Las crecientes emisiones de CO2 pueden llevar a una nueva extinción masiva
Por Adán Salgado Andrade
El planeta, a lo largo de sus 4,500 millones de años de existencia, ha experimentado profundos cambios en su orografía y su hidrografía. Los continentes no fueron como están actualmente, sino que han cambiado. Lo mismo ha sucedido con los mares, que muchos de los que existen ahora, antes eran tierra firme y viceversa, muchos océanos antiguos, ahora son tierra firme y así.
Y también, en esas distintas épocas, han surgido distintas formas de vida que se han ido adaptado a las circunstancias específicas que han reinado en el planeta. Épocas como el hádico, el arcaico, el proterozoico, el fanerozoico, que incluye al paleozoico, al mesozoico y al cenozoico, impusieron condiciones climáticas específicas.
Por ejemplo, el Pérmico, que perteneció a la era Paleozoica, existió entre hace 299 y 252 millones de años y se caracterizó por intensos cambios que casi acabaron con la abundante vida que ya existía por esos años en el planeta. Selvas exuberantes lo poblaban y animales terrestres y marinos de muchas especies ya recorrían la Tierra.
Pero en ese entonces, se dieron gigantescas erupciones volcánicas. Grandes cantidades de CO2 subieron mucho la temperatura y la humedad, y sólo las especies más resilientes pudieron sobrevivir a un medio tan hostil, lleno de gas de flúor y de cloro, justo como el gas sarín que se usaba como arma química durante la primera guerra mundial.
El mar se comenzó a calentar demasiado y los animales que vivían allí, se adaptaron para irse a la superficie, aunque, de todos modos, también en tierra firme murieron. Sin embargo, lo que inició un nuevo ciclo de vida en el mar, más adelante, fueron las bacterias anaeróbicas, las que no requieren oxígeno para subsistir, algo así como los llamados extremófilos, junto con las pocas especies que lograron sobrevivir a ese infierno climático.
Por todos esos estallidos volcánicos, se soltó una enorme capa de lava en lo que hoy es Siberia. Tal capa, comenzó a ejercer presión en los estratos inferiores, llenos de sedimentos que se incendiaron y arrojaron todavía más CO2. Se calcula que fueron unos 120,000 millones de toneladas de ese gas arrojadas en dicho periodo.
Por eso, la Tierra se asemejó a un planeta yermo, sin vida, con escenas desoladoras, tanto en el mar, que hervía de caliente y de acidez, así como en tierra, en donde los restos de la vegetación de esos años, yacía devastada, quemada, pudriéndose, junto los cadáveres de cientos de miles de animales terrestres que murieron por las altas temperaturas y el aire envenenado.
Como señalé, las mencionadas bacterias tuvieron mucho que ver para el surgimiento de nuevas especies, tanto vegetales, como animales, junto con las escasas especies que lograron sobrevivir al destructivo evento.
Fue un panorama terrible, desolador, no se desearía que volviera a repetirse un suceso tan destructivo.
Sin embargo, el problema actual es que aunque no hemos producido tanto bióxido de carbono, el ritmo con que lo arrojamos, es superior incluso a lo que en su momento expulsaron los volcanes siberianos y la quema de materia orgánica sepultada, que dieron lugar, como señalé, a la peor extinción masiva que ha sufrido el planeta (ver: https://www.theguardian.com/environment/2025/aug/19/a-climate-of-unparalleled-malevolence-are-we-on-our-way-to-the-sixth-major-mass-extinction).
Por supuesto, no podemos vivir sin CO2, es un elemento fundamental para la vida, es parte de los bloques que nos conforman.
Pero se debe de dar en su justa medida, que convivamos armoniosamente con él, no que nos mate.
El planeta tiene la capacidad de estar absorbiéndolo en cierta cantidad (los bosques o las selvas o los suelos o el mar, absorben una parte), siempre y cuando no sea excesiva.
Por ejemplo, el mar absorbe bastante, pero por éste y el por el 90 por ciento del calor en demasía que producimos (por todos los procesos industriales, agropecuarios, domésticos, mineros, incendios forestales…), se está acidificando. Muchas especies marinas están sucumbiendo por las altas temperaturas del mar y la acidificación. Algunas, tratan de adaptarse, desplazándose a otras latitudes o a mayor profundidad, como es el caso del nautilos, un molusco marino, fósil viviente, que data de unos 500 millones de años (de las pocas especies que lograron sobrevivir a la extinción que se dio en el Pérmico y a otras tres), que todavía se sigue defendiendo, buscando aguas profundas, más frías. Pero tendrá un límite, no puede estar a tanta profundidad pues no resistiría la presión (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/search?q=nautilus).
Lo que estamos provocando en esta era en que el capitalismo salvaje cada vez depreda y contamina más y más, con tanto gas producido y arrojado, no sólo el bióxido de carbono, sino metano y otros de los gases que están calentando al planeta (los llamados gases efecto invernadero), es que estamos terminando con esa capacidad de regeneración planetaria. Los más de 45,000 millones de toneladas de CO2 arrojados a la tropósfera cada año están calentándolo aceleradamente.
Por eso, se habla ya del antropoceno, por la capacidad que tiene la humanidad de alterar el clima planetario.
Como señalé, al estar superando esa capacidad de regeneración planetaria, el resultado será un infierno en donde humedad y altas temperaturas reinarán, justo como en el Pérmico.
Muchas especies animales, ya están disminuyendo sus números, a niveles de franca extinción. La biodiversidad se está afectando seriamente. Por ejemplo. los insectos, tan necesarios en la cadena alimenticia, están desapareciendo del orden de 2.5 por ciento cada año. Al igual que los vertebrados, que han disminuido en un 22 por ciento del total. A eso, súmese que la agricultura industrial, la practicada por los monopolios agroindustriales, como Carlyle (https://www.carlyle.com/our-firm), sólo siembra unos cuantos cultivos. Son cuatro los que dominan a nivel mundial: soya, arroz, trigo y maíz, y ocupan un poco menos del 50% de todas las tierras cultivadas del planeta. Eso es una limitante en cuanto a la variedad de alimentos que pueden consumirse. Y como son muy uniformes, pueden ser atacados por plagas muy fácilmente. Es como en el caso de los plátanos, que como casi todos los que ingerimos provienen de una sola especie, genéticamente idénticos, ahora están siendo arrasados por el mal de Panamá, ocasionado por un hongo resistente a los fungicidas (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2019/03/la-perdida-de-biodiversidad-la-perdida.html).
Y ya se han dado alarmantes casos de muertes masivas de animales por las altas temperaturas. Por ejemplo, en la primavera del 2024, en el poblado de Tecolutilla, Tabasco, la gente se alarmó y supo que algo estaba muy mal, cuando monos aulladores comenzaron a caer muertos de los árboles, deshidratados y exhaustos por la temperaturas de 43º C que se sintieron durante varias semanas en el sitio. En Australia, murciélagos de los llamados zorros voladores, también han sido hallados muertos por las altas temperaturas. Y mejillones se “han cocinado en las pozas que deja el oleaje en las playas de Canadá” (ver: https://www.theguardian.com/environment/2025/aug/20/monkeys-falling-trees-baking-barnacles-heat-driving-animals-extinction-climate).
Muchas otras especies, tanto terrestres (pájaros, reptiles, mamíferos), así como marinas (tortugas, ballenas, focas, leones marinos), también están siendo afectadas por las altas temperaturas y por las enfermedades asociadas a éstas, como patógenos que antes sólo eran originarios de sitios tropicales y terrestres, como la sarcocistosis, que es producida por el patógeno Sarcocystis neurona y que está atacando a leones marinos. Su principal portador es la Didelphis virginiana, conocido en México como tlacuache norteño, mamífero que habita valles y jardines traseros. También ataca ese mal a caballos a quienes, en casos severos, ocasiona trastornos neuronales. Con parásitos propios de animales terrestres, atacando a mamíferos marinos, la mayoría de los cuales viven a cientos de kilómetros de las costas, los problemas de desaparición de especies, se agravan (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2024/01/ropa-en-exceso-dana-desierto-y.html).
Así que, como ven, el antropoceno está repitiendo uno de los peores eventos que ha vivido el planeta, de cuando tanto CO2 emitido, casi extinguió a toda forma de vida. Al ritmo que ahora estamos generando ese gas, se está superando con creces la capacidad terrestre de absorberlo y estamos creando un entorno atmosférico similar al que imperó durante el mencionado Pérmico.
Con eso, estamos acabando con las condiciones planetarias que nos permiten seguir viviendo aquí y a especies animales y vegetales, las que están siendo afectadas irreversiblemente, e irán extinguiéndose aceleradamente.
Pero a eso, se le llama “civilización”.
Absurdo.
Contacto: studillac@hotmail.com