LOS DERECHOS SECUESTRADOS

Posted by Correo Semanal on viernes, septiembre 23, 2005

LOS DERECHOS SECUESTRADOS
Por Luis Casado*

La digna viuda de Salvador Allende, nuestra Tencha Bussi nacional,declaró el 11 de septiembre pasado en La Moneda: ""Chile aun no vive en plena democracia"(1).

Pobre Ricardo Lagos. Pobre. Había intentado subirse al carro de lahistoria pretendiendo que él, y no otro,(2) era el hombre de estadoque había, ¡por fin!, abierto las grandes alamedas poniéndole términoal "momento gris y oscuro" (sic) gracias a una "nueva constitución"(resic).

Lagos se hizo culpable ese día de dos pecadillos graves: primero, noconocer las imborrables palabras pronunciadas por Allende al morir defendiendo la Constitución legítima, y segundo, intentar vender eltexto mamarracho surgido de la mente fascistoide de Jaime Guzmán (conalgún maquillaje en plan "porque yo lo valgo") como la culminación deun proceso de democratización aun no concluido.

Lamentablemente, algunos días más tarde Michelle Bachelet se hizo ecode esta estafa al declarar que con esta constitución "la transición haterminado"(sic). Puede que esta desafortunada afirmación tenga algoque ver con su asesor Andrés Velasco, quién ha declarado admirar aJaime Guzmán y el sistema electoral binominal que le dio "estabilidadal país".(3)

El momento en que Lagos firmó -muy solemnemente- el texto mamarracho,fue bien elegido. Durante las fiestas patrias el pueblo de Chile estáen otra y la estafa pasó "piola". O al menos eso creen quienes sefelicitan del timo.

Por cierto, el modo en que el texto firmado por Lagos vio la luz deldía no tiene nada de glorioso. Prolongando el mal uso de lastratativas de pasillo que le han permitido a la derecha conservar loesencial de la impunidad y lo fundamental del ordenamiento jurídicolegado por Pinochet, el maquillaje de la constitución del 80 fuenegociado, línea por línea, a espaldas de la ciudadanía. ElParlamento, o lo que en la constitución pinochetera hace las veces de,sirvió de tapadera.

De ahí que sea legítimo preguntarse:

¿Y el pueblo en todo esto?
¿Qué se hizo la soberanía popular?
¿Qué se hizo la voluntad general como fuente de legitimidad del poder?
En suma, ¿Qué se hicieron los derechos ciudadanos?
Desde luego no basta con utilizar, a guisa de preámbulo y en modo que recuerda el coitus interruptus, una frase mal copiada del Contrato Social: "Las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos".(4) El crimen antidemocrático es de tal envergadura que conviene recordarun par de cosas.


EL FIN DEL CONTRATO SOCIAL
Por Luis Casado

El pensamiento que condujo a establecer el derecho como el resultadode convenios entre hombres libres es muy anterior a Jean-JacquesRousseau, aun cuando se le suele atribuir al pensador ginebrino lapaternidad del invento.

Aquellos que empezaban a sentirse estrechos en la monarquía de derechodivino, asentada en el principio que todo derecho legítimo provenía deDios, propusieron una solución muy distinta, basada en el derechonatural.

El hombre es libre dijeron, porque la naturaleza le hizo libre. Si elhombre accede a someterse a las leyes, es porque él mismo participa asu creación y aprobación. La ley no es sino la expresión de lavoluntad general, y genera derechos y deberes. Los hombres hacen las leyes para evitar los amos, y mantenerse libres.

En su obra "El contrato social"(5) Rousseau expuso las ideas queservirían de zócalo al orden civil instaurado por la revoluciónfrancesa, y a las democracias construidas sobre las cenizas de lamonarquía absoluta.

"El hombre ha nacido libre, dice Rousseau, pero por doquier se hallaencadenado..." El derecho nacido de la fuerza no es legítimo, dice,porque no ha sido libremente aceptado por el hombre libre. Si un pueblo está obligado a obedecer... hace bien... pero en el momento enque puede sacudirse el yugo... hace todavía mejor...

"Corrigiendo a Aristóteles, quién afirmó que algunos hombres nacen parala esclavitud y otros para la dominación, Rousseau dice que elfilósofo macedonio tomaba el efecto por la causa. Y agrega, "Los esclavos pierden todo con sus cadenas, hasta el deseo de liberarse de ellas... Si hay, pues, esclavos por naturaleza, es porque huboesclavos contra naturaleza. La fuerza hizo los primeros esclavos; su cobardía los ha perpetuado".

La tremenda carga revolucionaria de los escritos de Rousseau le granjeó algunas enemistades, y hay quién le acusó de difundir ideastotalitarias. Pero como bien dice Enrique López Castellón,(6) no se conoce ninguna dictadura que haya reclamado una inspiración rousseauniana. Mal podrían hacerlo. Rousseau afirma que la fuerza esun poder físico y a ese poder no se le puede atribuir ningunalegitimidad porque "Ceder a la fuerza es un acto de necesidad, no de voluntad...

"La conclusión es demoledora: la fuerza no constituye el derecho, y elhombre sólo está obligado a obedecer a los poderes legítimos. Lasconvenciones, el contrato social, son la base de la autoridad legítimaentre los hombres.

Como ejemplo de convenciones libremente aceptadas por los hombreslibres se cuentan la Constitución y las leyes.

Dato que lleva a interrogarse sobre la legitimidad del derecho queemana de la Constitución impuesta por la dictadura de Pinochet. DichaConstitución nació del poder de la fuerza, fuerza ante la cual secedió como un acto de necesidad, no de voluntad.

Hoy en día nadie puede afirmar que la Constitución de 1980 responde ala noción de Contrato Social.

El contrato social, ese convenio fuente de todo derecho legítimo, queresponde a la necesidad de "Hallar una forma de asociación que defienda y proteja de toda la fuerza común a la persona y a los bienesde cada asociado, y en virtud de la cual, al unirse cada uno a todos,no obedezca más que a sí mismo y quede tan libre como antes".

Nadie, repito, osa afirmar hoy en día que la Constitución impuesta porla dictadura haya sido el producto de la voluntad general.
¿Qué justifica su pervivencia?
¿Qué razones conducen la sociedad chilena a continuar sometida a unaConstitución ilegítima?

"El pueblo sometido a las leyes debe ser su autor", nos dice Rousseau.

Para luego agregar que la soberanía del pueblo es "inalienable". Enotras palabras, al ser la soberanía del pueblo el ejercicio de suvoluntad general, esta voluntad general sólo puede estar representadapor el pueblo, y en ningún caso por un sátrapa, un príncipe, undictador, o a fortiori por un parlamento domesticado cuyo trabajolegislativo se hace a espaldas del pueblo soberano.

Rousseau agrega que la voluntad particular tiende por su naturaleza alas preferencias, mientras que la voluntad general tiende a laigualdad.

Al constatar la preeminencia de los intereses muy particulares del gran capital, del mundo de las finanzas y de la inversión extranjerapor sobre la voluntad y los intereses generales del pueblo de Chile nopodemos sino preguntar: ¿Qué puede justificar el aparentecontentamiento con el que se acomodan a una Constitución impuesta porla fuerza las autoridades nacidas de esa ley ilegítima?

Buscando una respuesta uno no puede sino citar a Rousseau: "La fuerza hizo los primeros esclavos; su cobardía los ha perpetuado".A menos que concluyamos que el gobierno nacido de la Constituciónimpuesta por la fuerza no es sino la expresión de una voluntadparticular, cuyo fin consiste en imponer determinadas preferencias encontra de los intereses de los más, en contra de la voluntad general.

Por otra parte, el convenio, como fuente de todo derecho, afirma nosólo la libertad de los hombres sino también su igualdad política.Cada cual cede una parte de su propia libertad para someterse a laautoridad de la ley común aprobada por todos.

Rousseau lo expone del modo siguiente: "Cada uno de nosotros pone encomún su persona y todo su poder bajo la dirección suprema de lavoluntad general, y recibimos además a cada miembro como parteindivisible del todo".

Se crea de este modo un ente social, un yo común, que en otras épocasrecibía el nombre de ciudad, (7) y que ahora es llamada república, o Estado.

Respecto de los asociados, dice Rousseau, toman colectivamente elnombre de pueblo, (8) y se llaman en particular ciudadanos en cuantoparticipan de la autoridad soberana, y súbditos en cuanto estánsometidos a leyes del Estado.

Jean-Jacques Rousseau no nos dice como deben ser llamados aquellosasociados tan especiales, y tan propios de la sociedad chilena, queejercen todos sus derechos pero no aceptan ningún deber, y enparticular no se someten a la ley común. (9)

Y no es que Rousseau se hiciese muchas ilusiones con relación a lafactibilidad de la democracia construida sobre la base de losprincipios expuestos en "El Contrato social", ya que preveía, intuía,que la libertad y la igualdad políticas proclamadas como derechonatural, no irían muy lejos sin la igualdad económica. Hecho no banal,si consideramos que para Rousseau la desigualdad es el mal original,el que engendra todos los demás.(10)

La previsión de Rousseau va siendo confirmada por los hechos: hoy endía la desigualdad económica aleja progresivamente a los ciudadanosdel ejercicio de sus derechos más elementales, mientras que laimposición de estructuras de reflexión y de decisión internacionalesperfectamente impermeables a la opinión ciudadana como el FondoMonetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial deComercio, el Foro de Davos, para no hablar de los Tratados de LibreComercio que maniatan a países ya controlados por las multinacionales,termina por eliminar definitivamente la posibilidad para la voluntadgeneral de ejercer algún tipo de influencia en los temas que leconciernen.

En su día, los nacientes Estados inspirados en las ideas de libertad eigualdad expuestas por Rousseau eliminaron los privilegiosmonárquicos, o bien los heredaron, y asumieron los poderes nacidos dela voluntad general, es decir de la soberanía del pueblo.

Entre otros, el derecho de acuñar moneda (que hoy en día llamaríamos la emisión monetaria), el derecho de cobrar impuestos (que hoy en día llamaríamos política tributaria o régimen impositivo), el poder legislativo o en otras palabras el derecho de establecer las leyes, la capacidad de aplicar la ley, de imponer la justicia, el derechoexclusivo del ejercicio de la violencia legítima, el derecho acastigar los infractores de la ley incluyendo la privación delibertad, la educación (rescatada de manos de la iglesia y de loscolegios e institutos reales), la responsabilidad de la sanidadpública, la edificación y el mantenimiento de las infraestructuraspúblicas, las relaciones exteriores, la administración del patrimoniode la nación, la seguridad pública.

El Estado, y cada poder del Estado, nacieron pues de la voluntadgeneral, de la soberanía del pueblo. En esta concepción del ordencivil, el Estado supone representar el interés de todos, la voluntadgeneral.

Ahora bien, como decíamos más arriba, la realidad histórica nos hamostrado que el interés general suele confundirse con el interés deunos pocos, y que la igualdad política dista mucho de tener unarelación de causa a efecto con la igualdad económica. La intuición deRousseau, a mediados del siglo XVIII, era cierta.

En pleno siglo XIX, testigo de la revolución industrial y deldesarrollo del capitalismo, Karl Marx desarrolló una tesis distinta ala de Rousseau, en la que el interés general cede la plaza a losintereses contradictorios, opuestos e irreconciliables, de sectoressociales diferenciados por su riqueza, la posesión o la carencia demedios de producción y el papel que desempeñan en la vida económica,en el modo de producción.

Marx constata que la voluntad particular se impone a la voluntadgeneral, y en la concepción marxista la noción del Estado comorepresentante del interés general cede su lugar al Estado comoinstrumento de defensa de los intereses de la clase dominante.

He ahí donde conducía la desigualdad económica prevista por Rousseau.

Al alba del siglo XXI, el triunfo del capitalismo primitivo y primario que ahora llaman neoliberalismo, -y que suele disfrazarse bajo ladenominación de "economía de mercado"-, consagra la desigualdadsocial, política y económica, destruye los cimientos mismos de lademocracia, e impone la derrota de la voluntad general.

El corolario es simple: si como consecuencia de la desigualdadeconómica existe dominación de un sector de la sociedad sobre otrossectores de la sociedad, tampoco hay igualdad política.La igualdad política desaparece, aplastada por la desigualdad económica.

Los derechos de los ciudadanos libres, aquellos de los cuales emana elpoder legítimo a través de la voluntad general, comienzan atransformarse cada vez más en derechos puramente formales.

El ejercicio del poder en favor de la voluntad particular, a favor dela clase dominante, va alejando a los ciudadanos de sus derechos máselementales.

A pesar de su aguda intuición, Rousseau ni siquiera pudo imaginar hasta que punto la desigualdad económica llevaría a la negación misma del Estado que nació inspirado en sus ideas. Y a la negación de laigualdad política, a la negación del hombre nacido libre por derecho natural.

El desarrollo del capitalismo primitivo y primario, -rebautizado en modo vergonzante con la expresión economía de mercado y que según JohnKenneth Galbraith (11) debiese ser conocido como el sistema de las sociedades anónimas-, ha ido transformando al ciudadano, nacido libre e igual, en un socio de segunda o tercera clase despojado del derechode inmiscuirse en lo que le concierne.

Después de abandonar los complejos de inferioridad que el capitalismodesarrolló en razón de sus repetidas crisis económicas -y enparticular la crisis de 1929-, cuyas catastróficas consecuencias leimpusieron algo de pudor en la explotación de la mano de obraasalariada, el capitalismo actual, el neoliberalismo como se ha dadoen llamar lo que no es sino capitalismo primitivo y primario de lapeor especie, impone leyes y reglas que se alejan definitivamente dela voluntad general, del interés general, para no ser sino laexpresión de los intereses de la clase dominante.

Para utilizar la expresión de Samuel Huntington, los gobiernos son"Residuos del pasado, cuya única función consiste en facilitar lasoperaciones de la elite global".

Dos fenómenos convergentes, la imposición del pensamiento único en laeconomía, y la aceleración de la globalización, alejan continuamenteal ciudadano de los derechos cuyo origen Rousseau atribuía a lanaturaleza: los derechos de un hombre nacido libre e igual.

Los fenómenos mencionados van generando un problema mayor, cual es elde determinar como se estructura la sociedad y el orden civil, elproblema de saber de donde emana la autoridad y la legitimidad delpoder y del derecho.

Quienes sostienen la indiscutible racionalidad del mercado, suinsuperable sabiduría, su predominio absoluto en todas las materiasque fueron de incumbencia ciudadana, no hacen sino desplazar la fuentede la autoridad y de legitimidad del poder y del derecho al mercado,significando con ello el fin del Contrato Social y consagrando ladictadura del dinero.

EL MERCADO COMO ELEMENTO ESTRUCTURANTE DEL ORDEN CIVIL
Por Luis Casado

De modo pues que, según el pensamiento dominante, el elementoregulador de las relaciones sociales, del orden civil, la fuente de lalegitimidad del poder y del derecho es el mercado...

La "racionalidad"del mercado...

No obstante, cada día que pasa nos trae nuevas evidencias de la"pérdida de confianza" en el mercado.

¿Adónde vamos a parar si ya no se puede creer ni en el mercado?

La Crisis, -así, con mayúscula-, es mayúscula.

Asistimos simultáneamente, por una parte, a un fenómeno de pérdida decredibilidad de la política y de los políticos, (13) y por la otra, aun desmadre de falta de confianza en los mercados.

En estas condiciones ¿a qué santo encomendarse? Que la política y los políticos tengan, hoy por hoy, el mismo pesoespecífico que un paquete de palomitas de maíz se explica: la dimisión colectiva que constituye la transferencia de buena parte de sus prerrogativas al mercado, la irresponsabilidad reivindicada al darle autonomía a los bancos centrales sin razón aparente y la mutilación de las competencias del Estado por vía Constitucional bastan, por si solas, para comprender que la política y los políticos se reservan lapotestad del vacío.

Lo que explica además que el discurso político conjuguesistemáticamente sus verbos en tiempo futuro.

Pero que el mercado, sacralizado por esos mismos políticos, al cual leasignaron poderes cuasi divinos, pierda toda credibilidad... plantea un problema mayor.

Hubo una época no muy lejana en la cual se daba por sentado que cadaciudadano debía respetar la ley -que nadie debía ignorar- generada enun Parlamento compuesto por representantes elegidos democráticamente.

O sea la ley que surgía de la manifestación de la soberanía popular.

El triunfo del capitalismo primitivo y primario que llamanneoliberalismo, con su secuela de responsabilidades transferidas almercado, pretendido demiurgo de la estabilidad económica y delprogreso social, le dejó al Parlamento un campo de competenciasreducido, limitado a poca cosa más que a escuchar el mensajepresidencial, cada 21 de mayo, o a aprobar Acuerdos internacionales enla negociación de los cuales no tiene arte ni parte.

¡Desdichada soberanía popular! El mercado puede más.

A los mercados hay que darles garantías. A los mercados, ¡pobres deellos! hay que darles confianza. ¿Y como hacer si la política ya noinspira ninguna o muy poca?

¿Que puede el ejecutivo, o el Parlamento, para darle confianza a los mercados?

¿A esos mercados que ya no le inspiran confianza a nadie?

La retahíla de estafas, fraudes, engaños, timos, embelecos, desfalcos,pillajes, rapacerías, hurtos y raterías cometidos por insospechablesmultinacionales ligadas estrechamente al poder políticoestadounidense, por los auditores encargados supuestamente decontrolarlas, y por los analistas financieros truhanes cuya sapienciaha servido para embaucar incautos en vez de esclarecer las decisionesde los accionistas se está pagando muy cara.(14)

Políticos mezclados con intereses espurios determinados por elmercado. Mercados espurios, comprando políticos para falsear los datosdel mercado.

Ecuación que da como resultado valores bursátiles inferiores a los valores económicos.

Y decenas de millones de desempleados. ¿Pero a quién le importa?

Y millones de pensionados que ven desaparecer sus pensiones. ¿Pero aquién le importa?Falta de confianza que reduce las inversiones, que a su vez reduce elempleo, que a su vez reduce la demanda, que a su vez reduce lasinversiones, que a su vez...

La racionalidad del mercado. Al que hay que "restituirle la confianza". ¿Pero cómo devolver la confianza, si lo que se ha dado en llamar "la comunidad de negocios" no sólo duda sino que sospecha fundadamente delos datos que provienen de los agentes económicos? ¿Cómo acordarle alguna credibilidad a las cuentas de lasmultinacionales cuya opacidad es insondable?

Tan insondable que las demasiado frecuentes malversaciones son indetectables gracias a los cientos de filiales situadas en paraísos fiscales, a participaciones cruzadas, a carteras de pedidos ficticias,a facturaciones de favor de casa matriz a filial y viceversa, aprovisiones artificiosas, y a un sinnúmero de triquiñuelas contablesmás o menos ilegales.(15)

Balances que no convencen ni a los propios accionistas, que hace y a algún tiempo aprendieron a desconfiar de la pomada llamada "corporategovernance".

¿Cómo pues, repito, devolverle la confianza a los mercados?

¿Privatizando más para abrirle el apetito a la inversión privadanacional y/o extranjera?

Toda privatización trae consigo una pérdida de patrimonio para lanación. Es decir empobrece al país.

Cuando el Estado decide vender una empresa se sitúa automáticamente enposición de debilidad: si quiere vender debe hacerlo de modo que quedeen evidencia que quién compra hace un beneficio. Y, en lo posible, muyrápidamente.

Si no es el caso, ¿para qué comprar? Es decir que el Estado debe vender a un valor financiero inferior al valor económico. Por ello se sub-evalúa la empresa que se va a privatizar. No solo en Chile. En cualquier sitio en el que se privatizan activos públicos. De ahí que la fiebre privatizadora aumentase rápida y exponencialmente: era el mejor modo de hacerse rico en poco tiempo. Y hay quienes compran y venden sus acciones en el mismo día para concretizar rápidamente sus ganancias.

Pero privatizando, ¿se le devuelve la confianza a quién?

Desde luego no a los inversores. ¿Cómo podrían los inversores confiar en un Estado que se hace esquilmar vendiendo a vil precio el patrimonio nacional?

En otras palabras, ¿Cómo confiar en un cretino? ¿O en un deshonesto? Y tampoco se le devuelve la confianza al "factor trabajo", ese que suele ser el primer damnificado con las reducciones de personal, las deslocalizaciones, las reducciones de salarios, la precarización.

Menudo problema al que están enfrentados los vencedores.

Los capitalistas primarios (neoliberales). Aquellos que escribieron "el fin de la historia".

Que la desideologización y la despolitización les importe un bledo, seentiende. ¡Pero la pérdida de confianza en el mercado!... Eso debe importarles.Esa pérdida de confianza que hace temer a Felix G. Rohatyn que "elcapitalismo… no sobrevivirá".

Menudo problema en verdad. Porque si el elemento estructurante de lavida en sociedad ya no reposa en el Contrato Social, ni en laracionalidad del mercado ¿la vida en sociedad se sustenta en qué?

La sociedad civil -los ciudadanos-, no logra encontrar una expresióncoherente en el Estado político.

¿Cómo se expresan las libertades ciudadanas para millones de pobres eindigentes?
¿Qué significa el crecimiento para cientos de miles, millones de desempleados?
¿O la seguridad para los pobladores víctimas de la delincuencia queengendra la miseria?
¿De qué manera ven el progreso los estudiantes sin recursos?
¿Qué son los adelantos científicos para las familias sin servicios médicos?

La Constitución legada por la dictadura transformó el Estado en instrumento de los poderosos, para mantener a raya a los débiles y el maquillaje operado por Lagos no hace sino perpetuar esa función.

El Estado no representa sino a quienes lo transformaron en la alcahueta de sus propios intereses. Tal vez ello explique que casi 50% de la ciudadanía no se inscriba, no vote, o vote blanco o nulo.
Al imponer el neoliberalismo en Chile la dictadura dio un gran salto atrás: un salto atrás de siglos.

Cuando el Estado deja de representar los intereses de la nación, la nación se desinteresa del Estado...Por eso es conveniente preguntarse una y otra vez: si el elemento estructurante de la vida en sociedad ya no reposa en el Contrato Social, ni en la racionalidad del mercado... ¿La vida en sociedad, el orden civil, se sustenta en qué?

NOTAS DEL AUTOR

(1)Durante el homenaje a Salvador Allende en el Palacio Presidencial.
(2)Patricio Aylwin, presente en la ceremonia, continua insistiendo enque la transición terminó durante su mandato.
(3)Dicho sea de paso Jovino Novoa, líder de la UDI, piensa y declara lo mismo.
(4)Capítulo I, Art. 1 del texto mamarracho.
(5)«El Contrato Social» - J.J. Rousseau – Ed. Mateos – Madrid, 1999.
(6)Enrique López Castellón. Prólogo a la citada edición del Contrato Social.
(7)De ahí la calidad de "ciudadano", miembro de la ciudad, y parte dela soberanía ciudadana.
(8)Pueblo, y en ningún caso "gente", que en el latín "genus" quiere decir familia o tribu. El pueblo, del latín populus, es el conjunto deciudadanos que ejerce derechos y respeta deberes adoptados libremente.
(9)Pinochet y sus secuaces por dar un ejemplo…
(10)J.J. Rousseau. Op. cit.
(11)«Les mensonges de l'économie"; J.K. Galbraith. Ed. xxxx – Paris. 2004
(12)Modelo económico conocido impropiamente como neoliberalismo, y queno es sino la imposición de las tesis del capitalismo primitivo yprimario.
(13)p.ej.: 50% de abstención, voto blanco o nulo, y/o de noinscripción en los registros electorales en Chile. Para no hablar delos USA. O de Francia en donde más del 60% de los menores de 35 años no votó en las últimas elecciones parlamentarias.
(14)A la desaparición de Andersen, motivada por fraude, estafa yprevaricación, se suman los centenares de millones de dólares de multapagados por Merrill Lynch y KPMG con el exclusivo fin de parar losprocesos que la justicia de los EEUU llevaba adelante precisamente por fraude, estafa y prevaricación… Es lo que se llama la "transparencia"de los mercados.(15)Ya sabes: Enron, Worldcom, Tyco, Parmalat, Ahold, los laboratorios, los bancos, las empresas de telecomunicaciones, y un largo, larguísimo etc.