Perú ¿Por qué se quejan los maestros?

Posted by Correo Semanal on lunes, julio 13, 2015


¿Por qué se quejan los maestros?
Por Nicolás Lynch
OTRA MIRADA

Ha pasado el día del maestro sin mayor celebración entre los maestros. A primera vista 
ello podría sorprendernos por lo bien publicitados que están las evaluaciones que 
llevan adelante el Ministerio de Educación (MINEDU) y la buena imagen que la 
prensa concentrada da del ministro de turno Jaime Saavedra. El eje, se dice, es el logro 
de la calidad educativa a través de la meritocracia.

Sin embargo, el malestar docente continúa. La moneda común es achacárselo a los 
agitadores, como casi cualquier lucha social que se lleve adelante. Pero ¿son 
acaso los maestros un colectivo de incautos que se deja embaucar una y otra vez? ¿No 
podemos aprender algo luego de 15 años de evaluaciones en el sector educación? El caso 
es que hay malestar por los bajísimos sueldos de la abrumadora mayoría, las pocas plazas 
que brinda la carrera magisterial, la aguda desconfianza de las capacitaciones y la 
confusión que genera las continuas modificaciones al marco curricular. Nos centraremos
ahora en los dos primeros aspectos.
Si miramos más de cerca, aparecen, de acuerdo a la estadística del MINEDU,  
números alarmantes. Hay 316 mil docentes en el servicio público. De estos, 
aproximadamente, 250 mil son nombrados y 65 mil contratados. Los nombrados 
teóricamente todos han pasado a la nueva carrera pública magisterial (CPM). Sin embargo, 
en la práctica, solo 110 mil, por diversos canales, han dado las evaluaciones respectivas
para encontrar su ubicación, con todos los derechos respectivos, en el nuevo sistema. 
140 mil todavía esperan a que se convoquen concursos para obtener plaza y aterrizar 
de a verdad en la CPM. Primer grave problema, 8 años después de implementación de la 
CPM y dos leyes sobre el punto (la ley 29062 del 2007 y la ley 29944 del 2012), solo el 40% 
de los maestros nombrados están plenamente en el nuevo sistema.

Pero el MINEDU sigue convocando concursos para obtener plaza en la CPM. En pocos días se 
debe realizar un concurso para 20 mil nuevas plazas de profesores nombrados para aquellos
que quieren acceder al sistema.  Lo nuevo, sin embargo, no equivale a lo que se elimina 
ya que en el verano pasado se cesó a 14 mil profesores, que estaban en calidad de 
“interinos”, por no tener título pedagógico y a 10 mil más por límite de edad. Lo que nos 
hace ver que se convoca menos plazas nuevas de las que se elimina. Todo esto a pesar 
de que los expertos señalan que habrían 60 mil plazas orgánicas señaladas para ser 
ocupadas. Por otra parte, los 140 mil profesores que aguardan  ser evaluados, siguen en 
la lista de espera. Asimismo, hay aproximadamente un 20% del total de profesores del 
servicio público en calidad de contratados, 65 mil dijimos más arriba, en una cifra que en 
lugar de disminuir ha aumentado en los últimos años. ¿Por qué tan larga lista de espera
y el número creciente de contratados?

En términos de sueldos la cosa no está mejor. El Sutep señala en un comunicado del 6 de 
julio de 2015 un sueldo promedio para la mayoría de 1,300 soles. Hay discusión al respecto
pero el caso es que más del 80% de los maestros están en las tres primeras escalas de la 
CPM con sueldos en promedio de 1,500 soles. En cualquier caso la remuneración 
para la abrumadora mayoría está por debajo de la canasta básica y no es descaminado 
por ello el planteamiento sindical de un piso salarial de 2,200 soles al mes.

Ya escucho las voces que dicen que cualquier aumento debe ir acompañado de la 
evaluación respectiva. Sin embargo, la experiencia de los últimos quince años, con 
evaluaciones y luego aumentos, enseña que esto es solo parcialmente cierto. Los 
últimos dos gobiernos abandonaron los aumentos periódicos (Toledo fue el último que 
aumentó el 61% del sueldo promedio durante su mandato) y se empeñaron en las 
evaluaciones, el resultado ha sido un estancamiento del sueldo magisterial. Ello hace muy
poco atractiva la carrera docente y desincentiva presentarse a las evaluaciones. 
Asimismo, los bonos docentes, en número mínimo, que ha aplicado el MINEDU en los 
últimos tiempos, copiando de una experiencia fracasada como la chilena, al darse 
junto con sueldos bajísimos, lo que incentivan es la competencia destructiva entre los 
maestros y no la necesaria emulación. Reitero entonces la necesidad de juntar 
aumentos con evaluaciones pero sobre la base de condiciones materiales mínimas, es 
decir de un piso salarial drásticamente más alto para el magisterio, de lo contrario el 
maestro jamás va a aceptar la evaluación.

Pero, ¿cuáles con las razones más de fondo de esta política sistemática del MINEDU
que atraviesa ministros y gobiernos? Me refiero a la política de aguantar los 
nombramientos y mantener bajísimos sueldos. La necesidad de precarizar el trabajo 
docente como una política permanente del sector. Es decir, quitarles ingresos, 
derechos y estabilidad a los maestros para minimizar su costo y reducirlos como fuerza 
social y política. Esta no es una política solo del sector Educación, es la perspectiva 
neoliberal con la que se sobre explota el trabajo en el Perú. Sin embargo, es preciso 
ponerla en blanco y negro por la engañosa campaña en curso que quiere identificar 
calidad educativa con sobre explotación magisterial. Esa es la identidad perversa que 
quiere establecer la burocracia del MEF a través de la actual gestión del MINEDU. Con 
ello se desnaturaliza la meritocracia y se da argumentos a los sectores extremistas 
en el magisterio que gustan de identificar calidad y méritos con autoritarismo y 
privatización.

¿Hay salida para esta situación? Claro que sí. Se trata de una línea de acción abandonada 
por el MINEDU y que consiste en entender el proceso de reforma educativa como un gran acuerdo social y político por la educación, que implique a todos los actores involucrados, 
sin las flagrantes exclusiones actuales, y lleve adelante una política magisterial 
consensuada y no impuesta. Pero ello supone algo que no le gusta a la actual gestión ni 
tampoco a las anteriores: hacer política no pateando a los maestros sino sentándose a 
concertar con ellos.