Las crecientes emisiones de CO2 pueden llevar a una nueva extinción masiva

Posted by Adán Salgado Andrade on miércoles, agosto 27, 2025

 

Las crecientes emisiones de CO2 pueden llevar a una nueva extinción masiva

Por Adán Salgado Andrade

 

El planeta, a lo largo de sus 4,500 millones de años de existencia, ha experimentado profundos cambios en su orografía y su hidrografía. Los continentes no fueron como están actualmente, sino que han cambiado. Lo mismo ha sucedido con los mares, que muchos de los que existen ahora, antes eran tierra firme y viceversa, muchos océanos antiguos, ahora son tierra firme y así.

Y también, en esas distintas épocas, han surgido distintas formas de vida que se han ido adaptado a las circunstancias específicas que han reinado en el planeta. Épocas como el hádico, el arcaico, el proterozoico, el fanerozoico, que incluye al paleozoico, al mesozoico y al cenozoico, impusieron condiciones climáticas específicas.

Por ejemplo, el Pérmico, que perteneció a la era Paleozoica, existió entre hace 299 y 252 millones de años y se caracterizó por intensos cambios que casi acabaron con la abundante vida que ya existía por esos años en el planeta. Selvas exuberantes lo poblaban y animales terrestres y marinos de muchas especies ya recorrían la Tierra.

Pero en ese entonces, se dieron gigantescas erupciones volcánicas. Grandes cantidades de CO2 subieron mucho la temperatura y la humedad, y sólo las especies más resilientes pudieron sobrevivir a un medio tan hostil, lleno de gas de flúor y de cloro, justo como el gas sarín que se usaba como arma química durante la primera guerra mundial.

El mar se comenzó a calentar demasiado y los animales que vivían allí, se adaptaron para irse a la superficie, aunque, de todos modos, también en tierra firme murieron. Sin embargo, lo que inició un nuevo ciclo de vida en el mar, más adelante, fueron las bacterias anaeróbicas, las que no requieren oxígeno para subsistir, algo así como los llamados extremófilos, junto con las pocas especies que lograron sobrevivir a ese infierno climático.

Por todos esos estallidos volcánicos, se soltó una enorme capa de lava en lo que hoy es Siberia. Tal capa, comenzó a ejercer presión en los estratos inferiores, llenos de sedimentos que se incendiaron y arrojaron todavía más CO2. Se calcula que fueron unos 120,000 millones de toneladas de ese gas arrojadas en dicho periodo.

Por eso, la Tierra se asemejó a un planeta yermo, sin vida, con escenas desoladoras, tanto en el mar, que hervía de caliente y de acidez, así como en tierra, en donde los restos de la vegetación de esos años, yacía devastada, quemada, pudriéndose, junto los cadáveres de cientos de miles de animales terrestres que murieron por las altas temperaturas y el aire envenenado.

Como señalé, las mencionadas bacterias tuvieron mucho que ver para el surgimiento de nuevas especies, tanto vegetales, como animales, junto con las escasas especies que lograron sobrevivir al destructivo evento.

Fue un panorama terrible, desolador, no se desearía que volviera a repetirse un suceso tan destructivo.

Sin embargo, el problema actual es que aunque no hemos producido tanto bióxido de carbono, el ritmo con que lo arrojamos, es superior incluso a lo que en su momento expulsaron los volcanes siberianos y la quema de materia orgánica sepultada, que dieron lugar, como señalé, a la peor extinción masiva que ha sufrido el planeta (ver: https://www.theguardian.com/environment/2025/aug/19/a-climate-of-unparalleled-malevolence-are-we-on-our-way-to-the-sixth-major-mass-extinction).

Por supuesto, no podemos vivir sin CO2, es un elemento fundamental para la vida, es parte de los bloques que nos conforman.  

Pero se debe de dar en su justa medida, que convivamos armoniosamente con él, no que nos mate.

El planeta tiene la capacidad de estar absorbiéndolo en cierta cantidad (los bosques o las selvas o los suelos o el mar, absorben una parte), siempre y cuando no sea excesiva.

Por ejemplo, el mar absorbe bastante, pero por éste y el por el 90 por ciento del calor en demasía que producimos  (por todos los procesos industriales, agropecuarios, domésticos, mineros, incendios forestales…), se está acidificando. Muchas especies marinas están sucumbiendo por las altas temperaturas del mar y la acidificación. Algunas, tratan de adaptarse, desplazándose a otras latitudes o a mayor profundidad, como es el caso del nautilos, un molusco marino, fósil viviente, que data de unos 500 millones de años (de las pocas especies que lograron sobrevivir a la extinción que se dio en el Pérmico y a otras tres), que todavía se sigue defendiendo, buscando aguas profundas, más frías. Pero tendrá un límite, no puede estar a tanta profundidad pues no resistiría la presión (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/search?q=nautilus).

Lo que estamos provocando en esta era en que el capitalismo salvaje cada vez depreda y contamina más y más, con tanto gas producido y arrojado, no sólo el bióxido de carbono, sino metano y otros de los gases que están calentando al planeta (los llamados gases efecto invernadero), es que estamos terminando con esa capacidad de regeneración planetaria. Los más de 45,000 millones de toneladas de CO2 arrojados a la tropósfera cada año están calentándolo aceleradamente.

Por eso, se habla ya del antropoceno, por la capacidad que tiene la humanidad de alterar el clima planetario.

Como señalé, al estar superando esa capacidad de regeneración planetaria, el resultado será un infierno en donde humedad y altas temperaturas reinarán, justo como en el Pérmico.

Muchas especies animales, ya están disminuyendo sus números, a niveles de franca extinción. La biodiversidad se está afectando seriamente. Por ejemplo. los insectos, tan necesarios en la cadena alimenticia, están desapareciendo del orden de 2.5 por ciento cada año. Al igual que los vertebrados, que han disminuido en un 22 por ciento del total. A eso, súmese que la agricultura industrial, la practicada por los monopolios agroindustriales, como Carlyle (https://www.carlyle.com/our-firm), sólo siembra unos cuantos cultivos. Son cuatro los que dominan a nivel mundial: soya, arroz, trigo y maíz,  y ocupan un poco menos del 50% de todas las tierras cultivadas del planeta. Eso es una limitante en cuanto a la variedad de alimentos que pueden consumirse. Y como son muy uniformes, pueden ser atacados por plagas muy fácilmente. Es como en el caso de los plátanos, que como casi todos los que ingerimos provienen de una sola especie, genéticamente idénticos, ahora están siendo arrasados por el mal de Panamá, ocasionado por un hongo resistente a los fungicidas  (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2019/03/la-perdida-de-biodiversidad-la-perdida.html).

Y ya se han dado alarmantes casos de muertes masivas de animales por las altas temperaturas. Por ejemplo, en la primavera del 2024, en el poblado de Tecolutilla, Tabasco, la gente se alarmó y supo que algo estaba muy mal, cuando monos aulladores comenzaron a caer muertos de los árboles, deshidratados y exhaustos por la temperaturas de 43º C que se sintieron durante varias semanas en el sitio. En Australia, murciélagos de los llamados zorros voladores, también han sido hallados muertos por las altas temperaturas. Y mejillones se “han cocinado en las pozas que deja el oleaje en las playas de Canadá” (ver: https://www.theguardian.com/environment/2025/aug/20/monkeys-falling-trees-baking-barnacles-heat-driving-animals-extinction-climate).

Muchas otras especies, tanto terrestres (pájaros, reptiles, mamíferos), así como marinas (tortugas, ballenas, focas, leones marinos), también están siendo afectadas por las altas temperaturas y por las enfermedades asociadas a éstas, como patógenos que antes sólo eran originarios de sitios tropicales y terrestres, como la sarcocistosis, que es producida por el patógeno Sarcocystis neurona y que está atacando a leones marinos. Su principal portador es la Didelphis virginiana, conocido en México como tlacuache norteño, mamífero que habita valles y jardines traseros. También ataca ese mal a caballos a quienes, en casos severos, ocasiona trastornos neuronales. Con parásitos propios de animales terrestres, atacando a mamíferos marinos, la mayoría de los cuales viven a cientos de kilómetros de las costas, los problemas de desaparición de especies, se agravan (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2024/01/ropa-en-exceso-dana-desierto-y.html).

Así que, como ven, el antropoceno está repitiendo uno de los peores eventos que ha vivido el planeta, de cuando tanto CO2 emitido, casi extinguió a toda forma de vida. Al ritmo que ahora estamos generando ese gas, se está superando con creces la capacidad terrestre de absorberlo y estamos creando un entorno atmosférico similar al que imperó durante el mencionado Pérmico.

Con eso, estamos acabando con las condiciones planetarias que nos permiten seguir viviendo aquí y a especies animales y vegetales, las que están siendo afectadas irreversiblemente, e irán extinguiéndose aceleradamente.

Pero a eso, se le llama “civilización”.

Absurdo.

 

Contacto: studillac@hotmail.com

        

 

Nuevo video sobre que la contaminación con plomo, pudo ocasionar el comportamiento anómalo de los asesinos seriales

Posted by Adán Salgado Andrade on martes, agosto 26, 2025

 Hola, estimadas lectoraas y estimados lectores, en esta ocasión, les presento un nuevo video sobre que la escritora Caroline Fraser apunta en su libro Murderland, a la teoría de que el envenenamiento con plomo pudo haber llevado a gente más sensible a ese metal a generar comportamientos anómalos que los llevaron a convertirse en asesinos seriales. Sería una de las posibles causas. Gracias por su atención https://www.youtube.com/watch?v=UcH5vwSUUpo


 

El cobre es el oro de nuestros tiempos

Posted by Adán Salgado Andrade on martes, agosto 19, 2025

 

El cobre es el oro de nuestros tiempos

Por Adán Salgado Andrade

 

La supuesta “revolución eléctrica”, que busca que todo sea operado con fluido eléctrico, desde bicicletas, pasando por autos, camiones y hasta aviones (como si eso fuera a salvar al planeta de la catástrofe climática que cada vez empeora más, cortesía del capitalismo salvaje), está exigiendo que se exploten materiales distintos a los tradicionales o que se sobrexploten. Y es lo que no se dice de esa “revolución”, que se dejarán de perforar pozos petroleros, pero, en cambio, se incrementará el extractivismo, para minar minerales o metales tales como el litio, cobalto o níquel (fundamentales para las baterías) o el cobre, imprescindible para realizar las necesarias conexiones eléctricas de todo, tanto de los objetos eléctricos (bicicletas, autos, camiones), así como en las líneas de transmisión tan necesarias para llevar la electricidad.

Por todo ello, la demanda de cobre ha subido mucho, así como su precio. pues el costo por tonelada ha subido en los últimos cuatro años de 6,200 dólares a 9,000. Es mucha la tentación, y se incrementará, pues  se considera que se deberá de ampliar la producción eléctrica tres veces en 25 años, además del cobre necesario para la red eléctrica, que tendrá también que triplicarse para surtir de electricidad a la glotonería eléctrica que vendrá con tantos cuestionables “avances”.

En cuanto a lo que requiere de cobre un solo auto eléctrico, son unos 80 kg de ese metal, demasiado. Y por obtener dinero de él, no sólo legalmente, sino ilegalmente, se incrementan los robos a minas. En Sudáfrica, país en donde hay varias minas de cobre, los asaltantes roban a las mineras ese metal, matando incluso a los guardias que vigilen las instalaciones. No sólo eso, sino que mundialmente se roba cobre: se cortan cables eléctricos, se birlan las tapas de cobre de registros, se hurtan los cables de las minas, usados para para iluminarlas y que pueden tener hasta kilómetros de longitud, se saquean los almacenes en donde se guarda el cobre minado y procesado...

Todo eso expone el artículo de Wired titulado “La economía verde está hambrienta de cobre y la gente está robando, peleando y muriendo, con tal de tenerlo”, firmado por Vince Beiser, quien agrega como subtítulo a su trabajo que “con la posible excepción del oro, ningún otro metal ha ocasionado tanta destrucción como el cobre. En los años venideros, requeriremos mucho más de él, que como nunca antes” (ver: https://www.wired.com/story/power-metal-green-economy-is-hungry-for-copper/).

Inicia describiendo cómo dos guardias  de una subestación eléctrica cercana a Johannesburgo fueron asesinados con armas automáticas por criminales, en mayo del 2021, porque éstos robaron unos $1,600 dólares de cables eléctricos, tan necesarios para la electrificación. Además de los asesinatos, provocaron apagones, que persistieron hasta que el daño fue reparado.

Señala Beiser que es algo común en Sudáfrica, los robos de cables eléctricos y los apagones que provoca ese delito. Claro, los ladrones no se ponen a considerar, dice, si eso “afecta a hospitales, que son vitales para la atención medica o a oficinas o a escuelas. Sólo los guía su necesidad de hacer dinero”.

Menciona un reporte de S&P Global, que predice que “la cantidad de cobre que requeriremos en los siguientes 25 años, será mucho más de lo que la humanidad ha consumido en su historia previa. El mundo nunca había producido tanto cobre en tan poco tiempo. Pero el mundo puede no estar preparado para tal reto y la oferta se quedará corta por millones de toneladas en los años por venir”.

Dice que la calificadora Goldman Sachs ha dicho que “sin cobre, no habrá descarbonización. El cobre es el nuevo petróleo de nuestros  tiempos”.

En efecto, eso sucede cuando algo constituye un boom: el planeta es el que paga, pues el saqueo es desmedido y sin consideraciones ambientales o, en el mejor de los casos, mínimas. Si se halla una región rica en minerales o metales vitales, aunque se trate de una reserva natural protegida, se explota. Es lo que sucede, por ejemplo, con el intento de establecer  un megaproyecto minero en Ecuador para extraer oro y otros metales en la región de Cajas, rica por su biodiversidad endémica y que es una zona natural protegida y habitada por etnias, que viven de ella y la cuidan (ver: https://www.theguardian.com/environment/2025/aug/04/ecuador-cajas-mining-gold-silver-copper-exploitation-paramo-ecosystem-aoe).

Es la constante, que en nombre del “progreso”, se siga depredando, destruyendo y contaminando aceleradamente al planeta, a pesar de los avanzados  daños que tanta depredación y contaminación ambiental han dejado y siguen haciendo (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2018/01/depredacion-ambiental-planetaria-accion.html).

Justo eso está sucediendo con el cobre. “Mucho del cobre empleado es producido y vendido por empresas legítimas. Pero incluso la industria legal cuprífera ha infligido muchísimo daño. Del oeste de Estados Unidos a Sudamérica y hasta África Central, la minería del cobre ha dejado enormes depósitos (presas de jales) llenos de desperdicio tóxico y han contaminado vastas extensiones de tierra y de corrientes de agua. El riesgo de más desastres está empeorando, pues muchos de los depósitos más ricos y fáciles de minar ya se han explotado. La calidad del metal que queda en muchas grandes minas, o sea, la cantidad de metal dentro de la roca, se está terminando. Eso significa que mayores extensiones de tierras se tendrán que abrir para extraer la misma cantidad de cobre. Lo que generará mayores cantidades de desperdicios”.

Hace unos meses ese frenesí de explotar cobre, provocó un daño ecológico catastrófico al río Kafue, de Zimbabue. Allí, una minera china, la  Sino-Metals, subsidiaria de la China Nonferrous Metals Industry Group, paraestatal, por haber construido muy mal la presa de jales en donde arrojaba todos los lodos tóxicos que el minado y procesado de cobre requería, ésta se colapsó y todo su venenoso contenido fue a dar al mencionado río (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2025/03/las-mineras-chinas-siguen-depredando-y.html).

Aquí en México, el derrame ocurrido el 6 de agosto del 2014 en el Río Sonora (también por una presa de jales mal hecha, que se colapsó), de ¡40,000 metros cúbicos de una solución ácida de sulfato de cobre!, residuo del proceso de obtención del metal, ha ocasionado daños que, a la fecha, siguen presentes. Fue ocasionado por la mina Buenavista del Cobre, subsidiaria del tóxico Grupo México (ver: https://www.gob.mx/semarnat/acciones-y-programas/que-ocurrio-el-6-de-agosto-de-2014-en-el-rio-sonora).

Esa depredación provocada por China, también sucede en el Congo, rico en cobre, oro, cobalto y otros minerales. “La minería proporciona alrededor del 80 por ciento de las ganancias foráneas del país. Pero muy poco de ese dinero se va a su gente. Muchos congoleses subsisten con menos de tres dólares por día”, dice Beiser.

Y también en ese país, la explotación, en el caso del oro, se está haciendo en una reserva natural protegida, en donde habita el okapi, jirafa del bosque, un animal parecido a una cebra, endémico de ese sitio. Además, ha afectado esa mina la vida de la gente local, como la de cazadores, que antes obtenían muchas presas, tanto para su consumo, así como para su venta. Pero con la megamina, ya todo eso está acabando con la fauna local, la boscosa vegetación y el estilo de vida de los habitantes. Pero a la mafia congolesa en el poder, eso no le interesa, sólo el dinero que les dejen a ellos, no a sus gobernados, esas “concesiones” (ver: https://adansalgadoandrade.blogspot.com/2024/12/china-mina-oro-en-zona-natural.html).

Menciona que un millonario, Robert Friedland (1950), fue de los pioneros que notaron el potencial de la República Democrática del Congo en muchos recursos, en especial de cobre y se asoció a empresas chinas para explotarlo.

El otro paraíso del cobre es Chile, como menciona Beiser, en Chuquicamata. Recuérdese que en 1973, habiendo ganado la presidencia el doctor Salvador Allende (1908-1973), se apresuró a nacionalizar la industria del cobre, que estaba en poder de transnacionales, IT&T, entre ellas, estadounidense. Esta empresa, en contubernio con la mafia en el pode estadounidense, comandada en ese entonces por Richard Nixon (1913-1994), urdieron un golpe de Estado, arreglado por la CIA, justamente para que, entre otras cosas, el cobre siguiera siendo controlado por esa empresa (ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Salvador_Allende).

Las condiciones en que vivían en los 1950’s los mineros chilenos eran pésimas, “como dio fe Ernesto Che Guevara (1928-1967) en su libro Diarios de Motocicleta, cuando visitó el sitio en 1952 y señaló ‘los cementerios de las minas, los que contenían sólo una fracción del inmenso número de personas devoradas por el encierro, el sílice y el infernal clima de la montaña’”, señala Beiser.

Describe que la mina es gigantesca, “teniendo más de 1,600 metros de ancho, 3,200 de longitud y más de 1,600 metros de profundidad. Y su impacto ambiental es evidente, pues todos los desechos se almacenan en sus desérticos alrededores, y pasarían por cerros. Ese lugar es de los más secos de la región”. Por eso el Che Guevara dio fe de las condiciones tan extremas en que vivían los mineros del sitio.

Además, esa megamina demanda mucha agua y está dejando sin el vital líquido a las regiones que la rodean. Cita a Dina Pannier, presidenta del pueblo campesino Chiu Chiu, quien señala que “antes había aquí muchos arroyos y humedales, pero ya desaparecieron. Las otras regiones son las que se quedan con el dinero, y nosotros somos los que pagamos el precio”.

También allí hay ladrones que roban el cobre. Lo hacen asaltando a los trenes que lo cargan, “sacando los bultos que lo contienen y arrojándolo a la caja de camionetas pickup”.

Dice que es muy fácil “lavarlo”, pues basta un soplete para fundirlo. “No hay forma de rastrear si es robado, porque, además, se vende a los que comercian materias primas, los cuales tienen la política de no preguntar de dónde proviene, pagándolo, claro, a un menor precio, para asegurar una buena ganancia”.

“Nadie sabe cuánto cobre es robado anualmente en el mundo, pero puede ser del orden de millones o quizá billones de dólares. Aparte, hay que considerar los daños que ocasionan esos robos, sobre todo, cuando se trata de cables de alimentación de redes eléctricas. El Departamento de Estado de Estados Unidos, estima que el robo de cobre ocasiona alrededor de mil millones de dólares de daños cada año a las compañías eléctricas y a los negocios que son considerados como infraestructura crítica”.

Y también se pierden vidas, tanto de la gente que es asesinada, como guardias, cuando los ladrones entran a robar cables o cobre, o las de los inexpertos que se electrocutan tratando de robar tales cables.

Así que, véase, eso de la revolución eléctrica, como ya he dicho en muchos de mis artículos, generará más depredación y contaminación, de otro tipo, pero se seguirá destruyendo y polucionando al planeta abusando de otros recursos, hasta que lo sequemos.

Como el propio Beiser señala, “sí, en efecto, tenemos que cambiar nuestras energías. Pero también debemos de reconocer que un futuro libre de carbono, movido por energía solar y eólica, como lo hemos imaginado, traerá sus propias amenazas al planeta y a la gente”.

Pero esas consideraciones no las hará el capitalismo salvaje.

Y en el futuro, cuando todo sea movido por electricidad, habremos de quejarnos de los daños y la catástrofe ambiental que dejó la “revolución verde”. Y buscaremos otra “solución” energética.

Pero si no se ataca el problema de raíz, que es el de deshacernos del capitalismo salvaje tan depredador y contaminador con su sobreproducción, no habrá energías “limpias” que dejen de depredar y contaminar.

 

Contacto: studillac@hotmail.com

 

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