La derecha peruana está dividida en torno a un tema: el Museo de la Memoria. Alan primero no quiso a pesar de que se ofreció dinero internacional para esto. Ahora lo está aceptando. Mario Vargas Llosa está presidiendo la comisión organizadora. Los chicos del Opus y el ejercito dicen que esta bien recordar los crímenes de SL pero no los del Estado. Abajo una nota de Rocío Silva Santisteban en el dominical de La República
Colectivo Plaza de Armas
¿El rencor hiere menos que el olvido?
20/12/2009
Por Rocío Silva Santisteban
El miércoles pasado, a las cinco en punto de la tarde, el alcalde de Miraflores, Manuel Masías, inauguró la ceremonia de cesión del terreno del Museo de la Memoria. Varias personas tomaron la palabra, entre ellas, Vanessa Quiroga, la niña que perdió una pierna la noche fatídica del atentado de Tarata. Su relato, aderezado de nerviosismo por encontrarse frente al presidente de la República, a Mario Vargas Llosa y ante Pérez de Cuéllar, puso en alto la acción de su madre, que en medio de la locura de la explosión, buscó la pierna, la encontró y la llevó al Hospital Casimiro Ulloa para que se la re-implantasen. Pero no se pudo. Vanessa hoy es una guapa mujer que, sonriendo con esa frescura de sus 23 años, enseñó a todos los presentes la pierna ortopédica que Manuel Masías le ha donado. Es coqueta, es fresca, es naturalmente una resiliente y creo que muchos convertimos las lágrimas en risa cuando ella narraba su historia, como buena peruana, hasta con humor. Masías, no lo olvidemos, era regidor y fue el que estuvo presente de inmediato, después del atentado. Yo sé que muchos hemos criticado su gestión (uf, la calle Berlín; ay, la no-Feria del Libro), pero creo que debemos de reconocer que este gesto, la donación, ha sido fundamental para concretar la posibilidad geográfica del Museo.
Pilar Coll, abogada y defensora de los derechos de las víctimas, reclamó ante los presentes la necesidad urgente de seguir financiando al Consejo de Reparaciones. Un reclamo justo, absoluto, valiente. Jorge Chediek, representante del PNUD, habló sobre la necesidad histórica de “espacios para recordar” y citando al Premio Nobel judío Eli Wiesel sostuvo que “lo contrario del amor no es odio, es la indiferencia. Lo contrario de la belleza no es la fealdad, es la indiferencia. Lo contrario de la fe no es herejía, es la indiferencia. Y lo contrario de la vida no es la muerte, sino la indiferencia entre la vida y la muerte”. El Museo tiene que ser ese espacio que nos quite esa venda de indiferencia. Mario Vargas Llosa, por su lado, puso los puntos sobre las íes contra aquellos, como Rafael Rey, que exigen olvido pues no les importa mantener el rencor, anteponiendo sus prejuicios anti-CVR a la construcción de un Perú más dialogante y memorioso. Vargas Llosa finalmente recalcó que este Museo de la Memoria será el espacio para recordar a todos los peruanos que sufrieron, sin excepción, sin diferencias. Pero tampoco se puede negar que las fuerzas armadas cometieron abusos, pues sería como negar que hubo terrorismo.
El presidente de la República cerró el acto, e inspirándose en la ligeramente nublada puesta de sol, en el mar de Grau, en el pendón bicolor y hasta en el Morro de Chorrillos, intentó articular un discurso que, por momentos, se le fue por las ramas (¿qué película hay sobre el Morro? Ese dato me dejó intrigada). No obstante, sostuvo algo que me parece importante recalcar: que el Museo será el espacio donde los peruanos del futuro deberán aprender a ser pacificadores. “Pacificadores” implica aprender a gestionar “la paz” y no a esperarla con las manos al cielo. Exige acción, memoria y justicia. Tres elementos que algunas personas muy allegadas al Presidente no quieren ni oír mencionar. También Alan García le dijo a Mario Vargas Llosa que “esta será tu gran obra y quizá la más importante, porque quedará por mucho tiempo”. Ahí sí que se me sale el corazón de escritora y el hígado de crítica literaria: “No pues, señor Presidente, Vargas Llosa, solo con “Conversación en La Catedral”, tiene para ser recordado por muchísimo tiempo. Así que no envidie.
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