Chile: TRATANDO DE PONERLE EL NOMBRE REAL A ALGUNAS COSAS
Por Juan Varela
“Yo acuso a la propiedad privada
De privarnos de todo”
(Roque Dalton)
En el último tiempo se han sucedido una serie de fenómenos sociales y políticos que dan la impresión de que algo está pasando en este laboratorio neoliberal llamado Chile. Analizar dichos fenómenos requiere dar una mirada, aunque breve, a ciertos elementos que han ido ordenando y encadenando los sucesos y que, puestos en una cierta perspectiva nos permiten situarlos en este tiempo político que, según nuestro punto de vista, está signado con la búsqueda de alternativas a este modelo neoliberal – capitalista.
1.- Es de evidencia general que el modelo aplicado, mantenido y sostenido en nuestro país en las últimas décadas no ha sufrido variaciones importantes, salvo aquellas que guardan relación con sus propias crisis de gobernabilidad y búsqueda de legitimidad, vía pactos, en el conjunto de la sociedad. Es cierto también que esta estabilidad aparente descansa sobre un elemento central: la crisis permanente del sistema capitalista, que busca constantemente aumentar sus tasas de ganancias, condición indispensable para asegurar su reproducción. Como la economía chilena se encuentra indisolublemente ligada a la economía transnacional, las crisis de ésta repercuten directamente en el movimiento económico nacional.
2.- La crisis internacional que se ha evidenciado por estos días tiene que ver con la crisis hipotecaria en los Estados Unidos y está determinada por la expansión del sector inmobiliario y la consecuente oferta de hipotecas que este proceso lleva consigo. Pero llega un momento en que las personas, aun aquellas que viven en el corazón de la economía “más” desarrollada del mundo, se encuentran sin posibilidad de pagar los altos endeudamientos. Este impago creciente afecta a los grandes bancos que son los que controlan, en últimas, el mercado de las viviendas.
3.- Al no haber cancelación de los altos intereses se afecta la construcción y todos los sectores relacionados con ella, con lo cual se contrae la economía real, es decir, aquel proceso del día a día, aquello que tiene que ver directamente con los trabajadores.
4.- Como vivimos en una economía así llamada “globalizada”, son los flujos financieros los que están globalizados, es decir, el movimiento de capitales, la liquidez. Al no haber retorno de capitales por la ausencia de pagos, la crisis se va expandiendo por ese efecto de encadenamiento que tienen los procesos económicos en la actualidad, en donde lo que ocurre en una potencia económica afecta directamente a aquellas economías dependientes.
5.- Esta crisis – y todas las crisis en el sistema capitalista – tienen claramente identificados a los perjudicados y los beneficiados de ellas. Entre los primeros están las personas, imposibilitadas de hacer frente a los enormes intereses que trae consigo el endeudamiento, con la consecuente pérdida de sus viviendas, la inseguridad de vivir en una sociedad tan segura como esta sociedad capitalista. Junto a las personas están aquellas economías débiles, como lo chilena, endeudadas y que no han logrado, o no han querido llevar adelante procesos de protección soberana de sus procesos; integradas a la fila de las economías que forman parte de las grandes transnacionales. Los beneficiados con ellas son los grandes bancos y transnacionales y los capitales que van apurando procesos de creciente concentración económica.
6.- Esta crisis puntual es evitable. En este caso se trataría de evitar que la vivienda sea un activo – una necesidad humana y social – que siga destinado a seguir produciendo enormes beneficios a unos pocos a través de la acumulación y la especulación. Chile no está al margen de ello y ya los primeros signos de ella se presentan con fuerza a través de las protestas de los deudores habitacionales que han irrumpido para dar a conocer su situación.
Ese es el marco global en el que se ubican algunos de los hechos sociales y políticos que se han presentado en nuestra realidad chilena. Las manifestaciones de los trabajadores han situado algunos elementos que habrá que tener en cuenta, por la carga de realidad y subjetividad que tienen y dimensionarlos de acuerdo a su peso social y político.
• Los movimientos laborales se han hecho sobre la base de reivindicaciones concretas, de condiciones de vida y de trabajo, y desde allí han empezado a avanzar hacia un cuestionamiento del modelo, económico y político, diseñado en dictadura y perfeccionado en esta democracia concertacionista. Las trabas normativas, como la legislación laboral y la constitución, son la contradicción que no permiten avanzar en una real democratización de la sociedad chilena que, a estas alturas ya no tiene que ver tan sólo con mayores espacios de inclusión política, sino fundamentalmente con las posibilidades de avanzar hacia la construcción de sentidos fundados en la justicia y la equidad. Es por ello que lo que se ha cuestionado es la injusta distribución de los ingresos, de mayores grados de justicia social; de sueldos dignos y justos, más allá incluso de las demandas de una supuesta ética empresarial.
• El discurso posmodernista insistió, en la década pasada, que los problemas de clase, de lucha de clase ya no serían los ordenadores de la realidad, se anunciaba que aquellos discursos “emergentes” y “transversales” serían los que determinarían el curso de los principales acontecimientos sociales y políticos. Se daba por hecho que el conflicto central de la sociedad ya había sido superado, que ya había plena armonía de intereses entre los empresarios y los trabajadores. La realidad de los hechos va demostrando otra cosa; persiste ese conflicto de clases no resuelto por mucho que los discursos quieran otra cosa.
• Algunos intelectuales han empezado a plantear que los límites, las fronteras que impiden una real democratización de nuestras sociedades está en la propiedad privada; en que algunos pocos controlen la vida humana y la sometan. Esa es la parte jibarizada del problema mayor que tenemos como sociedad y que se encuentra unido al conflicto de clases que ya mencionamos. El problema central que no permite avanzar es la sobre explotación de los trabajadores; es a partir de ese proceso que se va generando la propiedad privada y no al revés.
• Queremos poner también nuestra atención en otra situación que se presenta a la hora de analizar los fenómenos y que se relaciona con los tiempos sociales y políticos. La coyuntura política se caracteriza por una fusión particular del tiempo social en un tiempo breve y en el que los procesos sociales, políticos, culturales se van concentrando en el campo político. Decimos esto a apropósito de que si bien es cierto se han notado ciertos grados de efervescencia en un sector de la sociedad ello no nos permitiría sacar la conclusión de que es toda la sociedad la que está efectivamente involucrada en la coyuntura. No se han producido grados de maduración y síntesis en ella que permitan arribar a otra conclusión que no sea la necesidad de seguir haciendo un trabajo de concientización en la base social. Pero, tampoco nos queremos comprometer con la otra idea que dice que son las “pequeñas historias”, fragmentadas, las que permiten avanzar hacia objetivos de más largo alcance como la democratización, la construcción de una sociedad nueva y el socialismo.
• Es la relación entre las “pequeñas historias” y los procesos estructurales que vivimos las que nos permitirán avanzar en la comprensión de los fenómenos que ocurren en nuestras sociedades, en primer lugar; y, en segundo, en la transformación de estas estructuras y en la construcción de las nuevas. No es posible hacer historia tan sólo como suma de las pequeñas. ¿podríamos hacer la historia de las movilizaciones de los trabajadores forestales, pescadores, deudores habitacionales, mineros, sin enmarcarlas dentro de la situación del Chile capitalista actual y los conflictos estructurales que le cruzan?. ¿Es posible dar cuenta de los fenómenos de la desigualdad y la injusticia social de nuestro país sin mencionar la crisis estructural del capitalismo?. ¿Es posible entender la situación de los deudores habitacionales de nuestro país sin inscribir esas amenazas dentro de la lógica de la crisis inmobiliaria de los millones de deudores habitacionales de los Estados Unidos?.
• Por último, la teoría posmoderna ya ha demostrado su carácter de “pequeña historia”, de un discurso que sólo sirvió para afianzar una modalidad del capitalismo y ocultar los reales problemas de nuestra sociedad.
Santiago, Septiembre 10 de 2007
De privarnos de todo”
(Roque Dalton)
En el último tiempo se han sucedido una serie de fenómenos sociales y políticos que dan la impresión de que algo está pasando en este laboratorio neoliberal llamado Chile. Analizar dichos fenómenos requiere dar una mirada, aunque breve, a ciertos elementos que han ido ordenando y encadenando los sucesos y que, puestos en una cierta perspectiva nos permiten situarlos en este tiempo político que, según nuestro punto de vista, está signado con la búsqueda de alternativas a este modelo neoliberal – capitalista.
1.- Es de evidencia general que el modelo aplicado, mantenido y sostenido en nuestro país en las últimas décadas no ha sufrido variaciones importantes, salvo aquellas que guardan relación con sus propias crisis de gobernabilidad y búsqueda de legitimidad, vía pactos, en el conjunto de la sociedad. Es cierto también que esta estabilidad aparente descansa sobre un elemento central: la crisis permanente del sistema capitalista, que busca constantemente aumentar sus tasas de ganancias, condición indispensable para asegurar su reproducción. Como la economía chilena se encuentra indisolublemente ligada a la economía transnacional, las crisis de ésta repercuten directamente en el movimiento económico nacional.
2.- La crisis internacional que se ha evidenciado por estos días tiene que ver con la crisis hipotecaria en los Estados Unidos y está determinada por la expansión del sector inmobiliario y la consecuente oferta de hipotecas que este proceso lleva consigo. Pero llega un momento en que las personas, aun aquellas que viven en el corazón de la economía “más” desarrollada del mundo, se encuentran sin posibilidad de pagar los altos endeudamientos. Este impago creciente afecta a los grandes bancos que son los que controlan, en últimas, el mercado de las viviendas.
3.- Al no haber cancelación de los altos intereses se afecta la construcción y todos los sectores relacionados con ella, con lo cual se contrae la economía real, es decir, aquel proceso del día a día, aquello que tiene que ver directamente con los trabajadores.
4.- Como vivimos en una economía así llamada “globalizada”, son los flujos financieros los que están globalizados, es decir, el movimiento de capitales, la liquidez. Al no haber retorno de capitales por la ausencia de pagos, la crisis se va expandiendo por ese efecto de encadenamiento que tienen los procesos económicos en la actualidad, en donde lo que ocurre en una potencia económica afecta directamente a aquellas economías dependientes.
5.- Esta crisis – y todas las crisis en el sistema capitalista – tienen claramente identificados a los perjudicados y los beneficiados de ellas. Entre los primeros están las personas, imposibilitadas de hacer frente a los enormes intereses que trae consigo el endeudamiento, con la consecuente pérdida de sus viviendas, la inseguridad de vivir en una sociedad tan segura como esta sociedad capitalista. Junto a las personas están aquellas economías débiles, como lo chilena, endeudadas y que no han logrado, o no han querido llevar adelante procesos de protección soberana de sus procesos; integradas a la fila de las economías que forman parte de las grandes transnacionales. Los beneficiados con ellas son los grandes bancos y transnacionales y los capitales que van apurando procesos de creciente concentración económica.
6.- Esta crisis puntual es evitable. En este caso se trataría de evitar que la vivienda sea un activo – una necesidad humana y social – que siga destinado a seguir produciendo enormes beneficios a unos pocos a través de la acumulación y la especulación. Chile no está al margen de ello y ya los primeros signos de ella se presentan con fuerza a través de las protestas de los deudores habitacionales que han irrumpido para dar a conocer su situación.
Ese es el marco global en el que se ubican algunos de los hechos sociales y políticos que se han presentado en nuestra realidad chilena. Las manifestaciones de los trabajadores han situado algunos elementos que habrá que tener en cuenta, por la carga de realidad y subjetividad que tienen y dimensionarlos de acuerdo a su peso social y político.
• Los movimientos laborales se han hecho sobre la base de reivindicaciones concretas, de condiciones de vida y de trabajo, y desde allí han empezado a avanzar hacia un cuestionamiento del modelo, económico y político, diseñado en dictadura y perfeccionado en esta democracia concertacionista. Las trabas normativas, como la legislación laboral y la constitución, son la contradicción que no permiten avanzar en una real democratización de la sociedad chilena que, a estas alturas ya no tiene que ver tan sólo con mayores espacios de inclusión política, sino fundamentalmente con las posibilidades de avanzar hacia la construcción de sentidos fundados en la justicia y la equidad. Es por ello que lo que se ha cuestionado es la injusta distribución de los ingresos, de mayores grados de justicia social; de sueldos dignos y justos, más allá incluso de las demandas de una supuesta ética empresarial.
• El discurso posmodernista insistió, en la década pasada, que los problemas de clase, de lucha de clase ya no serían los ordenadores de la realidad, se anunciaba que aquellos discursos “emergentes” y “transversales” serían los que determinarían el curso de los principales acontecimientos sociales y políticos. Se daba por hecho que el conflicto central de la sociedad ya había sido superado, que ya había plena armonía de intereses entre los empresarios y los trabajadores. La realidad de los hechos va demostrando otra cosa; persiste ese conflicto de clases no resuelto por mucho que los discursos quieran otra cosa.
• Algunos intelectuales han empezado a plantear que los límites, las fronteras que impiden una real democratización de nuestras sociedades está en la propiedad privada; en que algunos pocos controlen la vida humana y la sometan. Esa es la parte jibarizada del problema mayor que tenemos como sociedad y que se encuentra unido al conflicto de clases que ya mencionamos. El problema central que no permite avanzar es la sobre explotación de los trabajadores; es a partir de ese proceso que se va generando la propiedad privada y no al revés.
• Queremos poner también nuestra atención en otra situación que se presenta a la hora de analizar los fenómenos y que se relaciona con los tiempos sociales y políticos. La coyuntura política se caracteriza por una fusión particular del tiempo social en un tiempo breve y en el que los procesos sociales, políticos, culturales se van concentrando en el campo político. Decimos esto a apropósito de que si bien es cierto se han notado ciertos grados de efervescencia en un sector de la sociedad ello no nos permitiría sacar la conclusión de que es toda la sociedad la que está efectivamente involucrada en la coyuntura. No se han producido grados de maduración y síntesis en ella que permitan arribar a otra conclusión que no sea la necesidad de seguir haciendo un trabajo de concientización en la base social. Pero, tampoco nos queremos comprometer con la otra idea que dice que son las “pequeñas historias”, fragmentadas, las que permiten avanzar hacia objetivos de más largo alcance como la democratización, la construcción de una sociedad nueva y el socialismo.
• Es la relación entre las “pequeñas historias” y los procesos estructurales que vivimos las que nos permitirán avanzar en la comprensión de los fenómenos que ocurren en nuestras sociedades, en primer lugar; y, en segundo, en la transformación de estas estructuras y en la construcción de las nuevas. No es posible hacer historia tan sólo como suma de las pequeñas. ¿podríamos hacer la historia de las movilizaciones de los trabajadores forestales, pescadores, deudores habitacionales, mineros, sin enmarcarlas dentro de la situación del Chile capitalista actual y los conflictos estructurales que le cruzan?. ¿Es posible dar cuenta de los fenómenos de la desigualdad y la injusticia social de nuestro país sin mencionar la crisis estructural del capitalismo?. ¿Es posible entender la situación de los deudores habitacionales de nuestro país sin inscribir esas amenazas dentro de la lógica de la crisis inmobiliaria de los millones de deudores habitacionales de los Estados Unidos?.
• Por último, la teoría posmoderna ya ha demostrado su carácter de “pequeña historia”, de un discurso que sólo sirvió para afianzar una modalidad del capitalismo y ocultar los reales problemas de nuestra sociedad.
Santiago, Septiembre 10 de 2007
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