Posted by Correo Semanal on jueves, agosto 01, 2013
Ayer, cuando junto con vari@s compañer@s fuimos al Ministerio de Salud a acompañar a Guillermo Rodríguez Morales (Ronco o Alma Negra) a buscar una respuesta institucional del Programa PRAIS a la grave situación de salud que lo afecta, nos encontramos en el hall de esa Secretaría de Estado con una escena que, sumada a los motivos de nuestra presencia, refleja con dolorosa elocuencia y exactitud un hecho indesmentible: el que realmente manda en la Salud chilena no es el Ministro, ni el Subsecretario, ni el tipos de Redes, ni el director de FONASA. No. Todos ellos son personajes de una novela de Kafka.
Era una pareja, de entre 40 y 50 años, de lo que uno podría llamar "clase media", por discutible que sea el concepto, pero no viene al caso hacer Sociología para efectos de lo que quiero contar.
Ellos venían del Sur y habían hecho el eterno peregrinaje por las distintas "Mecas" con que la burocracia distrae a los creyentes en el sistema hasta que se dan cuenta que nadie los va ayudar, que están solos y que a nadie le importa un rábano sus sufrimientos.
A ellos ya nos les quedaba otro camino que instalarse en el hall del Ministerio y gritar y llorar de rabia, de impotencia, de dolor, de ninguneo, de corrupción, de injusticia, de ventanillas, de incredulidad, de derecho a verle la cara al Ministro y exigirle que ponga fin a sus padecimientos.
El señor había tenido un accidente laboral y perdido una de sus manos a la altura de la muñeca. Pero aquí viene lo interesante: su mutual de seguridad, en este caso el estatal ISP, lo había derivado a un comité de evaluación presidido por..............UN ABOGADO. Tal como lo están leyendo: UN ABOGADO, NO UN MÉDICO.
Pero este abogado, que parecer estar dotado de múltiples y asombrosas capacidades, no sólo es experto en medicina y está en condiciones de evaluar el grado de discapacidad de un accidentado o enfermo del trabajo, también tiene una visión más potente que cualquier tecnología conocida por el ser human@, porque descubrió que el hombre que perdió su mano tiene dedos y hasta los puede mover, razón por lo cual no dieron curso al subsidio correspondiente ni a las licencias del caso.
Pero la historia no termina aquí.
El afectado hizo una denuncia ante las autoridades competentes, ya que claramente aquí se configuran a lo menos algunas irregularidades, por no decir delitos.
¿Adivinen quién firmó la carta donde la "autoridad competente" reitera que el señor tiene dedos y que todo estuvo apegado a la normativa vigente?
El super abogado, por cierto.
O sea, el tipo es la autoridad superior a sí mismo. Es su propio juez.
¿Habrá bajado el Ministro al escuchar los gritos y los llantos destemplados de esas personas?
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