Reflexiones en torno a una crisis

Posted by Correo Semanal on viernes, febrero 17, 2012

Manuel Ossa B

Estamos viviendo una etapa complicada, por decir lo menos, del neoliberalismo. Si todavía no en Chile, así se la siente en Europa.
En Chile no todos la sienten igual. El subsecretario de Hacienda no duda en publicar en carta a El Mercurio (4/02/2012) su discrepancia radical frente a opiniones negativas respecto a nuestra situación como país vertidas por un apreciado y bien informado entrevistador de TV. En efecto, él como otros pueden darse por satisfechos con datos "macro", como el "espectacular" crecimiento del 6,2% de la economía del año pasado y la baja cifra de cesantía o paro que han mostrado las recientes encuestas. Para algunos eso es lo único que cuenta. Y que los que tienen mucha plata, ¡pues que la gasten en los artículos suntuarios de que quieran rodearse! No cuentan los mapuche de Arauco, ni los daños ambientales en el valle del Huasco, o los de la zoonosis de las acuiculturas de Ancud, ni la falta de agua en Copiapó, ni los peligros que amenazan a las poblaciones cuesta abajo de Pelambres, ni los niños y niñas recogidos por el Sename, cuyo destino futuro será lamentablemente la droga y la delincuencia recurrente, ni la población cada vez más adocenada que pasea cada domingo por los malls su sobrepeso, su aburrimiento y su angustia de deudas impagas o impagables.
En Europa, la crisis mundial  tiene sin aliento a los líderes europeos. Si el marxismo fracasó en el siglo pasado, el neoliberalismo, última versión del capitalismo, está al parecer a punto de caerse en pedazos en estos años que vienen, si no en los próximos meses. En todo caso, ya está dando muestras de poner en tela de juicio principios fundamentales de su propia institucionalidad, como el de la libertad de los mercados y la soberanía de los pueblos. Así se lo vio estos días cuando a Philipp Rösler, ministro alemán de economía, se le ocurrió proponer a debate europeo la exigencia de someter a Grecia a un comisario externo en el manejo de sus finanzas públicas... Que la ocurrencia haya sido rechazada o diferida, muestra que al parecer no todo está perdido. Pero ya la sola propuesta es una nueva señal de alarma, no solo para el liberalismo, sino para lo que va quedando de democracia en el occidente europeo.
En este contexto, la "bonanza" chilena aparece como la máscara todavía sonriente que oculta el rostro de la tragedia que se vive en la trastienda invisibilizada de este país: el campo, las poblaciones, las etnias desposeídas. La crisis europea devela, en cambio, el rostro ya profundamente angustiado de quienes sienten la amenaza que un día podrá reventar en nuestras playas como un tsunami social y político.
¿De dónde viene la crisis? Si sus causas actúan también sobre nosotros y nos vienen determinando culturalmente, ¿es posible hacer algo contra ellas, prevenir antes que curar?