Brasil - Fragmentado en expectativa del día siguiente

Posted by Correo Semanal on sábado, abril 09, 2016


Hamilton Octavio de Souza *
Correio da Cidadania, 6-4-2016
Traducción de Ernesto Herrera – Correspondencia de Prensa

La sociedad brasilera está cortada, está fragmentada. No existen apenas dos grandes grupos en disputa radicalizada por el Palacio de Planalto. Existen innumerables propuestas para enfrentar la crisis política defendidas por distintos segmentos de la sociedad en la prensa, en el parlamento, en las entidades de clase y en las calles. Ellas tratan del impeachment, de la renuncia, de la casación y de otros temas también. La defensa actual del “Estado Democrático de Derecho” no excluye ni la convocatoria a elecciones generales o la realización de una Asamblea Constituyente exclusiva para la reforma política del sistema representativo. En fin, la crisis política está abierta y sin resolución a la vista, a pesar de las urgentes demandas de la gravísima crisis económica.
Independientemente de que el Congreso Nacional venga a decidir sobre el actual proceso de impeachment de la presidenta de la República, la sociedad brasilera continuará en la expectativa sobre lo que va a ocurrir en el día siguiente. Si el plenario de la Cámara (de diputados) aprueba la admisibilidad del impeachment, el proceso sigue en el Senado, lo que implica algunos meses más de fuerte tensión social y suspenso. Si el plenario de la Cámara rechaza la actual propuesta, están en fila por lo menos diez propuestas de impeachment, inclusive la de la Orden de Abogados de Brasil. Y nada impide que gane fuerza la acción de casación de la dupla Dilma-Temer en trámite en el TSE (Tribunal Supremo Electoral) o la propuesta de convocar a elecciones generales este año, lo que tiene simpatía entre gubernistas y en las oposiciones de derecha y de izquierda.
Nada de eso, sin embargo, garantiza que un gobierno con Dilma, Temer u otro en la línea de sucesión constitucional tenga condiciones de gobernabilidad, con mayoría en el Congreso Nacional, con respeto en las entidades de clase de los trabajadores y de los empresarios, con simpatía de las clases medias y de varias corrientes que actúan en la sociedad.
Cualquier gobierno precisará de dos condiciones básicas para funcionar mínimamente: 1) Contar con la articulación política capaz de inspirar confianza suficiente para contener la radicalización y la guerra generalizada de los varios segmentos la sociedad; ; 2) disponer una propuesta de enfrentamiento de la crisis económica que agrade al mismo tiempo a las clases trabajadoras y a los diversos grupos empresariales, que retome el desarrollo con rápida generación de empleos, contenga la sangría de los cofres públicos e invierta pesado en las áreas sociales (salud, educación, habitación y transportes públicos).
Esa salida de conciliación no interesa ni al capital ni a los trabajadores, ni a la derecha ni a la izquierda, ni a los gubernistas ni a las oposiciones. Pero, en la actual coyuntura de polarización y de gran confusión ideológica, la imposición de cualquier fracción no será suficiente para superar la fragmentación y continuará la ausencia de sustentabilidad del gobierno, si no suma grupos y corrientes en una propuesta con razonable articulación. Incluso porque la fragmentación actual no está definida por la lucha de clases clásica, entre trabajo versus capital, trabajadores versus empresarios o empleados versus patrones. Tampoco hay una lucha entre proyectos distintos para la sociedad entre la izquierda socialista versus la derecha capitalista.
Lo que divide a la sociedad brasilera hoy está en los marcos del capitalismo, a lo máximo entre visiones sobre cómo superar la crisis del neoliberalismo en la economía globalizada, sea con medidas más ortodoxas, sea con medidas heterodoxas, sea con austeridad, sea con neo-desarrollismo, sea con corte en la inversión y en el superávit primario, sea con cortes en los programas sociales. Por eso mismo la fragmentación de fuerzas se esparce en la sociedad de forma enmarañada, al punto de dividir las fracciones del capital y las fracciones de los trabajadores entre ese o aquel alineamiento político.
Difícilmente un gobierno sin respaldo social tendrá condiciones de llevar adelante algún programa para revertir el bajo nivel de actividad económica, que ha generado desempleo, reducido el consumo, disminuido la recaudación tributaria, obligado al Estado a cortar gastos e inversiones. Un gobierno sin credibilidad difícilmente conseguirá revertir la caída de las inversiones privadas y la acelerada evasión de capitales. Apoyo y credibilidad son presupuestos para la superación de la crisis política y el inicio de atacar la crisis económica. 
Un gobierno débil, despojado de apoyo social, no conseguirá ni siquiera estimular al país para salir de la recesión, para proyectar el ingreso en un nuevo ciclo virtuoso de crecimiento. Menos todavía tendrá condiciones de desarrollar un programa progresista que confronte directamente con los mecanismos de mayor acumulación y concentración del capital. ¿Cómo reducir drásticamente la tasa de intereses e interrumpir la sangría de la deuda pública sin entrar en conflicto con los bancos y con los especuladores financiero? ¿De la misma forma, cómo hacer una amplia reforma agraria para asentar millones de familias en el campo sin entrar en conflicto con el latifundio y el poderoso agronegocio?
Por eso mismo, la lucha de los trabajadores, independientemente del desenlace de la actual crisis política, debe ser siempre la afirmación de una agenda propia, autónoma, alternativa a las propuestas de los partidos y las corporaciones que defienden los intereses del capital. No interesa a los trabajadores ni la profundización de la actual crisis económica, ni la articulación de un gobierno que continúe echando en las espaldas de los trabajadores y el pueblo lo equívocos de un modelo que generó desempleo, rebajó salarios, destruyó conquistas y derechos sindicales, arruinó los servicios públicos, en fin, colocó al país como rehén del capital nacional e internacional.
Los trabajadores sólo van a impedir mayores retrocesos en las condiciones de vida y de trabajo, si consiguen construir una mayor unidad clasista, si logran actuar de forma combativa, sin entrar en el juego de las fuerzas vinculadas a los grupos dominantes de varios partidos del oficialismo y de la oposición. El cuadro general está muy embarrullado. Por eso mismo los trabajadores precisan tener su programa independientemente de cual sea el desenlace de la crisis. Este es el desafío.

* Periodista y profesor.