Chile: Crónica del año.

Posted by Correo Semanal on lunes, enero 08, 2007

2006: Oportunidades desperdiciadas.
Por Patricio Guzmán

El balance del año 2006 es agridulce para la izquierda, yo diría que más agrio que dulce.
En las elecciones, de diciembre de 2005, marcadas por un sistema que privilegia a las dos fuerzas políticas, el pacto de la izquierda obtuvo 282.916 votos en las elecciones para el Senado, y en diputados 482.507 votos. Tomas Hirsch, el candidato presidencial, recibió 375.048 sufragios, un 5.40%. Una votación razonablemente buena especialmente tomando en cuenta las cifras millonarias de gastos de los candidatos de la derecha y la Concertación. Tomás Hirsch con su discurso crítico al capitalismo neoliberal, despertó simpatías mucho más allá del universo de los votantes de la izquierda.

Entre las elecciones municipales de 2005, en que el “Juntos Podemos” obtuvo cerca del 10% y la elecciones generales de 2006, un viento de optimismo se insufló a la izquierda chilena, junto al PC y al Partido Humanista, se reagruparon varias otras decenas de referentes del atomizado panorama de la izquierda chilena, pareció que el continúo debilitamiento había llegado a su fin, y que sería capaces de conformar un bloque alternativo creíble. Lamentablemente la dirección del PC, con cálculos electorales muy estrechos, se encargó de tirar por la borda rápidamente la mayor parte del progreso electoral y de las confianzas alcanzadas, con el objeto de obtener un cambio al sistema electoral, y en el futuro facilitar la elección de algunos diputados, inmediatamente tras la primera vuelta de las elecciones presidenciales, mientras el ex candidato presidencial del pacto de izquierda, mantenía su autonomía política en la segunda vuelta respecto a la Concertación y anunciaba que él anularía el voto. La dirección del Partido Comunista se apresuró a alinearse con Bachelet. Pero la candidata de la Concertación – al margen su cultivada imagen de mujer progresista – era una de las dos opciones de los capitalistas para administrar el modelo neoliberal instaurado por la dictadura y profundizado y legitimado por la Concertación, como el propio Partido Comunista lo había explicado durante la campaña presidencial.

Una vez más el PC pareció demostrar el viejo dicho: “El PC tiene un discurso de izquierda pero una política de política de derecha”, y afectó gravemente el curso de recuperación de la izquierda en Chile. La posición del Partido Comunista, dividió e inmovilizó el pacto “Juntos Podemos”, que no pudo intervenir como tal en las movilizaciones sociales que sacudieron al país en los siguientes meses del año. Pero los dirigentes del PC, convencidos que un par de diputados cambiaría su situación, prefirieron entrar en negociaciones con la Concertación y Renovación Nacional, para pedir la modificación del sistema electoral binominal, e intentaron lanzar un nuevo “movimiento social y político Contra la Exclusión” abierto a dirigentes de la Concertación. El resultado fue un soberano fracaso, la campaña de recolección de un millón de firmas quedó en nada, desde entonces la mayor parte de los eventos que intentaron, resultaron bastante precarios, y a veces se han tenido que suspender, y el “movimiento político y social” levantado como una alternativa al Juntos Podemos se murió casi antes de nacer. Al interior de las filas comunistas estalló la disidencia y el PC tuvo que recurrir al uso de sus tradicionales métodos estalinianos, marginando militantes del partido y sobretodo de las JJCC, incluyendo a los dirigentes juveniles de la Jota que fueron parte de la dirección de la movilización de los pingüinos, pero al cerrar toda posibilidad de una discusión democrática y abierta lo que ha obtenido es la marginación voluntaria, o por decisión de la dirección, de una parte de los miembros y adherentes del partido.

Frente a la parálisis política de la izquierda, en cambio vivimos un fortalecimiento de las protestas sociales, que han remecido a la sociedad; las movilizaciones de los estudiantes secundarios, de los deudores habitacionales, de conflictos mapuche, medioambientales y laborales. Sin duda lo más destacable de todo fue la protesta de los pingüinos, que con las lógicas altas y bajas, se prolongó todo el año. La protesta que comenzó por el cansancio de los estudiantes a las condiciones de opresión y mala calidad de la enseñanza, que tienen que soportar, y la falta de satisfacción de las expectativas, se politizó – en el buen sentido de la palabra – y terminó cuestionando la legalidad de la enseñanza, la LOCE, que ha permitido la transformación de la educación en una mercadería de mala calidad. Fue la entrada de una generación decidida a ganar sus reivindicaciones, dispuesta a cambiar el mundo, la primera generación que no sufre los traumas de la derrota del 73 y de la dictadura militar.

En Chile se han puesto de moda las encuestas, que los medios de comunicación publicitan ampliamente cuando conviene a los intereses que hay detrás de ellos. Pero se ha dado poca importancia a un sondeo en los colegios de la región metropolitana, que indica que los estudiantes han radicalizado su pensamiento, y a pesar de los esfuerzos de cooptación de los liderazgos por parte de la Concertación y la derecha, estarían listos para continuar sus movilizaciones el próximo año.

En esta situación el mayor problema para la reconstrucción de una izquierda poderosa en Chile, es la increíble atomización y dispersión de la izquierda alternativa en miles de pequeños colectivos autorreferentes, más o menos ineficientes, esta atomización se ha agudizado tras el giro hacia la derecha del PC. La deuda pendiente que nos dejó el año 2006, es la necesidad de construir un instrumento político autónomo de los trabajadores, que unifique entorno a ideas socialistas comunes a los activistas, un partido de trabajadores de nuevo tipo, firmemente basado en los movimientos sociales.