La ola de terremotos y tsunamis en Chile deja al desnudo la ineficiencia.
Patricio Guzmán
SocialismoRevolucionario
CIT en Chile
El terremoto del día sábado 27 de febrero, dejó al desnudo la ineficiencia del Estado chileno y sus fuerzas armadas, que ni siquiera contaba con un sistema de comunicaciones alternativo, a través de sistemas de telefonía satelital o radio aficionados por ejemplo, y demuestra que toda la arrogancia de la elite dominante sobre la supuesta superioridad de Chile respecto a los otros países de América Latina, o el salto próximo al desarrollo no pasan de ser fanfarronadas, ahora tristes. Este nacionalismo, que desprecia a los pueblos vecinos hermanos, resultó grotesco cuando inicialmente las autoridades se negaron a aceptar la ayuda internacional, porque según ellos Chile, tenía recursos suficientes. Ahora que tenemos ayuda y hospitales de campaña de Perú, Argentina, Cuba, Rusia, España, Bolivia, México, Israel, Estados Unidos… en total cerca de veinte países, sabemos que aún no es suficiente.
Agua, electricidad y comunicaciones en manos de capitalistas privados han funcionado mal, como consecuencia del sismo, pero sobretodo debido al afán de lucro, que hace que las redes de comunicaciones no soporten el uso masivo de los teléfonos celulares, sistemas de electricidad tan precarios que se cae toda la red interconectada dejando al 80% del país por dos horas, sin energía por la perdida de un transformador, gigantescas compañías distribuidoras de agua que no son capaces de proveer del liquido a sus usuarios durante días, por falta de cualquier sistema de respaldo. Viviendas sociales, pero también edificios nuevos que colapsan por incumplimiento de las norma anti sísmicas, dejando a sus propietarios con enormes deudas hipotecarias.
Todo esto indica que el capitalismo y el mercado son ineficientes, contra lo que el mito interesado ha repetido hasta el cansancio. Lo que habría que hacer es pasar a propiedad pública todas estas empresas, bajo el control de los trabajadores y ciudadanos.
La respuesta para solucionar o paliar en parte los problemas más urgentes de amplios sectores de la población ha sido extremadamente lenta e ineficaz. Los sectores más pobres son los más golpeados, las empresas en las zonas de catástrofe declarada pueden despedir trabajadores, y han comenzado a hacerlo. La catástrofe les permite hacerlo sin indemnización. Más de 400 trabajadores del tradicional Hotel Araucano de Concepción han perdido así su fuente laboral.
Trece mil pescadores artesanales han quedado cesantes, perdidas sus caletas y embarcaciones, detrás de ellos comunidades enteras están sin saber que deparará el futuro. El puerto de Talcahuano, está destruido, los trabajadores portuarios están sin trabajo, y los otros puertos del Bío Bío dañados. .. y así podríamos seguir, son decenas de miles de puestos de trabajo destruidos. La intervención militar, impide a estos trabajadores protestar y visibilizar su drama. Como en la dictadura, los gobiernos de Bachelet primero y Piñera después han recurrido a las Fuerzas Armadas para realizar funciones de policía y control social, en lugar de enviarlas a las tareas urgentes de reconstrucción en que serían útiles, lo que subraya el carácter precario de la sociedad chilena fracturada por una tremenda desigualdad social.
Se habla de que el costo de la infraestructura perdida es de 30 mil millones de dólares. Ya antes de los desembolsos fiscales a los que obligará este mega terremoto, era pública la presión por mayor ‘flexibilidad laboral’, lo que se traduce en disminuir los costos del despido reduciendo la indemnización, reducir el salario mínimo a los jóvenes, facilitar la quiebra de las empresas, y flexibilizar los horarios de trabajo. Sin medida como estas, se aducía, Piñera no podría cumplir su promesa de crecimiento del PIB al 6% anual, ni la creación de un millón de empleos en cuatro años.
¿Quien pagará la cuenta de la recesión, seguida por el terremoto? Los trabajadores y sus familias, los pobres o los grandes grupos económicos. Más allá de los llamados a la unidad nacional ante la catástrofe, esta es una pregunta relevante para los próximos años.
SocialismoRevolucionario
CIT en Chile
El terremoto del día sábado 27 de febrero, dejó al desnudo la ineficiencia del Estado chileno y sus fuerzas armadas, que ni siquiera contaba con un sistema de comunicaciones alternativo, a través de sistemas de telefonía satelital o radio aficionados por ejemplo, y demuestra que toda la arrogancia de la elite dominante sobre la supuesta superioridad de Chile respecto a los otros países de América Latina, o el salto próximo al desarrollo no pasan de ser fanfarronadas, ahora tristes. Este nacionalismo, que desprecia a los pueblos vecinos hermanos, resultó grotesco cuando inicialmente las autoridades se negaron a aceptar la ayuda internacional, porque según ellos Chile, tenía recursos suficientes. Ahora que tenemos ayuda y hospitales de campaña de Perú, Argentina, Cuba, Rusia, España, Bolivia, México, Israel, Estados Unidos… en total cerca de veinte países, sabemos que aún no es suficiente.
Agua, electricidad y comunicaciones en manos de capitalistas privados han funcionado mal, como consecuencia del sismo, pero sobretodo debido al afán de lucro, que hace que las redes de comunicaciones no soporten el uso masivo de los teléfonos celulares, sistemas de electricidad tan precarios que se cae toda la red interconectada dejando al 80% del país por dos horas, sin energía por la perdida de un transformador, gigantescas compañías distribuidoras de agua que no son capaces de proveer del liquido a sus usuarios durante días, por falta de cualquier sistema de respaldo. Viviendas sociales, pero también edificios nuevos que colapsan por incumplimiento de las norma anti sísmicas, dejando a sus propietarios con enormes deudas hipotecarias.
Todo esto indica que el capitalismo y el mercado son ineficientes, contra lo que el mito interesado ha repetido hasta el cansancio. Lo que habría que hacer es pasar a propiedad pública todas estas empresas, bajo el control de los trabajadores y ciudadanos.
La respuesta para solucionar o paliar en parte los problemas más urgentes de amplios sectores de la población ha sido extremadamente lenta e ineficaz. Los sectores más pobres son los más golpeados, las empresas en las zonas de catástrofe declarada pueden despedir trabajadores, y han comenzado a hacerlo. La catástrofe les permite hacerlo sin indemnización. Más de 400 trabajadores del tradicional Hotel Araucano de Concepción han perdido así su fuente laboral.
Trece mil pescadores artesanales han quedado cesantes, perdidas sus caletas y embarcaciones, detrás de ellos comunidades enteras están sin saber que deparará el futuro. El puerto de Talcahuano, está destruido, los trabajadores portuarios están sin trabajo, y los otros puertos del Bío Bío dañados. .. y así podríamos seguir, son decenas de miles de puestos de trabajo destruidos. La intervención militar, impide a estos trabajadores protestar y visibilizar su drama. Como en la dictadura, los gobiernos de Bachelet primero y Piñera después han recurrido a las Fuerzas Armadas para realizar funciones de policía y control social, en lugar de enviarlas a las tareas urgentes de reconstrucción en que serían útiles, lo que subraya el carácter precario de la sociedad chilena fracturada por una tremenda desigualdad social.
Se habla de que el costo de la infraestructura perdida es de 30 mil millones de dólares. Ya antes de los desembolsos fiscales a los que obligará este mega terremoto, era pública la presión por mayor ‘flexibilidad laboral’, lo que se traduce en disminuir los costos del despido reduciendo la indemnización, reducir el salario mínimo a los jóvenes, facilitar la quiebra de las empresas, y flexibilizar los horarios de trabajo. Sin medida como estas, se aducía, Piñera no podría cumplir su promesa de crecimiento del PIB al 6% anual, ni la creación de un millón de empleos en cuatro años.
¿Quien pagará la cuenta de la recesión, seguida por el terremoto? Los trabajadores y sus familias, los pobres o los grandes grupos económicos. Más allá de los llamados a la unidad nacional ante la catástrofe, esta es una pregunta relevante para los próximos años.
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