fortuna entre los estadounidenses. Se fue a San Francisco, en donde vivían unos parientes y su hermano estaba terminando la high school.

Comenzó vendiendo joyas y, luego, a los 22 años, se metió de corredor de bolsa, “ganando sólo $40,000 dólares al año, sin contar los bonos”. De todos modos, sacó un crédito para una casa que costaba $638,000 dólares, la que perdió al poco tiempo, como sucedió con muchos estadounidenses, afectados por la recesión, quienes perdieron sus empleos o su salario, no les alcanzaba, como fue el caso de Fang, quien habría requerido un mínimo de $2,500 dólares mensuales para pagar la hipoteca. Como tenía que enviar dinero a su chica y viajar dos veces al año a China, los gastos superaban su salario.

En el 2014, se casó, finalmente. Pero cuando se regresó a Estados Unidos, se enteró de que su esposa, ya estaba embarazada”. “Tenía forzosamente que ganar más dinero y comencé a trabajar como repartidor, en el 2008, pues ya era la moda y todo mundo, requería que le llevaran cosas”, dice a Smiley.

Y eso lo hizo, gracias a que su padre le había prestado un Acura TL. “En dos horas, me gané setenta y un dólares. Y dije, esto es lo mío”.

Y comenzó, trabajando en Lyft, una de las primeras apps, que ofrecía servicio de taxi, pero que luego también se dedicó a la paquetería. Y ganó, no los $1,500 dólares a la semana, que un veterano le aseguraba que era lo más que podría percibir. “Me esforcé mucho y llegue a ganar hasta $2,500 a la semana”.

Hasta formó una especie de club, con otras personas, que pronto se hicieron sus buenos amigos. Se pasaban tips, trabajos y entregas, con tal de tener más entradas. Era el 2015, y la competencia era férrea entre Lyft y Uber, los que para ganar clientes, bajaban las tarifas. Pero los afectados eran los conductores, pues recibían menos dinero por las entregas.

No sólo eso, sino que comenzaron a crearse otros servicios de paquetería y más y más gente, se incorporaba a ellos, viéndolos como una solución a su desempleo. Obviamente, al haber más competencia, los ingresos, comenzaron a bajar para Fang y sus amigos. Dos de ellos, dejaron de hacerlo y buscaron trabajos como diseñadores. Otro, se puso a estudiar administración.

Pero Fang, insistió en que el futuro era la entrega de cosas. Y siguió aferrado con la manejada y la entrega de todo el día.

Para complicación suya, su esposa, ya con tres hijos, decidió que lo mejor era que ya también los niños y ella, se fueran a vivir a Estados Unidos. Y los problemas de Fang se incrementaron, pues, como ya tenía que atender a su familia, tenía menos tiempo para las entregas.

Pero, de todos modos, se ahorró los veinte mil dólares que le salía viajar dos veces a China cada año.

Su deterioro físico, era evidente, pues tanto había trabajado en eso, muchas veces sin dormir, que no tenía ni 40 años, cuando ya las canas le abundaban.

Era muy ahorrativo, pues cuando sus amigos y él se reunían para comer, en horas desahogadas, ordenaba sólo una sopa y se comía las sobras de los demás. “Me decían el señor Scrooge, pero no me importaba. Lo más importante era mi familia y para ella era la mayor parte del dinero que ganaba”, lo cita Smiley.

Para el 2017, con tanta competencia, sus entradas bajaron mucho más.

Incluso, cuando se hizo un esfuerzo público para que Lyft y Uber trataran como empleados a sus conductores y no como asociados, Fang estuvo de acuerdo, porque, decía, les darían un sueldo fijo, y eso era mejor que nada.

Pero ganó la propuesta de que era mejor que sólo les dieran los servicios médicos y seguros y sólo si lograban determinado número de viajes. Eso fue gracias a que esas empresas, hicieron una negativa campaña, diciendo que si se aprobaba la moción de que todos fueran sus empleados, “muchos serían despedidos”. Pero, lo que en realidad hicieron, fue defender sus mezquinos intereses, con tal de seguir explotando a sus “socios conductores”.

La pandemia, significó un respiro para Fang, pues casi todo el 2020, sus ingresos mejoraron, porque subieron las compras en línea y las entregas de tales productos. “Llegaba a sacar hasta tres mil dólares semanales, muy buenos”.

Una psoriasis nerviosa le dio en la espalda y en la nuca, de tantas presiones a que se sometía por ganar más y más. “Llegaba a mi casa, y me ponía a revisar el celular, para ver qué entregas había. Es algo que se te hace vicio, y ya no me sentía a gusto, si no era revisando el celular, manejando o entregando algo”.

Y es que con tres hijos pequeños y su esposa china, que no sabía inglés, ni tendría posibilidad de trabajar en algo, no le quedaba de otra a Fang.

Pero la situación que le hizo entrar en razón, que no todo era trabajar y trabajar, fue cuando se convirtió en víctima de los robos hechos a los repartidores como él. Justo porque, por la pandemia, esos crímenes han incrementado los hurtos de los carros, motos o bicicletas de repartidores o a taxistas de Uber o de otras plataformas. Muy seguramente, de tantas presiones que Fang tenía en la cabeza, ni por enterado estaba.

Los ladrones, aprovechan que los repartidores dejan sus autos encendidos y abiertos, con tal de arrancar lo antes posible para dejar el siguiente pedido. Están tan presionados, que los de Amazon, por ejemplo, deben de orinar en botellas plásticas o defecar en bolsas de plástico, con tal de cumplir con las 400 entregas que muchos llegan a realizar diariamente (ver: https://jalopnik.com/amazon-driver-losing-his-cool-shows-exactly-what-is-wro-1847007519?utm_source=gizmodo_newsletter&utm_medium=email&utm_campaign=2021-06-01).

Los robos, no se limitan a quitarles sus autos o vehículos de cualquier tipo, sino que hasta los matan. Y eso ha metido algo de miedo en los repartidores o taxistas de apps, pues temen, no tanto por lo que les puedan robar, sino por sus vidas (ver: https://www.nbcnews.com/business/business-news/gig-workers-fear-carjacking-other-violence-amid-spike-violence-crimes-n1264987).

Y tantos robos y asesinatos están sucediendo, que de nuevo ha prosperado la iniciativa de que esas apps, consideren como empleados a sus repartidores, para obligarlas a darles sueldos fijos y más prestaciones. Y sería lo justo, pues son empresas que no gastan, más que en los softwares necesarios para que conductores y/o repartidores trasladen a gente o paquetes. Nada más. No deben de comprar vehículos, ni celulares, ni necesarios datos de internet, que todo eso corre a cuenta del conductor o repartidor.

Así que la noche del 6 de febrero del 2021, Fang debía de entregar un paquete en una zona residencial. Decidió llevar a su hijos de 4 y 2 años con él, sentados en los asientos traseros, puestos sus cinturones de seguridad, con helados y la película de Shrek 2 en la videopantalla de su minivan, una Honda Odyssey. Su esposa le había pedido que se los llevara, para que ella y su hijo mayor de seis años, pudieran concentrarse, pues ella lo regularizaría en una de sus clases de la primaria, por lo de las “clases en línea”.

Justo dejó encendido el motor del auto, para que sus hijos pudieran seguir viendo la cinta.

Le costó caro, pues un hombre estaba sentado del lado del conductor, cuando regresaba Fang de entregar el paquete. “¡¿Qué carajos haces allí?!”, le gritó. Echó a correr, pero, en ese momento, alguien le arrebató su celular, que era “toda el alma de mi vida, pues allí tenía todo, mis contactos, mis apps, todo”.

Y persiguió al ladrón, quien prefirió aventarle su celular.

Pero eso fue sólo el distractor, pues cuando Fang regresó a donde estaba su vehículo, ¡ya lo habían robado, con todo y sus hijos!

De inmediato, se puso en contacto con DoorDash, la app para la que en ese momento estaba trabajando.

Gracias a que, de inmediato, un ejecutivo de esa empresa, comenzó a hacer llamadas y a movilizar a la policía, Fang, incluso, pudo transmitir un mensaje radial, en el que pedía a los ladrones que se quedaran con todo, pero que le devolvieran a sus hijos, sanos y salvos. “Les pido, por favor, que me los devuelvan, ellos son lo más importante que tengo”, pidió, llorando, por el radio.

Y dio resultado, pues, por la tarde, una patrulla localizó a la Honda, que estaba abandonada en una carretera cercana. Por fortuna, los hijos de Fang, estaban allí, sanos y salvos. Y nada le robaron.

Pues habría que decir que se portaron decentes y humanos esos ladrones. Otros, no lo hubieran hecho o quizá sólo le habrían regresado a los niños.

Fang, con eso, aprendió la lección. Está buscando dedicarse a otra cosa, pues no ve que los empleados gig tengan mucho futuro, porque la competencia se incrementará y cada vez disminuirán más y más sus ingresos.

De hecho, lo vemos en México, en donde cada vez hay más apps de taxis, como Uber, Didi, Lyft y otras. Así como los servicios de reparto de comida, como Uber Eats o Didi Food. En mi consideración, se están saturando o ya lo están.

Un amigo reportero de Fang tuvo la iniciativa de crearle un fondo para los estudios de sus hijos en la plataforma GoFundMe, gracias a la cual, se reunieron $155,000 dólares. “Sé que eso, no me resuelve mis problemas futuros, pero ya es un ahorro para enviar a mis hijos al colegio en el futuro”, dice Fang.

Por desgracia, es tanta la competencia entre los empleados gig, que hasta problemas entre ellos hay. “En la primavera, una serie de violentos enfrentamientos, provocaron las muertes de empleados de DoorDash y Uber Eats en la ciudad de Nueva York, Chicago y Washington DC”, señala Smiley.

Y se puso a estudiar Fang notaría y cómo sacar licencias para bienes raíces. “Realmente, me rehabilité, aunque no me lo crea ni mi esposa”, le dice a Smiley, sonriendo.

Quizá a tiempo, antes de que un ataque al corazón, lo hubiera matado o unos ladrones, lo hubieran asesinado.

 

Contacto: studillac@hotmail.com

 

 

 

 

 

El planeta se está calentando más rápidamente de lo esperado

Posted by Adán Salgado Andrade on domingo, junio 20, 2021

 

El planeta se está calentando más rápidamente de lo esperado

Por Adán salgado Andrade

 

La depredación y contaminación ambiental, son dos factores que están dejando a este planeta como a un indigente espacial sin recursos, empobrecido, con cada vez menos condiciones, en muchos sitios, de albergar vida  (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2021/02/al-acabar-con-sus-recursos-estamos.html).

La producción de CO2 es ya de 33,100 millones de toneladas anuales y sólo traten de imaginar el volumen que ocuparía una tonelada de ese gas para tener ese peso. Ahora, el de tantos millones. Seguramente cubren varias veces la atmósfera (ver: https://www.usgs.gov/faqs/how-much-carbon-dioxide-does-united-states-and-world-emit-each-year-energy-sources?qt-news_science_products=0#qt-news_science_products).

Por desgracia, año con año, se incrementa la producción, no sólo de ese gas, sino de muchos otros, como el metano, el anhídrido carbónico y decenas de otros contaminantes gases de la atmósfera. Pero, además de contaminar, incrementan la temperatura del planeta, no sólo por sí mismos, sino porque, al cubrir a dicha atmósfera con una densa capa gaseosa, atrapan el calor que el Sol emite a diario. Por ello, se les llama gases efecto invernadero, pues, justo, realizan la función de los plásticos con los que se cubre a un invernadero, con tal de que se incremente la temperatura de ese lugar, en donde se cultivan plantas.

El problema es que la mayoría de los que vivimos en este planeta, no somos plantas, así que tanto calor, ya está siendo tóxico. A más de 35º centígrados, el cuerpo humano tiene problemas para desechar el calor adicional y se sufre el llamado “golpe de calor”, que es mortal (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2019/10/el-toxico-y-mortal-calentamiento-global.html).

Los efectos de las altas temperaturas, ya se experimentan y de manera muy severa, como largas sequías, que secan lagos, contribuyen a los incendios forestales, empobrecen países y acaban con la vida (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2021/06/megasequia-en-california-empeorara-con.html).

El derretimiento acelerado de polos y glaciares, es otra de las brutales consecuencias del calentamiento global, lo que acabará con los reguladores de temperatura del planeta. En pocos años, no habrá frío, será cosa del pasado (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2021/01/el-artico-presenta-cada-vez-mas-dias.html).

Y probablemente, muchas consecuencias que se tenía pensado, sucederían hasta el fin del siglo XXI, ya hasta se estén adelantando. Eso, porque científicos que estuvieron un año en el Ártico y que regresaron recientemente de su expedición, dicen que muy seguramente, ya llegamos a un “punto de inflexión, al agravar el calentamiento con la desaparición del casquete polar de Groenlandia o el deshielo de zonas amplias del permahielo del Ártico” (ver: https://www.jornada.com.mx/2021/06/16/ciencias/a02n1cie).

Y es que al avanzar los estudios climáticos, con mejores instrumentos de medición, se están descubriendo cosas realmente impensables hace unos diez años.

Es lo que expone el artículo del sitio digital Gizmodo, titulado “La NASA señala que la Tierra está absorbiendo un incremento de calor sin precedente”, firmado por Brian Kahn, quien agrega como subtítulo que “La Tierra, literalmente, se está quebrando, de acuerdo con una nueva investigación de la NASA” (ver: https://gizmodo.com/nasa-earth-is-absorbing-an-unprecedented-amount-of-hea-1847120967).

Comienza Kahn diciendo que “Una ominosa investigación, muestra que la Tierra está absorbiendo un perturbador incremento de calor. En los pasados 15 años, el incremento de radiación solar, atrapada en tierra y en los océanos, se ha multiplicado, lo que indica que el planeta está saliéndose rápidamente de las condiciones que han permitido a la civilización estar aquí”.

Y, explica Kahn, que el planeta “absorbe una cantidad de energía y emite la misma cantidad, como una persona que gana cierto salario y lo usa para adquirir balanceadamente cosas útiles. Sin embargo, la Tierra se está desbalanceando”.

Cierto, porque, como dije antes, los gases atrapados por el planeta, no salen. Y son los océanos, mayoritariamente, los que absorben el 90% del calor atrapado día a día, lo que los ha hecho más ácidos, dificultando la vida de la fauna marina, como peces, ballenas, delfines, corales, plancton y todo lo que haya en sus aguas, que esté vivo. Eso, sin contar que los mares, son el basurero planetario, en donde hay de todo, desde derrames petroleros, radioactivos, basura de todo tipo, naufragios, plásticos, microplásticos, basura doméstica… ¡y todo tipo inimaginable de desperdicios! (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2020/12/naufragios-de-barcos-cargueros-mas.html).

Además, debido al calor absorbido y contaminantes como los fertilizantes que se escurren de las tierras arables, algas microscópicas como diatomeas, se están reproduciendo y están formando capas natosas, nauseabundas y pegajosas, en varias costas, como actualmente sucede en Turquía, lo que roba oxígeno y luz a las especies marinas (ver: https://www.wired.com/story/whats-with-all-this-ooey-gooey-sea-snot/).

Los científicos de la NASA, pudieron calcular todo ese calor extra, recurriendo a récords históricos y a satélites, observando que el desbalance, actualmente es de 0.3%, que pudiera parecer no mucho, pero como el planeta es un cúmulo de equilibrios ambientales, realmente nos está conduciendo a una acelerada catástrofe climática. De hecho, desde el 2005, el planeta ha absorbido el doble de calor.

El científico Gregory Johnson, ha establecido analogías, para ayudar a comprender lo grave del asunto. “El calor absorbido es igual a detonar cuatro bombas como la de Hiroshima cada segundo, o que todos los 7,500 millones de humanos, prendiéramos una cafetera eléctrica y la dejáramos funcionando”.

¡Sólo imaginen esas cuatro bombas estallando cada segundo! A eso equivaldría el calor extra absorbido por el planeta, que no se está desechando. Por eso, no son de extrañar tantos desequilibrios climáticos que estamos experimentando ya, y que muchos, como señalo arriba, se esperaban en el 2050 o hasta el 2100.

Y empeorarán, pues tanto calor absorbido en estos 15 años, está fuera del alcance de los científicos, determinar qué efectos extras ocasionará en los hábitats, en el clima, hasta en las ciudades.

Ciudades como Las Vegas, en el estado de Nevada, Estados Unidos, ya se está, literalmente, “asando”.

Todavía no es pleno verano “y ya, la ciudad, tiene temperaturas de 46.6º centígrados. Ni a la media noche, disminuye tan alta temperatura. Es un nuevo récord que se ha establecido y empeorará”.

Es lo que expone un artículo de The Guardian, titulado “¡Es brutal, pues Las Vegas, se está asando por un calor infernal y se pondrá peor”. Un subtítulo dice que “Los turistas hacen fila para entrar a casinos con aire acondicionado, en medio de temperaturas récord, pero muchos de los habitantes locales, no pueden acceder a esos sitios” (ver: https://www.theguardian.com/us-news/2021/jun/19/las-vegas-heatwave-nevada-us-west-temperatures).

El problema adicional es que humo y polvo de incendios forestales cercanos, “agravan la situación”. Las fotos que acompañan al artículo, muestran a turistas , haciendo filas para acceder a casinos, restaurantes o súper mercados con aire acondicionado.

Pero no todos pueden darse ese lujo. Cita el artículo a Violet, una mujer que se gana la vida, posando con turistas, enfundada en unos cortos, ajustados shorts y un top. “Me estoy muriendo de calor, la verdad, pero no puedo dejar de trabajar, a pesar de que tengo un problema en el corazón”, dice, mientras chorrea sudor por cara y cuerpo. Debe de estar tomando agua constantemente, con tal de no deshidratarse.

Las Vegas, como muchas otras ciudades de Estados Unidos y del planeta, serían inhabitables, de no ser por el masivo y extensivo empleo del aire acondicionado, el que, de todos modos, al expeler aire caliente, incrementa la temperatura a nivel local y global. Sólo colóquense detrás de un aire acondicionado y sentirán todo el calor que es desechado. Ahora, imaginen a los cientos de millones de aparatos funcionado por todo el planeta y comprenderán a que me refiero (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2019/09/el-fresco-aire-acondicionado-agrava-el.html).

Las Vegas, está resintiendo una ola de calor, “la primera de varias que azotarán al sureste de Estados Unidos, debido a la crisis climática y al irracional crecimiento de la ciudad”.

Una foto muestra, en efecto, que varios fraccionamientos se están construyendo ¡en medio del desierto!. La ciudad, fundada en pleno desierto, comenzó a florecer por la introducción de casinos y otros “atractivos”, como el hecho de que parejas pueden casarse o divorciarse en cuestión de horas (ver: https://www.history.com/topics/us-states/las-vegas#section_2).

“Los residentes se han incrementado en más de 64% entre el 2000 y el 2018 en el condado. Los funcionarios esperan que continúe el crecimiento, proyectándose que en los próximos 40 años, cerca de 3.2 millones de personas tengan allí su hogar, o sea, otro 40% de incremento adicional. La ciudad ha pedido autorización para que se ocupen otras 12,000 hectáreas de desierto para esos proyectos habitacionales”.

Muy optimistas, pues no creo que esa ciudad, con tanto calor y falta de agua, exista dentro de 40 años.

Sinceramente, no compraría una casa en medio del desierto, por muy atractiva que fuera, con aire acondicionado en cada cuarto, el que ya es obligatorio, como norma constructiva, “pues las construcciones, desde 1995, se deben de mantener a una temperatura interna de 21º centígrados (ver: https://www.reviewjournal.com/local/local-las-vegas/local-laws-dont-require-ac-in-most-southern-nevada-homes/).

Así que, imaginen el brutal consumo de electricidad que tan solo Las Vegas requiere para mantener a 21º centígrados la temperatura de casas, casinos, comercios, cines y otros “atractivos turísticos”. Un solo casino, en promedio, paga $100,000 dólares mensuales de electricidad, unos $2,100,000 pesos. Es de las ciudades de Estados Unidos que más electricidad requieren, en proporción a su población, (ver: https://www.usaonlinecasino.com/blog/industry-insights/how-much-electricity-does-las-vegas-use/).

Tanta expansión urbana, está ocasionando problemas, como falta de agua, vehículos de todo tipo que se sobrecalientan y los problemas de salud y mortandad, de gente muy sensible a las altas temperaturas.

Y es tan drástico el cambio climático, que los mismos habitantes de la ciudad “ya están notando esos cambios, que llegaron para quedarse”.

Los pobres trabajadores que laboran en la construcción o en tareas públicas, como arreglo de calles, asfalto y demás, “deben de trabajar sin quejarse”. Cita el artículo a Ignacio Regrelar, un latino que trabaja haciendo casas, ocho horas diarias. “Sí, hace mucho calor, y es muy duro, pero necesito el trabajo. Si el jefe dice que está listo y tú no estás, te despide y contrata a otro. No nos queda más que trabajar”, dice Regrelar, quien está terminando una fachada de una nueva casa. Sí, esos trabajadores, deben de sufrir duras condiciones, a cambio de doce dólares por hora, cuando mucho.

Eso lo vi, hace algunos años, que estaba en Arizona, justamente en el verano, con insoportables temperaturas de casi 40º centígrados, que trabajadores que estaban asfaltando una calle, usaban sus uniformes de gruesa tela, consistentes en camisolas grises y pantalones del mismo color, a pleno rayo del sol. Todos se veían latinos, ninguno blanco, pues solamente ellos pueden aceptar trabajo en esas condiciones tan extremas (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2012/09/viviendo-con-crisis-y-38-grados-bajo-el.html).

Cita el artículo a otro empleado, Rafael Martínez, que trabaja como guardia de seguridad de un casino, quien platica que ve a gente desmayarse por el extremo calor. “Sí, es seguido, los veo desmayarse. Yo, procuro estar en la sombra, porque si estás en el sol, te deshidratas, y tomar mucha agua, que me ayuda un poco”.

Otro trabajador, de un hotel, dice que “lo que te hace mal es estar saliendo y entrando, pues te descompensas”. Claro, de estar en calor extremo a un ambiente climatizado, es muy dañino para la salud. “Pero no puedes quejarte, porque te corren y yo, de verdad, necesito el trabajo”.

Ya, el gobierno local, considera al calor extremo un “mortal desastre ambiental” y ha hecho obligatorio que nadie deje encerradas en los autos a mascotas o a personas, “pues pueden morir”. Sí, sólo recuerden cuando un auto se deja al sol, en un caluroso día, la temperatura interna, fácilmente rebasa los 10º centígrados exteriores, es, literalmente, un horno. Y es, en efecto, mortal.

Además, el calor extremo, puede provocar falla renal, falla en la actividad mental y otros males, como señalan los expertos. Sólo traten de leer o hacer una tarea en su computadora con una temperatura de más de 30º centígrados, es casi imposible.

Las Vegas, ha proveído “centros de enfriamiento” para las 6,000 personas que no tienen casa en esa ciudad, como los que viven bajo los puentes (ver: https://www.dailymail.co.uk/news/article-1326187/Las-Vegas-tunnel-people-How-1-000-people-live-shimmering-strip.html).

Y de hecho, las personas que más mueren debido al calor extremo, son las que están en condición de calle. Por su situación y mala salud, son más vulnerables.

Por si fuera poco, la falta de áreas verdes, en esa desértica ciudad, complican más las cosas, pues la falta de ellas, la priva de un muy efectivo regulador de las altas temperaturas.

Por otro lado, eso ya debe de poner en consideración, el que ya no se construyan zonas habitacionales en sitios cada vez más inhóspitos, debido al calentamiento global. No sólo construir en medio de desiertos, sino bosques, selvas, sitios fríos – los que quedan, como en Alaska – y otros, que, con el tiempo, ya no pueden ser habitados.

Tanto se ha expandido la ciudad, que una granja porcina, tuvo que alejarse a otros terrenos, dado que los suyos, le fueron casi arrebatados por una inmobiliaria. Sarah Staloard, la gerente de la granja, dice que “mi familia ha estado aquí durante 50 años, pero ha crecido bastante la ciudad. Nos hemos tenido que cambiar. Espero que no se expanda tanto la ciudad, pero nunca se sabe. Por lo pronto, a los marranos les echamos agua todo el tiempo y se cubren con lodo. Pero si esto sigue así, tendremos que contratar a alguien para que esté refrescándolos durante la noche. Y quién sabe cuánto más podamos tener la granja si el calor sigue empeorando”.

No me preocuparía, pues de seguir incrementándose el calor, ni su granja, ni esa ciudad de casinos y atractivos “turísticos”, existirán.

Y buena parte del planeta, será inhabitable.

Agradezcamos al capitalismo salvaje, que por su tendencia a sobreproducir y sobrecontaminar, está haciendo a la noble Tierra, un planeta inhabitable.

 

Contacto: studillac@hotmail.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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