El tráfico de drogas de la CIA y sus vínculos con Chile
31 octubre, 2012
Fuente: Panoramas News
Por Matías Rojas
El completo silencio mediático sobre
las denuncias del ex inspector Fernando Ulloa, que implican a Hinzpeter en el
encubrimiento de una red de narcotráfico protegida por miembros de la PDI,
Carabineros y “soldados”, despierta sospechas que apuntan a una operación
mayor.
Recordemos que según la
denuncia de Ulloa, cerca de 300 kilos mensuales de cocaína
ingresaban a través del paso de Colina, escoltados por funcionarios de su
propia institución.
En
correos enviados al director general Marcos Vásquez, Ulloa
acusa un abandono por parte del Alto Mando de Investigaciones, el cual ignoró
su denuncia y obstaculizó, bajo presiones y amenazas, el curso de la
investigación que llevaba en ese entonces el fiscal Patricio Rosas de Maipú.
Los antecedentes que siguen a
continuación podrían esclarecer muchas interrogantes sobre la verdadera
dimensión de lo denunciado. ¿Es posible que la CIA o algún organismo de
seguridad extranjero esté implicado en el tráfico de drogas, y de ser así, con
qué finalidad? ¿Qué nos dice la historia sobre algunas operaciones de la CIA
ligadas al narcotráfico?
El escándalo del Irán-Contras
En la década de 1980, para asegurar
su elección presidencial, el equipo republicano de Ronald Reagan negoció con
terroristas iraníes la liberación de 52 rehenes estadounidenses, secuestrados
por grupos islámicos extremistas. El acuerdo quedó estipulado: Irán soltaría a
los rehenes después de las elecciones, a cambio de que Estados Unidos vendiera
armas al régimen. Con ello, la imagen pública del contendor demócrata Jimmy
Carter se vería gravemente dañada, dando una victoria segura a Reagan.
Se constituyó así un consorcio
internacional de privados denominado “La Empresa”, dirigido a la cabeza por el
coronel Oliver North del Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos y
contando con la participación de traficantes de armas de peso internacional,
como Adnan Khashoggi y Monzer Al Kassar.
Rápidamente comenzaron a surgir otras
operaciones a cargo de la corporación: bajo el alero de la CIA, EE.UU. comenzó
a armar a los Contras, una guerrilla centroamericana, con el fin de derrocar al
gobierno sandinista de Nicaragua. Aunque los Contras cometieron horrendos
crímenes contra inocentes, el presidente Reagan describió su misión como una
“lucha libertaria”.
Tras conocerse el vasto conjunto de
operaciones encubiertas de la CIA en Centroamérica, y sus vínculos con la venta
de armas a Irán, el Congreso estadounidense conformó un Comité Especial
bipartidista que exploró el caso en detalle, citando a declarar a gran parte de
sus involucrados. Se dejó entrever en los medios de comunicación que las
actividades de North iban mucho más allá de la venta de armas, sacando a
relucir una pieza esencial en el financiamiento de las operaciones: el tráfico
de drogas.
En su libro Compromised: Clinton, Bush and the
CIA, el ex agente Terry Reed cuenta cómo
un narcotraficante llamado Barry Seal lo contrató para enseñar a los Contras a
pilotar aviones en el estado de Mena, Arkansas. Con la ayuda de Oliver North,
Seal montó una operación para llevar armas a la resistencia nicaragüense y
traficar toneladas de cocaína de regreso a EEUU, en el mismo período en que
Bill Clinton era gobernador de Arkansas.
La operación fue descubierta cuando
el avión C-123 de Seal, denominado “The Fat Lady”, se estrelló cerca de
Nicaragua con cientos de armas para los Contras.
Pese a que el Congreso estadounidense
no exploró la arista de las drogas en el primer comité conjunto de 1987, las
gestiones del senador demócrata John Kerry descubrirían más tarde, en una
investigación llevada a cabo en 1991, las conexiones entre “La Empresa” de
Oliver North y el Banco de Crédito y Comercio Internacional (BCCI), cuyas
cuentas fueron utilizadas por la CIA y numerosas agencias de inteligencia para
canalizar los fondos de sus operaciones encubiertas, entre ellas el tráfico de
narcóticos.
Baramdyka y el narcotráfico
pinochetista
Por cosas del destino, un colaborador
de la CIA y ex marine norteamericano llamado Iván Baramdyka, escapó a Chile en
1985, luego de que autoridades estadounidenses descubrieran sus vínculos con el
Cartel de Cali. Según su confesión al periodista Francisco Martorell en 1993,
Baramdyka ayudó a Barry Seal a traficar armas para los Contras.
Como señala la investigación de los
periodistas Rodrigo de Castro y Juan Gasparin, inserta en el libro La delgada línea blanca, apenas Baramdyka pisó suelo chileno fue contactado rápidamente por el
jefe de la CNI, Álvaro Corbalan, para que prestara asistencia al régimen
militar en una amplia red de narcotráfico que involucraba – nada más ni nada
menos – al primo de Monzer Al Kassar, el empresario chileno Yamal Edgardo
Bathich.
En su entrevista con El
Periodista, realizada en marzo de 1993, Baramdyka explicó tales
operaciones con las siguientes palabras:
“Usted carga un avión 727-200 en
Santiago de Chile, con armas o partes de ellas y cuyo
destino es Bagdad, por ejemplo. La nave, por la distancia, debe parar al menos
dos veces para reabastecerse de combustible y una parada, por ejemplo, puede
ser en las Islas Canarias donde, luego de pagarle a alguien, se bajan dos,
tres, cuatro o cinco cajas, sin pasar por la aduana, porque el avión está de
paso, con cocaína”.
Con respecto a Bathich, el ex marine
norteamericano explica, en referencia a un supuesto tráfico aéreo de narcóticos
desde el exterior: “En un fundo de 50 mil hectáreas no se
da cuenta lo que cae. Las tierras de Bathich en San Vicente de Tagua Tagua eran
el lugar perfecto para procesar, empacar o hacer cualquier cosa”.
Las graves denuncias contenidas
en La delgada
línea blanca nunca han sido desmentidas. No
obstante en 2006, algunos actores mencionados en la vasta red de Baramdyka
debieron salir a dar explicaciones, una vez que las acusaciones emanaron,
sorpresivamente, de un conocido colaborador del régimen militar: el ex jefe de
la DINA, Manuel “Mamo” Contreras.
En un informe entregado al ministro
Claudio Pavez, encargado de investigar la muerte del coronel Gerardo
Huber, Contreras
aseguró que gran parte de la fortuna amasada por Pinochet
provino del tráfico de drogas. En los ilícitos implicó al hijo del general,
Marco Antonio Pinochet, y al empresario de origen sirio, Edgardo Bathich.
En el documento que fue filtrado a la
prensa, el torturador de Punta Peuco explicó que el fallecido coronel de la
DINA, Gerardo Huber, había tenido conocimiento de los narco-negocios de la
familia Pinochet y deseaba dar a conocer esta situación a la opinión pública
antes de ser asesinado.
Cabe agregar que el mismo coronel de
la DINA habría tratado de contactar al periodista británico Jonathan
Moyle para proporcionarle información sobre las operaciones de
tráfico de armas a Croacia y otros países, coordinadas por FAMAE, poco antes de
que éste fuera encontrado muerto en la habitación 1406 del Hotel Carrera
mientras se desarrollaba la FIDAE, en marzo de 1990.
El movimiento de cocaína nunca se
detuvo
Claramente, queda un manto de duda
respecto a la complicidad de la CIA y la empresa de Oliver North en algunas de
las operaciones de tráfico de armas y drogas que acaecieron bajo la dictadura
de Augusto Pinochet.
En agosto de 1991, el columnista del
Washington Post, Jack Anderson, vinculó la
muerte de Jonathan Moyle con la de Danny Casolaro, un reportero independiente de
44 años que investigó el Irán-Contras, las cuentas del BCCI y la piratería de
un software de espionaje llamado PROMIS. Según Anderson, Moyle investigaba una
arista del caso indagado por Casolaro, relativa a la venta de armas y el PROMIS
a Irak por parte del empresario chileno Carlos Cardoen, quien trabajó como
intermediario comercial de la CIA a inicios de los ochenta.
Otra conexión entre Oliver North y
las operaciones ilícitas del régimen militar, dice relación con que uno de los
aviones usados en el tráfico de armas de Pinochet – empleados además para el
tráfico de drogas, según Baramdyka – fue usado por North en uno de sus viajes a
Teherán, justamente para estrechar relaciones con los ayatolás iraníes en el
marco de la liberación de rehenes. El susodicho Boeing 707 de la Quinn Freight
Limited partió de Santiago el 27 de junio de 1986, cargado con “bombas avispa”
para Irán.
Los antecedentes ya mencionados
comprobarían que Chile recibió apoyo de la CIA para sus operaciones de tráfico
de armas y drogas hacia el exterior.
En 2000, diez años después de la
llegada de la democracia, el diario británico The Guardian publicó
lo siguiente: “El Ejército y la policía secreta chilenos han pasado
más de dos décadas, en secreto, inundando Europa y EEUU con enormes envíos de
cocaína. El tráfico comenzó durante la dictadura de 17 años del general Augusto
Pinochet y continúa hasta el día de hoy, según ha establecido una investigación
de un año de The Observer”.
La complicidad de la PDI,
Carabineros, las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior en el tráfico
denunciado por el ex inspector Fernando Ulloa, sumado al silencio generalizado
de los medios de comunicación, bien podría tener su explicación en que el
tráfico anteriormente descrito nunca terminó.
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