UN NUEVO AMANECER DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES EN CHILE *

Posted by Correo Semanal on viernes, septiembre 02, 2011

Sergio Grez Toso **

El año 2011 quedará inscrito en la historia de Chile como el de un nuevo despertar
de los movimientos sociales después de más de dos décadas de aletargamiento debido a
la combinación de la acción “natural” del modelo económico neoliberal, del recuerdo del
régimen de terror de la dictadura, de las trabas y cortapisas legales e institucionales para
la expresión de las demandas sociales, de la virtual dictadura mediática impuesta por un
puñado de grupos económicos y de poder, además del control y cooptación de estos
movimientos ejercidos durante largo tiempo por los gobiernos de la Concertación y sus
partidos.
En lo que va corrido de este año, los movimientos sociales en Chile se han sucedido
con insólita rapidez, masividad y persistencia. En apretada e incompleta síntesis habría
que mencionar la protesta regional de Magallanes, las movilizaciones contra el
megaproyecto de HidroAysén, las marchas por los derechos de la diversidad sexual, los
paros comunales de Calama, la protesta de Arica, las huelgas de los trabajadores del cobre
(estatales y privados), los paros de los empleados fiscales, sin olvidar la persistente lucha
de los mapuches por la recuperación de sus tierras y la reconquista de su autonomía y
libertad. Pero, sin duda, el más masivo y de mayores efectos sociales, culturales y
políticos, ha sido el movimiento por la educación pública cuya columna vertebral y
principal componente son los estudiantes.
Tal vez la principal virtud de este movimiento –aparte la de poner en la agenda
política con tremenda fuerza la cuestión educacional- ha sido su aporte a la repolitización
de la sociedad chilena, potenciando la reactivación de otros sectores y cuestionando
certezas, valores, normas, instituciones y formas de hacer las cosas que parecían haber
adquirido características “naturales” para millones de ciudadanos sometidos a la
hegemonía ideológica del neoliberalismo. Hasta hace unos cuantos meses solo una
minoría de chilenos cuestionaba seriamente el lucro en la educación y el rol subsidiario del
Estado. Hoy son millones los que exigen junto a los estudiantes una educación estatal
gratuita, laica, democrática, igualitaria y de calidad. El cambio ha sido radical. Igualmente,
hasta hace poco, plantear demandas como el plebiscito para zanjar disyuntivas de gran
* Artículo publicado en The Clinic, Nº409, Santiago, 1 de septiembre de 2011.
** Historiador, académico de la Universidad de Chile.
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interés ciudadano, la renacionalización del cobre y una reforma tributaria para financiar la
solución de los más acuciantes problemas sociales, además de la convocatoria a una
Asamblea Constituyente para que por primera vez en su historia los pueblos de Chile
ejerzan su soberanía, eran sueños de izquierdistas impenitentes, sin gran eco social. Hoy
son temas ineludibles y hasta la “clase política”, que ha pretendido monopolizar la
representación ciudadana en las últimas décadas, debe, muy a contrapelo de sus
naturales inclinaciones e intereses, tomarlas en cuenta para rebatirlas o simular acuerdo
con ellas para mejor contener las exigencias provenientes de la sociedad civil.
Asistimos, tal como lo han señalado diversos analistas, a un colapso del acuerdo de
gobernabilidad suscrito entre los partidarios de la dictadura y sus opositores moderados
en la segunda mitad de la década 1980, pero también a una crisis de legitimidad del
modelo económico neoliberal y del sistema de democracia restringida, tutelada y de baja
intensidad administrado por dichas fuerzas desde 1990. Al mismo tiempo se extiende el
cuestionamiento a las viejas formas “delegadas” de hacer política a través de
representaciones institucionales divorciadas de las bases sociales, altamente centralizadas
y jerárquicas. En su lugar, los jóvenes y otros actores sociales han venido construyendo
desde hace años formas más democráticas y horizontales, como los colectivos
sociopolíticos, las asambleas territoriales y locales y las coordinaciones sectoriales,
regionales y nacionales de colectivos y organizaciones sociales cuyas políticas y decisiones
se toman colectivamente y en las que no es extraño que los dirigentes y voceros sean
removidos por sus bases si estas lo estiman conveniente. El sistema político binominal, la
elitización de la política “profesional” y los abusos de la “clase política”, han engendrado
sus propios sepultureros: una ciudadanía popular y de clases medias crecientemente
empoderada. La crisis del sistema es profunda aunque aún no es “terminal”.
¿Qué falta para que la democracia de baja intensidad y el extremista modelo
neoliberal chileno sean desalojados del escenario histórico?
Varios elementos. Los más importantes e inmediatos parecen ser los siguientes.
En primer lugar, que los trabajadores en tanto tales (y no solo como pobladores,
consumidores, padres o apoderados) entren decididamente en la lucha por sus propios
derechos, con los mismos grados de autonomía, radicalidad y sagacidad política
demostrados hasta ahora por el movimiento estudiantil. Ellos son y seguirán siendo el
elemento decisivo, como lo es la infantería en la guerra, considerada tradicionalmente
como la “reina de las batallas”.
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En segundo término, es indispensable que los movimientos sociales (no solo el
estudiantil) sean capaces de elaborar sus propias propuestas políticas y de tender lazos
solidarios entre sí para formar un frente común ante sus adversarios. Esos movimientos
deben buscar sus puntos de acuerdo para construir plataformas unitarias consensuadas
democráticamente. Pero también es imprescindible que se doten de sus propias
representaciones en la esfera política. El profundo desprestigio que envuelve al duopolio
de la “transición chilena” (la Concertación y la Derecha clásica) ofrece una oportunidad
como pocas veces se ha visto en la historia de este país para que los movimientos sociales
se auto representen políticamente y sean, por primera vez, los actores principales de la
refundación de las bases políticas que la sociedad requiere so pena de deslizarse hacia
callejones sin salida de sucesivos estallidos sociales sin capacidad de construir alternativas
viables. La anomia política es un mal que suele acechar a los movimientos sociales si estos
no están en condiciones de orientarse más allá de sus reivindicaciones sectoriales o
corporativas, y esa anomia es también un peligro que está rondando a la sociedad chilena.
La convocatoria a una Asamblea Constituyente en la cual los representantes de los
movimientos sociales sean la fuerza principal, debería ser el horizonte político para la
refundación de una segunda República, que deje atrás la soberanía delegada y
esencialmente nominal que ha imperado durante doscientos años, sustituyéndola por la
soberanía efectiva de los pueblos que viven en este Estado nación. El plebiscito sobre la
educación puede ser un hito importante en ese camino hacia la soberanía popular.


* Artículo publicado en The Clinic, Nº409, Santiago, 1 de septiembre de 2011.
** Historiador, académico de la Universidad de Chile.