México: Corrupción rampante y represión (I)
Manuel Aguilar Mora *
Reproducido de Boletín de la Tendencia Socialista Revolucionaria - Chile
La ilegitimidad gubernamental surgida de las fraudulentas elecciones del 2 de julio de 2006, a un año de iniciada la operación de imposición presidencial de Felipe Calderón, sigue deslizándose por una pendiente cada vez más complicada para el equipo del Partido de Acción Nacional (PAN) en el poder. La debilidad política manifiesta de la presidencia de Calderón ha resaltado en forma patética con motivo de la celebración del aniversario de los comicios electorales del año pasado. Mientras López Obrador convocó a una magna asamblea de su Convención Nacional Democrática, con un Zócalo repleto con decenas de miles de partidarios, Calderón festejó a puerta cerrada su supuesta victoria electoral en la sede nacional del PAN.
Son varios los procesos políticos y criminales que se han anudado en los días recientes y cuya consecuencia es una sola: Calderón está cada vez más asediado ante una situación política que se le escapa y ante la cual sólo tiene el recurso de la represión para controlarla, profundizando su ilegitimidad e impopularidad.
Desde el inicio de su gobierno, Calderón mostró su completa carencia de una línea política capaz de recuperar el apoyo perdido por el PAN y el régimen en su conjunto, durante la crisis ocasionada por el fraude electoral. Con la mira puesta sólo en los sectores burgueses y de clase media acomodada, el presidente quiso fortalecer su apoyo agarrándose al tema de la seguridad que es tan apreciado por ellos.
Buscando altos porcentajes en las “encuestas de popularidad” pedidas a modo, consideró desde el inicio mismo de su gobierno que debía garantizar el apoyo de ese sector duro que votó por él. Sacó al ejército de los cuarteles para emprender la “guerra a la delincuencia”, encarnada en el narcotráfico. La tropa en las calles, como era previsible, comenzó a realizar tropelía tras tropelía: violaciones (la más siniestra de todas, la de la mujer de 70 años en Zongolica, que murió como resultado de la violación tumultuaria de la soldadesca), ataques a ciudadanos inocentes, detenciones arbitrarias, aunque en “esta lucha contra el narco” no ha caído todavía ningún capo mayor.
Mientras tanto se produjeron dos hechos que desplazaron por completo del centro de la escena política a la “ofensiva contra el crimen”. Los medios dejaron las “hazañas” militares y sus titulares concentraron la atención nacional en acontecimientos que expresan la situación frágil, al mismo tiempo plena de peligros, del presidente de la república.
Estos dos procesos son:
1) Las secuelas del escandaloso asunto de la mayor incautación de dólares (205 millones) en efectivo realizada por la policía en México (y en el mundo), y
2) La desaparición de dos miembros del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), causa de varios actos de sabotaje a las instalaciones de PEMEX en los estados de Guanajuato y Querétaro en junio que cimbraron con su estruendo el tinglado nacional.Estos dos procesos, sin ninguna vinculación entre sí, pero que afectan directamente al gobierno de Calderón, se mezclan con la situación política de excepción que se da en la ciudad de Oaxaca y sus alrededores, en donde la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) persiste heroicamente en su reorganización y recuperación a pesar de los golpes tan duros que ha sufrido durante estos meses, el último el 16 de julio pasado en el cual hubo varios heridos, uno de suma gravedad en estado de coma, y detenidos. De hecho, la desaparición de los dos miembros del ERP ocurrió con motivo de su detención en la ciudad de Oaxaca, en mayo pasado.
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