Los criminales, provocados incendios de la Amazonia brasileña

Posted by Adán Salgado Andrade on sábado, septiembre 14, 2019

Los criminales, provocados incendios de la Amazonia brasileña

por Adán Salgado Andrade

El fuego, en estos momentos que escribo estas líneas, sigue consumiendo y acabando con la selva amazónica brasileña – y también la boliviana, pues se han propagado los incendios hasta ésta – y no son incendios “accidentales”, como el fascista Bolsonaro y sus esbirros, han hecho creer. Al contrario, es un muy bien orquestado plan para que lo que se vaya quemando, sirva para sembrar pastos y que de ellos se alimenten cientos de miles de cabezas de ganado, con tal de que Brasil siga en el primer lugar de ventas mundiales de carne bovina. Además, buena parte de la contaminación, producida por tantos agroquímicos que se necesitan para producir pastos y para mantener “saludables a miles de vacas, van a dar al mar, con la complicación adicional de que se producen algas marinas en exceso, como el sargazo, que desde tan lejos llega a costas de Quintana Roo (ver: https://www.animalpolitico.com/2019/07/sargazo-clavez-problema-ambiental-caribe/).
El reportero Tom Phillips, de The Guardian, realizó un épico recorrido por río, de 2000 kilómetros por el estado de Rondônia, en el cual constató que los incendios son realmente provocados por ganaderos que, así, de manera criminal, buscan ampliar sus potreros, con tal de que sus cientos de miles de cabezas de ganado tengan suficiente alimento con los pastos que crecerán, en donde antes existieron grandes árboles, como ceibas, ahuehuetes, caobas y otros (ver:  https://www.theguardian.com/environment/2019/sep/09/amazon-fires-brazil-rainforest).
Bolsonaro ha impulsado y cobijado la bárbara, irreversible destrucción, diciéndole a la gente que la selva es improductiva y que deben de ponerla a trabajar, para que “genere riqueza”.
Vaya imbécil, si la selva está allí, virgen, es porque realmente trabaja, es el pulmón que entrega el 20% del oxígeno que a diario respiramos. Y ese es “su trabajo”, si así podría llamarse a tan importante función.
Da cuenta Phillips de su recorrido, en una parte en donde, apenas por la mañana, se había iniciado un nuevo incendio, como le comentó Valdir Urumon, el jefe de un poblado indígena, en una aislada zona del estado de Rondônia. La columna de humo, destacaba de entre las techumbres de palma de sus humildes viviendas. Ganado que pastaba cerca – en tierras de zacatales que antes eran selva –, veía, asustado, las grandes llamas consumiendo la vegetación, coronadas por altas, humeantes columnas (esa terrible imagen de la devastación, es la que encabeza al artículo).
Por la tarde, el fuego se había propagado bastante, abarcando más de tres kilómetros. Dice Phillips que pareciera como si muchas partes de la selva estuvieran siendo fuertemente bombardeadas.
Por supuesto, nadie acudió a apagar el fuego. Cerca estaba la casa de una granja, pero vacía, ningún habitante. Sin embargo, había dos barriles de diésel y bidones de gasolina, tirados en la entrada de la casa, los que darían idea de que alguien habría provocado el criminal incendio, posiblemente un ranchero, que así expandiría “sus” tierras. Vaya irracional, delincuencial manera de ampliar sus “dominios”. Inimaginable que haya personas tan mezquinamente ambiciosas e ignorantes, que destruyan en unas horas lo que le llevó a la Naturaleza decenas de años en hacer, con tal de que se hagan de más tierras para una depredadora, contaminante actividad.
Pero el ministro del exterior de Brasil, el igualmente nefasto Ernesto Araújo, dice que “no, para nada, se está quemando el Amazonas”.
Igualmente, el gobernador de Rondônia, Marcos Rocha, también aliado de Bolsonaro, insiste en que todo es un complot para descarrilar la economía de Brasil.
Dice Rocha “Si vemos la situación en otros países, los bosques están incendiándose peor que en Brasil. Usted va a Londres u otros países y ¿qué es lo que ve? No es neblina, es fuego, fuego de combustión, fuego de industrias. Entonces, ¿cómo pueden exigirnos algo que ellos no han hecho?”. Muy estúpida la comparación, pues Brasil también tiene industrias que contaminan y eso es otra cosa. El punto, aquí, es que la selva, que es un patrimonio mundial, es la que se está quemando.
Y, sí, no sólo hay incendios cada año en Brasil, sino en muchos lugares, como en África, Estados Unidos (EU), España, Portugal, Inglaterra…
La mayoría son por “descuidos”, digamos. Otros, provocados, pero que los más de 80 mil que se han dado en la selva brasileña sean intencionales, no puede justificarse como dice el ignorante Rocha, que antes de ser gobernador, fue policía.
Pero todos los funcionarios de la mafia en el poder comandada por Bolsonaro, insisten en que “la conservación de la selva es una gran prioridad”.
Y todos ellos están muy molestos con las recientes declaraciones del presidente francés Emmanuel Macron, quien cuestionó a Bolsonaro por su irresponsabilidad en cuanto a la devastación de la selva.
Un pelele congresista de Bolsonaro, João Chrisóstomo, muy irritado, dice que “Macron no es el presidente de Brasil, ni siquiera es de las Américas. Esta selva no está compartida, como él dice. le pertenece a una nación que goza de plena autonomía y autoridad para decidir que pase con esa selva y toma todo el cuidado posible para preservarla”. Ese hipócrita “nacionalismo” puede conducir a una catástrofe mundial, no sólo brasileña.
El único funcionario que se preocupó por los incendios y la inmoderada tala, Ricardo Galvão, respetable científico y ambientalista, quien fuera director del Instituto Nacional Brasileño para la Exploración Territorial, fue destituido por el fascista Bolsonaro, por su extrema preocupación sobre la destrucción de la selva. Galvão, no tuvo empacho en enfrentar al fascista y reclamarle su irresponsabilidad (ver: https://www.theguardian.com/world/2019/aug/09/bolsonaro-blessed-brutal-assault-rainforest-sacked-scientist-warns).
Pero en el recorrido que hizo Phillips, todos los testimonios dejan en claro que ha sido la tóxica retórica de Bolsonaro, la que ha propiciado tantos incendios, de los que, tan sólo en agosto, hubo más de treinta mil. Y también la gente consciente le dijo que, de seguir los provocados incendios, las cosas empeorarán. En un apocalíptico escenario, toda la selva podría quemarse, lo que acabaría con una quinta parte del oxígeno que respiramos, además de que su total quema produciría millones de toneladas de bióxido de carbono, que contribuirían más al calentamiento global, dañando a todo el planeta.
Los esfuerzos de activistas y de funcionarios de la agencia de protección ambiental brasileña, Ibama, son perseguidos, acosados y asesinados por las mafias criminales que, asociadas a la que está en el poder, deforestan y queman, a su antojo, lo que va quedando de selva.
Y, de hecho, Ibama está siendo reducida por la mafia bolsonarista, pensando que sus actividades son irrelevantes.
Muchos activistas y habitantes de la selva han expresado a los empleados que quedan de Ibama, su preocupación por lo que sucede en la selva, con las actividades de sembradores de soya (transgénica, por supuesto, de Monsanto), rancheros y megamineras, que se han acelerado, impulsadas por el discurso antinaturaleza de Bolsonaro y sus esbirros.
Pero los que votaron por el Hitler brasileño, dicen que “es nuestra esperanza para mejorar”, como declara Martin Tavares, un minero de 33 años, que afirma, orgulloso, que él y todos sus colegas y familiares lo apoyaron. “Es nuestra esperanza para que alimentemos a nuestras familias”. Seguramente se trata de sectores de bajos recursos, que se creen todo lo que les dicen los corruptos “políticos”. Pero, no pasará mucho tiempo para que se den cuenta que la destrucción selvática, conducirá a una mayor pobreza, pues cuando un país acaba con sus recursos naturales, se hunde más en la miseria. Es como si no tuviéramos dinero y, como “solución”, vendiéramos todos nuestros bienes, hasta nuestra casa. Al paso del tiempo, nos quedaríamos sin nada y totalmente pobres, en una situación mucho peor.
Y, de verdad, dejan “helado”, por decir lo menos, las declaraciones que fue recogiendo Phillips por su recorrido. Como la de Rui Souza, dueño de una gasolinera, en Humaitá, que les vende combustible a los buscadores de oro, quien dijo que “él estaba muy optimista de que Bolsonaro se deshiciera de las áreas protegidas y las reservas indígenas, para que se les pudiera explotar comercialmente”. ¿Pueden imaginar tan estúpida mentalidad? Es como si alguien dijera – que lo han hecho – que se urbanizara el bosque de Chapultepec, importante pulmón de la ciudad de México, porque, así como está, no genera un valor comercial.
Todavía tuvo el descaro de quejarse el hombre, de 65 años, “Nuestra Amazonia es muy rica, mi amigo. Pero no se nos permite usar nada de ella”.
Justo en Rondônia, en donde Bolsonaro recibió el 72% de la votación, es donde más tiene apoyo. Hay anuncios espectaculares que anuncian “Juntos cambiaremos el destino de Rondônia y de Brasil”.
“Casi todos, aquí, votamos por Bolsonaro”, le dice un restaurantero de 69 años, Vicente Costa, cuya camioneta está llena de calcomanías que dicen “Cambiemos Brasil de verdad”.
O sea, el “cambio verdadero” es quemando la selva y limpiando los restos, para que ganaderos y mineros hagan de las suyas.
Y esos mezquinos intereses, contrastan con los de los nativos, que ven en peligro su hábitat y forma de vida, si se extingue la selva. Ya lo experimentaron en los 1960’s, cuando la férrea dictadura destruyó miles de kilómetros de selvas para construir autopistas y una depredadora “nueva” capital, Brasilia. “En su campaña, Bolsonaro prometió dividir nuestras tierras”, dice Valdilleme Urumon, de 28 años, un nativo, cuyas tierras han seguido siendo devoradas por el fuego. ”Pero no queremos dividirlas, son lo único que tenemos los indígenas”, dice, muy triste.
Y aunque Bolsonaro y sus esbirros insistan en que “no hay fuegos”, los incendios provocados se dan a diario.
En el recorrido de Phillips, decenas surgieron, como en Humaitá, que dos bomberos locales trataron, inútilmente, de apagar. Uno de ellos le dijo, mientras trataba de sofocar las llamas con una manguera de caucho, “El medio ambiente es muy importante para nosotros, ¿no? Nos entristece ver que se destruya así”. Ese bombero, sí que tiene conciencia ecológica.
Y esos solitarios bomberos, le dijeron a Philips que seguramente había sido provocado y que mejor partiera de allí, no fuera a ser que quien lo había hecho, anduviera merodeando por el sitio y le pudiera hacer algo. Es sabido que activistas y periodistas honestos son secuestrados y asesinados en todo el mundo.
Conforme las flamas se extendían, llegó el momento en que la manguera de uno de los bomberos, ya no pudo alcanzarlas. Exhausto, le dijo a Phillips que cada año hacían campañas para prevención de incendios. “Pero entre más lo pedimos, más empeoran los incendios. La verdad es que ya no tenemos fe en que la gente entienda que necesitamos proteger la Naturaleza”.
Pero, algunas personas, sí lo entienden, como el jefe indígena Raoni Metuktire, ambientalista también, de la tribu Kayapó, quien, recientemente, hizo la siguiente declaración: “Por muchos años, nosotros, la gente nativa y líderes del Amazonas, les hemos estado advirtiendo a ustedes, nuestros hermanos, sobre todo el daño que han provocado a nuestras selvas. Lo que ustedes hacen, cambiará todo el planeta, destruirá nuestra casa y destruirá también su casa.
Hemos dejado de pelear entre nosotros, para juntarnos. Hace apenas una generación, peleábamos unos contra otros, pero ahora estamos unidos, peleando contra nuestro común enemigo. Y ese enemigo común son ustedes, los no nativos, que han invadido nuestras tierras y ahora están quemando hasta las pequeñas partes de los bosques en donde vivimos y que son los que ustedes nos dejaron. El presidente Bolsonaro está alentando a los granjeros cercanos a nuestras tierras a que limpien el bosque y no le interesa hacer nada para prevenir que invadan nuestro territorio.
Les decimos que paren lo que están haciendo, que paren la destrucción, que paren su ataque a los espíritus de la Tierra. Cuando ustedes cortan los árboles, ustedes asaltan los espíritus de nuestros ancestros. Cuando ustedes escarban para buscar minerales, ustedes perforan el corazón de la Tierra. Y cuando ustedes tiran venenos en la tierra y en los ríos, químicos de la agricultura y mercurio de las minas de oro, ustedes debilitan a los espíritus, a las plantas, a los animales y a la tierra misma. Cuando ustedes debilitan la tierra de esa manera, ella comienza a morir. Si la tierra muere, si nuestra Tierra muere, entonces, ninguno de nosotros podremos vivir, y también moriremos.
¿Por qué hacen esto? Ustedes dicen que es por desarrollo, pero ¿qué clase de desarrollo despoja la riqueza del bosque con solo una sola especie de planta o una especie de animal? Donde una vez los espíritus nos dieron todo lo que necesitábamos para una vida feliz, todas nuestras casas, nuestra comida, nuestras medicinas, ahora sólo hay ganado o soya. ¿Para quién es ese desarrollo? Sólo unas cuantas personas viven en las granjas. Esas tierras son erosionadas y no pueden sustentar a mucha gente.
¿Así que por qué hacen esto? Vemos que es para que algunos de ustedes se hagan de mucho dinero. En la lengua kayapó, le llamamos a su dinero piu caprim, hojas tristes, porque eso es una cosa muerta e inútil, y sólo trae daño y tristeza.
Cuando su dinero viene a nuestras comunidades, casi siempre ocasiona grandes problemas, dividiendo a nuestra gente. Y vemos que lo mismo sucede en sus ciudades, en donde a quienes ustedes llaman ricos, viven aislados del resto, temerosos de que otra gente les robe su piu caprim. Mientras tanto, hay gente que se muere de hambre y vive en la miseria, pues no tienen suficiente dinero para alimentarse ellos y sus niños.
Pero esa gente rica va a morir, así como todos nosotros moriremos. Y cuando sus espíritus dejen a sus cuerpos, esos espíritus estarán tristes y sufrirán, porque, mientras estaban vivos, hicieron sufrir a tanta gente, en lugar de ayudarla, en lugar de asegurarse que todos los demás tuvieran comida suficiente, antes de que ellos, los ricos, se alimentaran, que es lo que nosotros hacemos, los Kayapó, lo que hace la gente indígena.
Ustedes tienen que cambiar la manera en que viven, porque ustedes están perdidos, ustedes han perdido su camino. Adonde ustedes se dirigen es sólo a la destrucción y muerte. Para vivir, ustedes deben respetar al mundo, a los árboles, a las plantas, a los animales, a los ríos y aún a la tierra misma. Porque todas estas cosas tienen espíritus, todas estas cosas son espíritus y sin los espíritus la Tierra morirá, la lluvia dejará de caer y las plantas comestibles se marchitarán y morirán también.
Todos respiramos este único aire, todos bebemos la misma agua. Vivimos en este único planeta. Necesitamos proteger la Tierra. Si no lo hacemos, los ventarrones vendrán y destruirán el bosque.
Entonces, ustedes sentirán el miedo que nosotros sentimos, cuando vemos los devastadores fuegos acercarse a nuestras tierras”.
Muy triste declaración, que no requiere de más palabras.
Los mitos católicos dicen que “si obramos mal”, nos iremos al infierno.
No hace falta decir que lo estamos provocando aquí. Y nosotros mismos somos los demonios que atizamos sus condenatorias llamas.

El fresco aire acondicionado agrava el calentamiento global

Posted by Adán Salgado Andrade on viernes, septiembre 13, 2019

El fresco aire acondicionado agrava el calentamiento global
por Adán Salgado Andrade

El calentamiento global hará que muchos sitios sean ya inhabitables, por las altas temperaturas que se están generando. Y actualmente, muchos no podrían ser habitables tampoco, de no ser por los aparatos de aire acondicionado, que enfrían a temperaturas de menos de 25 grados Celsius el aire caliente del exterior. Por desgracia, esa “comodidad” para volver habitable hasta al desierto, como se hace en países desérticos, entre ellos, los árabes o estados de Estados Unidos (EU), como Arizona o Nevada, tiene sus costo. Por ejemplo, el empleo de aire acondicionado en Phoenix, Arizona, durante el día, ocasiona que en las noches, suba uno o más grados centígrados la temperatura. Así que se produce un círculo vicioso, pues para disipar ese calor extra de las noches, los aires acondicionados de la ciudad trabajarán mucho más (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2018/10/el-irreversible-y-catastrofico.html).
Pero, como señalé, en muchas ciudades del planeta, no pueden vivir sin aire acondicionado, por supuesto, los grupos sociales que puedan comprarlo y pagar la electricidad que requiere un aparato de aire acondicionado, el que consume la que gastan cuatro refrigeradores pequeños.
El periódico The Guardian publicó recientemente un artículo, firmado por Stephen Buranyi, que analiza el problema del aire acondicionado, al que considera como un mal necesario, porque, aunque permite la existencia “normal” en millares de lugares, lo está haciendo a un muy elevado costo, tanto de electricidad, así como de liberación de más calor, justo lo que se pretendería evitar (ver: https://www.theguardian.com/environment/2019/aug/29/the-air-conditioning-trap-how-cold-air-is-heating-the-world).
Buranyi comienza mencionando que en una noche de jueves, de julio del 2019, la ciudad de Nueva York experimentó un pico de uso de la electricidad, pues sus moradores, debido a una onda de calor, prendieron sus aires acondicionados al mismo tiempo, lo que ocasiona que la red eléctrica pueda sobretensarse y, si es demasiada la saturación, pueda fallar. En Nueva York, en un día cualquiera, se consumen alrededor de diez mil megawatts (MW), ¡cada segundo!. Un brutal consumo. Esa electricidad la provee la compañía eléctrica Con Edison. Pero en las ondas de calor, cada vez más frecuentes, el consumo asciende a más de 13,000 MW, casi al límite de lo que la empresa puede proveer. En el 2006, un sobrecalentamiento de las líneas de transmisión ocasionó un apagón y dejó sin servicio a 175,000 personas por una semana, durante una onda de calor que mató a 40 personas. Así que el 21 de julio del 2019, con temperaturas arriba de 360 C, Con Edison cortó el suministro a 50 mil clientes en Brooklyn y Queens, durante 24 horas, temerosa de que volviera a repetirse un incidente como el del 2006. A cambio, las autoridades enviaron a la policía para ayudar a los residentes que se quedaron sin luz y Con Edison distribuyó hielo seco, para que se enfriaran sus casas (hay, incluso, formas de hacerse de “aires acondicionados” con ventiladores y hielo o agua helada, claro, en el evento de que se cuente con luz).
Señala Buranyi que el aire acondicionado es, como dije antes, la “solución” para lograr un ambiente en el que se pueda vivir. Pero esos aparatos consumen mucha electricidad. Los pequeños, que sirven para enfriar una habitación, emplean la energía de cuatro refrigeradores. Y los centrales, que enfrían toda una casa, consumen lo de 15 refrigeradores. Y qué decir de todo el aire caliente que producen, el que contribuye a agravar el calentamiento global. Se menciona a John Dulac, un analista de la Agencia Internacional de Energía (AIE), quien declara que “en el 2018, en una onda de calor, en Beijing, el 50% de la capacidad eléctrica fue para que funcionara el aire acondicionado de los usuarios”. Y hay que lidiar con esos picos eléctricos, pues, de otra manera, hasta muertos hay.
Y ya está tan extendido el aire acondicionado (por supuesto, entre los grupos sociales que pueden comprar los aparatos y pagar los altos recibos por consumo eléctrico), que hay actualmente unos 1000 millones de unidades (de las que sirven para climatizar una habitación), o sea, alrededor de una de cada siete personas, los tiene. Y para el año 2050, cuando las temperaturas sean infernales en la mayor parte del planeta, habrá unos 4500 millones de aires acondicionados, “haciendo que sean tan comunes, como los celulares hoy día. EU usa cada año, en electricidad para los aires acondicionados, el equivalente al que usa Inglaterra”. Sí, pues de por sí, EU es el país que más energía consume y desperdicia del planeta, alrededor del 40% del total mundial (en verano, las casas en lugares como Arizona, que llega a experimentar temperaturas de hasta 50 grados, están tan frías, que incluso se usa suéter. Así que sólo imaginen cuánta energía se requiere para lograr eso en millones de casas).
Como casi se generalizará el empleo del aire acondicionado – excepto por los pobres, que son quienes más mueren durante las ondas de calor –, “la AIE predice que el aire acondicionado usará el 13% de la electricidad mundial y producirá 2000 millones de toneladas al año de bióxido de carbono, más o menos la misma cantidad que India produce actualmente, siendo el tercer emisor a nivel mundial de ese perjudicial gas”. O sea, le vamos a echar más leña a la lumbre, como dice el vox populi.
Y el empleo del aire acondicionado se ha incrementado conforme el planeta se calienta. Todavía en 1990, había solamente 400 millones de unidades de aire acondicionado, principalmente en EU, pero, al elevarse las temperaturas mundiales, se optó por elevar su uso, en lugar de buscar medidas que mitigaran el calentamiento global.
Y aquí, hay que señalar que el agravamiento del calentamiento global, se ha debido al criminal ocultamiento que hicieron, desde hace más de 40 años, las depredadoras petroleras, sobre todo estadounidenses, como Exxon, las que sabían perfectamente que el incremento de las temperaturas iba ligado con el aumento en el empleo de combustibles fósiles. Prefirieron seguir ganando cada vez más y más millones de dólares produciendo y quemando cada vez más petróleo, perforando pozos hasta en el Ártico, pues sabían que se estaba derritiendo rápidamente. Por ese ocultamiento, es que ya padecemos muy graves problemas climáticos, que, se pensaba, ocurrirían hasta el 2100 o en el 2050, por lo menos (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2019/09/las-mafiosas-empresas-petroleras.html).
Enseguida, el artículo menciona que la invención del aire acondicionado, debida al ingeniero Willis Carrier – que lo desarrolló para que en una imprenta se controlara la humedad –, ha sido fundamental para que muchas partes de EU – y del mundo – pudieran ser habitables. Por ejemplo, en las zonas calurosas, los teatros sólo podían funcionar en invierno, pues en verano, las temperaturas eran insoportables dentro de ellos. Carrier, simplemente aplicó la tecnología de los nacientes refrigeradores a su revolucionaria invención, equivalente, señala Buranyi, a la del acueducto o el automóvil en impacto social y económico. Y es en EU, en donde se ha extendido tanto el aire acondicionado, que, mientras en 1938, cuando había ya unidades domésticas, sólo un hogar de cada 400 lo poseía, ahora son 9 de cada diez. Claro, no sólo por el calentamiento global, sino porque como el capitalismo necesita vender y vender, se les comenzó a inducir a los estadounidenses que aire acondicionado, televisores, refrigeradores, automóviles, teléfonos… todo era una “necesidad”. Es decir, el consumismo, la compra compulsiva, hasta de lo que no se requiera realmente, se impuso.
Pero además, para la “planeación” en la construcción de las casas, las inmobiliarias “no tenían que preocuparse más por las diferencias climáticas, pues podían vender el mismo estilo de casa, tanto en Nuevo México, como en Delaware. La mentalidad prevaleciente fue que casi cualquier problema causado por climas calurosos, materiales constructivos baratos, cuestionable diseño y pobre planeación urbana, podía ser superado, como escribió el Instituto Americano de Arquitectos en 1973, con la inadecuada aplicación de más y más aire acondicionado”. Como arquitectos, constructoras y banqueros adoptaron el aire acondicionado como una “solución” a tanto problema, a los consumidores, no les quedó más que aceptarlo, resignadamente.
Claro que para que se generalizara el empleo del aire acondicionado, también entraron en la ecuación las compañías generadoras de electricidad, las que más ganan, entre más consumo eléctrico haya. Todo ha sido una muy ideal combinación. En EU, que es donde más se ha desarrollado el capitalismo salvaje, todas las condiciones han sido para inducir al máximo el consumismo en todo.
Señala Buranyi que las mismas compañías eléctricas promocionaban, en los 1950’s, en anuncios de cine, radio y televisión, el muy “conveniente uso” del aire acondicionado, de tal forma que, en los 1970’s, gracias a esa generalizada publicidad, ya 35% de hogares en EU contaban con climatización.
Y con el aire acondicionado, también fue posible construir rascacielos cada vez más grandes, aunque no fueran funcionales, pues, fabricados de concreto y vidrio, absorbían calor , al mismo tiempo que lo reflejaban por los cristales, aumentando el efecto “isla de calor”, que hoy afecta a todas las ciudades del planeta, el que incrementa mucho más la temperatura en ellas. Por ejemplo las hoy extintas torres gemelas, tenían instalada una unidad de aire acondicionado central, que requirió 270 kilómetros de tubería para enfriar o calentar – durante el invierno – a tan gigantescas moles.
Como dije, lo que caracteriza a EU es su brutal derroche energético. Gwyn Prins, académico inglés, citado por Buranyi, resumía tal adicción al derroche como “Estaremos frescos, nuestros platos se desparramarán de comida y la gasolina, costará un dólar el galón, Amén”, así, como si fuera el credo al desperdicio consumista.
Pero como el confortable estilo de vida occidental  se ha extendido a todo el planeta, además, claro, de por el calentamiento, el aire acondicionado se generaliza cada vez más y más. Por otro lado, se han adoptado los mismos diseños, como en los rascacielos, semejantes a los de Nueva York o Londres, pues han sido arquitectos de EU o Inglaterra los que los han diseñado. Así, China, India, Arabia Saudita, México… tienen ciudades indistinguibles, o sectores de ellas, de las de EU, Inglaterra Francia o Italia. Cita Buranyi a un arquitecto hindú, Ashok Lall, quien se centra en el diseño de casas económicas, de bajo consumo energético, quien declara “Les venden diseños con aire acondicionado, incluido. Y esos países creyeron que eso era progreso”.
Sí, “progreso” es desperdiciar, consumir tremendas cantidades de energía, quemar y destruir selvas, bosques, contaminar mares, ríos… muy equivocada idea de lo que la “modernidad” debe de ser.
Y por adoptar tan irracionales métodos constructivos, continúa Buranyi citando a Lall, se hacen a un lado los diseños ecológicos, pues “con casas accesibles, se puede reducir la necesidad de aire acondicionado, diseñando cuidadosamente, balanceas los tamaños de las zonas abiertas, las propiedades térmicas, las cubiertas contra el sol, la orientación. Pero los desarrolladores no están interesados”.
Claro, nada que implique gastos extras les interesará a las inmobiliarias, las que, en efecto, construyen los mismos modelos de casas para todo tipo de climas, sean muy calurosos o no, como lo podemos ver en México, en donde reducidas casas de “interés social” son construidas para climas muy cálidos, como en Morelos, y tienen el mismo diseño que casas hechas en, por ejemplo, la ciudad de México, que no llega a ser tan caliente. Con la diferencia de países como EU, pues esas casas, como son de “interés social”, no cuentan con aire acondicionado, así que sus pobres moradores, tendrán que arreglárselas como puedan, con temperaturas de 40 grados o más. En este mundo que se calienta más y más cada día, quienes más sufren son los pobres, que no puedan costear aire acondicionado.
Prevalece el cinismo constructivo, como se lamenta el influyente arquitecto malayo Ken Yeang, quien declara que “Mucho daño se ha ocasionado por esos altos edificios. He perdido totalmente la esperanza en los de mi generación. Quizá, la siguiente, pueda implementar una misión de rescate”.
Y el otro problema de por qué los aparatos de aire acondicionado son tan derrochadores de electricidad y producen tanto calor, es que su diseño es básicamente el mismo de hace cien años. La ONU, a través del Rocky Mountain Institute (RMI) y el gobierno de India, han lanzado un concurso, llamado Global Cooling Prize, el cual ofrece 3 millones de dólares a la empresa o diseñador que logre concebir un aparato climatizador que sea cinco veces más eficiente que los actuales, pero que no cueste más del doble. Es decir, eficiente y barato, digamos. Y han recibido más de cien diseños, tanto de investigadores, así como de gigantes, fabricantes de aparatos eléctricos.
De todos modos, señala el RMI, si se lograra tener un modelo más eficiente, tendría que comercializarse lo antes posible, para que, máximo, en el 2030, ya abarcara 80% de la demanda, en diez años, a lo mucho, lo que es muy poco probable que se logre.
Pero tampoco se trata de confiar todo a enfriarnos con esos aparatos, sino que se requieren medidas que usen factores naturales para hacerlo, tales como mejor ventilación, azoteas y muros verdes, sistemas de enfriamiento por agua y otros que hay, pero que se menosprecian, pues no son tan lucrativos, como seguir vendiendo aires acondicionados.
Y también, dice Buranyi, está el hecho de que se ha hecho una necesidad, hasta psicológica, el empleo del aire acondicionado, pues se ha impuesto que la temperatura “ideal” sean los 20 grados, más, menos uno, que mantiene la climatización. Se han hecho experimentos en donde a empleados de oficinas se les muestra un termómetro con una temperatura mayor a la real y comienzan a tener calor.
Como señalé antes, en muchos sitios, incluso, en oficinas públicas, deben de trabajar con temperaturas de 30 grados o más. Sólo hay que acudir a infinidad de dependencias u hospitales públicos en la ciudad de México o en estados del país, para ver a gente trabajando con 35 o más grados de temperatura, incluso, sin ventilador. Podría verse como una especie de adaptación, no deseable, quizá, pero que a mucha gente, no le queda de otra.
En Génova, Italia, cuyo clima es más caliente que en EU está prohibido el uso del aire acondicionado, sin un permiso especial. También en Suiza, es muy poco común su empleo, por lo que menos del 2% de la electricidad generada sirve para ese fin. Es no estar acostumbrado al aire acondicionado, y eso, evita muchos problemas.
Finalmente, como ya señalé, la generalización del aire acondicionado, independientemente de la necesidad de evitar artificialmente el calor, es una excelente oportunidad para disparar su demanda. Las empresas que los fabrican obtendrán millonarias ganancias, sin importarles si sus aparatos contribuirán a agravar la crisis del acelerado calentamiento global, que ya es irreversible.
Eso nos lleva a pensar en un distópico futuro en que se nos domine con el derecho o no a enfriarnos con aire acondicionado, en un artificial “mundo” interior, cubierto de gigantescos caparazones, que guarden el “clima frío”.
Y los que no lo merezcan, que se frían vivos, en las infernales ruinas de lo que quede por fuera.


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