Construir fuerza social y política propia para un nuevo tipo de socialismo
Eduardo Gutiérrez González
Marzo de 2014.La inclusión del PC en la Nueva Mayoría obliga al resto de la izquierda crítica al modelo a desentrañar el nuevo mapa político chileno desde una óptica que supere el análisis de la coyuntura política.
Efectivamente, la
incorporación del PC a una Concertación hegemonizada por las tendencias más
conservadoras (tanto en la DC como en el PS) no debe ser mirada sólo como una
política pragmática que le ha reportado beneficios institucionales, sino como
una decisión que contiene fundamentos teóricos que enlazan su actual política
con la histórica, de una amplia alianza con sectores de la burguesía nacional.
Lo que fundamentó
en nuestra realidad política chilena, a lo menos hasta el golpe de estado (e
incluso algunos años después), la existencia de dos partidos identificados con
el marxismo como método de interpretación y cambio de la realidad, no sólo fue
la pugna abierta por identificarse como “partidos de la clase obrera” y, en
tanto tal, como abiertos competidores por convertirse o ser el partido “vanguardia
de la revolución socialista”, sino en el diseño estratégico para lograr tal
propósito. Esto último fue un factor no menor en las contradicciones internas
que se expresaron brutalmente en el periodo de la Unidad Popular y que
impidieron un frente común para superar la ofensiva de la entonces alianza
entre la DC y la derecha con el apoyo abierto de EEUU y el grueso de las
fuerzas armadas.
Desde los inicios
de la década del 40 del siglo pasado se fueron articulando las dos visiones.
Una, la del PC sustentada en que en Chile los resabios del feudalismo
ameritaban pasar por una fase de revolución democrática burguesa antes de
acometer la construcción del socialismo; la otra, la del PS fundamentada en que
el desarrollo pleno del capitalismo (inexistente de resabios feudales)
obligaban a luchar por una revolución socialista sin etapas intermedias. Esto
último se constituyó en un factor de mayor sintonía entre el PS y el MIR
fundado a mediados de la década del 60.
En la década del 80
la mayoría de los sectores dispersos del PS dieron un giro que en la práctica cimentó
la actual alianza estratégica entre el PS y la DC, convirtiéndolos en aliados
en la recomposición capitalista post dictadura, de ahí entonces en
identificarlos como sectores conservadores que buscan cambios de formas al
modelo neoliberal tal como por lo demás fue su práctica en los 20 años que
fueron gobierno. La confirmación de esta actitud se vio además confirmada, la
de “no cuestionar ni los abusos ni los usos”, para usar una frase del Octavio Paz
en referencia a la posición crítica al sistema políticos social y económico de
EEUU por parte de la intelectualidad progresista, por su política de los
consensos con la derecha y los grupos económicos.
La recomposición
capitalista acometida durante 17 años de dictadura que permitieron a las clases
dominantes apropiarse sin miramientos de los cuantiosos excedentes de los
trabajadores, merced a la más brutal represión en sus casi 200 años de
existencia independiente, solo comparable quizá a la política de aniquilación
de la nación mapuche en el siglo XIX, no debía ser tocada en sus bases
esenciales, en especial los económicos. Ese fue sin lugar a dudas el acuerdo de
fondo que permitió solo cambios cosméticos al sistema político de dominación y
que fue conocido como el “inicio de la transición”.
La gran burguesa,
dueña de la banca, de los grandes centros comerciales y de las pocas
industrias, fortalecida durante los años de dictadura, no tuvo problemas en
aceptar las nuevas reglas del juego democrático restringido. Su estrecha
alianza con el capitalismo transnacional, abonada por la concesión de los
cuantiosos fondos de pensiones, una política minera depredadora y unos tratados
de libre comercio beneficiosas para ambas partes, han hecho desaparecer
cualquier resabio de existencia de una burguesía anti imperialista, que fue
precisamente el argumento histórico del PC para participar en los gobiernos del
Frente Popular hasta 1947; fecha en que fue declarado fuera de la ley y
perseguido durante diez años a la par que a los trabajadores se le imponía un
congelamiento de los salarios por igual período.
No cabe duda de que
en los últimos años el capitalismo en Chile se ha fortalecido (merced también a
la cuantiosa deuda externa privada), la gran burguesía ejerce su dominación sin
contrapeso, los capitales nacionales ligados la retail y en menor medida a la
industria de la celulosa se expanden por América latina; los cuestionamientos a
los usos, es decir a las estructuras de dominación del sistema, son minoría o
por lo menos se expresan minoritariamente en las elecciones, aun cuando el
cuestionamiento a los abusos es hoy por hoy mayoritario y es lo que explica la
derrota de la derecha política en las últimas elecciones.
Es en este
contexto, de crítica a los usos y abusos del modelo, estimulados -qué duda
cabe- por las manifestaciones de los estudiantes del año 2011, que ha vuelto a
resurgir el debate de las ideas estratégicas que estaban semi enterradas desde
el periodo 83-86, y que obligan no solo al PC, sino a todos los pequeños y
dispersos conglomerados de izquierda a definir posiciones con vistas al largo
plazo. ¿Acomodarse al modelo y propender a su desarrollo tal cual lo ha hecho
la Concertación hasta la fecha?, ¿influir en su interior por cambios motivados
por esta nueva subjetividad democrática que recorre Chile?, o,
¿desarrollar por el contrario la idea de que es necesario construir fuerza
social y política propia para un proyecto con vistas a un nuevo tipo de
socialismo?, son todas alternativas que están y estarán en juego en los
próximos años.
Eduardo Gutiérrez
González
Marzo de 2014.
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