EL INSTRUMENTO POLÍTICO DE LOS DE ABAJO Y LA HORA DE LA UNIDAD
Por Andres Figueroa <periodistaandresfigueroa@yahoo.es>, De la memoria al Poder
“Como este gobierno no quiere dar soluciones a nuestro pueblo, y como los partidos actuales no nos representan, hemos decidido inscribir, junto a todos los que nos quieran acompañar, como partido político, la organización más poderosa de este país, como lo son los pobres organizados de Chile. Queremos que gobiernen los pobres para ayudar a los pobres. Para que ahora decidamos nosotros, los humildes de Chile, los que por años hemos doblegado nuestro cuerpo y espíritu para ganarnos la vida. Para que gobiernen los que saben lo que significa ganarse la vida con el sudor de la frente; para que gobiernen los que saben lo que significa ser pobres y trabajadores explotados en este país. Para que las familias humildes de Chile puedan crear un futuro digno para los suyos.
¡¡Para que gobiernen los trabajadores!! Vecino: ¡¡La Moneda nos espera, sólo falta tu decisión!!No dejes que te sigan engañando
Agrupación Nacional de Deudores Habitacionales de Chile A Luchar”
El texto precedente –redactado por Juana Silva, líder de los deudores habitacionales organizados- sintetiza el empeño que se han impuesto los luchadores por una vivienda y vida dignas y otros sectores del movimiento social y popular chileno. La creación de un instrumento político genéticamente comprometido con los intereses de las grandes mayorías, de los trabajadores, los pobres, los que día a día se las ven de frente con el modelo neoliberal impuesto a sangre y fuego por la dictadura pinochetista y consolidado graciosamente por 16 años de Concertación de Partidos por la Democracia.
Más allá de las disquisiciones de naturaleza academicista respecto de cómo se está originando el instrumento de los de abajo, es preciso hacer algunas precisiones.
De un tiempo a esta parte, se ha agitado –con distintos acentos y adjetivos- el concepto de unidad de los múltiples activos rebeldes, radicales, revolucionarios, y en general, organizaciones antisistémicas chilenas. Ello se ha traducido en una voluntad más o menos visible, cuya materialización ha transitado por diversas convergencias, ninguna de las cuales ha logrado una fusión orgánica o conducción colectiva eficiente. En general, las articulaciones políticas se han vuelto incidentales, reflexivas, diagnosticantes, y se encuentran en un estadio que podría catalogarse “de resistencia”, con modesta presencia en el mundo popular.
Hoy es evidente que ninguno de los esfuerzos orgánicos de la izquierda revolucionaria chilena por sí solo –y tal vez, ni siquiera todos juntos-es capaz de constituirse en medio y ante los ojos del pueblo en una alternativa de dirección plausible, y con una nitidez política cuyo horizonte de sentido y tácticas cristalicen en un polo de atracción y conducción popular.
En los hechos, han sido actores de pueblo en lucha –los deudores habitacionales y otros sectores menos masivos (salvando el complejo de los estudiantes secundarios, en pleno debate y definiciones)- quienes, producto del propio ejercicio de organizarse y pugnar por sus demandas (hasta hoy, incontestadas por el gobierno), han concluido que el único camino que garantiza potencialmente beneficios para los de abajo, es su papel protagónico, la construcción de su propia organización política, su propia lucha, la cual no desdeña –como uno de los modos incursionables- la participación directa y con representantes de sus filas en las próximas elecciones municipales del 2008 a través de un partido político inscrito legalmente. Aquí se habla claramente de organización clasista, de masas, con convicción de poder, independencia y permanente voluntad de lucha.
Más allá de las infinitas reflexiones, críticas e interrogantes provenientes de las distintas familias de las izquierdas radicales respecto de la maneras en que se expresa el movimiento social más avanzado del país (que hoy no se define marxista leninista, ni postula una política militar, ni gusta de la Nueva Trova, sino que más bien, se reconoce e identifica en la lucha directa, que sabe que sólo un gobierno de trabajadores y fundado en el poder de los de abajo es medio obligado para alcanzar una vida digna y plena, donde las mujeres son el eje de la lucha, las rancheras resuenan en sus fiestas y escasean los “intelectuales orgánicos”) es hora de tomar determinaciones.
Con el enorme respeto a la inspiración solidaria que motiva a no pocos empeños políticos fundados en la autonomía, la autogestión y la generación de tareas ligadas a la ilustración política del pueblo (desde preuniversitarios, experiencias de educación popular, centros culturales, activismo multiforme, etc.), es preciso evaluar la eficiencia política de nuestras tareas. Colocando entre paréntesis nuestras debilidades, vinculadas a cierto sectarismo caudillista (casi atávico en parte no menor de nuestra izquierda), largoplacismo, espera muchas veces autocomplaciente de que concurran un sinnúmero de variables antes de plantearse la construcción unitaria del instrumento político, sobreideologización, melancolía invalidante, etcétera; ya va siendo hora de salir del ámbito de la resistencia, de puramente testimoniar las injusticias del capital, y comenzar a tomar la ofensiva. Siempre es preferible la aventura de ponerse pantalones largos y arriesgar el golpe en la mesa de los poderosos que el acuartelamiento en iniciativas microscópicas, casi invisibles y totalmente contempladas y contenidas por el actual modelo.
La recomposición de una alternativa de lucha frontal contra el capitalismo brutal que padecen las mayorías nacionales, muchas veces no viene descrita en los manuales, ni surge de las tradiciones de las organizaciones políticas profundamente certeras en otros momentos de la historia. De más está ejemplificar con el caso zapatista, bolivariano, martiano y de los pueblos originarios en Bolivia. Las fuerzas creativas del pueblo superan con creces –y afortunadamente- el análisis doctoral de los poderosos, y, muchas veces, la propia imaginación de las izquierdas clásicas. Al respecto, basta recordar la sorpresiva “rebelión pinguina” chilena, ausente de todas las cuentas tanto enemigas, como subversivas.
Nadie puede desechar la necesaria formación de una férrea vertebración orgánica, fabricada con los mejores hijos del pueblo, y capaz de prefigurar desde abajo, democráticamente, la plataforma de lucha más adecuada, el modo de enfrentar exitosamente los diversos escenarios de lucha, garantizar la continuidad, perfeccionamiento y crecimiento del instrumento político de los Más, y con la mira fija en la victoria popular. Pero burlando todo etapismo, ese núcleo orientador, templado en las luchas concretas, audaz, inteligente, informado, también debe ser lo suficientemente dúctil y flexible para volver las incertidumbres una auténtica oportunidad. Es en el seno del pueblo en lucha donde se modula el acero de lo que convencionalmente llamamos “vanguardia”. Sin embargo, esta vez, será más a las maneras de Marcos; es decir, en el lugar de la sub comandancia, subordinados a las decisiones, ritmos y madurez de la constelación popular organizada. Con humildad (que no paternalismo), disciplina revolucionaria, codo a codo con las piezas del nuevo movimiento popular que comienza a andar. Ni vanguardia iluminada, ni retaguardia reactiva, acomodaticia o reserva estratégica.
“Como este gobierno no quiere dar soluciones a nuestro pueblo, y como los partidos actuales no nos representan, hemos decidido inscribir, junto a todos los que nos quieran acompañar, como partido político, la organización más poderosa de este país, como lo son los pobres organizados de Chile. Queremos que gobiernen los pobres para ayudar a los pobres. Para que ahora decidamos nosotros, los humildes de Chile, los que por años hemos doblegado nuestro cuerpo y espíritu para ganarnos la vida. Para que gobiernen los que saben lo que significa ganarse la vida con el sudor de la frente; para que gobiernen los que saben lo que significa ser pobres y trabajadores explotados en este país. Para que las familias humildes de Chile puedan crear un futuro digno para los suyos.
¡¡Para que gobiernen los trabajadores!! Vecino: ¡¡La Moneda nos espera, sólo falta tu decisión!!No dejes que te sigan engañando
Agrupación Nacional de Deudores Habitacionales de Chile A Luchar”
El texto precedente –redactado por Juana Silva, líder de los deudores habitacionales organizados- sintetiza el empeño que se han impuesto los luchadores por una vivienda y vida dignas y otros sectores del movimiento social y popular chileno. La creación de un instrumento político genéticamente comprometido con los intereses de las grandes mayorías, de los trabajadores, los pobres, los que día a día se las ven de frente con el modelo neoliberal impuesto a sangre y fuego por la dictadura pinochetista y consolidado graciosamente por 16 años de Concertación de Partidos por la Democracia.
Más allá de las disquisiciones de naturaleza academicista respecto de cómo se está originando el instrumento de los de abajo, es preciso hacer algunas precisiones.
De un tiempo a esta parte, se ha agitado –con distintos acentos y adjetivos- el concepto de unidad de los múltiples activos rebeldes, radicales, revolucionarios, y en general, organizaciones antisistémicas chilenas. Ello se ha traducido en una voluntad más o menos visible, cuya materialización ha transitado por diversas convergencias, ninguna de las cuales ha logrado una fusión orgánica o conducción colectiva eficiente. En general, las articulaciones políticas se han vuelto incidentales, reflexivas, diagnosticantes, y se encuentran en un estadio que podría catalogarse “de resistencia”, con modesta presencia en el mundo popular.
Hoy es evidente que ninguno de los esfuerzos orgánicos de la izquierda revolucionaria chilena por sí solo –y tal vez, ni siquiera todos juntos-es capaz de constituirse en medio y ante los ojos del pueblo en una alternativa de dirección plausible, y con una nitidez política cuyo horizonte de sentido y tácticas cristalicen en un polo de atracción y conducción popular.
En los hechos, han sido actores de pueblo en lucha –los deudores habitacionales y otros sectores menos masivos (salvando el complejo de los estudiantes secundarios, en pleno debate y definiciones)- quienes, producto del propio ejercicio de organizarse y pugnar por sus demandas (hasta hoy, incontestadas por el gobierno), han concluido que el único camino que garantiza potencialmente beneficios para los de abajo, es su papel protagónico, la construcción de su propia organización política, su propia lucha, la cual no desdeña –como uno de los modos incursionables- la participación directa y con representantes de sus filas en las próximas elecciones municipales del 2008 a través de un partido político inscrito legalmente. Aquí se habla claramente de organización clasista, de masas, con convicción de poder, independencia y permanente voluntad de lucha.
Más allá de las infinitas reflexiones, críticas e interrogantes provenientes de las distintas familias de las izquierdas radicales respecto de la maneras en que se expresa el movimiento social más avanzado del país (que hoy no se define marxista leninista, ni postula una política militar, ni gusta de la Nueva Trova, sino que más bien, se reconoce e identifica en la lucha directa, que sabe que sólo un gobierno de trabajadores y fundado en el poder de los de abajo es medio obligado para alcanzar una vida digna y plena, donde las mujeres son el eje de la lucha, las rancheras resuenan en sus fiestas y escasean los “intelectuales orgánicos”) es hora de tomar determinaciones.
Con el enorme respeto a la inspiración solidaria que motiva a no pocos empeños políticos fundados en la autonomía, la autogestión y la generación de tareas ligadas a la ilustración política del pueblo (desde preuniversitarios, experiencias de educación popular, centros culturales, activismo multiforme, etc.), es preciso evaluar la eficiencia política de nuestras tareas. Colocando entre paréntesis nuestras debilidades, vinculadas a cierto sectarismo caudillista (casi atávico en parte no menor de nuestra izquierda), largoplacismo, espera muchas veces autocomplaciente de que concurran un sinnúmero de variables antes de plantearse la construcción unitaria del instrumento político, sobreideologización, melancolía invalidante, etcétera; ya va siendo hora de salir del ámbito de la resistencia, de puramente testimoniar las injusticias del capital, y comenzar a tomar la ofensiva. Siempre es preferible la aventura de ponerse pantalones largos y arriesgar el golpe en la mesa de los poderosos que el acuartelamiento en iniciativas microscópicas, casi invisibles y totalmente contempladas y contenidas por el actual modelo.
La recomposición de una alternativa de lucha frontal contra el capitalismo brutal que padecen las mayorías nacionales, muchas veces no viene descrita en los manuales, ni surge de las tradiciones de las organizaciones políticas profundamente certeras en otros momentos de la historia. De más está ejemplificar con el caso zapatista, bolivariano, martiano y de los pueblos originarios en Bolivia. Las fuerzas creativas del pueblo superan con creces –y afortunadamente- el análisis doctoral de los poderosos, y, muchas veces, la propia imaginación de las izquierdas clásicas. Al respecto, basta recordar la sorpresiva “rebelión pinguina” chilena, ausente de todas las cuentas tanto enemigas, como subversivas.
Nadie puede desechar la necesaria formación de una férrea vertebración orgánica, fabricada con los mejores hijos del pueblo, y capaz de prefigurar desde abajo, democráticamente, la plataforma de lucha más adecuada, el modo de enfrentar exitosamente los diversos escenarios de lucha, garantizar la continuidad, perfeccionamiento y crecimiento del instrumento político de los Más, y con la mira fija en la victoria popular. Pero burlando todo etapismo, ese núcleo orientador, templado en las luchas concretas, audaz, inteligente, informado, también debe ser lo suficientemente dúctil y flexible para volver las incertidumbres una auténtica oportunidad. Es en el seno del pueblo en lucha donde se modula el acero de lo que convencionalmente llamamos “vanguardia”. Sin embargo, esta vez, será más a las maneras de Marcos; es decir, en el lugar de la sub comandancia, subordinados a las decisiones, ritmos y madurez de la constelación popular organizada. Con humildad (que no paternalismo), disciplina revolucionaria, codo a codo con las piezas del nuevo movimiento popular que comienza a andar. Ni vanguardia iluminada, ni retaguardia reactiva, acomodaticia o reserva estratégica.
No perdamos la oportunidad de aportar a la edificación del martillo destinado a ser el verdugo de esta cadena.
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