Se necesita economista, tratar aquí

Posted by Correo Semanal on martes, diciembre 02, 2014


escribe Luis Casado
Nuestros amigos japoneses necesitan socorro y se trata de correr a ayudarles.
¡Y hay urgencia!
La parida de Luis Casado explica el porqué, el cómo y el cuando.
Que aproveche…
En el areópago de “expertos” que opinan de todo sin conocer ni el pato del silabario, sobresalen los economistas. Sobrevendidos, como se diría ahora, suelen venir a la TV a hacer el clown poniendo cara de enteraos y de quítate-de-ahí-que-yo-me-ponga.
Lo terrible es que serían tan necesarios si sirviesen para algo. Si no me crees, mira ver el caso de Japón. Cuando servidor recorría el mundo para ganarse el pan, los japoneses eran el cuco, nos iban a comer crudos, los potenciales colaboradores de cualquier invasión aseguraban doctamente que no servía de nada resistir, que más valía empezar a chamullar en plan Okinawa, Akira Kurosawa, Sayonara, Kimono, el puente sobre el río Kwai, Hokusai Shunga y otros nombres famosos para venderse mejor cuando llegase el día.
Luego, se escuchó un ruidito parecido al de un pedo suspirado, a un balón que se desinfla, o en estricto rigor a la queja de un bandoneón arrabalero (sí, sí… en Kioto también hay bandoneones, e incluso arrabales y arreboles) y Japón desapareció del mapa. En fin tu me entiendes, desaparecer, lo que se llama desaparecer, no, hacerse a un lado, dejar la primera plana, conformarse con el papel de figurante en una película que comenzaba a rodarse en chino, en hindi, y hasta en brasileiro… eso.
Cuando Japón enteró una década de recesión, los “expertos” hablaron doctamente de la década perdida. Cuando pasaron 20 años sin que Japón reaccionase a los remedios de caballo que otros “expertos” recomendaron para devolverle la vitalidad de ídem que había sido la suya, más de un economista boludo (pleonasmo) osó inventar la expresión “las dos décadas perdidas de Japón”, estos tíos no son muy inventivos, en casi dos siglos no han descubierto nada digno de interés, a pesar de los cual les dan un pseudo premio Nobel que consagra sobre todo la obediencia.
Para hacerla breve, estamos en la tercera década perdida para Japón y he aquí que esta mañana la prensa financiera (que es como la prensa generalista: no hay que creer la mitad de lo que dicen, y como la otra mitad es mentira…) anuncia que Japón se hunde en la recesión, en plan violento.
“Japón recayó en recesión en virtud de un nuevo retroceso de su PIB en el tercer trimestre (-0,4%), después de una contracción de 1,9% en el segundo, anunció el lunes 17 de noviembre el gobierno.”
¿Qué tal? ¿Te imaginas lo que diría un genio de la UDI si estuviese en la oposición japonesa?
Shinzo Abe, el primer ministro japonés, aún no se hace el harakiri, pero como le queda algo de dignidad, contrariamente a los que “ponen su cargo a disposición” esperando que no les pateen el trasero, llamará a elecciones parlamentarias anticipadas. Esto es como el tránsito intestinal: cuando hay que ir… hay que ir. Y no es para menos.
“En ritmo anualizado, el PIB cayó en un 1,6% entre julio y septiembre, mientras los economistas esperaban en promedio un crecimiento del 2%.”
Lo que te decía, los economistas suelen esperar el santo advenimiento, para luego poner cara de sorprendidos: “¡Ah! Las cifras son inferiores a las anticipaciones del mercado, arréglame esta cagadita…” Lo curioso es que las famosas anticipaciones las elaboran ellos mismos, maquillados de “expertos” para no despertar sospechas.
Si conoces la cuatro operaciones y la regla de tres simple, no entremos en el álgebra vectorial para no dar la impresión de hablar en jerga, la diferencia –el error– entre lo que esperaban los economistas y la realidad es apenas de un 3,6%… tasa con la que estarían felices en Alemania, Francia, los EEUU, y hasta en el otrora jaguar de Sub-américa.
Resumiendo, en Japón necesitan economistas, pero del género apañao, de los que saben, de los que osarían hablar de economía real sin babear a propósito de las “externalidades positivas o negativas”, ni de los “paraígmah” que cambian. ¿Captas?
Yo no sé qué hacen los mendas de Linkedln, de Laborum y otros émulos de los tratantes de negros que antaño le buscaban pega a los africanos. Su eficacia no conocía límites: negro que llegaba vivo al otro lado del Atlántico ¡encontraba laburo!
Ahora, guiados por un sentimiento solidario, por empatía, por caridad cristiana por último –a pesar de que los japoneses son mayormente shintoistas y budistas– Linkedln y Laborum, en colaboración con las excelentes universidades de Pelotillehue y el ministro de Educación, podrían enviar un cargamento de Ingenieros Comerciales y Economistas-y-Negocios (visto que así se llama la facultad de la U de Ch) para ayudar a los japoneses a recuperar lo que a nosotros nos sobra: líerahgo y competitiáh.