Ucrania del Este, la lógica de una rebelión

Los burócratas rusos se han visto francamente sorprendidos por la reacción del Occidente oficial —no esperaban tanta ira o condena unánime—. Los políticos europeos están completamente fuera de sí. La prensa occidental relata terribles historias a sus lectores sobre la agresión rusa contra Ucrania. La televisión emite entrevistas con ministros y diputados de Kiev que imploran llorosos que Europa salve a su país del oso furioso.
De hecho, la reputación de la Rusia de Putin en el Oeste no es precisamente maravillosa —es incluso peor que la de la Unión Soviética de Breznhev—. Pero a lo que asistimos ahora está completamente fuera de lo habitual. No hubo nada parecido durante la Guerra Fría, durante el conflicto checheno o durante el choque entre Rusia y Georgia. No vale la pena ni mencionar la acción de Yeltsin al bombardear el parlamento ruso; en ese momento, el Oeste liberal aplaudió.
En Moscú la gente esperaba críticas tras la anexión de Crimea. Pero de eso hace más de un mes y las autoridades del Kremlin no han hecho nada nuevo desde entonces. Varias veces al día repiten, como un mantra, palabras con el fin de demostrar que respetan la integridad territorial de Ucrania; que no piensan anexionar nada más; que han pedido a Occidente trabajar conjuntamente la crisis… pero las críticas no han cesado.
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