Como en la esclavitud, 11 millones sin derechos en Estados Unidos
La difícil ruta del migrante
Como en la esclavitud, 11 millones sin derechos en Estados Unidos
Los indocumentados mexicanos carecen de garantías civiles y políticas
Los migrantes que viven en Estados Unidos están atrapados, pues sólo tienen 20% de probabilidades de reingresar, en caso de que salgan de él
Por primera vez en 60 años la población de connacionales en ese país no crece, afirma el investigador de Princeton, Douglas Massey
Los migrantes que viven en Estados Unidos están atrapados, pues sólo tienen 20% de probabilidades de reingresar, en caso de que salgan de él
Por primera vez en 60 años la población de connacionales en ese país no crece, afirma el investigador de Princeton, Douglas Massey
Familias de indocumentados llegan a Phoenix. Arizona, de otros estados, en camino a la deportación hacia MéxicoFoto Reuters
Arturo Sánchez Jiménez
Periódico La Jornada
Domingo 1º de junio de 2014, p. 2
Once millones de mexicanos indocumentados que residen en Estados Unidos, sin derechos civiles, sociales o políticos, constituyen la población más grande en esas condiciones desde los años de la esclavitud que terminaron en 1863, aseguró Douglas Massey, investigador de la Universidad de Princeton, al participar en la 12 Reunión Nacional de Investigación Demográfica en México.Domingo 1º de junio de 2014, p. 2
Señaló que las deportaciones desde el interior del territorio estadunidense están creciendo y son mayores que las detenciones de quienes intentan cruzar la frontera sin documentos. Al año, indicó, la patrulla fronteriza aprehende a 200 mil mexicanos, en tanto que las autoridades deportan a 400 mil ya ingresados y establecidos en Estados Unidos.
Por ello, dijo el sociólogo, los indocumentados que residen en Estados Unidos se encuentran atrapados, pues sólo tienen 20 por ciento de probabilidades de reingresar a territorio estadunidense, si salen de él. Sin la posibilidad de retornar no se van, pues dejarían ahí sus casas, familias, trabajos y vidas.
Indicó que por primera vez en 60 años la población de indocumentados no está creciendo, pues el número de los que logran ingresar y los que son deportados suma cero. “Obviamente, puede haber errores en las estimaciones, pero el gran boom de la migración indocumentada se ha terminado, al menos desde 2008”, indicó.
El integrante de la Oficina de Investigación de Población de Princeton expuso también que los mexicanos están intentando obtener la nacionalidad estadunidense para adquirir derechos. “Históricamente los mexicanos tuvieron tasas de naturalización muy bajas, pues se lo hicieron menos de 50 mil, entre 1970 y 1990, en tanto que más de 200 mil lo consiguieron entre 2005 y 2010.
Actualmente hay dos y medio millones de mexicanos con ciudadanía estadunidense, quienes tienen el derecho de pedir la entrada de sus hijos, esposos y padres, así como de otros parientes. Por ello, dijo Massey, esta vía, la de la invitación de un ciudadano estadunidense, es el motor de la migración legal, pues así entra entre 60 y 70 por ciento de los mexicanos que se convierten en residentes legales en Estados Unidos.
En el encuentro que se realizó esta semana en la Universidad Iberoamericana, Massey presentó el estudio Tendencias de la migración internacional altamente calificada a Estados Unidos. En su exposición señaló que cuando se habla de migrantes que van a trabajar de manera temporal al país vecino, se suele pensar en jornaleros, pero la realidad está cambiado. En los años recientes ha habido crecimiento en el número de mexicanos que entran de manera legal al territorio estadunidense a trabajar por temporada, pero 95 por ciento de este incremento se debe a mexicanos que son enviados por las empresas para las que trabajan, así como por comerciantes y personas que entran con visas de negocios.
De acuerdo con las cifras expuestas por el investigador, la distribución de los trabajadores migrantes temporales originarios de México es como sigue: los que entran con visa de categoría
Estamos en una nueva realidad en la historia de la migración entre México y Estados Unidos y
Douglas Massey dirige junto con el antropólogo Jorge Durand el Proyecto Sobre Migración Mexicana, creado en 1982 por un grupo interdisciplinario de investigadores de México y Estados Unidos para recabar información social, económica y demográfica sobre el proceso migratorio entre ambos países. El uso de los datos generados por el proyecto se encuentra abierto al público en el sitio de internet http://mmp.opr.princeton.edu/.
Los nuevos trabajadores migrantes mexicanos son los que tienen documentos y no van solamente como mano de obra, señaló.
De acuerdo con las cifras expuestas por el investigador, la distribución de los trabajadores migrantes temporales originarios de México es como sigue: los que entran con visa de categoría
J, o de intercambio (enviados por empresas), son más de 300 mil al año, los que llegan con la
H–la de trabajador– son menos de 300 mil; los que van como inversionistas (visa
E) son alrededor de 150 mil, y los que van por comercio y portan la visa
Tson unos cien mil.
Estamos en una nueva realidad en la historia de la migración entre México y Estados Unidos y
no sabemos si las condiciones actuales indican una nueva era o solamente una pausa. Ello depende de decisiones que tomarán políticos de ambos lados de la frontera en los próximos años, pero especialmente de decisiones que se tomarán en Estados Unidos.
Douglas Massey dirige junto con el antropólogo Jorge Durand el Proyecto Sobre Migración Mexicana, creado en 1982 por un grupo interdisciplinario de investigadores de México y Estados Unidos para recabar información social, económica y demográfica sobre el proceso migratorio entre ambos países. El uso de los datos generados por el proyecto se encuentra abierto al público en el sitio de internet http://mmp.opr.princeton.edu/.
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Editorial de LA JORNADA
EU: migrantes y derechos anulados
Según Douglas Massey, académico de la Universidad de Princeton, los millones de migrantes indocumentados que viven en Estados Unidos, sin respeto alguno por sus derechos civiles, sociales o políticos, constituyen la población más grande en esas condiciones desde el fin formal de la esclavitud en el vecino país, en1863.
La comparación resulta dolorosa, pero acertada para caracterizar el abuso y atropello de que son objeto cotidianamente los connacionales en el país vecino y, en general, los ciudadanos extranjeros que residen ahí sin contar con los documentos migratorios correspondientes.
Ciertamente, la migración es un fenómeno connatural a las sociedades humanas y tan antiguo como la especie; pero en el siglo XXI ese fenómeno se ve impulsado por la pobreza, la falta de empleo y la ausencia de horizontes de movilidad social en países como el nuestro, circunstancias a las que se suma la brutalidad policial, que no repara en garantías individuales ni en derechos humanos y que se consagra a criminalizar y perseguir individuos que son, en su inmensa mayoría, inocentes.
Así, la inaceptable política de persecución que el gobierno estadunidense –autodenominado defensor mundial de los derechos humanos y la legalidad– puso en marcha hace más de una década confirma su papel como principal violador de las garantías individuales dentro y fuera de su territorio y demuestra, al mismo tiempo, el empecinamiento en desconocer un fenómeno inherente a las sociedades humanas y que en la actualidad se ve acentuado por una economía global promovida por Washington, generadora de grandes asimetrías económicas, que propulsa la movilidad de capitales y fuentes de empleo, y cuya consecuencia inevitable es el flujo de personas de un país a otro, en busca de las condiciones mínimamente dignas que sus lugares de origen les niegan.
Ciertamente, la migración es un fenómeno connatural a las sociedades humanas y tan antiguo como la especie; pero en el siglo XXI ese fenómeno se ve impulsado por la pobreza, la falta de empleo y la ausencia de horizontes de movilidad social en países como el nuestro, circunstancias a las que se suma la brutalidad policial, que no repara en garantías individuales ni en derechos humanos y que se consagra a criminalizar y perseguir individuos que son, en su inmensa mayoría, inocentes.
Así, la inaceptable política de persecución que el gobierno estadunidense –autodenominado defensor mundial de los derechos humanos y la legalidad– puso en marcha hace más de una década confirma su papel como principal violador de las garantías individuales dentro y fuera de su territorio y demuestra, al mismo tiempo, el empecinamiento en desconocer un fenómeno inherente a las sociedades humanas y que en la actualidad se ve acentuado por una economía global promovida por Washington, generadora de grandes asimetrías económicas, que propulsa la movilidad de capitales y fuentes de empleo, y cuya consecuencia inevitable es el flujo de personas de un país a otro, en busca de las condiciones mínimamente dignas que sus lugares de origen les niegan.
A estas alturas, resultan improcedentes los intentos de la administración de Barack Obama por responsabilizar de la lamentable situación de los migrantes indocumentados a los legisladores de su país, por no haber aprobado una reforma migratoria que de cualquier forma resultaría, en los términos propuestos por la Casa Blanca, un mero paliativo. Es significativo a este respecto que, con la misma legislación migratoria que regía durante administraciones anteriores, el gobierno de Obama haya realizado más deportaciones que cualquiera de sus antecesores y que durante sus mandatos se haya registrado el mayor número de familias separadas a consecuencia de esta práctica. Otro elemento a considerar es que, en el contexto de las leyes actuales, el gobierno de Washington podría conceder la residencia permanente a unos 2 millones de inmigrantes sin que se requiera, para ello, de acción alguna por parte del Congreso.
Finalmente, el supuesto compromiso de Obama contra la discriminación y criminalización de los migrantes se ve desacreditado con decisiones como la adoptada por su gobierno ayer, en el sentido de frenar el litigio contra la racista ley SB1070 en Arizona.
Es evidente que las presiones necesarias para corregir la circunstancia que viven los migrantes en Estados Unidos, ante la falta de voluntad de Washington, deberán provenir en buena medida de la sociedad civil organizada en ese país y de los gobiernos extranjeros. En el caso de México, un punto de arranque obligado es el cese de los inaceptables atropellos que padecen a manos de policías nacionales los migrantes centroamericanos que llegan a territorio nacional. A fin de cuentas, en lo que se refiere al trato humanitario, el respeto a las garantías individuales y el reconocimiento de los estados de la realidad global contemporánea, lo mejor es predicar con el ejemplo.
Finalmente, el supuesto compromiso de Obama contra la discriminación y criminalización de los migrantes se ve desacreditado con decisiones como la adoptada por su gobierno ayer, en el sentido de frenar el litigio contra la racista ley SB1070 en Arizona.
Es evidente que las presiones necesarias para corregir la circunstancia que viven los migrantes en Estados Unidos, ante la falta de voluntad de Washington, deberán provenir en buena medida de la sociedad civil organizada en ese país y de los gobiernos extranjeros. En el caso de México, un punto de arranque obligado es el cese de los inaceptables atropellos que padecen a manos de policías nacionales los migrantes centroamericanos que llegan a territorio nacional. A fin de cuentas, en lo que se refiere al trato humanitario, el respeto a las garantías individuales y el reconocimiento de los estados de la realidad global contemporánea, lo mejor es predicar con el ejemplo.
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