Hacia la sociedad consumista perfecta

Posted by Adán Salgado Andrade on domingo, diciembre 01, 2019

Hacia la sociedad consumista perfecta
por Adán Salgado Andrade

El capitalismo salvaje busca, por todos los medios posibles, reducir el tiempo en el que una mercancía es producida, con tal de bajar su costo final, pues es a través del precio, por el cual, dicha mercancía, competirá contra otras similares, porque al ser más bajo, más será vendible.
Pero no sólo se trata de reducir el tiempo de producción, sino, también, muy importante, el de distribución, comercialización y, sobre todo, que tal mercancía llegue a las manos de los consumidores finales.
Ahora, en la época del Internet, que, cuando fue creado, servía sólo como una forma libertaria, de comunicación más directa entre sus usuarios, y de emancipación en contra del poder hegemónico, aquél se ha convertido, como todo lo demás, en un muy eficiente medio de venta de miles de productos, tanto, que millones de personas es para lo único que lo emplean, para ver qué se vende y pedirlo.
El prestigiado diario inglés The Guardian, publicó recientemente un artículo titulado “Cómo nuestro hábito de recibir las compras en nuestros domicilios, transformó al planeta”, firmado por la periodista Samanth Subramanian, en el que explica, muy claramente, que el surgimiento de empresas como Amazon, que predomina por encima de muchas otras, han hecho que, para muchos, nuestras compras, ya no sean de trasladarnos a tiendas, sino de adquirirlas a través de una “aplicación” por línea, abriéndola, seleccionando lo que deseemos y dando “clic” a nuestro pedido, pagando con nuestra tarjeta, y esperar a que llegue, cada vez más rápidamente, por supuesto, con tal de evitarle al consumidor la tensión de esperar demasiado tiempo por su pedido (ver: https://www.theguardian.com/technology/2019/nov/21/how-our-home-delivery-habit-reshaped-the-world).
Comienza refiriendo cómo el concepto de tienda departamental, se ha ido perdiendo, sobre todo en los países más adelantados, en donde se ha ido sustituyendo por bodegas, en las cuales, todos los productos están ordenados casi a la perfección, para que, cuando una persona haga una compra, el producto indicado, sea localizado “fácilmente” por un empleado de tal almacén, empacado, y llevado a la empresa de paquetería que lo trasladará a su destino. Antes, las ventas eran de negocio a negocio, sobre todo, de empresas que surtían a tiendas o a fábricas, para la hechura de mercancías (la llamada logística). Pero, ahora, las entregas son, la mayoría, directamente a clientes. En una bodega que opera en Inglaterra, perteneciente a la cadena John Lewis, las entregas directas a consumidores se han incrementado doce veces, entre el 2006 y el 2016, superando y siendo ya, más importantes, que las compras directas en sus tiendas departamentales. En ciudades como Nueva York, las entregas han subido de 360,000 productos por día, en el 2009, a 1.5 millones diariamente en la actualidad. En China – el paraíso del capitalismo salvaje, pues es la maquiladora mundial –, le empresa de comida Meituan entregó en un solo fin de semana, mediante sus repartidores (que usan scooters), 30 millones de órdenes de alimentos.
Por lo mismo, aumentan las áreas de las bodegas en donde se almacena todo eso. Por ejemplo, la más grande que tiene Amazon en Inglaterra, es de 185,806 m2 (equivaldría a un área cuadrada de unos 431 metros por lado, casi medio kilómetro). Como dije, para tener todo tipo de mercancías, bien localizadas, para su elección y envío.
En dinero, las ventas anuales por línea, sumaron 3.8 billones de dólares (3,800,000,000,000) en el 2017. Y se espera que sean de 6 billones de dólares para el 2024. Excelente para el capitalismo salvaje, que vive del consumismo. Muchas personas, de esa forma, comprando en línea, ni siquiera lo hacen conscientemente, sino sólo porque algo “está barato”, aunque no lo requieran, pues, simplemente, tienen que dar clic al botón “comprar”, pagar y… ¡listo!, a esperar su pedido (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2018/09/las-compras-en-linea-gran-impulso-al.html).
Y se puede comprar casi todo por línea, desde ropa, calzado, electrónicos, animales, insectos, comida… pocas cosas no se compran ya por línea, quizá las armas (aunque hay un tipo que en Estados Unidos, EU, vende impresoras 3D, para hacer armas caseras, apelando al anacrónico “derecho” constitucional de que todo “americano” tiene la facultad de poseer un arma. Ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2015/08/normal-0-21-false-false-false-es-mx-x.html). 
Claro que eso tiene su enorme costo ambiental, pues tantos millones de objetos de todo tipo vendidos tan intensiva y extensivamente, requieren materias primas, cada vez en mayor cantidad, así como los energéticos para producirlos, los que contaminan, aun siendo producidos por las llamadas “energías verdes” (que, de todos modos, todavía se usan mínimamente).
Por ejemplo, para empaquetar tantas cosas, se requieren cajas, de todo tipo y tamaños. Para hacerlas, se necesita destruir ¡mil millones de árboles cada año! Absurdo, tomando en cuenta que ya hay mucha deforestación, con vastas zonas boscosas diezmadas por todo el planeta. Y aunque se siembren árboles de crecimiento rápido, como los eucaliptos, para cortarlos y convertirlos en pulpa, que se transformará en cartón, eso está acabando con las tierras en donde se siembran, pues las empobrecen, dejándolas estériles en pocos años, no aptas, ya, para ningún tipo de sembradíos. Eso también acaba con la necesaria biodiversidad, al ocupar millones de hectáreas para monocultivos, de eucaliptos, por ejemplo. Animales y plantas de todo tipo, se están extinguiendo (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2019/03/la-perdida-de-biodiversidad-la-perdida.html).
La mencionada Amazon, acapara casi el 50% de las ventas por línea en EU (ver: https://www.bigcommerce.com/blog/amazon-statistics/).
Esa acaparadora, ambiciosa empresa, es responsable de casi la mitad de los ¡165 mil millones de paquetes que se entregan cada año en ese país! Imaginen la cantidad de cajas que se tiran las que, de hecho, constituyen el 30% de la basura que se genera anualmente, o sea, casi 67 millones de toneladas, de las 270 millones generadas en ese lapso (ver: https://www.learner.org/exhibits/garbage/solidwaste.html).
Súmenle a esa basura el que muchos de los productos vendidos son baratijas, hechas de plástico o fibras sintéticas (ropa) y por eso se producen 2100 millones de toneladas anuales de desperdicios globalmente. Los plásticos desechados, por ejemplo, nos están desabordando (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2018/03/la-muy-grave-contaminacion-por-plasticos.html).
Por otro lado, tantos millones de entregas anuales, han ocasionado que los sitios en donde Amazon almacena sus productos, demanden demasiado esfuerzo físico de sus empleados, los que son tratados sin contemplaciones de ninguna especie, exigiéndoles rapidez en la búsqueda y entrega de mercancías para sus envíos. Eso, ha provocado que en esas bodegas, se multipliquen los accidentes de todo tipo, incluso comparados con lugares que podrían ser más peligrosos por el tipo de actividades, como minas o industrias. Las propias estadísticas exigidas a la empresa por la Administración de la Salud y Seguridad Ocupacional (OSHA), de EU, así lo demuestran (ver: https://gizmodo.com/exclusive-amazons-own-numbers-reveal-staggering-injury-1840025032).
Además, como la propia Amazon ha ido estableciendo el lema de que “El tiempo es dinero: ahorre en ambos”, ahora se trata de entregar los pedidos lo antes posible, con tal de evitar la “depresión del consumidor”, que, si no recibe su pedido en el tiempo indicado – el que ha ido pasando de semanas, a días y a unas cuantas horas, a veces, dos –, puede cancelarlo, como le es ofrecido.
Por si no bastara, Amazon, desde el 2005, ofrece su servicio “Premium”, que es “Para gente impaciente”, que por una cuota mensual, ofrece cuanta cháchara sea vendible a “distinguidos miembros”, con descuentos. Estadísticas señalan que 98% de los miembros siguen conservando sus “suscripciones” luego de dos años. Conclusión: se vuelven consumistas y compran por compulsión los artículos ofrecidos en los catálogos mensuales, no por necesidad.
El consiguiente, impuesto, consumo compulsivo, ha influido en todo, hasta en la milimétrica construcción de las bodegas, cuyos pisos deben de ser completamente planos, para evitar que los robots que se usan en muchas de ellas (como en las bodegas de Amazon, que ni así, logran evitar accidentes), puedan “confundirse” y provocar demoras o hasta accidentes (En el 2018, uno de esos robots provocó un accidente, al picar un envase de repelente para osos, con lo que 24 empleados se intoxicaron. Eso, sucedió en una bodega de Amazon en Nueva Jersey, lo que la dejó muy mal parada. Ver: https://www.theguardian.com/technology/2018/dec/06/24-us-amazon-workers-hospitalised-after-robot-sets-off-bear-repellent).
Por desgracia, a pesar de tantos “adelantos tecnológicos” y optimización de los tiempos de entrega, señala Subramanian, la parte más importante del proceso de entrega al cliente es la llamada “última milla”. Antes de llegar a ese recorrido final, un paquete, en promedio, es entregado 17 veces, desde la fábrica, hasta el almacén final. Por eso, se busca que los empaques sean resistentes. Amazon tiene, incluso, un laboratorio para probar varios diseños de empaques de cartón, de distinto grosor, los que son probados en máquinas que los someten a simulaciones de cómo se moverían y golpearían dentro de las camionetas repartidoras. Kim Houchens es la jefa de ese laboratorio y le comentó a Subramanian la importancia de contar con un empaque resistente, pero ligero, porque también es importante, pues entre menos pese, se reducen los costos de transportación. Un milímetro que pueda reducirse el grosor  de dicha envoltura, puede representar miles de toneladas de ahorro en peso. Eso crea el gigantismo creado por tantos millones de productos vendidos a diario. Nos ahogamos entre esos y la basura que producen.
Pero la mencionada “última milla”, se refiere a la entrega física al cliente final, que resulta ser la más problemática, pues debido a que la mayoría de los envíos se hacen en caóticas, hacinadas ciudades, los problemas se multiplican. Las empresas de paquetería deben de enfrentar a sus repartidores al caótico tráfico, la falta de estacionamiento, los accidentes viales o que luego no se encuentre el cliente, entre otros problemas.
Por ello es que muchas compañías han considerado buscar espacios de almacenaje alternativo, como ubicar pequeñas bodegas en donde se localicen la mayoría de los pedidos. Por ejemplo, muchas entregas se concentran en zonas habitacionales. Ésas, son las ideales, a decir de los gerentes encargados de los envíos, por la “alta densidad”, ya que un mismo repartidor puede hacer varias decenas de ellos por edificio. Pero cuando el pedido se hace en un lugar remoto, en medio del campo, de “baja densidad”, se prefiere convenir un lugar de entrega, como una tienda o un café, para que el cliente acuda, pues sería muy costoso llevarlo hasta ese lugar. O sea, no es todavía tan ideal el comercio por línea para ciertas zonas.
En Londres, por ejemplo, las camionetas de la empresa repartidora UPS se estacionan en donde pueden, invadiendo carriles exclusivos, en doble fila. Y aunque los multen, pues saben que lo serán, prefieren las multas, pues se les hace “un descuento” cuando las pagan, ya que son cientos al día. Eso está incluido en los costos, claro. Y, tan solo en Inglaterra, todas las camionetas de entregas han incrementado las millas recorridas 56%, desde el 2000, debido al brutal incremento de las entregas de compras por Internet.
Tantos inconvenientes, para que el cliente, reciba “en la comodidad de su hogar” todo, absolutamente todo lo que compre por línea. Amazon hasta considera que podría almacenar sus productos en casas de personas que se lo permitieran, con tal de ahorrar tiempo. O en cajuelas de autos estacionados. ¡Vaya ideas, que, ahora, suenan aparentemente absurdas!
Se justifica que comprando en línea, se reduce la contaminación, pero es falso, pues el uso energético aumenta. Por un lado, al emplear más el Internet para comprar, usamos más energía, por toda la electricidad que la infraestructura computacional y de servidores, requiere. Se calcula que, en años venideros,  se transmitirá nada menos que un petabyte de datos por segundo, lo cual equivale a un trillón (1000,000,000,000,000) de ¡bytes en cada segundo! A ese paso, dos expertos en energía, Peter Huber y Mark Mills, predicen que la infraestructura computacional que mueva el Internet ¡requerirá de la mitad de toda la energía producida en el mundo! (Ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2010/05/mas-energia-o-mas-desperdicio.html).
Por otro lado, todo lo que implica el traslado de las mercancías, tanto transporte, combustibles, la energía requerida en los almacenes que las concentran… eso genera mucha más contaminación que si fuéramos a la tienda más cercana a comprar lo realmente necesario.
Aunque en países pobres, como México, el comercio en línea aún no despega, justo por el menor nivel salarial. Por ejemplo, en el evento consumista llamado “El Buen Fin”, del 2019, sólo 12% de las compras totales fue hecho por Internet.
No puede esperarse otra cosa en un país en donde, cerca del 80% de la población, es pobre y, muchos, ni siquiera cuenta bancaria poseen, mucho menos una tarjeta de crédito o débito para comprar por línea, sobre todo, porque el 60% de los trabajadores en México, tienen empleos de los llamados “informales” – que son los que no pagan impuestos directos, como el ISR, impuesto sobre la renta. Pero eso es falso, pues se pagan impuestos como el IVA –, como los vendedores ambulantes, porque son las únicas ocupaciones a las que pueden aspirar, incluso, aunque estén muy preparados.
El capitalismo salvaje cada vez crea menos y menos empleos, pues al ir sustituyendo con máquinas y robots a los trabajadores, es lo que ha provocado. Y es una tendencia mundial. Por eso, para cientos de millones en el mundo, la informalidad, es la única salida (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2012/12/economia-informal-la-verdadera.html).
Pero como este pobre planeta está dominado por el capitalismo salvaje y sus más acérrimos practicantes – el uno por ciento que nos domina desde hace décadas –, se tratarán de imponer las compras por línea, el consumismo perfecto, con tal de que su comatosa existencia continúe algunos años, aunque siga depredando y contaminándolo todo.
No sería difícil que se convierta el mundo en una masiva bodega, que nos tenga al alcance de la mano, cuanta inútil cosa se nos imponga y se nos obligue a adquirir. Y que, cuando nos deshagamos de ella, a un lado de esa enorme bodega, haya un enorme basurero, para que allí la tiremos.
Muy ideal mundo, ¿no creen?







 

La histórica marginación de las comunidades rurales de las montañas de Estados Unidos

Posted by Adán Salgado Andrade on domingo, octubre 27, 2019
La histórica marginación de las comunidades rurales
de las montañas de Estados Unidos
por Adán Salgado Andrade

En la cinta Winter Bones (Estados Unidos, 2010), dirigida por Debra Granik y estelarizada por Jennifer Lawrence (antes de hacerse más famosa con The Hunger Games), se muestra la vida de profundas carencias que viven las personas que habitan la zona montañosa de Missouri, conocida como los Ozarks. Por esa misma condición de crónica pobreza, la gente se inmiscuye en actividades ilícitas, como trabajar en la producción y distribución de metanfetaminas y otras drogas, en laboratorios controlados por “narcos mexicanos”, como se menciona en alguno de los diálogos.
La protagonista, Ree Dolly (Lawrence), debe de hallar a su padre, Jessup, quien estaba metido en el negocio de las drogas, hasta que un día desaparece, nadie sabe de su paradero. Y como hay una denuncia en su contra, y una fianza pagada, la casa en la que viven Ree, su madre, quien padece un trastorno mental y sus dos hermanos, Ashlee y Sonny, de 6 y 12 años, se perderá, si Jessup no se presenta al juicio al que ha sido citado.
Al final, Ree recibe la ayuda de unas mujeres, con las que trabajaba su padre en el negocio de las metanfetaminas, quienes le dicen que está muerto y sus restos están enterrados en una zona pantanosa. La llevan allí y le dan una sierra, para que corte las manos de Jessup y las lleve al comisario, como prueba de que el hombre está muerto, para que no pierdan la casa, pues al no haber juicio, no procederá la confiscación de la propiedad, por la que pendía la citada fianza, en contra de Jessup.
En el transcurso de la historia, se muestra, como señalé, las condiciones de pobreza en las que viven esos marginados estadounidenses, mejor conocidos como “montañeses”.
La cinta, por su dramática descripción de la paupérrima existencia de esas personas y que son presa fácil de criminales, ganó cuatro premios Oscar, de mejor película, mejor guion adaptado, mejor actriz y mejor actor de reparto.
Lo anterior viene muy bien al caso, pues recientemente leí una novela de la autoría de la escritora estadounidense Catherine Marshall (1914-1983), titulada Christy. Publicada por primera vez en 1968, narra la experiencia de la madre de Catherine, Leonora, a la que se refiere como Christy Rudd Huddleston, cuando, inspirada por dos misioneros, el doctor Fernand, y Alice Henderson, decide dedicar su vida a la enseñanza de niños pobres de las montañas. La historia se desarrolla en 1912, en el ya desaparecido pueblo de Cutter Gap, ubicado en medio de las Great Smoky Mountains, localizadas en Tennessee.
Christy, a pesar de la contraria opinión de sus padres y de otras personas y, no obstante, su juventud, 19 años, viaja por tren, desde Asheville, en Carolina del Norte, hasta Tennessee. Primero llega a un pueblo llamado El Pano (que ya no existe actualmente), en donde pasa la noche. Luego debe de ir a otra localidad, en medio de las montañas, llamada Cutter Gap (que ya tampoco existe, pues en 1940, el presidente Franklin D. Roosevelt, convirtió toda esa zona en el parque montañoso de las Great Smoky Mountains), debiendo caminar casi doce kilómetros para llegar, acompañada por el único cartero que llevaba la correspondencia a ese sitio, sorteando toda clase de obstáculos, de una brecha, que apenas era transitable, con el problema adicional de que era invierno y la nieve hacía más difícil el recorrido.
En ese lugar, los pobres, aislados habitantes, vivían en rústicas cabañas de madera, hechas por ellos mismos. Allí se encuentra con otro misionero, David Grantland, quien ve en Christy una chica vivaz, inteligente y con muchas ganas de entregar su vida a la enseñanza de niños con grandes carencias, pero deseosos de aprender muchas cosas varios de ellos.
También conoce a la señora Alice Henderson, mujer que habría de influir profundamente en la vida de Christy.
La forma tan precisa en que Christy describe las condiciones de miseria en que vivían los habitantes de Cutter Gap, da una idea de lo aislados y marginados que estaban, sobre todo cuando, aun con la nieve, todos o casi todos, sobre todo, mujeres y niños andaban descalzos, circunstancia que la deja muy conmovida. Y lo que comían, casi siempre, era una sopa de calabazas que apenas si se antojaba. “Esto era 1912, y no tenían ni agua, ni sanitarios, ni zapatos”, dice Christy en una de sus reflexiones, dando a entender que eso era cosa común en Asheville y en otros lugares de Estados Unidos (EU).
Y comenta que todos esas personas eran descendientes de irlandeses, expulsados de Inglaterra dos siglos atrás, de forma violenta. Sólo en medio de esas remotas montañas, pudieron establecerse y, por lo mismo, sus condiciones de atraso y de aislamiento del resto del país. Y por sentirse una comunidad distintas, con sus propias costumbres, sus propias “leyes”, siempre se opusieron a que autoridades estatales los controlaran y no se consideraban parte de EU. En parte, el aislamiento en que vivían, acompañado de su pobreza, podían colocarlos en esa condición, sentirse montañeses de Cutter Gap, no habitantes de EU.
Como Christy pudo comprobar, “arreglaban” sus problemas entre ellos mismos, nunca acudiendo a la ley (muy lejana, además), como en los generados por las enemistades entre familias, que llegaban a extremos tan absurdos que, si alguien asesinaba a otro, las venganzas familiares se extendían hasta a los hijos o los nietos, sin que ya nada tuvieran que ver con el crimen original y sin, al menos saber, de qué se había tratado.
Lo más difícil para Christy fue adaptarse, al principio, a dar las clases, a niños que casi no podían leer, pues los maestros que habían estado antes de ella, no pasaban de haberles enseñado algunas frases. Tuvo la chica que ingeniárselas para enseñarlos a leer, sobre todo, refiriéndose a las actividades cotidianas, para que más pronto comprendieran las palabras y, luego, las oraciones.
Se fue involucrando con todos sus alumnos y con las familias de ellos, a las que visitaba a veces.
Otro personaje muy importante de la historia es el doctor Neil MacNeill, originario de Cutter Gap, quien aprovechó años atrás, que le habían ofrecido una beca para estudiar medicina, lo que había hecho muy bien, pero, además, dotado de una gran nobleza, había regresado al pueblo para curar a su gente. Y hacía de todo, desde enyesar huesos rotos, hasta practicar operaciones, como extraer apéndices infectados, las que, aunque rústicas, eran hechas con todo el profesionalismo posible.
La señora Alice Henderson es quien infunde una gran paz espiritual y motivadora a todos, sobre todo a Christy, cuando, algunas semanas después de haber llegado, es poseída por un desánimo, de si, realmente, pertenecía a ese lugar y su misión allí era justificada. La señora Henderson, recurriendo a pasajes bíblicos y a su propia experiencia como misionera, la convence de que su lugar es allí, pero debe de estar convencida y hallar la inspiración divina.
Ella le cuenta su propia historia, de por qué se había vuelto misionera. Le refiere que tendría unos quince años, cuando a su hogar llegó un pastor inglés, a quien sus padres admiraban bastante y confiaban mucho en él. En una ocasión, sus padres salieron a otro pueblo, y se quedaron solos Alice y ese pastor. Y no tuvo empacho el pederasta en envolver a Alice con sus mentiras y seducción, violándola.
Alice no dijo nada a sus padres, por temor, pero meses después, el embarazo comenzó a notarse y ya no pudo ocultar lo que había sucedido. Su padre contrató a agentes, para que buscaran a ese hipócrita “pastor”, depredador sexual,  pero nunca dieron con su paradero.
Decidieron que Alice tuviera a su hija, a quien educaron lo mejor posible. “Margaret era muy orgullosa y rebelde. Ni se inmutó cuando le dije la verdad sobre su ilegítimo origen”, seguía contando Alice. Margaret tenía por amigos a gente opuesta a los convencionalismos, “personas, supuestamente, muy diferentes e intelectuales”. Y conoció al doctor MacNeill en una de tantas correrías en sus círculos de “estudios intelectuales”. “Yo pienso que quiso ver en el doctor MacNeill a un hombre al que ella podía controlar, no lo contrario, muy de acuerdo con su carácter rebelde”, continuaba el relato. Se casaron y vivieron aceptablemente por algunas semanas. Luego, se embarazó, pero la tifoidea la atacó y murió con todo y el bebé que llevaba en sus entrañas.
“Eso me dio más fuerza y voluntad para seguir aquí”, concluyó la señora Henderson su historia. Y a Christy, le hizo reflexionar mucho sobre la gran calidad de esa mujer, quien a pesar de la adversidad, seguía adelante, incluso, tomando más fuerza de las malas experiencias.
En cuanto al doctor MacNeill, Christy le tomó más respeto, pues él mismo, a pesar de haber perdido a su esposa, seguía luchando para que la gente de Cutter Gap mejorara cosas como la sanidad y salubridad, para evitar enfermedades como la tifoidea.
Hay que decir que en algunas partes, la novela apela mucho a las enseñanzas bíblicas, pero se entienden, pues por esos años, las misiones eran muy importantes, sobre todo para paliar la pobreza en que muchas áreas rurales de EU se encontraban, pues tales misiones eran vitales para mejorar en algo las condiciones de vida de los estadounidenses pobres. Y la Biblia, junto con la religión católica, eran sus armas de convencimiento ideológico.
Uno de los problemas derivados de la pobreza, era que muchos hombres en Cutter Gap se dedicaban a destilar whisky clandestinamente, pues era una forma de sacar algo más de ingresos. Y eso es algo que el doctor MacNeill les explicó a Christy y a David y que, por eso, no era fácil que la actividad se acabara, ni tampoco, denunciarla. “Mira, Christy, si tú denuncias a algún hombre que está destilando whisky ilegalmente, además de quitarle una fuente importante de dinero, te lo echarías de enemigo y buscaría matarte. Por eso, yo mismo, he dado el pitazo a los que lo hacen, cuando comisarios de Lyleton vienen a buscarlos”, les dice a Christy y a David, en alguna conversación.
Allí, se da un paralelismo, entre esos antiguos montañeses, quienes, por necesidad, destilaban whisky ilegalmente y los modernos, los que hacen drogas. Y, también el paralelismo podría establecerse con los pobres campesinos mexicanos, muchos de los cuales siembran mariguana o amapola, con tal de tener un ingreso que los saque algo de su pobreza.
Pero David decide luchar abiertamente contra los destiladores clandestinos, cuando un día, Christy descubre a marranos caminando extrañamente. Se dan cuenta que han estado “bebiendo” de garrafas que contenían whisky y que los destiladores escondían debajo de la escuela, “ algo, realmente escandaloso”. David, sin temor alguno, se deshace de todo el whisky, tirándolo y dando un sermón el siguiente domingo, para que la gente comprenda que eso es malo y, peor, guardarlo debajo de la escuela de la Misión, de la casa de Dios, es “muy atroz y un gran pecado”.
Por otro lado, Christy hace muy buenas amistades con algunas personas, como con Fairlight Spencer, a quien describe como poseedora de una inigualable belleza, “que bien podría ser una hermosa princesa, pero que allí debe de sufrir pobreza y carencias, como las de andar descalza en todo momento y hacer extenuante trabajo doméstico”. Pero, además, esa joven madre de cinco, es muy inteligente y creativa, pues hace ropa y colchas de pedazos de telas que consigue por allí.
Fairlight le pide que la enseñe a leer y, a pesar de tantas labores domésticas que debía de hacer, se da el tiempo para aprender. Y lo hace tan rápido, que al mes de estar tomando clases, ya es capaz de leer los libros que comienza a prestarle Christy.
Christy refiere todo el trabajo tan pesado que las mujeres hacían, pues además de cocinar, de hacer ropa, de lavarla, de hacer la limpieza, de cuidar a sus gallinas, marranos y otros animales domésticos, debían de acarrear agua, muchas veces de no tan cercanos riachuelos o manantiales. “Me sorprendía todo lo que esas abnegadas mujeres debían de hacer”.
Quizá como venganza hacia la misión, hacia David y hacia ella misma, porque el pastor tiró todo el whisky destilado, una mañana Christy encuentra destrozados los libros y mapas nuevos que, recientemente, varias personas habían donado a su escuela. La rabia y la impotencia se apoderan de ella y casi desiste en su tarea de enseñar en esa remota región montañesa. Pero, nuevamente, la plática tan vehemente que tiene con la señora Henderson, la hace desistir y se pone, junto con sus alumnos, a reparar lo mejor posible mapas y libros. Nunca se supo quién habría cometido tan deleznable, salvaje acto.
También, por la diaria convivencia, se va dando un romance entre Christy y David y aunque ella siente quererlo, cuando aquél le propone un día matrimonio, le pide que dejen pasar tiempo para responderle.
Y es que, inquieta como era Christy, decide ir a su pueblo natal, para pedir ayuda económica a empresarios y personas que puedan ayudar a la misión. Algo que logra fue que la compañía telefónica Bell, donara los cables y el teléfono, que fue el primero con que contó Cutter Gap. También consiguió donaciones de alimentos, de muebles, de camas y de sábanas y cobijas, con las que pudo inaugurarse una especie de pequeño internado, para que los niños que más lejos vivían o que requerían de algún cuidado en especial, se quedaran en la misión.
Pero en todo hay un lado obscuro, y éste fue que vivió de cerca la violencia. Uno de los destiladores, Tom McHone, quizá inspirado por el sermón que dio David, en contra de esa “deleznable práctica”, de hacer whisky ilegal, denunció a los otros, entre ellos Bird’s Eye, un rudo hombre, padre de Lundy, un rebelde chico que había heredado la tozudez y el mal humor de su padre. Bird’s Eye, jura venganza contra Tom, a quien en un enfrentamiento logra herir. Tom se refugia en la misión, en donde Christy, vive, acompañada de la señora Ida, hermana de David, y Ruby Mae, una chica que había decidido habitar en la misión al enemistarse con  sus padres. Bird’s Eye acude con otros tres hombres, muy dispuestos a sacar del lugar a Tom, “el traidor”, pero gracias a una tormenta, se alejan del lugar.
Días después, cuando la misión ofrecía una comida para todos los parroquianos, Tom es asesinado de un tiro por la espalda, sin que se sepa quién lo había hecho, pero todos sospechando de Bird’s Eye.
Más adelante, la novela refiere como, por las condiciones de insalubridad y que la gente no hacía caso a las recomendaciones del doctor MacNeill, la fiebre tifoidea, se convirtió en unos pocos días en una verdadera epidemia, que fue matando a muchos, por lo menos a uno de cada familia, aunque, en algunos casos, morían casi todos y sólo quedaban uno o dos, como los hijos pequeños. Esa parte de la novela es muy dramática, pues muestra cómo era casi mortal que alguien contrajera la tifoidea, al no haber los adelantos médicos de la actualidad, y cómo sufrían y agonizaban aquéllos o aquéllas que sucumbían ante el mal. Fairlight, la gran amiga de Christy, es atacada por la tifoidea. Su esposo, Jeb, supone que solo está débil por cansancio, y nada hace para ayudarla, saliendo todos los días a cazar animales para comer, como acostumbraba (los hombres, se desentendían totalmente de los trabajos domésticos, “propios de las mujeres”). De todos modos, aunque Jeb hubiera buscado al doctor MacNeill no estaba en Cutter Gap, pues había ido a conseguir medicinas a Lyleton.
Cuando le avisa uno de los hijos de Fairlight a Christy, que su madre está muy enferma, ya nada puede hacer la maestra por ella, más que verla morir, entre alucinaciones y terribles gritos de dolor y desesperación ante la rigurosa muerte. El doctor MacNeill llega al día siguiente, sólo para confirmar que la causa del deceso fue la terrible tifoidea.
Y a partir del deceso de Fairlight, el doctor MacNeill anda de arriba, para abajo, haciendo todo lo que puede. Incluso, la misión, no inicia el nuevo curso, y es improvisada como clínica para atender a algunos enfermos de tifoidea.
Entre los que son atendidos allí, está Lundy, el ya mencionado hijo de Bird’s Eye. Ida y David, no están muy de acuerdo en que ese muchacho tan grosero y rebelde con ellos, esté recibiendo tan magnífica atención. De todos modos, le dan mucha ayuda, cuidados intensivos y lo alimentan lo mejor que pueden. Incluso, su padre, a pesar de que es requerido por la justicia, pues le achacan, como dije, el asesinato de Tom, se presenta a la misión, para ayudar en lo que se pueda.
Pero a pesar de todo, Lundy fallece. Es cuando Bird’s Eye les confiesa que Lundy fue quien había matado a Tom, y que cuando lo hizo, fue corriendo a la cabaña en donde vivían él y su padre. Bird’s Eye se hallaba con sus tres amigos y todos escucharon la “triunfal” declaración de Lundy, mostrándose ante ellos, sobre todo ante su padre, como un orgulloso “héroe” que había dado cuenta de ese “traidor”.
Y todos se conmocionaron al oír esa confesión. “Y lo vienes a decir ahora, que ya Lundy murió”, le reclamó David, a lo que Bird’s Eye le dice que está el testimonio de los otros tres. “Pero ya se han ido”, le vuelve a reclamar David. En ese momento, Alice Henderson interviene, diciéndole que Lundy se había sincerado con ella y le había confesado que él había matado a Tom. “Pero nuestra misión es ayudar, a pesar de los errores que cometan ésos que ayudamos”, declaró, antes de que David objetara algo. Christy le tomó mayor respeto y admiración, de la que ya sentía, a la señora Henderson.
En la última parte de la novela, Marshall refiere cómo Christy también cayó enferma, por contagio, de tifoidea y todo por lo que pasó, las alucinaciones que tuvo y las experiencias “divinas”, como el que imaginara que Fairlight la esperaba allá, en donde una luz maravillosa todo lo iluminaba.
Pero la voz de un hombre, insistente, la trajo de regreso de su alucinatoria agonía.
Y ese hombre fue nada menos que el doctor MacNeill, quien le confesó que la amaba y que la necesitaba, lo cual es un giro inesperado en el final, pues se pensaba que el elegido para casarse con Christy era David.
Al inicio de la novela, en un prólogo, Catherine Marshall narra que la idea de escribirla, surgió cuando, a principios de los años 1960’s, su madre y ella visitaron lo que quedaba de Cutter Gap, que era solamente la misión, en donde vivía el señor Hugette Lee, con su esposa y sus tres hijos. El lugar seguía muy atrasado, sin agua corriente, olvidado por las autoridades, al que todavía se debía llegar por una casi intransitable terracería.
Esa visita la inspiró. Y dice que algunas partes de la novela son ficticias, pero que, en lo esencial, la épica aventura que vivó su madre los primeros once meses allí, entregando su vida, enseñando a hijos de pobres montañeses, está relatada en el libro.
“Cuando mi madre, al hallarse en ese sitio, volvió a recordar tantas cosas, supe que mi deber era escribir esa valiosa parte de su vida”, declara.
Sí, muy valiosas anécdotas, sobre todo, para darnos idea de cómo vivían los pobres de las montañas en esa época (quizá todos debiéramos de escribir sobre nuestros padres, sobre todo si también vivieron hazañas fuera de lo común).
Pero, por desgracia, no se quedó sólo en anécdota, pues la pobreza sigue, y no sólo en las montañas. Ya, cincuenta por ciento de los estadounidenses sufren pobreza.
Habrá que hacer otra novela sobre esos modernos pobres, ¿no creen?



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