Argentina: Recordando a Carlos Fuentealba, maestro asesinado por la policía
Dijo Roxana Campos, docente neuquina: “Carlos era un luchador de alma”
Fuente: El Socialista, una publicación de Izquierda Socialista, 18 de abril de 2007 Nro. 063
Roxana es docente de Neuquén. Estuvo en la ruta junto a Carlos Fuentealba cuando lo asesinaron. Para contar lo sucedido y pedir solidaridad, viajó a Buenos Aires. Habló en una asamblea de SUTEBA Lomas de Zamora donde fue ovacionada y comenzó una colecta con venta de bonos para el fondo de huelga. A la tarde recorrió cursos de la Facultad de Sociales-UBA difundiendo el conflicto y juntando fondos. El sábado 14 habló en el plenario de seccionales combativas del SUTEBA y a la tarde brindó una charla junto a Graciela Calderón -dirigente de SUTEBA Matanza, que días antes había viajado a Neuquén a llevar solidaridad-, Juan Carlos Maceiras, José Castillo e Isabel Guzmán, en una colmada aula de la Facultad de Sociales. Aquí extractamos partes de su emotivo relato.
“Soy maestra del jardín 44. Milito en Docentes en Marcha y soy de Izquierda Socialista. A Carlos Fuentealba lo conocí desde hace tiempo en cada lucha que encaramos en Neuquén. Y más en este conflicto, donde participé de las mismas reuniones distritales que él (...).
El 2 se vota cortar el paso del circuito turístico porque venía Semana Santa. Se organizan los micros, trafic y los autos de los compañeros. Esa mañana me encuentro con Carlos. Tomamos unos mates y nos dio gracia vernos livianos de mochila. El me pregunta por qué la tenía tan flaca. “Porque me parece que vamos a estar poco tiempo”, le dije. Nos van a estar esperando y si subimos a la ruta nos van a desalojar. “Por eso traje solamente el termo”, me confesó.
Carlos era muy militante, muy activo, un luchador de alma. En estos momentos hay palabras que me siguen dando vuelta en la cabeza, cuando hablabsmos de la posible represión. “Mirá flaca, a la primer bala nos venimos todos a cortar el puente carretero, rodeamos la casa de gobierno y no los dejamos salir hasta que nos den una respuesta”, me dijo.
Pasa un auto de un compañero y con Carlos decidimos irnos. Nos cruzamos con las trafic de Aten detenidas por la policía. Las esperamos. Hablo por teléfono con Angélica (Lagunas) diciéndole que estábamos en camino. Sabíamos que en Arroyito nos estaban esperando los carros hidrantes. Dejamos los autos en camino paralelo y empezamos a circular por la ruta.
Había policías con escudos, veíamos los cilindros de los gases, tenían esas máscaras, me dio mucha impresión. No habían pasado 10 minutos cuando sentimos el primer disparo, y varios más. Empezaron a tirar gases y retrocedimos. Lo veo a Carlos detrás mío pidiéndome que corra. “No trajiste pañuelo”, me decía. No, le dije. Buscó en la mochila el suyo, y yo corrí al auto. Le grito que venga, me dice que no porque había maestras vomitando. Me pide agua y vamos a socorrerlas.
Los policías estaban acercándose. Subimos a las compañeras a los autos. Seguimos caminando y cerca de una estación de servicio vuelven a reprimir. Allí lo pierdo a Carlos. Me preocupaba mucho las compañeras del jardín. Cuando quiero salir un grupo de policías nos rodea y se pone al frente con los escudos. Otro grupo dispara hacia el campo. ¡Si la orden era desalojar la ruta... ¿por qué siguen reprimiendo si ya no había nadie sobre ella?
Comenzamos a volver con los autos. Lo encuentro a Carlos. Me dice que el no iba a subir para no dejar a las compañeras solas. Pero en un momento subimos todos, amontonados, ya no había nadie caminando.
Los uniformados apuntaban a los autos, a las ventanillas y tiraban al asfalto. Cuando pregunto dónde está Carlos, me dicen “se habrá subido a un auto”. En ese momento -me entero después por el chofer del 147-, que viajaba con el en ese auto, y que al pasar al lado de los policías estos gritan y levantan las escopetas y disparan al Fiat. Le entra una granada de gas y se llena de humo. Veo que están rompiendo la luneta para sacar a un compañero. Lo ponen en el piso, por la ropa me di cuenta que era Carlos. Estaba lleno de sangre, gritamos “asesinos”. Le salía humo del cuerpo, los policías seguían disparando y le tiran agua con el hidrante. Carlos estaba convulsionando. Murió allí, sobre la ruta.
Decidimos volver a Neuquén. En los medios salió que hubo un “enfrentamiento” entre docentes y policías donde había un docente lastimado ¡Ninguna de las dos versiones era cierta! Ni Carlos estaba lastimado, - estaba agonizando-, ni hubo enfrentamientos (...).
Cuando llegamos todos los sectores habían salido a la ruta a recibirnos. Al otro día hicimos asamblea y decidimos quedarnos en los puentes de Neuquén y Centenario. Nos enteramos que Carlos había sido operado varias veces, estaba en estado vegetativo, que habían hablado con los familiares y lo iban a desconectar a las 23 de ese jueves 5... Se convoca a la gran marcha para el lunes 9. Algo quebrados, pero con mucha fuerza.
El domingo se hizo un acto homenaje en la escuela de Carlos. A la madrugada del día de la marcha salimos a pegar las fajas en todas las escuelas, que hasta el día de hoy permanecen cerradas. Hicimos la gran marcha, la de los 30.000, y el paro único de Ctera que adhiere después de más de 30 días de huelga.
Y acá estamos compañeros. Nos quedamos frente a la Casa de Gobierno junto a otros sectores para pedir la renuncia de Sobisch, juicio y castigo a los responsables del fusilamiento de Carlos y que hagan lugar a nuestros reclamos”.
Carlos Fuentealba: Un luchador, socialista, revolucionario
Fuente: El Socialista, una publicación de Izquierda Socialista, 18 de abril de 2007 Nro. 063
De las crónicas periodísticas se supo que Carlos Fuentealba era el profesor más querido por sus alumnos adolescentes de una de las escuelas más humildes de Neuquén. Contaron que los comprendía, los ayudaba y “empujaba” para que siguieran estudiando. Siempre les decía que “los trabajadores tenían que formarse”. Amado por su esposa y sus dos hijas, era un gran compañero y padre. Sandra contó que se habían conocido militando en un partido y que ahora era un “militante de la vida”. El partido a que hace referencia fue el viejo MAS de los años ochenta, del cual nos consideramos, desde Izquierda Socialista, continuadores.
Criado en el campo, Carlos Fuentealba trabajó años como obrero de la construcción. Fue delegado de sus compañeros, luchador y miembro de la Lista Naranja que, encabezada por Alcides Christiansen, derrotó a la burocracia de la UOCRA. Hablaba con pasión en las asambleas y era de los primeros en las movilizaciones y huelgas.
Años después fue uno de los organizadores de movimientos de desocupados, la mayoría ex obreros de la construcción. Estudió y comenzó a trabajar como docente.
Desde hace años había dejado de militar en un partido socialista, por la división y crisis del viejo MAS, pero seguía actuando de acuerdo a sus convicciones solidarias, socialistas, revolucionarias. Así lo recuerdan los docentes de su escuela, de su distrito, los activistas de su gremio ATEN, las maestras de Izquierda Socialista de Neuquén, como el compañero que siempre les infundía confianza en la lucha. Así actuó hasta su último día.
Ante la arremetida de la policía, se negó a subir a los autos, hasta que la última maestra o maestro lo habían hecho. Rendimos honor en Carlos, al querido compañero de lucha, por los trabajadores, por la educación pública y por una sociedad socialista. Carlos ¡hasta el socialismo siempre!
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