Pinochet + Concertación = Bachelet

Posted by Correo Semanal on lunes, febrero 20, 2006

Pinochet + Concertación = Bachelet (I)
por José Steinsleger

Fuente: LA JORNADA de México, www.jornada.unam.mx

Cuenta Jenofonte (V aC) que en la ceremonia destinada a seducir a un rey de Tracia, un señor de Atenas llamado Gnesipos ordenó que los integrantes de su séquito debían entregar al soberano un caballoblanco, un joven esclavo y vestidos para sus mujeres.

Gnesipos explicó al rey el antiguo uso según el cual, para hacerle honor, los ciudadanos más ricos de su tierra tenían la obligación social de hacer donativos, que a su vez daba a los que nada tenían.

Estos gastos de interés público (llamados liturgias) eran hechos "para placer del pueblo"; demostraban poder y sólo podían permitírselos quienes tenían derecho a mezclarse en la política.

Dos mil 500 años después, en un reino de América del Sur que andaba muy hostigado por el pueblo a causa de la opresión, un grupo de señores de la política pactó con el rey y le ofreció un sistema de gobernabilidad llamado Concertación.

Pinochet, rey de Chile, preguntó: "¿y cómo garantizaréis la pazde los míos?" Al unísono, los jefes de la concertación respondieron: ¡Con la "alternancia"!

El soberano consultó a Jaime Guzmán, su delfín. Admirador del monarca Francisco Franco y estudioso de la llamada "transición" española, Guzmán acabó por aceptar que su modelo resultaba menos perverso que el de la concertación, puntillosamente supervisado por Felipe González, señor de Andalucía. Sin embargo, algunas de sus iniciativas fueron incorporadas al esquema concertacionista.

Con el correr del tiempo, los déspotas y señores del mundo intentaron copiar (sin éxito) los principales aciertos del pacto Pinochet-Concertación, a saber:
Capacidad para engatusar al centro político de la sociedad sin que drenen votos por derecha y cuidando los de izquierda.
Obsecuencia, arribismo y complacencia que los miembros de la Concertación prodigan a los cómplices del rey.
Régimen de democracia excluyente y marginación de cualquier otro proyecto de "alternancia" entre bloques de poder.
Imaginación para silenciar el impacto devastador de esclavitud social y saqueo económico antes y después de Pinochet.
Continuidad de la política impuesta durante el despotismo sangriento, ahora aplicada por otros medios.
Notable trabajo conservador de masas, en la base popular.
Rito democrático sin objeciones, donde las clases sociales se funden imaginariamente en el llamado neoliberalismo, capaz de relativizar todas las diferencias.

Según el sociólogo Emir Sader, el neoliberalismo sería un modelo hegemónico -y no sólo una política económica-, una concepción de política, un conjunto de valores mercantiles y una visión de la relaciones sociales dentro del capitalismo. Su remplazo no significa necesariamente una ruptura con el capitalismo.

El sistema chileno ha dado a tal punto resultado que en los pasados 15 años el rey de reyes ya no repara si en Chile gobiernan políticos progresistas o políticos retrógrados.

En julio pasado, el embajador del imperio en Santiago, William Brownfield, elogió la política neoliberal desarrollada por el país sudamericano y afirmó que el gobierno de Ricardo Lagos era uno de sus mejores aliados en la región. Nombrado luego embajador en Venezuela, Brownfield declaró sentirse muy satisfecho del alto nivel alcanzado en las relaciones bilaterales y recomendó el modelo chileno a los demás países de América Latina.

Entre otras curiosidades del modelo destaca el modo de "medir" la pobreza del reino. Como no se mide a todos los pobres, sino a los que únicamente padecen extrema miseria, "de 1990 a la fecha hemos reducido la pobreza de 40 a 18 por ciento", asegura la presidenta electa Michelle Bachelet.

La magia pitagórica carece de misterio, pues la encuesta oficial paradetectar desempleados considera que una persona tiene empleo si ha trabajado una hora en la semana, sin importar el resto de días, ni la previsión social ni el sueldo ni el tipo de contrato laboral.

Cerca de 46 por ciento de los trabajadores están por debajo de la línea de pobreza. En 2001 el señor Ricardo Lagos prometió 200 mil nuevos empleos y 140 mil en 2002. Pero el primer año destruyó 100 mil 770 puestos de trabajo. Cosa de Ripley, en el reino de Chile el desempleo aumenta de la mano del crecimiento económico.

La producción crece, aumentan las exportaciones, ingresa más dinero a la economía, pero la gente tiene cada vez menos trabajo. El informe trimestral sobre el empleo enfrió el entusiasmo levantado por 5 por ciento de crecimiento del producto interno bruto (PIB).

La prensa del reino, totalmente domesticada, minimizó la mala noticia.

Sin embargo, el llamado "consenso" es lo que más llama la atención de los mercaderes de la política mundial. Según el sociólogo chileno Tomás Moulián, el consenso sería la "etapa superior del olvido... la presunta desaparición de las divergencias respecto de los fines... la renuncia al discurso con que la oposición real había hablado en épocas de lucha: el lenguaje de la profundización de la democracia y del rechazo del neoliberalismo".

"La declaración del consenso manifiesta discursivamente la decisión del olvido absoluto. De olvidarlo todo", dice Moulián.

Pinochet + Concertación = Bachelet (II)
Derrotada en el terreno militar, Alemania se impuso la tarea de combatir y estudiar las causas del nazifascismo en los pliegues profundos de su sociedad. Derrotado en el terreno político, el pinochetismo consiguió dos cosas: el repliegue ordenado de sus fuerzas, y un lugar en el nuevo esquema institucional negociado por la Concertación de Partidos por la Democracia (CPD, 1989).

Doce años se mantuvo la dictadura alemana en el poder y 17 la chilena. El enjuague se llamó "transición" y la negociación con el tirano hubiese sido imposible sin la traición de la CPD a los contenidos liberadores de una resistencia popular que poco a poco, con sangre y heroísmo, abrió espacios nuevos, democráticos. Hitler cayó porque "se pasó de revoluciones".

En cambio, Pinochet consintió en hacer de su reino un campo de pruebas de la entonces desconocida ideología "neoliberal" en el marco de un modelo pensado a escala mundial por la escuela económica de Chicago (1975).

Cinco años después, el modelo fue aplicado en la Inglaterra de Margaret Thatcher y en los Estados Unidos de Ronal Reagan (1980).

Jurídica y moralmente, Pinochet murió. Sin embargo, el "libre mercado" de su gestión y la CPD dejaron 70 por ciento de la población en la pobreza relativa y extrema. ¡Tarea cumplida! La mayoría de los chilenos pobres ganan menos de 160 dólares mensuales, y más de 60 por ciento de la población laboral subsiste endeudándose con tarjetas de crédito bancarias y comerciales.

En ese contexto, el Banco Mundial señala que el reino de Chile se encuentra en el noveno lugar de distribución más injusta del ingreso: apenas 5 por ciento de los hogares más ricos (760 mil personas, aproximadamente) perciben un ingreso equivalente a 11 millones de chilenos. Por esto, cuando en Chile se habla de ingreso per cápita suele omitirse que familias como los Matte, Angellini, Luksic, Edwards, etc. que se llevan 80 por ciento del producto interno bruto (PIB).

Entre los aspectos claves de la "exitosa capitalización" bancaria, empresarial y financiera de los gobiernos de Pinochet y la CPD figuran la privatización de 400 empresas estatales que constituían alrededor de 60 por ciento de la economía nacional, la copia y aplicación del ya quebrado sistema privado de jubilación de Estados Unidos y la liberalización de las tasas de interés para fortalecer el mercado de capitales.

En 1973, la participación de las empresas públicas en el PIB era de 38 por ciento. En 1998, 9 por ciento. De 1990 a 2000 los gobiernos de la CPD redujeron el gasto público entre 15 y 25 por ciento. Cada recorte social fue celebrado como "sabiduría", "madurez", "acierto". En 1997, las entidades de salud daban cobertura a 4 millones de personas. En agosto de 2003 llegaba a 1.2 millones.

A la educación sólo tienen derecho quienes tengan cómo pagarla. La Corporación del Cobre (Codelco, estatal, 38 por ciento de la explotación del metal) y los altos precios del cobre otorgan algunos beneficios al país. No obstante, las trasnacionales que explotan el recurso casi no pagan impuestos ni regalías. Nueve de las 14 principales empresas de exportación son foráneas y 64.7 por ciento de la producción nacional está en manos extranjeras que nada dejan en Chile debido a la inexistencia de un royalty real que las grave, a más de su sistemática evasión tributaria.

En un reino donde sigue vigente la legislación laboral pinochetista (que no garantiza el empleo) existe algo tan pragmático y eficaz (¿más democrático?) que el miedo al terrorismo de Estado: el miedo a perder el trabajo, causa de tensiones personales, familiares y sociales.

La mayoría de empleos creados por la CPD fueron temporales con bajos niveles de remuneración y protección, aumento del ritmo, la duración y la inseguridad y modificación del régimen de contratación con la extensión del trabajo subcontratado. Únicamente 10 por ciento de los trabajadores están sindicalizados. De este porcentaje sólo una parte accede a la negociación colectiva con los empresarios. En 1999, la Central Unica de Trabajadores (CUT) denunció la existencia de más de 400 mil despidos por "necesidades de la empresa". Tras soñar con la "transición al socialismo", los obreros chilenos se ven hoy obligados a pelear por la "intimidad" y la "libertad de expresión" en el ámbito laboral.

Así festejó la CUT una decisión de la Corte Suprema que declaró ilegal el uso de cámaras de circuito cerrado para vigilar a los obreros de las fábricas. A partir del 11 de septiembre de 1973, millones de niños y adolescentes padecieron, primero, un lavado de cerebro a fondo. Y después fueron testigos de la desaparición de la política como historicidad y de la oposición "consensuada" y reacia a cambiar la esencia del modelo.

Tal será el desafío de la "socialista" Michelle Bachelet: revertir la perversa analogía entre gobierno y mercado, y observar que en 32 años de pinochetismo más CPD la ausencia de crítica por confusión de parámetros llevó a reproducir aquel orden sociocultural que el poeta chileno Raúl Zurita calificó de "belleza vacía y profunda".

Pinochet + Concertación = Bachelet (III)
So pretexto del "pragmatismo" y el "no regreso a lo anterior", laConcertación de Partidos por la Democracia (CPD) proyectó a Chile alfuturo social cavernícola: el ciudadano credit card, ideológicamentehomogeneizado y políticamente pendiente de pequeños ajustes o cambios que no comprometen la dinámica de superexplotación del modelo.

En la noche de la victoria, entre globos y serpentinas, Michelle Bachelet ponderó la "economía vibrante" del modelo. A Ricardo Lagos, gobernante ubicado en el segundo lugar de los más derechistas de América Latina luego del colombiano Alvaro Uribe, la presidenta regaló hermoso cumplido: "Es el mejor estadista que ha conocido Chile en toda su historia".

¿Qué dirían los familiares del líder sindical Tucapel Jiménez, baleado y acuchillado en febrero de 1982? El 18 de agosto pasado, en tanto repartía condecoraciones y premios a escritores de izquierda, Lagos indultaba a Manuel Contreras Donaire, autor material del asesinato. El político de "estatura ética sin igual" justificó la decisión alegando "razones de Estado" a favor del "bien superior del país" y señaló que Contreras Donaire cumplió "órdenes superiores".

Asimismo, Lagos impulsó la incorporación a la Corte Suprema del juez pinochetista Rubén Ballesteros, quien en distintas causas siempre votó a favor de la impunidad del tirano. Por su lado, el ministro Juan Eduardo Fuentes aplicaba la prescripción de la causa que investigaba la exhumación y posterior lanzamiento al mar de cuerpos de personas muertas en el palacio de La Moneda en septiembre de 1973. Fuentes consideró que el hecho constituía una infracción al artículo 144 del Código Sanitario y que, por tanto, "... no procede darle carácter de crimen o delito de lesa humanidad".

Con motivo de la Operación Puerto Montt (nombre clave que la Dirección Nacional de Inteligencia daba a los operativos de exhumación y posterior lanzamiento al mar de más de 400 cadáveres de 1974 hasta fines de la década), Lagos declaró: "Siempre es importante ver en qué medida damos pasos para una agenda de futuro, en qué medida vamos cerrando heridas" (ver ampliación de estos casos en Proceso, 11/9/05). Podemos entender el regocijo de Estados Unidos y de los tartufos de la "izquierda en libertad" ante la llegada de Michelle Bachelet a lapresidencia de Chile. ¿Pero a cuento de qué el imperialismo y lasoligarquías nativas festejan el triunfo democrático de la primera gobernante socialista de América?

Hemos visto que en 1973 Chile fue precursor y país probeta de ensayo del modelo ideológico y socioeconómico neoliberal. ¿Por qué más de30 años después el modelo guarda notable aceptación en distintas capas de la sociedad y no sólo entre las más privilegiadas? E

l olvidado Pedro Vuskovic, ex ministro de economía de Allende, decía: "... lo que empuja a la pequeñoburguesía al enemigo es no presentarle a éste batalla, es decir, la inexistencia de una verdadera alternativa popular" (América Latina: ¿qué sigue al fascismo? Ed. Pueblo Nuevo, México 1976, p. 43).

Sin embargo, el agotamiento del dogma neoliberal y la ausencia de alternativas de cambio real hicieron que la mayoría de los chilenos votasen a conciencia por lo "menos peor". Pero cuidado: sólo medio millón de votos hacen la diferencia entre el Chile antipinochetista (no necesariamente antimperialista) y el Chile pinochetista. Con vuelo profético, Vuskovic escribió: "Entendida la dominación fascista como esfuerzo extremo y último de preservación y desarrollo del capitalismo dependiente, carecería de sentido que a su derrota siguiera un proyecto de reconstitución de los mismos términos que agotaron su eficacia..." (ídem, p. 40)

En eso consistió la "militancia" de la señora Bachelet, burócrata de un "socialismo" que en 1988 optó por marchar en dirección contraria a las advertencias de Vuskovic, colaborando en "... la reconstrucción de la misma institucionalidad que forjó históricamente la burguesía y que no vaciló en arrasar cuando se le hizo insuficiente para asegurar su dominación" (ídem). A 15 años de su traición a la resistencia popular, la CPD puso la cereza roja sobre el pastel pinochetista: una presidenta "socialista" que del discurso borra cualquier connotación o vocablo asociado a las categorías de explotación, alienación, dominación, soberanía popular, etcétera.

En tal sentido, el "socialismo" de la señora Bachelet sería al socialismo lo que el "humanismo cristiano" a la democracia cristiana, el "comunismo" al gobierno de China Popular, o el "libre mercado" al comercio justo y equitativo.

Con perfiles estudiados y gestos pulidos, el socialismo "Hello Kitty" de Bachelet fue pensado para simular acuerdos y "consensos" en un mundo de divisiones reales y activas. Y su cometido apunta a perfeccionar la despolitización en las tomas de decisiones, preservando al sistema de las incertidumbres y avatares de la democracia auténtica y real.