Desmitificando la Memoria. Carta de Luis Advis a Eduardo Carrasco en 1984 acerca Quilapayun y la Cantata.
Recibido de Adriana Goñi.
Señoras y señores, vengo a desmitificar
Con Quilapayún en el exilio, Advis mantuvo una relación epistolar con Eduardo Carrasco. En este documento inédito, cedido por el músico y filósofo, publicamos fragmentos donde Advis cuenta de dónde sacó los 3.600 muertos, por qué Víctor Jara fue un obstáculo para su estreno y cómo nació una obra que cambiaría la música latinoamericana. Todo a 100 años de la matanza.
*
*
Por Luis Advis
Santiago, 15 de marzo de 1984
Querido Eduardo,
(...)
El escribir para la revista "Plan" durante 1966, en todo caso, me había hecho preocuparme por el acontecer "neo folklórico" de la época. Pero nada me había impresionado. Intuía, eso sí, que había diferencia entre "Los cuatro cuartos" y Ángel Parra, por ejemplo (la verdad es que encuentro actualmente a Ángel, uno de los peores músicos de la Nueva Canción Chilena). Algo había escuchado de un festival (creo que el 68 o 69) donde [Víctor] Jara había sacado un premio. Pero seguía sin preocuparme de lo que sucedía en la música (menos aún me preocupaban los hechos políticos... nunca, por ejemplo, me enteré con certeza acerca de los acontecimientos de El Salvador y Puerto Montt [lo que suena absolutamente paradojal dicho por el autor de "la Cantata", y a pocos años de su gestación].
Los primeros meses de 1968, como resultado de un largo viaje por Iquique y sus alrededores, escribí un conjunto de 20 poemas que hablaban de mis vivencias y recuerdos y mi visión de Iquique, su pampa y su mar, sus lugares precordilleranos y algunos sucesos históricos.
Ya en 1969, mientras trabajaba con Nené Aguirre en su obra, ésta me propuso ir a escuchar un concierto ofrecido por un conjunto que yo sólo conocía de nombre (vuelvo a reiterar el hecho de que yo era un músico muy poco conocedor de la realidad popular musical y artística de mi país). Este conjunto (es evidente que hablo del Quilapayún) me impresionó magníficamente, sobre todo por su fuerza interpretativa (...). Al mismo tiempo, me extrañó encontrar a un ex alumno mío (...) cantando desgañitadamente cosas poco filosóficas. Pero también, entre nubosidades, recordaría que el mismo cantante habría ido a verme con su joven esposa (...) a mi pequeño departamento para conversar acerca de la nueva carrera que él quería seguir, porque la anterior no lo satisfacía. Esa vez, el joven me pareció aproblemado, o quizás reticente. Era Eduardo Carrasco, ¿es así?
El 15 de noviembre de 1969 (...) desperté con la imperiosa ocurrencia de tener que relatar la matanza iquiqueña (...). Es evidente, de todos modos, que pese a mi impericia y poco conocimiento de la música menos comercial-popular de nuestro país, algo había en el aire que me empujó a usar nuevas modalidades rítmicas y armónicas. Ya en ese tiempo, además, había surgido en mí cierto interés por las composiciones de Violeta Parra (sólo después de su muerte, imagínate).
Esa mañana, recuerdo, escribí de un solo tirón el primer tema del "Preludio", con armonía e instrumentos. Hice un bosquejo de la obra que, 15 días después, estaría terminada en un 95 o 99 por ciento. (...) Desde el comienzo pensé que el ideal sería que ella fuese interpretada por el Quilapayún. Tenía, eso sí, el problema de que ese conjunto era dirigido por Víctor Jara al cual yo (supongo que é1 me correspondía) no le tenía la más mínima simpatía.
Durante los 15 últimos días de ese noviembre escribí el texto basándome en un libro que tenía en mi departamento, llamado "Reseña histórica de Tarapacá" (...). Me sirvió de única base para la obra. (...). El resto que no salía en el libro y que está en mi "Cantata", lo inventé. Por ejemplo, el número de muertos (en el libro salían como 400). Hice un cálculo muy personal: supuse los obreros que trabajaban en las más de 90 oficinas, los multipliqué por ese número, supuse los que habían bajado a Iquique, resté los que no fueron a la escuela... y así, en medio de adiciones y sustracciones, llegué a una cifra:
3.000 muertos... y para que hubiera en la enunciación musical más ritmo, puse 3.600".
"A fines de noviembre, ya casi terminada la obra, Nené Aguirre me contó que ya Jara no estaba dirigiendo al Quilapayún. Decidí entonces esperar la oportunidad para conversar con ellos (...). A principios de diciembre me había citado con ciertos personeros del sello Dicap (...). Llegan a mi casa, y junto a ellos Carrasco, a quien reconozco como del Quilapayún... le hablo de la obra y éste se lleva el texto escrito por mí a mano. Queda de llamarme en unos días más... me llaman 10 o 12 días después, Oddó llega a buscarme en una citroneta y me conversa simpáticamente. Allí por Ñuñoa me reciben unos barbones (por lo menos 3) a los que les canto la obra.
¿Cuál fue mi intención original al escribir esta obra? Tenía el deseo de hacer algo que combinara arte culto y arte popular. (...). Pero en el fondo-fondo, no sé por qué quería combinar lo cu1to con lo popular. Porque tampoco existían (en mí) razones ideológico-políticas, salvo las que todo buen vecino pudiera imaginar. (...). Quise (ingenuamente) evitar que 1a obra tuviera una connotación política. (...). Recuerdo otro detalle: en la "Canción final", motivada por quién sabe qué conversaciones o qué lectura de la prensa, había escrito: "Recuerden sólo un momento/ los muertos del Salvador/ y si es que tienen más tiempo/ los muertos de Puerto Montt". Al darme cuenta que podía estar equivocando una realidad muy próxima y para evitar ofender gratuitamente a nadie (había por ahí un ministro del Interior que era culpado de esas masacres), cambié la letra por la actual ("No basta sólo el recuerdo/ el canto no bastará..."). En esta obra, por lo tanto, no sólo quería evitar connotaciones políticas, sino también no quería ofender a nadie. Sin darme cuenta de que estaba ofendiendo a toda una casta.
Algo más: quise evitar que se interpretara la oposición "proletarios-burgueses" ya que de acuerdo con mi información, la oposición real que se planteó en Iquique fue la exigencia de los ingleses (algunos, dicho sea de paso, parientes míos) de no ceder ante los obreros (...). Para mí está claro que la "Cantata" adquirió cierta dimensión política precisa debido a Uds., ya que el público la identificó con el grupo Quilapayún. Yo, por mi absoluta vaguedad y en el fondo despreocupación política, sólo había sabido votar por Allende por motivaciones eminentemente emocionales, tal como en 1964 había votado por Frei y en 1958 por Alessandri.
Epílogo: Lo que ocurrió después con la obra ya es historia conocida por todos y, en especial, por ti. Lo que ocurrió conmigo, después del estreno de la obra, es una historia relativamente conocida por algunos. Mejor, esto daría para una conversación tête-a-tête y no epistolar. Así que la postergaremos por un tiempo, quizás, incalculable.
Señoras y señores, vengo a desmitificar
Con Quilapayún en el exilio, Advis mantuvo una relación epistolar con Eduardo Carrasco. En este documento inédito, cedido por el músico y filósofo, publicamos fragmentos donde Advis cuenta de dónde sacó los 3.600 muertos, por qué Víctor Jara fue un obstáculo para su estreno y cómo nació una obra que cambiaría la música latinoamericana. Todo a 100 años de la matanza.
*
*
Por Luis Advis
Santiago, 15 de marzo de 1984
Querido Eduardo,
(...)
El escribir para la revista "Plan" durante 1966, en todo caso, me había hecho preocuparme por el acontecer "neo folklórico" de la época. Pero nada me había impresionado. Intuía, eso sí, que había diferencia entre "Los cuatro cuartos" y Ángel Parra, por ejemplo (la verdad es que encuentro actualmente a Ángel, uno de los peores músicos de la Nueva Canción Chilena). Algo había escuchado de un festival (creo que el 68 o 69) donde [Víctor] Jara había sacado un premio. Pero seguía sin preocuparme de lo que sucedía en la música (menos aún me preocupaban los hechos políticos... nunca, por ejemplo, me enteré con certeza acerca de los acontecimientos de El Salvador y Puerto Montt [lo que suena absolutamente paradojal dicho por el autor de "la Cantata", y a pocos años de su gestación].
Los primeros meses de 1968, como resultado de un largo viaje por Iquique y sus alrededores, escribí un conjunto de 20 poemas que hablaban de mis vivencias y recuerdos y mi visión de Iquique, su pampa y su mar, sus lugares precordilleranos y algunos sucesos históricos.
Ya en 1969, mientras trabajaba con Nené Aguirre en su obra, ésta me propuso ir a escuchar un concierto ofrecido por un conjunto que yo sólo conocía de nombre (vuelvo a reiterar el hecho de que yo era un músico muy poco conocedor de la realidad popular musical y artística de mi país). Este conjunto (es evidente que hablo del Quilapayún) me impresionó magníficamente, sobre todo por su fuerza interpretativa (...). Al mismo tiempo, me extrañó encontrar a un ex alumno mío (...) cantando desgañitadamente cosas poco filosóficas. Pero también, entre nubosidades, recordaría que el mismo cantante habría ido a verme con su joven esposa (...) a mi pequeño departamento para conversar acerca de la nueva carrera que él quería seguir, porque la anterior no lo satisfacía. Esa vez, el joven me pareció aproblemado, o quizás reticente. Era Eduardo Carrasco, ¿es así?
El 15 de noviembre de 1969 (...) desperté con la imperiosa ocurrencia de tener que relatar la matanza iquiqueña (...). Es evidente, de todos modos, que pese a mi impericia y poco conocimiento de la música menos comercial-popular de nuestro país, algo había en el aire que me empujó a usar nuevas modalidades rítmicas y armónicas. Ya en ese tiempo, además, había surgido en mí cierto interés por las composiciones de Violeta Parra (sólo después de su muerte, imagínate).
Esa mañana, recuerdo, escribí de un solo tirón el primer tema del "Preludio", con armonía e instrumentos. Hice un bosquejo de la obra que, 15 días después, estaría terminada en un 95 o 99 por ciento. (...) Desde el comienzo pensé que el ideal sería que ella fuese interpretada por el Quilapayún. Tenía, eso sí, el problema de que ese conjunto era dirigido por Víctor Jara al cual yo (supongo que é1 me correspondía) no le tenía la más mínima simpatía.
Durante los 15 últimos días de ese noviembre escribí el texto basándome en un libro que tenía en mi departamento, llamado "Reseña histórica de Tarapacá" (...). Me sirvió de única base para la obra. (...). El resto que no salía en el libro y que está en mi "Cantata", lo inventé. Por ejemplo, el número de muertos (en el libro salían como 400). Hice un cálculo muy personal: supuse los obreros que trabajaban en las más de 90 oficinas, los multipliqué por ese número, supuse los que habían bajado a Iquique, resté los que no fueron a la escuela... y así, en medio de adiciones y sustracciones, llegué a una cifra:
3.000 muertos... y para que hubiera en la enunciación musical más ritmo, puse 3.600".
"A fines de noviembre, ya casi terminada la obra, Nené Aguirre me contó que ya Jara no estaba dirigiendo al Quilapayún. Decidí entonces esperar la oportunidad para conversar con ellos (...). A principios de diciembre me había citado con ciertos personeros del sello Dicap (...). Llegan a mi casa, y junto a ellos Carrasco, a quien reconozco como del Quilapayún... le hablo de la obra y éste se lleva el texto escrito por mí a mano. Queda de llamarme en unos días más... me llaman 10 o 12 días después, Oddó llega a buscarme en una citroneta y me conversa simpáticamente. Allí por Ñuñoa me reciben unos barbones (por lo menos 3) a los que les canto la obra.
¿Cuál fue mi intención original al escribir esta obra? Tenía el deseo de hacer algo que combinara arte culto y arte popular. (...). Pero en el fondo-fondo, no sé por qué quería combinar lo cu1to con lo popular. Porque tampoco existían (en mí) razones ideológico-políticas, salvo las que todo buen vecino pudiera imaginar. (...). Quise (ingenuamente) evitar que 1a obra tuviera una connotación política. (...). Recuerdo otro detalle: en la "Canción final", motivada por quién sabe qué conversaciones o qué lectura de la prensa, había escrito: "Recuerden sólo un momento/ los muertos del Salvador/ y si es que tienen más tiempo/ los muertos de Puerto Montt". Al darme cuenta que podía estar equivocando una realidad muy próxima y para evitar ofender gratuitamente a nadie (había por ahí un ministro del Interior que era culpado de esas masacres), cambié la letra por la actual ("No basta sólo el recuerdo/ el canto no bastará..."). En esta obra, por lo tanto, no sólo quería evitar connotaciones políticas, sino también no quería ofender a nadie. Sin darme cuenta de que estaba ofendiendo a toda una casta.
Algo más: quise evitar que se interpretara la oposición "proletarios-burgueses" ya que de acuerdo con mi información, la oposición real que se planteó en Iquique fue la exigencia de los ingleses (algunos, dicho sea de paso, parientes míos) de no ceder ante los obreros (...). Para mí está claro que la "Cantata" adquirió cierta dimensión política precisa debido a Uds., ya que el público la identificó con el grupo Quilapayún. Yo, por mi absoluta vaguedad y en el fondo despreocupación política, sólo había sabido votar por Allende por motivaciones eminentemente emocionales, tal como en 1964 había votado por Frei y en 1958 por Alessandri.
Epílogo: Lo que ocurrió después con la obra ya es historia conocida por todos y, en especial, por ti. Lo que ocurrió conmigo, después del estreno de la obra, es una historia relativamente conocida por algunos. Mejor, esto daría para una conversación tête-a-tête y no epistolar. Así que la postergaremos por un tiempo, quizás, incalculable.
0 Responses to "Desmitificando la Memoria. Carta de Luis Advis a Eduardo Carrasco en 1984 acerca Quilapayun y la Cantata."
Publicar un comentario