Uruguay - Mujica con Obama…
Los negocios y Guantánamo
En Lucha N° 11, editorial
Montevideo, abril/mayo 2014
Finalmente se le dio. El próximo 12
de mayo, José Mujica será recibido por Barak Obama, el jefe de la principal
potencia imperialista. En la Casa Blanca, el antiguo guerrillero -que ya se
había “emocionado” cuando en la Estancia Anchorena (2006) George W Bush le dijo
“soy un luchador igual que usted”-, se tomará la foto más importante de su
vida. Con la que sueñan todos los “estadistas” como él.
Lo acompañará una nutrida comitiva de
ministros, diplomáticos, artistas, empresarios y hasta “un representante del
PIT-CNT”. En la Casa Blanca también estará Julissa Reynoso, la “mejor
embajadora de Estados Unidos que hemos tenido en Uruguay”, según la opinión del
jefe de Estado. Se lo merece. No sólo porque convenció a Obama de que Mujica es
un “gran líder regional”, sino que obtuvo lo impensable: meter las naranjas
uruguayas en el mercado norteamericano. Y puede haber más y mejores negocios.
Porque el motivo de la reunión entre los dos mandatarios no se circunscribe a
los “presos de Guantánamo”, como en un primer momento se indujo. La excursión
durará tres días. Habrá encuentros con inversores y cámaras empresariales,
donde Mujica, según Luis Alfredo Fratti, presidente del Instituto Nacional de Carnes
(INAC), va a “tratar de vender aunque sea ballenitas”. (Búsqueda, 24-4-2014)
Ya estaba en la agenda progresista.
El canciller Luis Almagro lo había adelantado tiempo atrás: “La relación
bilateral con Estados Unidos es de permanente acercamiento y es prioritaria
para Uruguay”. (Búsqueda, 7-2-2013). Poco tiempo después, Tabaré Vázquez lo
corroboraba en una presentación que hizo en el Woodrow Wilson Center en
Washington, el 31 de marzo de 2013: “Ya es hora de dejar de pasarnos las
cuentas por el pasado y de pensar en una agenda común”, porque Estados Unidos
“representa una oportunidad para América Latina” y “América Latina una
oportunidad para Estados Unidos”. (Búsqueda, 25-6-2013). Así que ningún
frenteamplista debería enojarse porque Tabaré Vázquez haya elegido el hotel
Four Points -propiedad de la cadena Sheraton- para instalar allí su bunker de
campaña electoral. La coherencia se le debe reconocer. Aunque resulte amargo
para los que piensan que el Frente Amplio es una fuerza “antiimperialista”.
El “optimismo oficial” contagia.
Algunos dirigentes blancos y colorados hasta desempolvaron el olvidado tema de
un Tratado de Libre Comercio (TLC). Las corporaciones patronales vislumbran
“una oportunidad que no puede desperdiciarse”. Les importa un bledo si vienen
una decena de “terroristas” de Guantánamo, ni tampoco cuál será su status
legal. Categorías como “refugio” o “asilo” no suman ni restan en la
contabilidad empresarial.
Para el gobierno es distinto. Los
“presos de Guantánamo” tienen valor de imagen. Porque se trata de una causa
noble, justa: liberar a prisioneros políticos. Poner fin al infierno que han
soportado durante años. Sacarlos de ese campo de concentración instalado en
territorio robado a Cuba en 1902. Ningún esfuerzo que se haga para liberar a
los prisioneros políticos de Guantánamo será en vano. Aunque debería saberse
que “lugares seguros” de este tipo, Estados Unidos tiene varios por el mundo.
¿Mujica se lo dirá a Obama? Evidente que no. Cuando el Departamento de Estado
confirmó la reunión dejó de hablar pavadas. Y negó, enfáticamente, que haya
puesto “condiciones”. Como aquella que difundieron medios amigos del
progresismo: la liberación de los cuatro presos cubanos acusados de “espionaje”
en Estados Unidos. ¿Le exigirá a Obama que pare con el encarcelamiento y la
expulsión de cientos de miles de inmigrantes latinos? También no. Lo dijo y lo
repitió: “no voy a la reunión con una piedra en cada mano”.
La semana que viene nos taparán de
imágenes. Veremos en directo la reunión entre el comandante supremo de la
guerra a escala planetaria y el “presidente más pobre del mundo”. Tratándose
“de igual a igual”. Uno asintiendo el balbuceo del otro. Conversando de los
derechos humanos. Como hacen los “estadistas”.
Mientras tanto, poquísimos se acordarán
del calvario que sufren los 11 mil presos en las cárceles uruguayas. Ni de las
torturas y vejámenes que padecen a diario los “menores infractores” en los
centros de reclusión del Sistema de Responsabilidad Penal Adolescente (SIRPA),
dirigido por el ex sindicalista Ruben Villaverde. Debemos admitirlo, los casos
son diferentes. En Guantánamo hay tortura sistemática. En el SIRPA se trata de
“malos tratos puntuales”. Como ocurre -según Javier Salsamendi, presidente del
Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU)-, “en cualquier lugar del
mundo en privación de libertad”. (Entrevista en El País,
4-5-2014)
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