Perú: Los trabajadores sufren hoy los embates de una ofensiva patronal
Como en los viejos tiempos de la dictadura militar reaccionaria de Morales Bermúdez, los trabajadores sufren hoy los embates de una ofensiva patronal que, respaldada y protegida por el gobierno, se expresa en el desconocimiento total de los derechos laborales y en una serie sucesiva de despedidos arbitrarios que afectan, en primer lugar, a la organización sindical.
La respuesta a esa ofensiva la verá el país el jueves 8 de noviembre en el marco de la II Jornada de lucha convocada por la CGTP y las organizaciones sindicales y sociales de nuestro país.
Gustavo Espinoza M.
Aún se recuerda en el Perú que con el propósito de descabezar al movimiento surgido en los años del proceso revolucionario de Velasco Alvarado con la participación activa de la Central Clasista de los Trabajadores -la CGTP-, y a petición de los patronos, el gobierno de entonces dictó los decretos legislativos 010 y 011 que facultaron a las empresas a despedir sin lugar a reclamo a cualquier trabajador que "a juicio del empleador" afectara con paralizaciones la vida de la empresa.
Cinco mil dirigentes sindicales -es decir toda la vanguardia forjada en la lucha por la CGTP entre 1968 y 1976- fueron echados a la calle en una acción sin precedentes y que, lamentablemente, nunca fue ni revisada ni sancionada. Los años posteriores fueron para los trabajadores muy difíciles, aunque se registró un buen nivel de resistencia de los sindicatos, debilitados y golpeados, pero conscientes aún de sus derechos inalienables. Hasta que llegó el régimen fujimorista que, luego de asesinar a Pedro Huilca Tecse, cortó de cuajo la legislación del trabajo vigente con el proclamado propósito de "desregular las relaciones de trabajo" a fin de insertar al país en el "modelo" neo liberal que imponía el Fondo Monetario.
Esa política alentó un maridaje fecundo entre el empresariado y la cúpula del Poder, que renovó expectativas de los poderosos y los hizo actuar como verdadera "Clase Dominante", empeñada en perpetuar su preeminencia en la vida peruana. Esa idea le dio, en definitiva, sustento para extender sus recetas y aplicarlas en las administraciones post fujimoristas, desde Paniagua hasta García pasando, por cierto por el régimen de Alejandro Toledo.
Hoy, con la gestión aprista, los empresarios mantienen muy en alto su estrategia y redoblan su ofensiva contra los trabajadores. Su lógica responde a una ley fundamental del régimen de dominación: la ley de la máxima ganancia, que en el Perú se expresa de un modo transparente: hay que gastar lo menos posible, y ganar lo más que se pueda.
En tres niveles se expresa hoy esta ofensiva. En el plano salarial -el primero de ellos- se refleja en la negativa a conceder aumentos a los trabajadores, recibir pliegos de reclamos, atender temas de negociación colectiva.
En la punta de esta política, la empresa norteamericana Souther Perú Cooper, que explota los ricos yacimientos de Toquepala y Cuajone, busca no incrementar salarios en los próximos seis años, como lo consiguió en el pasado bloqueando por ese lapso las demandas obreras. Los empresarios, en ese mismo nivel, se obstinan incluso en elevar el sueldo mínimo. Buscan simplemente eliminarlo, arguyendo que "hay muchas empresas incapacitadas de pagarlo".
Bajo el pretexto de "adelgazar el peso de las planillas" y "aliviar el monto de los salarios", se empeñan en imponer una relación no pactada: trabajas para mí, te pago lo que quiera. Y si no estás de acuerdo, te vas. Curiosamente esa versión de capitalismo salvaje cuenta con la aprobación entusiasta del Ministerio del Trabajo y de las autoridades del gobierno central, para las que "las leyes del mercado" rigen la vida económica del país.
El segundo plano de la ofensiva patronal se expresa en el despedido masivo de trabajadores. Recientemente se ha denunciado, en efecto, el despido de 93 trabajadores de la empresa Topy Top, y de 80 más en la textilera San Sebastián, ambas protegidas por el APTDEA y beneficiadas próximamente por el TLC. La fábrica de mayólicas Celima su vez, ha dispuesto el despido de 76 trabajadores y hasta el estatal Programa de Asistencia Alimentaria ha resuelto despedir trabajadores argumentando que quieren organizarse sindicalmente.
El tema de los despido se ha extendido peligrosamente en el país. La empresa minera de Casapalca, de los prósperos empresarios mineros, los Gubbins, que tenía 1,200 trabajadores, se quedó con un centenar de ellos y puso a todos los demás a laborar bajo el régimen de "contrata", con salarios miserables y "jornadas atípicas", de 14 y 16 horas. Esta práctica la hizo extensiva la empresa minera Shougang, de capitales chinos, que eliminó incluso la vivienda de los trabajadores expulsándolos de los campamentos, y obligándolos a vivir en casas de estera en el desierto bajo la forma de "Asentamientos humanos".
El tercer nivel tiene que ver entonces con el desconocimiento de la organización sindical. Para los empresarios de hoy, -y para el gobierno- el sindicato es simplemente inútil y obsoleto. No representa a nadie o, en todo caso, representa a "una minoría privilegiada que tiene un puesto de trabajo". Y como García dice estar "contra los privilegios de las minorías" busca quitarle ese derecho a los trabajadores. Oculta, sin embargo su conocida manía de proteger los derechos de otras minorías: los grandes empresarios mineros, a los que los libera de obligaciones tributaria, se niega a cobrarles tasas de sobre ganancia y les ayuda en la aplicación de su política anti laboral.
La respuesta a esa ofensiva no será, en esas condiciones, una respuesta sindical, porque no abarcara solamente ese escenario Ni siquiera será simplemente una respuesta obrera. Será una verdadera respuesta social. Es decir, abarcará a todos los sectores y segmentos sociales afectados por la crisis y hastiados ya de los mecanismos de los que se vale la perfidia del poder.
El jueves 8 de noviembre, entonces, se reeditará en el Perú una movilización social de vastas proporciones. A lo largo y ancho del territorio nacional, millones de peruanos actuarán para expresar su punto de vista y hacer conocer su voluntad de lucha. En unos casos serán paros, en otros, huelgas. Pero también marchas, movilizaciones, mítines, protestas, llamamientos públicos de todo nivel. Pero en las más diversas formas, el contenido será el mismo: el rechazo categórico a la política oficial y al régimen de turno.
De este modo, las grandes masas en nuestro país, como las grandes masas de otros países de nuestro continente, tendrán en la mira la lucha contra la política de dominación del capital, el enfrentamiento a las fuerzas de la reacción y el combate por sus derechos más elementales. Una manera práctica de reverdecer, 90 años después, las lecciones del Gran Octubre en nuestro suelo. Para los peruanos, en esa contingencia, tendrá vigencia plena la historia, la política y la cultura. Por eso, evocaremos a Vallejo y diremos con él. "¡Salud, oh creadores de la profundidad! ... (es formidable)".
Lima, Octubre de 2007
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