España - Salud o negocio
Miguel Angel Llana
Rebelión
Los derechos esenciales de los ciudadanos han de cumplir tres condiciones: que sean gratuitos, universales y públicos
Ahora parece que la crisis es la responsable de todos los males, como si fuera la causa en sí misma, cuando sólo es la consecuencia de una determinada política económica al servicio de la fortuna de unos pocos -personas y países- y para ruina de muchos. Para la mayoría, la crisis es sólo un escollo más en este proceso y para algunos beneficiados significa que han de buscar otros mercados -nuevas víctimas- en donde de seguir obteniendo plusvalías similares.
Los derechos básicos de los ciudadanos fueron disminuyendo y, sin duda, cuatro millones de parados es el indicador más elocuente. El ritmo de crecimiento y acumulación de la economía era y es una cosa y el de los ciudadanos otra. Pero, ahora resulta que no hay dinero para
Si la salud es algo fundamental y el Gobierno -después de sanear la banca- comienza a lanzar la duda de que no hay dinero, que los ingresos han bajado y que
Los derechos esenciales de los ciudadanos han de cumplir tres condiciones: que sean gratuitos, universales y, por último, que sean públicos. De otro modo no es posible una asistencia efectiva y real, y no importa de qué campo de los servicios sociales estemos hablando, lo dicho vale tanto para
Gratuita, para que sea accesible sin que importe el nivel de ingresos y, universal para que nadie quede excluido. Pero, para que estos dos requisitos se cumplan el servicio ha de ser necesariamente Público, única forma de garantizar que el beneficiario sea el ciudadano y no que otros intereses puedan ser prioritarios. Hablamos de Salud y no de empresas que, como tales, como entidades mercantiles, tienen como fin el beneficio y para esto se constituyen (Y no se trata de buenas o de malas intenciones, porque las sociedades mercantiles tienen como único fin legal el lucro, no otra cosa).
Conviene recordar, aunque sea papel mojado, los contenidos de
Los servicios sociales debidos a la población sufren embestidas que los deterioran cada día más, unas veces de manera abierta y otras indirectamente, pero con el mismo objetivo: privatizar el servicio para hacer de él un negocio. Claro que no se plantea de forma tan abierta, sino que se disimula interponiendo principios tan loables como mejorar la calidad, la eficacia o cualquier otra ocurrencia.
Los servicios sociales representan una parte importante del gasto de los presupuestos públicos y por esta razón son un bocado más que apetecible por los partidarios -es decir, beneficiarios- de la privatización de lo público. Así está sucediendo hace tiempo con la externalización de servicios de hospitales y de ambulatorios, cuando no directamente con su privatización. Mención aparte merecen las multinacionales farmacéuticas y las Mutuas privadas que atienden accidentes laborales, bajas y altas de trabajadores y a funcionarios, compitiendo directamente con
Ahora, en estos momentos, nadie defiende el sistema que nos ha metido de cabeza en la crisis. El neoliberalismo está proscrito, pero en cambio las recetas que se dispensan para resolver la situación, son las mismas.
Y, aprovechando la crisis, toca ahora poner en cuestión el sistema de Salud, y lo hace el propio Gobierno. Pero como no se trata de resolver ningún problema y cuando tampoco se quiere ir al fondo de la cuestión, se recurre a los tópicos y se carga las culpas al consumo de medicamentos, por ejemplo. Se responsabiliza a médicos y a pacientes, a unos por medicarse y a otros por recetar. El planteamiento del Gobierno queda claro: "río revuelto" y ninguna solución.
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