Cuba, en un momento especial de su historia

Posted by Correo Semanal on miércoles, marzo 05, 2008

EL UNICO CAMINO
Por Juan Varela Reyes

“Está echada la suerte:
¡Patria o Muerte!

(Manuel Navarro Luna)



Por unas felices circunstancias nos tocó estar presentes en Cuba en un momento especial de su historia y cuya importancia gravita políticamente en los pueblos latinoamericanos y despierta interrogantes apresuradas de parte de aquellos que quisieran a toda costa cambiar la suerte de la Revolución Cubana y su proceso irreversible de construir una Sociedad Justa y Democrática y, fundamentalmente, Socialista.

Analizar o dar una pequeña visión como ésta, con todas las limitaciones que ello tiene, plantea como primer desafío el tomar posición frente al proceso revolucionario cubano. No sirve, según nuestra opinión, hacerlo desde una supuesta neutralidad política, ya que con ello se pierde el contenido, la esencia de una visión que al final nos lleva a un callejón con pocas salidas. En las actuales circunstancias las cosas están puestas así: o asumimos aquella neutralidad y con ello reforzamos las apologéticas esperanzas de aquellos que ven todos los procesos revolucionarios como amenazas a los intereses del imperialismo o se asume una posición que releva los procesos revolucionarios como urgentes, necesarios y vitales para el conjunto de nuestros pueblos y de la humanidad toda. Claramente nos adherimos a la segunda opción.

Desde las academias y los centros de dominación cultural e ideológica se ha privilegiado una sola mirada, un solo pensamiento, una sola forma de concebir el devenir de la humanidad y es esa posición la que está ordenando, momentáneamente, el análisis de los distintos procesos democratizadores y revolucionarios que en estos momentos cruzan esta realidad llamada América Latina y la revolución cubana se transforma, entonces, en el objetivo de todas las apuestas por tratar de liquidar las esperanzas de independencia de nuestros pueblos. En este sentido las supuestas “dificultades” que aparecerían en el proceso revolucionario cubano ya han sido puestas en escena por el pueblo cubano sus dirigentes y buscan formas creativas de enfrentarlas y resolverlas: “Nuestra democracia es participativa como pocas, pero debemos estar conscientes de que el funcionamiento de las instituciones del Estado y del Gobierno aún no alcanza el nivel de efectividad que nuestro pueblo exige con todo derecho. Es una tarea en que debemos pensar todos” 1

Queda clara también en la visión cubana de que mucho se ha avanzado, pero que quedando mucho por hacer, hay la necesidad de seguir mejorando: “No creemos nunca que lo que hemos hecho es perfecto” 2

¡Qué gran diferencia con al triunfalismo neoliberal de los dirigentes y administradores del modelo en nuestro país!

¡Qué gran lección de autocrítica y humildad, valores ya ausentes hasta en algunos sectores de la izquierda chilena!

Hay un concepto que ha empezado a dar vueltas en nuestras sociedades a propósito de los relevantes acontecimientos acaecidos en Cuba: nos referimos al concepto de transición. Se han empezado a alzar algunas voces anunciando que ellos marcarían el inicio del “tránsito a la democracia en Cuba”. Conviene decir un par de cosas a propósito de ese concepto, ya que en gran medida ello es la receta que ha guiado y orientado el curso político de nuestro país en particular y de otras naciones latinoamericanas en general. Una cantidad importante de sociedades de Latinoamérica que fueron gobernadas por dictaduras militares, hace algunos años ya iniciaron procesos de “vuelta a la democracia”, “de transición hacia formas particulares de convivencia democrática” y que de alguna manera se resumían en visiones esperanzadoras, pero injustificadas, hacia dichas formas, pero que en la realidad de los hechos no fueron otra cosa que la inauguración del neoliberalismo económico, político e ideológico en su gran mayoría.

Sociológica y políticamente toda transición está referida a cambios y transformaciones que se dan en el modo de producción, del capitalismo al socialismo, por ejemplo. La verdad es que aquel discurso de la transición chilena no fue otra cosa que una falacia, que sólo tenía como objetivo asentar y mantener formas de dominación capitalista para seguir reproduciendo las utilidades del gran capital. Sin embargo, los administradores del modelo se han encargado de hacernos creer que vivimos en una democracia real y efectiva, cuando de lo que se ha tratado es de instalar una “trampa democrática” para seguir dominando y explotando. Este traje a la medida del neoliberalismo ha servido para instalar la mascarada, bajo la cual quedan ocultas las interrogantes que nos debemos hacer por lo que en verdad estamos presenciando en nuestro país, requisito central para pedirle a la revolución cubana aquellas explicaciones que ni nosotros somos, por el momento, capacitados para enfrentar. Néstor Kohan 3 señala algunas interrogantes que, de alguna manera dan cuenta del malestar del cual debiéramos hacernos cargo:

¿Podemos seguir repitiendo alegremente que las formas republicanas y parlamentarias de ejercer la dominación social son “transiciones a la democracia”?

¿Hasta cuándo vamos a continuar tragando sin masticar esos relatos académicos nacidos al calor de las becas de la social democracia alemana y los subsidios de las fundaciones norteamericanas?

Nosotros agregamos otra:

¿Es posible, en las actuales circunstancias, pensar en que la solución a los graves males que sacuden a nuestros pueblos se puede lograr sin tener en cuenta la lucha del pueblo cubano y lo que ello significa como soporte de dignidad y coraje ante los grandes enemigos de nuestros pueblos?

En ese contexto latinoamericano y chileno, es que se puede decir, por una parte que en América Latina y en Chile no ha habido procesos reales de transición democrática, sino sólo acomodos y transacciones a los dictados del imperialismo y del gran capital para seguir dominando y explotando a los trabajadores y los recursos naturales, en suma negando la soberanía de nuestros países; por otra, Cuba inició hace ya 50 años un proceso de transición desde una sociedad capitalista hacia una sociedad socialista y ese es su empeño. Ese proceso no ha estado exento de amenazas, peligros y cuyo signo más visible es el criminal bloqueo que mantiene Estados Unidos desde los inicios de la Revolución.

A manera de reflexiones finales queremos señalar que, para ciertos personajes de la así llamada “clase” concertacionista política chilena, cualquier traspiés o dificultad que enfrente la revolución cubana es visto como el bálsamo que les permitirá justificar, y justificarse ante la historia, sus volteretas y sus traiciones; pero les decimos, que no tendrán la oportunidad de corroborar sus agoreros cantos de triunfalismo ni de verificar sus supuestas “profecías auto cumplidas”… la revolución cubana no les dará en el gusto… ella goza de muy buena salud.

Siempre ha sido materia de cierta reflexión en algunos sectores esa manoseada idea de “solidarizar con Cuba” y para ello se recurren a las mismas formas capitalistas de solidaridad. Pensamos que la forma genuina de solidaridad con el pueblo cubano y su revolución es de carácter histórica y política: Luchar todos los días por hacer realidad en nuestra patria chilena los ideales de nuestros héroes, Salvador Allende, Miguel Enríquez y tantos otros, de hacer la revolución socialista y construir el socialismo, como soportes fundamentales de la dignidad de nuestros pueblos.

¡Patria o Muerte!

Santiago, Marzo 4 de 2008

1 Raúl Castro: Discurso 24 – 02 - 08
2 Ibíd.
3 N. Kohan: “La gobernabilidad del capitalismo periférico y los desafíos de la izquierda revolucionaria” en Revista Contexto Latinoamericano Nº 3 – Abril – Junio 2007