México - La guerra que más interesa a Peña Nieto
Víctor M. Quintana S. *
ALAI AMLATINA, 9-5-2014
El gobierno de Felipe Calderón
(2006-2012) declaró su guerra al narcotráfico, que aún no termina y le ha
costado al país más de 100 mil muertos. Su sucesor, Enrique Peña Nieto la ha
proseguido sin modificarla, pero la guerra que a él de veras le interesa no es
esa. Es la ofensiva múltiple que ha desatado por los beneficios de unos cuantos
y en contra de los derechos de todos.
Comenzando por la prolongación de la
batalla calderoniana, es evidente que la violencia homicida repunta en varias
partes del país. En Tamaulipas –estado “que se está pudriendo” según un lector
de La Jornada- ya van varias semanas de masacres y de bloqueos. En Morelos, la
oleada de violencia criminal acaba de asesinar al coordinador de Trabajo Social
de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos y a su esposa. En el Estado de
México, en Michoacán, en Jalisco, en Guerrero, en Chihuahua, los cárteles se
reacomodan, disputan nuevos espacios, construyen nuevas alianzas perversas,
demostrando que la estrategia federal en sus diversas formas, operativos,
coordinaciones, etc. etc. no los ha tocado en su línea de flotación. Pero,
insistimos, esa no es la principal guerra de Peña Nieto.
El interés de Peña y su grupo de
aliados es fortalecer e incrementar el poder del dinero en todos los ámbitos.
Hacer que en materia de infraestructura, energética, de telecomunicaciones,
turística, salarial, prevalezca el beneficio de los detentadores de dicho poder
sobre los derechos de las mayorías.
Se criminaliza, se priva de la
libertad a quienes luchan por defender los derechos humanos y los
territorios. Se agrede formal e informalmente a las comunidades y
universitarios que luchan contra el gasoducto que afectará los estados de
Morelos, Tlaxcala y Puebla. Se combate a las policías comunitarias de Guerrero
que se defienden de la invasión y devastación por parte de las empresas mineras
canadienses.
También es blanco de ataque
sistemático todo lo que huela a patrimonio de la Nación. El interés
trasnacional se vale del legislativo PRI, PAN y aliados para imponer su ley y
agrandar el agujero que hizo la reforma constitucional para meter por ahí a las
empresas mineras, gaseras. No contentos con eso, arremeten contra la Comisión
Federal de Electricidad (CFE) y Petróleos Mexicanos (PEMEX), para irlas matando
por inanición.
En materia de telecomunicaciones las
leyes secundarias presagian ya el beneficio del oligopolio televisivo, Televisa
y TV Azteca, contra los derechos de las audiencias, de los públicos, de las
comunidades.
Hay una ofensiva despiadada contra
las decenas de miles de migrantes centroamericanos, los vejan, los encarcelan.
En 13 meses han deportado 74 mil de ellos. Pero hay total silencio y
sumisión ante los mil cien compatriotas nuestros deportados cada día de los
Estados Unidos en similares condiciones.
La economía de las familias recibe
también una continua andanada de ataques. Todo el mundo lo ve, menos quienes
ejercen elaboran e imponen las políticas económicas. El salario sigue en su
peor nivel en 28 años; la OCDE señala que el 18.5 de los trabajadores mexicanos
no puede subsistir con su salario, el más alto porcentaje de esa organización y
que en México es necesario trabajar trece días para comprar una magra canasta
básica de satisfactores. La Asociación Nacional de Tiendas Departamentales, se
queja del derrumbe de las ventas en los supermercados. Las expectativas de
crecimiento se reducen día a día, comenzaron el año cercanas al 4% y ahora
apenas alcanzan el 3.4. Pero no se quiere mencionar siquiera un aumento
salarial emergente y se impone continuar con el golpe mensual de los
gasolinazos hasta el 2019. Peor y más burda que la predicación de quienes
prometían el cielo a cambio del sufrimiento y el sometimiento en la tierra,
resulta la letanía peñanietista de “sufran ahora” para merecer el beneficio de
las reformas estructurales que cada vez se ve más pequeño y lejano.
Cae el consumo interno, repunta la
inseguridad para las personas. Eso no importa mientras no se ponga en peligro
la seguridad de las ganancias.
En toda guerra los más poderosos
luchan por imponer sus leyes, sus tratados. En esta, cuya cabeza visible es
Peña Nieto, no se trata de imponer reformas constitucionales ni mucho menos
leyes secundarias. Lo que buscan ante todo es establecer a sangre y fuego la
ley primaria, la ley única del beneficio para el dinero.
Por desgracia esta guerra no es
metafórica. Su cauda de destrucción es más que real: comunidades
desarticuladas, medio ambiente devastado, recursos naturales saqueados, empleos
perdidos, salarios mermados, prisioneros, muertos, exiliados.
Contra esta guerra globalizada del
beneficio contra los derechos jurídicos, señala Alain Touraine, sólo podemos
oponer el principio moral que los funda más allá de toda ideología. Es en torno
a esos principios que debe cimentarse nuestra resistencia.
* Víctor M. Quintana S. es asesor del
Frente Democrático Campesino de Chihuahua e investigador/profesor de la
Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.
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