Argentina: ¿Por qué la huelga general de noviembre debe reunir todas las luchas?
Andrés Figueroa Cornejo
1. La colusión entre las dos agrupaciones
temporalmente hegemónicas del sistema de partidos políticos, el Frente para la
Victoria de Cristina Fernández y el Partido Republicano (PRO) de Mauricio
Macri, se vuelve más nítida mientras más aumenta el malestar de las grandes
mayorías y las protestas multisectoriales. En medio del agotamiento del
Ejecutivo de turno según la temperatura popular y las encuestas que ponen a
Cristina en alrededor de un 40% de aceptación, la connivencia en el Congreso
Nacional como en el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires –el más importante de
Argentina por su centralidad histórica en materias político económicas y
densidad institucional-, se refrendó el año pasado con la aprobación conjunta
de la ley Antiterrorista, en la reciente votación que reforma regresivamente la
legislación laboral ligada a los accidentes y enfermedades de los trabajadores
(ley aseguradoras de riesgos del trabajo), y en los acuerdos sobre las partidas
presupuestarias para el año entrante. Otro tanto ocurre con el consenso por
arriba de consolidar el trabajo ‘en negro’,precarizado e informal que supera el
50 % de la fuerza de trabajo, y sin el cual la tasa de ganancia del capital
concentrado resultaría menoscabada estratégicamente. Esto es, el FV y el PRO
comportan una asociación liberal de administradoras o concesionarias del Estado
sin antagonismos orgánicos o de representación de clases sociales. Las
distancias se notifican en que el FV es culturalmente más progresista y descansa
sobre el imaginario peronista, y el PRO es más conservador y amigo de las
órdenes más ortodoxas del organigrama católico, como el Opus Dei.
La Casa Rosada intenta sortear los efectos de la
crisis civilizatoria mundial, haciendo caja mediante adquisición de deuda
interna, control del dólar –que entren, pero que no salgan-, medidas
antilaborales, recorte de programas y derechos sociales (privatización de la
salud, educación y descalcificación de los ahorros jubilatorios),
multiplicación de impuestos a las personas y no al gran capital
transnacionalizado y sus subordinados nativos, venta y concesiones infinitas de
terrenos y bienes fiscales, y un aparato mediático de alienación simbólica cada
vez menos eficiente.
¿El objetivo? Atraer inversores en un marco de
decrecimiento económico e inflación (estanflación). Algunas mercancías apenas
en un año han duplicado su precio. Mientras, China modera áreas de importación
de commodities (por decaimiento de demanda norteamericana), y castiga al Brasil
de vocación subimperialista, propiciando un efecto dominó hacia Argentina y
países aledaños.
La caja del gobierno no sólo es para cumplir con el
pago de la deuda externa, sino para sostener los programas asistenciales en los
territorio más explosivos de la sociedad y los subsidios de los servicios
básicos y derechos sociales, procurando contener el levantamiento
espanta-capitales de los trabajadores y el pueblo, franjas medias y excluidos
sin porvenir. Es decir, para cautelar la gobernabilidad (o “lugar ameno” para
la obtención de utilidades rápidas, fáciles y sin condiciones, y fines
geoestratégicos en la región) a ojos del imperialismo.
Junto al superior control tributario sobre la
gente, se dan pasos veloces hacia la financiarización a través, por ejemplo,
del pago de expensas habitacionales directamente a la banca. Esa capitalización
es urgente para ‘ponerse al día’con el momento dominante de capitalismo
realmente existente, promover el endeudamiento para los pequeños
emprendimientos supeditados a los requerimientos baratos y tercerizados de las
megacorporaciones e incentivar los créditos de consumo para que el asalariado
promedio llegue a fin de mes por un tiempo. En este último caso, la gente ha
optado, tanto por reducir sus gastos como por sobrevivir con crédito directo
del retailer (supermercados, casas comerciales, endeudamiento con el boliche de
la esquina), en tanto proliferan formas de trueque en ferias donde ya no sólo
asisten súper empobrecidos. La deuda en la situación actual, es morosidad para
pasado mañana y subsecuente temor a perder el empleo, otra manera de
disciplinamiento social. Como un todo integral, gana la banca y se atemoriza a
los trabajadores.
2. Como consecuencias inmediatas, la delincuencia,
la súper explotación del trabajo asalariado, la especulación en todo el orden
económico, el empobrecimiento de las provincias, el dólar paralelo, la
industria de la trata de personas, la prostitución infantil y el narcotráfico
tienen su primavera.
Por otro lado, se profundiza la protesta y demandas
sociales en el plano antipatriarcal, estudiantil, de los pueblos indígenas, de
los pobres de la ciudad y el campo, y del combate contra los efectos de la
megaminería, el extractivismo agrominero y la primarización, puntales
económicos y culturales de la dependencia y el avasallamiento. Asimismo, si
bien es preciso multiplicar y colaborar en la unidad de las juntas internas en
cada lugar de trabajo como alternativa democrática desde abajo, concientizadora
y de lucha directa ante un sindicalismo tradicional en crisis, complemento
necesario para facilitar el movimiento del capital y que no escatima en emplear
el sicariato y el crimen contra sus cuestionadores, la Central General de
Trabajadores opositora al gobierno y la Central de Trabajadores de Argentina
independiente del Estado y el empresariado, de manera novedosa y no sin
contradicciones, han optado por la unidad en la acción sobre un programa básico
progresivo, realizando puntos de fuerza masivos en más de una oportunidad y
organizando para la segunda quincena de noviembre una huelga general.
¿Cuáles son sus debilidades? Que ambas centrales
agrupan sólo a los trabajadores ‘en blanco’, formalizados, habilitados para
negociar paritarias, cuando la mayoría expoliada está informalizada, ‘en
negro’, no puede asociarse sindicalmente, es de contenido migrante, asalariado
joven y hasta del llamado “trabajo esclavo”(sin horario, con sueldos de hambre,
ausentes de condiciones laborales elementales, que abarrota talleres
clandestinos). No importa que las luchas todavía no salgan del economicismo. Es
una fase necesaria que va de la mano con la creación de vocación de poder. Pero
la potencia transformadora, protagónica y política de la clase trabajadora la
ofrece su convicción premeditada de integrarse e integrar al conjunto de luchas
de todo un pueblo. Las centrales sindicales por sí solas, y más allá de
contener a parte más o menos significativa de la clase social objetiva para la
reproducción de la vida, no“dan el ancho” en materia de relaciones de fuerzas
para convertirse en alternativa de poder. La autoridad política, desde un
inicio, de sus franjas más críticas y combativas, no es automática: se gana. Y
lejos de una suerte de unidad táctica con el movimiento popular como fuerza
social que resiste y enfrenta los intereses del capital, los trabajadores
organizados tienen el deber de actualizar sus formas y contenidos a las formas
y contenidos de la opresión del capitalismo del siglo XXI y su crisis
multidimensional. Ello no se resuelve con agregados programáticos y retóricos, sino
mediante procesos complejos, solidarios, mancomunados, en condición de pares,
dinámicos y concretos. La unidad de las grandes mayorías que malviven no es
sólo voluntad política, es necesidad histórica ante el poderío del capital.
Nunca es delegada y representativa: es activa y participativa. No se trata de
un problema aritmético, sino cualitativo. La sociedad poscapitalista funda su
materialidad y ejercicio valórico y poliético hoy. Por eso, la huelga general
de noviembre no se reduce a una demostración de fuerza sindicalizada contra las
medidas antipopulares de un gobierno que sólo media administrativamente entre
los intereses corporativos del capital y la sociedad usada y abusada como
clientela o mercado electoral. Imperiosa, transparente, honesta y concretamente
la huelga general debe realizarse con y desde la integralidad de las luchas que
abundan, pero que por el momento se mantienen fragmentadas para bien y fortuna
de una minoría privilegiada.
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